domingo, 23 de septiembre de 2007

RETORNO AL PASADO

Robert Mitchum (voz off): Nunca la vi a la luz del día. Vivíamos por la noche. El resto del día se iba como un paquete de cigarrillos que te fumaras.


El film noir fue inventado probablemente por Sigmund Freud. Habría que volver a repasar todas las grandes obras maestras del cine negro americano para comprobar que tanto su temática, su fotografía como su juego de luces y de sombras, se ajustan a la perfección a nuestras pesadillas y deseos más ocultos. El halcón maltés, La dama de Shanghai, El cartero siempre llama dos veces, Laura, La mujer del cuadro, La escalera de caracol, Perdición, Detour, El beso de la muerte, La sombra de una duda, Extraños en un tren, Retorno al pasado, etc. Películas que han sido capaces de identificar en nuestro espíritu la recóndita soledad de las acciones y pensamientos más oscuros, ambiciones, fracasos, miedos y miserias humanas.


Quisiera rendir homenaje a las películas de serie B de los años cuarenta y cincuenta, producidas
en un tiempo límite y muy poco dinero, en donde tuvieron que trabajar en ellas directores europeos huyendo de otras guerras; creadores, por otra parte, de enormes culturas y de gustos exquisitos, como lo fueron entre otros, Robert Siodmak o Jacques Tourneur. Trabajaron a contra reloj con un equipo técnico más bien escaso y también de procedencia extranjera, pero llenos de vitalidad, sensibilidad y conocimiento, que por aquel entonces, no supieron apreciar. Con estos pobres recursos tuvieron que derrochar sus talentos a cada fotograma de las películas que realizaban, al mismo tiempo que en el otro Hollywood más glamoroso, se despilfarraba astronómicamente grandes cantidades de dinero, pero con menor solvencia creativa.
Hoy, ante el panorama cinematográfico actual con realizadores de escaso interés, nos resultaría irrisorio considerar a aquellas películas, como fueron designadas en su tiempo, como simples películas de serie B.

Retorno al pasado, de Jacques Tourneur, sigue siendo para mí el mejor film noir de todos los tiempos. Película realizada en el año 1947 y en tan solo 64 días. Basada en la espléndida novela de Geoffrey Homes cuyo título original Build my Gallows High, y traducida al castellano como Eleven mi horca. También su autor ejerció de guionista.
El genial director de fotografía Nicholas Musuraca, colaborador habitual de películas muy baratas y breves producidas por el no menos genial Val Lewton, iluminó Retorno al pasado de una manera todavía no superada. Hace pensar constantemente en el cine de Murnau y Dreyer, y de lámparas cuya visibilidad dentro del cuadro remite a Hitchcock y Lang. Musuraca hace incluso de las sombras personajes. La fotografía es tan compleja como la estructura narrativa, y la hace hoy irrepetible en su género. Por falta de recursos de iluminación (arcos voltaicos y numerosos spotlights cruzados), por cambios en el soporte químico (con los negros y los blancos, los brillos y los contrastes y las gamas intermedias que permitían el nitrato de plata y sus baños y procesos de revelado y tiraje) la han convertido en una película hermosa.
También me seduce por su enorme potencial poético que la hace tan distinta a las de su género. Dotada de unos diálogos que, en su concisión y hasta laconismo, son de una rara mezcla de sabiduría, humor e inspiración poética. La película tiene una construcción minuciosamente cuidada, que dosifica muy hábilmente lo que sabe cada personaje (y en particular el protagonista) y lo que conocemos los espectadores. Los personajes, a veces, fascinan más por lo que callan que por lo que dicen. Aquí los tópicos del género desaparecen. Basta observar al personaje de Kathie Moffart (Jane Greer) fascinante y atractivo que entendemos sin dificultad que el escéptico Jeff Bailey (Robert Mitchum) se deja engañar repetidamente, y tememos que sea tan ingenuo (aunque resulte no serlo) como para caer de nuevo en sus redes de seducción y mentira; pero es tan traicionera, calculadora, mitómana, fría y tramposa que encarna a la perfección, es decir, más allá del arquetipo, de la mujer fatal que caracteriza al género.

