domingo 30 de septiembre de 2007

J. G. BALLARD (EL MUNDO QUE VIENE)

"Si nos pidieran que condensáramos todo el siglo XX que corre en una imagen mental, yo elegiría una conocida por todos: un hombre en un automóvil, yendo por una autopista de hormigón a un destino desconocido. Aquí se encuentran casi todos los aspectos de la vida moderna, para bien y para mal: nuestro sentido de la velocidad, la agresión y el drama, los mundos de la publicidad y los bienes de consumo, la ingeniería y la producción en masa, y la experiencia compartida de desplazarnos juntos por un paisaje cuidadosamente señalizado."

J. G. Ballard, Guía del usuario para el nuevo milenio



A medida que voy leyendo las nuevas publicaciones de autores que llevo admirando desde hace muchos años, mi entusiasmo decrece al mismo tiempo que aumenta en cada obra de J. G. Ballard. Es uno de los creadores más importantes y fundamentales a la hora de entender éste nuevo milenio que nos ha tocado vivir; los últimos estertores del capitalismo y de una sociedad alienada que sobrevive en un sistema, que a pesar de su decadencia, se adapta, es flexible y sobrevive como niños malcriados y aburridos, de manera destructiva, explotando nuestras propias psicopatologías con actos violentos y sin significado. El denominador común de Ballard, es también la descripción de un futuro cercano en el que se da gran importancia al entorno como influencia decisiva en el carácter de sus personajes. Dice el autor: "vivimos en la era de eventos sin sentido. Gente desquiciada abre fuego y dispara al azar en un supermercado y ¿qué hacemos? Limpiarnos la sangre de los muertos y seguimos comprando. Esta es una respuesta muy peligrosa." Tan peligrosa como la sentencia de André Breton en su manifiesto surrealista: "El acto surrealista más sencillo sería bajar a la calle y disparar indiscriminadamente sobre la multitud." Evidentemente, Breton se arrepentiría años más tarde.

Ballard inicia su impresionante carrera literaria en los años sesenta con una serie de extraordinarias novelas catastrofistas invirtiendo las prioridades de la clásica novela inglesa de catástrofe que va desde H. G. Wells a John Windham con sus ya famosos e imitados libros como; El día de los trífidos, Los cuclillos de Midwich y Las crisálidas. En estas primeras incursiones de Ballard el desastre resulta bienvenido, porque el paisaje que ha producido coincide con el estado mental del héroe: El viento de ninguna parte, El mundo sumergido (aquí anticipa el cambio climático con las subidas del nivel del mar y sus graves consecuencias), La sequía y El mundo de cristal; los cuatro elementos naturales; viento, agua, fuego y tierra. Es justo hablar del surrealismo, ya que la influencia de los pintores del movimiento surrealista ha marcado a Ballard mucho más que a ningún otro escritor. ¿No son acaso las imágenes del surrealismo iconografías del espacio interior? El autor pinta con las palabras sobre el lienzo fracturado del horizonte de la ciudad, semejante al encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta. Max Ernst, Paul Delvaux, Ives Tanguy, de Chirico o Dalí, desfilan por sus novelas con un derroche experimental lingüístico de intensidad alucinatoria. "Es el espacio interior, no exterior, el que hace falta explorar." También es uno de los escasos escritores que ha combinado con éxito elementos científicos con los artísticos en una prosa impecable. Sus colecciones de relatos: Playa terminal, El día eterno, Mitos del futuro próximo o Zona de catástrofe, son de una lectura obligada para aquellos que todavía no saben de que va todo esto de la nueva variante del cuento moderno.

Su segunda etapa se inicia con Crash (adaptada al cine en 1997 por David Cronenberg) y La exhibición de atrocidades. Ambos libros registran un cambio experimental, que el autor calificó de "terrorismo literario", en un lenguaje duro en las que no se hace ninguna concesión al lector. "Crash es una metáfora exagerada en una época en que solo la exageración funciona." Es una novela terrible, visionaria y devastadora; quizá la obra de ficción más perturbadora y violenta que se haya escrito nunca. Es una historia sobre la tecnología, representada obsesivamente por el automóvil; icono del siglo XX. Pero es más que eso; es una historia acerca de las relaciones del hombre con la tecnología, de lo que la tecnología ha hecho con nosotros, y lo que nos hemos hecho a nosotros mismos a través de la tecnología. Su autor escribe en el prólogo de la novela:

"El matrimonio de la razón y la pesadilla que dominó el siglo XX ha engendrado un mundo cada vez más ambiguo. Los espectros de siniestras tecnologías y los sueños que el dinero puede comprar se mueven en un paisaje de comunicaciones. El armamento tecnológico y los anuncios de bebidas gaseosas coexisten en un dominio de luces enceguecedoras gobernado por la publicidad y los seudo acontecimientos, la ciencia y la pornografía (...) nuestra propia psicopatología; en nuestro poder de conceptualidad, en apariencia ilimitado. Nuestros hijos tienen menos que temer de los coches en las autopistas del mañana que del placer con que calculamos sus muertes futuras de acuerdo con los parámetros más elegantes."

