No sé si os pasa a vosotros, mis queridos amigos, pero yo suelo soñar con frecuencia que vivo momentos maravillosos y de repente miro a mi alrededor y me pregunto dónde están las cámaras. Me siento frustrado al comprobar que esos momentos no han sido filmados para que no mueran del todo. Otras veces es al revés; soy consciente de que estoy interpretando rodeado de decorados, focos y cámaras y luego todo desaparece y debo continuar mi historia que se vacía sin ningún sentido aparente. Cuando despierto todo se derrumba. El día fuerza por levantarse, cauto, desconfiado, sobre los cables más altos, sobre las últimas azoteas. Me siento al borde de la cama con la sensación de un presidiario reflexionando en su condena.
Cuento todo esto para llegar a una de mis películas favoritas, La noche americana (el título evoca la técnica utilizada para filmar escenas nocturnas durante el día mediante filtros especiales), y combina la realidad de los personajes y la película imaginaria que están rodando. Sin embargo, se trata de un doble juego, ya que vemos una película sobre una película. Por una parte muestra los distintos elementos del rodaje cinematográfico, como el guión, la producción, la dirección, la interpretación, la iluminación, el sonido, la continuidad y la banda sonora. Por otra parte, muestra al espectador lo que sucede entre bambalinas, como los dramas entretejidos y la vida cotidiana de los actores y el equipo de rodaje. También habla de sucesos que pueden suponer una traba para el funcionamiento del rodaje y forzar a realizar modificaciones en el guión y el reparto, desde las rabietas de algunos personajes hasta la muerte de uno de los protagonistas. Tras superar estos obstáculos personales, económicos y operarios, el equipo logra también terminar la película a tiempo y se va a rodar otros trabajos con otros equipos.
La noche americana (1973) es otra película de François Truffaut que gira en torno al amor. En esta ocasión, si bien se exploran tanto las relaciones heterosexuales como las homosexuales con la capacidad de observación del director que hoy nos resulta tan familiares, el centro neurálgico de la película es el amor por el cine. Truffaut solía preguntarse si el cine era más importante que la vida, y esta película ofrece una respuesta. En la conversación entre el director Ferrand (Truffaut) y Alphonse, el primero exclama apasionadamente: "Las películas son más armoniosas que la vida. En las películas no hay cuellos de botella ni momentos en los que parece que no pase nada". Como dice entre lágrimas Julie Baker, la protagonista, y como varios incidentes del filme demuestran sin tapujos: "La vida es asquerosa". Es imperfecta, monótona, aburrida a veces, contradictoria, confusa, y a menudo llena de sufrimiento y de dolor. Pero el cine puede superar todos estos obstáculos. Puede manipular el tiempo, vencer el sufrimiento, dar forma y motivo a la vida, puede enmendar las relaciones rotas. El amor por el cine está en todas partes: los miembros del equipo detienen el rodaje para participar en un concurso cinematográfico en la televisión, la referencia cómica a las películas del oeste (el "carromato), la alusión a la película La regla del juego (1939) de Renoir, el paquete de libros de directores de cine de Ferrand, la decisión de Julie de dormir con Alphonse con la intención de que no abandone el rodaje. Este amor por el cine está presente en toda la película y culmina con la opinión irónica de Joëlle acerca de Liliane, que deja la película y se va con el especialista: "Sería capaz de abandonar a un tipo por una película, pero jamás abandonaría una película por un tipo".
El cine tiene muchísimo poder, y puede crear ilusiones. En la primera secuencia de La noche americana creemos estar ante la escena de una plaza parisina, si no fuera porque al cabo de un rato se oye el grito de "¡Corten!" y la cámara se retira para mostrar los decorados, las cámaras y el equipo. El cine incluso puede triunfar sobre la muerte. Alexandre muere en un accidente de coche, pero minutos después está vivo en las primeras pruebas del rodaje. Julie (en la forma de un especialista) muere cuando su coche se precipita por un barranco. Con la ayuda de la moviola (una máquina de reproducción instantánea), la acción (y el tiempo) se invierte, y tanto el coche como el conductor reaparecen como antes del accidente. El cine puede otorgar inmortalidad. Los actores viven a través de la película. En la lucha perpetua de los filmes de Truffaut entre lo permanente y lo provisional, La noche americana supone una manifestación de importancia vital: el arte, el acto creativo - en el caso de Truffaut, la creación de películas - es un medio de obtención de lo permanente. La vida, en comparación, es temporal, provisional.
Truffaut declaró que hasta que montó la película no fue consciente de hasta qué punto "todo los conflictos de La noche americana y el filme de la ficción están relacionados con los problemas de identidad y paternidad. Desde Stacey, la actriz de reparto embarazada, no sabemos de quién, a la actriz Julie Baker que (en la vida real) se casa con un médico lo bastante mayor como para ser padre y que (en la película) huye con su padrastro, pasando por Léaud que mata a su padre y Valentina Cortese, que bebe porque su hijo tiene leucemia". A la lista de Truffaut podría añadirse también la intención de Alexandre de adoptar a Christian. Años después de los sucesos que las generaron, al parecer el subsconciente de Truffaut siguió luchando con las cuestiones puramente personales. Conmovedor cuando el director Ferrand tiene una pesadilla recurrente que resulta ser un secreto del que se siente culpable: de niño robó fotogramas de Ciudadano Kane en el cine. De joven, Truffaut también lo hizo. Recuerdos, sueños, ficciones y realidad, al fin y al cabo, la vida en la pantalla.






