El detective Bailey, siempre espléndido Robert Mitchum mi actor favorito, tras el que se oculta el verdadero Jeff Markam, se aparta también de los clásicos del género, porque Bailey no es un investigador escéptico, capaz de salir indemne de cualquier situación y con su poca fe en la naturaleza humana más fortalecida que antes, sino que se involucra hasta las cejas en los problemas de los demás. Errático, nunca lo vemos en el interior de su casa, que seguramente no tiene. Ni siquiera posee un despacho destartalado donde otros legendarios detectives reciben a sus clientes con los pies sobre la mesa. Su propiedad, una desolada gasolinera en medio de ninguna parte, que no le ha servido ni para refugiarse de sus enemigos.

Retorno al pasado es una historia de memorias que no quisieran ser como tal. No es fácil despojarnos de algo que hayamos vivido aunque no nos guste o no nos convenga o no vaya con nosotros. Mitchum parece que haya tenido que adaptarse a un mundo torcido, de engaños que crean una realidad dentro de la realidad hasta volverla densa e intricada. Personajes que siguen viviendo con sus mentiras porque quizá no hay otra forma de vivir, en este mundo que tan sabiamente ha construido Tourneur, un mundo donde finalmente lo que queda es lo que no pudo ser, lo que se deseó y se escapó. Admirable y antológico flashback que pasan en Acapulco Jeff Bailey y Kathie Moffett. En el filme siempre nos hayamos en el terreno del recuerdo, incluso el trágico final del detective y Kathie pertenece a ese pasado que ha regresado a sus vidas. No se puede huir de él.

Escribo este post a la manera de los directores de serie B; en media hora y en un bar ruidoso y con el cenicero lleno de colillas, y, ya estoy encendiendo otro como lo hacía Mitchum, pero no hay manera. Cuatro mesas más allá una mujer solitaria y posiblemente fatal expele el humo de su cigarrillo con cierta indiferencia. Le pongo fin a mi texto, a la manera del film noir. Vuelvo a mirar a la mujer que está extrayendo otro cigarrillo de su bolso. Me mira y yo le sonrío, ya caminando hacia ella como lo haría Mitchum ofreciéndole fuego.
- ¿Nos conocemos de algo, muñeca?


FIN

13 comentarios:

Limaco jolgorioso dijo...

Buenas noches, amigo. Mañana releré con más tiempo tu interesante y breve, pero detallado escrito, de la historia del cine negro. Me ha gustado mucho. Creo que he visto casi todas las películas que mencionas. Dentro de un ratito voy a ver en Ono "Nueve vidas" así que hasta mañana.
J,

Lucía dijo...

Me gusta mucho el cine negro pero no he visto todas las películas que me hubiese gustado ver. Esta creo recordar que sí que la vi.
Robert Mitchum es de los mejores, sí señor.
Besos.

Lula Fortune dijo...

Soberbio post!!! Breve, preciso y contundente, como los guiones de las pelis que hablas, que por mi parte, es lo que más echo de menos en el cine de hoy. He visto casi todas las películas que mencionas (soy una colgada del cine/novela negra) y Mitchum es mi actor favorito para esas historias. Lo ves aparecer y no tiene que decir nada, ya imaginas un turbio y secreto pasado forjando cada arruga de su cara."Yakuza" es una de mis preferidas.Un humeante beso.

Licantropunk dijo...

Fantástico texto. Las referencias que haces al uso de la fotografía como un acto más del reparto. El exceso de talento provocado por una pasión desmesurada por el Arte, por el perfeccionismo artístico como medio y como fin.
Y, sí, a Mitchum no le hacía falta ni hablar.
Saludos

nancicomansi dijo...

Bueno...abrumada estoy con los detalles de técnica cinemátografica, clase magistral, que nos das sobre el cine negro serie b (?)...pero también, y eso es lo importante, sobre la emoción intensísima que transpiran, exudan, sus fotogramas, y tan bien nos cuentas...
Hablas de Tourneur, del cual sólo he visto "la mujer pantera", (resulta que también realizó "El hombre leopardo...je,je...podría añadírlos a mi última entrada, que de grandes felinos va...)pero ya me están entrando ganas de ver "retorno..."
En el caso de este autor y otros coetáneos suyos, su trabajo es fruto de una necesidad intrínseca de crear belleza, de la gama más intensa, y mucho dudo cayeran en el cálculo y frio márqueting que ahora lo envuelve casi todo...por eso, pase el tiempo que pase, nos sigue calando tan hondo, puede llegar hasta a formar parte de nuestro imaginario personal,sus personajes son arquetipos tan bien definidos que los asumimos pronto, nos refeljan y emocionan...