Crash es una novela acerca del lado oscuro del presente, de los deseos que se ocultan bajo la superficie lustrosa de una brillante sociedad de consumo. El autor define los paisajes de sus libros como: "naturalezas muertas creadas por un equipo de demolición."

La exhibición de atrocidades fue prohibida en el momento de su publicación por abordar las posibles consecuencias mentales de la publicidad y sus imágenes de torturas y sus medios. En esta obra, Ballard crea un puente para lo que sería su siguiente etapa todavía en los setenta,y, donde continuaría diseccionando el grado de degeneración que puede alcanzar el ser humano civilizado. Rascacielos y La isla de cemento. En la primera, un moderno edificio de apartamentos cae en la más absoluta barbarie cuando empieza a fallar los servicios de mantenimiento. La novela empieza así:
"Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón, comiéndose el perro, el doctor Robert Laing recordó otra vez los hechos insólitos que habían ocurrido en este enorme edificio de apartamentos en los tres últimos meses."

En La isla de cemento, un automovilista tiene un accidente y va a parar a una extensión de tierra limitada por varias autopistas de la que se ve imposibilitado para salir convirtiéndose en un moderno Robinson urbano.

En la década de los ochenta, Ballard se supera a si mismo creando una serie de obras personalísimas y de un poder pictórico que recuerda a sus inicios; el ser humano enfrentado brutalmente con las catástrofes medioambientales. En Hola América asistimos a un mundo convertido en un desierto que avanza inexorablemente. Los Estados Unidos yace sepultado por las arenas. Las partes altas de los rascacielos sobresalen como antiguos monolitos, último vestigio de una civilización antaño tan poderosa. Los nuevos nómadas provenientes de otros continentes avanzan en camello y coches de vapor por un paisaje fracturado y repleto de fantasmas del pasado. La descripción del escenario fantasmagórico de Las Vegas es antológico. La poderosa y seductora imaginación de Ballard consigue atraparnos de un modo que no quisiéramos abandonar nunca esos mundos devastados, y ahí radica su maestría.

Ballard publica en 1984 su maravillosa novela El imperio del sol (llevada al cine por Steven Spielberg) y basada en sus terribles experiencias de la infancia cuando estuvo internado, junto con su familia, en un campo de concentración japonés tras el ataque a Pearl Harbour. En 1987, El día de la creación; una recreación muy personal de la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, y como el Marlow de Conrad, que acaba derrotado por el mundo primitivo, el personaje de Ballard, el doctor Mallory, viaja a través de la corriente narrativa del autor por el África Central en busca de una región soñada, descrita magistralmente en ese largo e hipnótico viaje por las misteriosas aguas del río, que no son más que la propia creación mental del personaje.
Ballard cierra los ochenta con una obra que vaticina las dos décadas que estarán por venir; Furia feroz; una reflexión mordaz sobre la violencia, la educación y la sobreprotección de la infancia en una sociedad que se cree totalmente cuerda, y se evaden con la locura como única libertad. La historia se inicia en una urbanización de lujo en Londres donde se rige con estricta planificación la educación de los hijos con el propósito de crear un ambiente más favorable para su crecimiento. Pero un día todos los adultos de la urbanización aparecen asesinados. "No se rebelaron contra el odio y la crueldad. Se rebelaron justamente contra la opuesto. Contra un despotismo de bondad. Mataron para liberarse de una tiranía de amor y cuidados." No hace falta decir quiénes son los asesinos.

