G.K.Chesterton, El loco
Desde que Lewis Carroll publicó Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo, todo el siglo XX bebió de su imaginario y, parece ser que el XXI, también. Sus libros han dado origen a más tramas y personajes, que todo lo que podamos nombrar.
Carroll creó ese mundo insólito por los años sesenta del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana para una niña de verdad, Alicia Liddell y nos dio una aventura, cuyo aspecto no conocíamos antes de que él se pusiera a escribirla. Después, como Alicia, todos hemos sentido esa extraña sensación de que los seres humanos somos como peones de un gigantesco tablero de ajedrez.
Alicia contiene elementos complejos de fantasía y juego lógico, parodia y sátira. Está repleto de chistes y juegos verbales y mucho disparate. Es todo un triunfo de la imaginación y del ingenio. Carroll recreó un mundo de escenarios insólitos y poblados de criaturas inolvidables. Alicia es un ejercicio onírico: es el sueño de toda una cultura, el libre deambular, de mecanismos dispersos de una ideología histórica caracterizada por su autodisciplina y una formidable represión de los instintos. La lectura de Alicia tiene una fuerza hipnotizante, a la que contribuyen un estilo rápido, la secuencia inesperada de situaciones, la intensidad de los ambientes y, sobre todo, la seguridad con que el lector se va cerciorando poco a poco de un extraño sentimiento, de una especie de "reconocer" secretos del lector, que reconoce inmediatamente una situación típica más por instinto que por intelecto. La profundidad psicológica de sus personajes es sobrecogedora. El Rey y la Reina de Corazones, Pepito el Lagartija, el Lirón, el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire, Humpty Dumpty y tantos otros, protagonistas los unos, apenas momentáneos los otros, y aun otros que sólo conocemos por alusiones de los demás-como Mariana, la sirvienta del Conejo Blanco-son personajes tan admirablemente descritos que no puede dudarse de que circulan hoy en día, en carne y hueso.
Alicia es una niña muy correcta y formal, prácticamente domesticada, concebida según unos modelos-y modales-victorianos y trasplantado, ay, a un país de locos, donde no hay tipo sensato ni razonamiento que se salve. El mundo al revés, mentalmente patas arriba, jocoso y anárquico. El lector tiende a adm
itir, como Alicia, ante ciertas observaciones del Sombrerero, que si por una parte carece totalmente de significación, resulta por otra parte, y al mismo tiempo, correcto. La gratuidad es la primera regla. Ella "visita" los países de las maravillas y del espejo, observa todo con distancia ("¡qué curioso!" es una expresión clave en ella), discute a sus genuinos habitantes generalmente desde la más estricta sensatez y no pocas veces siente temor ante la idea de no regresar nunca más a la supuesta realidad de donde partió. Su curiosidad resulta más poderosa que su miedo, le impele a vivir la aventura que, a fin de cuentas, en su sueño buscó.
itir, como Alicia, ante ciertas observaciones del Sombrerero, que si por una parte carece totalmente de significación, resulta por otra parte, y al mismo tiempo, correcto. La gratuidad es la primera regla. Ella "visita" los países de las maravillas y del espejo, observa todo con distancia ("¡qué curioso!" es una expresión clave en ella), discute a sus genuinos habitantes generalmente desde la más estricta sensatez y no pocas veces siente temor ante la idea de no regresar nunca más a la supuesta realidad de donde partió. Su curiosidad resulta más poderosa que su miedo, le impele a vivir la aventura que, a fin de cuentas, en su sueño buscó.Alicia es la única figura respecto al código mental que rige en el mundo creado por Carroll (es la única que pretende incumplir la regla general que con imperturbable calma le lanza al Gato de Cheshire, "aquí estamos todos locos"), con su incredulidad no poco ingenua, no sólo cumple una función intermedia ante el lector, el cual ve y oye en complicidad con ella, sino que-mucho más importante-sirve provocativamente para dar cuerda a unas criaturas que, de no ser por su presencia, acaso no sentirían ningunas ganas especiales de expresarse. Este detalle me fascina y creo que es uno de los mayores aciertos del libro, porque viene a decir que ninguna palabra puede esperar otra cosa que no sea su propia derrota. Las palabras no tienen absolutamente ninguna posibilidad de expresar nada. En cuanto empezamos a verter nuestros pensamientos en palabras y frases todo se va al garete. Basta mirar nuestro mundo esquizofrénico para darnos cuenta que rige el imperativo de las respuestas inmediatas a preguntas baladíes.
En suma, Alicia es la interlocutora ideal, la encargada de alimentar las melodías verbales de la Falsa Tortuga o los delirios del lingüista Humpty Dumpty. Todos discuten siempre, aunque de nada en concreto; más bien juegan a hablar. Alicia, como una antropóloga aficionada, supone que entender las convenciones sociales del País de las Mara
villas le permitirá entender también la lógica de la conducta de sus habitantes y, por lo tanto, intenta seguir lo que ocurre en la mesa del té con algo de razón y buenos modales. Contrarresta con planteos racionales las situaciones absurdas que se le presentan; intenta encontrar respuestas inteligentes a las preguntas que le formulan, por ridículas que sean. Pero es en vano. "La verdad, ahora que me lo dices-responde-, no pienso..." "Entonces no deberías abrir la boca", contesta bruscamente el Sombrerero.
villas le permitirá entender también la lógica de la conducta de sus habitantes y, por lo tanto, intenta seguir lo que ocurre en la mesa del té con algo de razón y buenos modales. Contrarresta con planteos racionales las situaciones absurdas que se le presentan; intenta encontrar respuestas inteligentes a las preguntas que le formulan, por ridículas que sean. Pero es en vano. "La verdad, ahora que me lo dices-responde-, no pienso..." "Entonces no deberías abrir la boca", contesta bruscamente el Sombrerero.Creo que Carroll sabía mejor que nadie que la inteligencia es el arte de encontrar un agujerito por donde salir de la situación que nos tiene atrapados.
Ilustaciones de John Tenniel































