AH!! y Mitchum, en su impávida intensidad, su engañoso cinismo, es el "medium" perfecto para conectarnos con nuestrtos fantasmas y pulsiones más oscuras...

Chapeau, amigo, me cargas de deliciosos deberes...
A por la peli me tienes ya!!!

Limaco jolgorioso dijo...

Mil gracias derramadas, querido amigo, por tus greguerias, que dan calidad y calidez al Velo del invierno.
J,

nancicomansi dijo...

AYYYY!! que me has linkeado...bufff, que honor...no creo estar a altura, la verdad, pero es un detalle que me ha humedecido "les yeux", la verdad...
Te doy las gracias...ahora hará falta estar mínimamente a la altura...¡Glups!!!

Blanca Vázquez dijo...

Y que bueno que eran esas películas. Mucho tendrían que retomar de esas las de ahora. Gracias por tus palabras en El rincón del cinematógrafo. Seguían las pautas del género escrito, y parecían hermanos, de lo mucho en común que tenían.
Te invito mañana a desayunar conmigo en El Plural.es, a partir de las 12:00
No he visto el mail para decírtelo.

Joyrider dijo...

Puf, leyendo tu blog me doy cuenta que hay muchas películas que me faltan por ver. Y es que el cine que veo, en su mayoría es antigüo, sí, pero más bien italiano, Fellini, Vittorio de Sica, Pasolini, Visconto, Monicelli etc.

Tendré que poner atención a esto del cine negro. Un abrazo!

Raúl dijo...

No me había fijado en la de películas comunes sobre las que hemos vertido palabras.
Acepto tu propuesta.

Deja que encuentre el tiempo que hoy no tengo por culpa del trabjo (los juicios y los delincuentes de verdad -no los de ficción cinematográfica- no descansan), y por supuesto que trataré de darte una opinión bien construida sobre lo que me pides en tu último comentario. Recuérdamelo, sin apuros, si ves que lo dilato.

Por otra parte, acabo de leer esta entrada. Escribiendo como intuyo que escribes desde la sinceridad de us reflexiones, envidio (y me congratulo por ello) tus formas literarias. Un placer siempre leerte.

Raúl dijo...

Una anotación más, esta vez, incluso simpática. Disentimos en cuanto al gusto por Mitchum. Lo mejor que podría decir de él, más allá de su innegable profesionalidad (fue él quien dijo aquello de que un buen actor, es aquel que llega puntual a su trabajo y luego no tropieza con los muebles del decorado)es que es el mejor actor de entre los más inexpresivos. Una paradoja, quizá, pero yo sé lo que me digo.
Un saludo.

Manel dijo...

También mi película favorita del género, Retorno al pasado nos regala a un soberbio Mitchum en el papel de Bailey (para mi su mejor interpretación junto al cínico y oscuro predicador de La noche del cazador), perdedor compulsivo que no puede escapar del pasado. Su destino lleva ya largo tiempo decidido. Toda la cinta respira fatalidad, los personajes están atrapados en un engranaje que desembocará irremediablemente en tragedia. Engranaje dirigido espléndidamente por un Tourneur en su momento más álgido. Y es que en el arte por suerte y a diferéncia de otros aspectos de la vida, cuenta el talento, no el poderoso caballero Don Dinero.

Juan Herrezuelo dijo...

Leí la novela en el Club del Misterio (cómo no), y su recuerdo se vio eclipsado por el impacto que me produjo la película (salvo la brutal línea final, en que el protagonista recibe un tiro a bocajarro, que nunca olvidé). Me ha gustado saber que las limitaciones técnicas fueron las responsables de una fotografía tan deslumbrante. Este tipo de películas (todas las que mencionas, más “Forajidos”, más “Cara de ángel” –otra vez Bob Mitchum en estado de gracia-, más “El cartero siempre llama dos veces”…) sólo son concebibles en los cuarenta, en una etapa anterior al Actors Studio, por ejemplo, y en un periodo en que la fotografía en blanco y negro, como se ve aquí, llegó a una suprema perfección. Es también mi film noir favorito, junto con “Laura”, y prefiero sobre todo –soy poco original- ese flasback en Méjico: qué manera tan perturbadora de entrar en un café…

(Sigo recorriendo tus escondrijos, para mi placer)

Un abrazo.