Y con ésta desoladora y original novela se introduce Ballard a las puertas del nuevo milenio con una serie de novelas imprescindibles; en Fuga al paraíso, vuelve a reincidir sobre el tema apocalíptico de sus anteriores producciones, pero con consecuencias insospechadas. Noches de cocaína, Súper-Cannes y Milenio Negro, su última obra hasta la fecha. Estas tres últimas novelas forman parte de una trilogía difícil de superar en lo tocante a los temas más esenciales del nuevo milenio. Noches de cocaína es una alarmante y trágica descripción de una sociedad de millonarios jubilados enfrentada a una vida de ocio ilimitado que se encierran en residencias protegidas del exterior. En Súper-Cannes, Edén-Olimpia es un conglomerado multinacional ubicado en las colonias de Cannes, dosificado de oficinas, seguridad y comunicaciones que controlan como invernaderos a los grandes empresarios y capitalistas del planeta. Y por último, Milenio Negro; mordaz reflexión sobre las consecuencias del consumismo como opio del pueblo y dominado por el aburrimiento feroz e interrumpido por actos de violencia sin sentido. También es la mejor novela escrita sobre el nuevo terrorismo después del 11-S. Ballard cuenta la rebelión de Chelsea Marina, un exclusivo barrio londinense habitado por altos ejecutivos y profesionales de éxito. De sueldos aparentemente altos pero atrapados en una espiral de gastos, consecuencia de su estatus, que a duras penas pueden sostener. Colegios privados, coches, elevado ritmo de vida que hacen de sus sueldos aparentemente cuantiosos, resultan ser la ruina de las familias que acaban viviendo al límite. La tensión es tal que la simple subida de los gastos de mantenimiento de la urbanización provoca que desaparezcan todos los frenos sociales. David Markham, el protagonista de esta estupenda novela, es atraído a Chelsea Marina por el asesinato de su ex mujer en un atentado terrorista, y, en donde se ve envuelto entre ideólogos y cabecillas de revolución. Milenio Negro examina mucho más de lo expuesto. Novela clave en su tratamiento profundo donde su autor dice: "La clase media está empezando a formar el nuevo proletariado." Ballard es un arquitecto de sueños y pesadillas que desemboca en ésta novela al terrorismo como una de las mayores lacras y utilizado por los gobiernos para justificar cualquier tipo de acción. Lamentablemente, los terroristas saben eso y lo explotan. Esta novela, a mi juicio, es superior a Sábado de Ian McEwan, a Windows on the world de Frédéric Beigbeder, y, Terrorista de John Updike, a riesgo de que me cuelguen los entusiastas de éstas novelas.

J. G. Ballard es de un talento indiscutiblemente poderoso y original; de prosa cautivante, densa y adictiva, una voz verdaderamente única. Dijo Susan Sontang: "Es una de las voces más importantes e inteligentes de la ficción contemporánea."
Léanlo y juzguen ustedes mismos. Les aseguro que no les dejará indiferentes.


8 comentarios:

Licantropunk dijo...

La ciencia ficción es el surrealismo contemporáneo, solo hay que fijarse en las obras de Giger, Moebius.
Y si la clase media es el nuevo proletariado ¿dónde se sumirán las clases bajas? Las paradojas del mal llamado progreso: regresión más bien.
Claro, tanta novela pesimista que hasta mi comentario se contagia del tono.
Saludo

Portorosa dijo...

Muy interesante. No lo conocía.

Y fíjate que tu primer párrafo me ha recordado mi último texto, el que has leído.

Un abrazo.

Blanca Vázquez dijo...

Ballard es uno de esos que siempre tengo pendiente. Estos autores americanos me fascinan. Pero a él no le he leído aún. Extensa y completa información.
Te dejo lo del domingo, y siempre puedes acudir el próximo, durante todo el día, no importa que no puedas a la mañana. (Lo decía por lo de leer las noticias con el café)

http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=14418

Lucía dijo...

Francisco, me has dejado impresionada, esto no es un post, es un ensayo de matrícula de honor.
Besos.

nancicomansi dijo...

Bueno...es que este señor parece tener "linea directa" con el más allá...¿acaso no se están cumpliendo sus terribles profecias?
¿no estamos asistiendo aL "gran Guignol" de la hiper-violencia sin sentido de los más jovenes? ¿no estamos alienados inexorablemente, adormecidos, anestesiados ante la verdadera esencia de la vida?
es que me parece que, hundidos en el pegajoso magma del mundo artififcial que nos rodea, nos hemos perdido a nosotros mismos, la pérdida más cruel y casi irreparable...

Hoy he recibido con mucha ansia el libro que recomendaste de Pascal brukner "la euforia perpétua"...lo empezaré cuando acabe de "releer" "la tentación de la inocencia", que fíjate que lotenía, y ya ni me acordaba...aichs!!!

Un besazo!!!
¿no escribes en tu otro blog? es que promete...

nancicomansi dijo...

¡FELICIDDES!!! (buff! me acordé...con lo despistada que soy...)

Raúl dijo...

Excepcional, ya veo.
Sin ser maniqueo, para Ballard el hombre -sus personajes- parecen fruto o consecuencia del medio que les rodea y que ellos mismos han creado (o destruido). Sobre lo que sin leerle no me atrefvo a pronunciarme, es sobre si lo ve desde la resignación, o el optimismo fruto de la adaptación al medio.
Impresionante, Franciso. Casi que educas.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Thanks for sharing the link, but unfortunately it seems to be offline... Does anybody have a mirror or another source? Please reply to my post if you do!

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Thanks,
Peter