jueves, 19 de julio de 2007

EL SINDROME DE CAPGRAS



"Un día todos fuimos uno. Hoy todos somos otros"

Carlos Fuentes, Terra nostra


"Nadie busca en sí donde, no puede haber nadie"
Samuel Beckett, El despoblador




De niño vi por televisión la película La invasión de los ladrones de cuerpos, de Don Siegel, cuando por aquel entonces los rayos catódicos no suponían un insulto a nuestro intelecto. Recuerdo bien la honda impresión que me causó esta obra maestra de serie B, rodada en blanco y negro y en tan sólo tres semanas. A partir de aquel momento, empecé a sufrir una serie de pesadillas reiterativas que me han acompañado el resto de mi vida. Si bien en un principio llegaron a aterrorizarme, fui asumiéndolas como una simple sucesión de una realidad que no se haría esperar para demostrarme la veracidad de mis temores nocturnos por vía de éste filme.

¿Qué fue realmente lo que me hizo pasar tanto miedo? En la historia no había ningún tipo de violencia explícita, ni monstruos, ni sexo; tan sólo una serie de personajes que en un día cualquiera empiezan a sospechar que sus seres queridos no son ellos. Más adelante, descubrimos que poderes extraños procedentes del espacio exterior se apoderan de los cuerpos y las mentes de los habitantes de una pequeña población de California; Santa Mira, convirtiéndolos en seres pasivos, obedientes y desprovistos de emociones.

Una de las escenas que me marcó, introduciéndose para siempre en mi subconsciente fue aquella en donde los protagonistas principales; el Dr., Miles Bennell y Bechy Driscoll, tienen que huir del lugar donde están confinados por los que no son. Miles le dice: "Mantén la mirada vacía, y trata de no mostrar ninguna expresión..."

En mis pesadillas trato de huir de una Santa Mira universal, caminando por las calles y controlando cualquier emoción de mi ser. No hay que dormirse bajo ningún concepto, porque es durante el proceso del sueño cuando el centinela del sentido común se adormece y permite que los enemigos invadan y conquisten, pero a pesar de todas estas precauciones acaban detectándome. Huyo por las calles perfectamente reconocibles del lugar en donde habito, o, donde trato de ocultarme sin posibilidad alguna.

Tanto la película como la gran novela de Jack Finney permanecen irremediablemente en mis dos mundos en forma de alerta. Me mantienen despierto. Uno de los personajes dice que vivimos en nuestras propias ideas, necesariamente limitadas, acerca de lo que la vida ha de ser. Otro; que el mundo no es como lo vemos, o ni siquiera es lo que vemos, e incluso, más allá de eso, que el mundo es como lo vemos porque no sería nada fácil verlo como en verdad es.

Vivimos, ya lo he dicho en otras ocasiones, en un mundo de síndromes no reconocidos, de caídas irreversibles. El síndrome de Capgras es una enfermedad mental, apenas difundida, que inocula en quienes la padecen la convicción de que un familiar o un allegado suyo no es tal, sino un doble que le imita a la perfección. En el fondo, a pesar de tratarse de una patología extraña, todos hemos padecido alguna idea semejante. Podemos estar viviendo toda una vida con una persona y descubrir al final de la etapa que no la conocimos. De repente nos parece otra.

Sí, son tiempos extraños. De siempre he pensado que debe de ser posible perder la razón en un instante. Te duermes un día como un bebé, y despiertas siendo como ellos sin darte cuenta jamás. Pero mis pesadillas los mantienen a raya.

Cada mañana, antes de salir a la calle para perder un poco más la vida, tomo una serie de precauciones: ensayo con mucho cuidado para dominar mis actos más humanos. Salgo a la calle con la mirada vacía, sin mostrar ninguna expresión, ninguna emoción. Ni tan siquiera de admiración por las cosas que me ayudan a estar en pie de guerra.

Ellos todavía no me han visto.

2 comentarios:

Duilio dijo...

Me gustaría ver esa película al menos unas diez veces para nunca arriesgarme a olvidar quien soy.

De verdad me ha encantado el post.

Un saludo y gracias por las visitas.

Blanca Vázquez dijo...

Efectivamente es una muy buena película. Un clásico a revisar y tener en la cinemateca.
Lo que dices me trae a la memoria el Matrix, (la 1ª) y esa filosofía de un mundo que no es como lo vemos. Interesante.