domingo, 18 de noviembre de 2007

La gorra de béisbol de Wilder y la pipa de Chandler


A Francisco Ortiz

Todo empezó por la admiración sin reserva que sentía Billy Wilder hacia la novela El cartero siempre llama dos veces de James M. Cain. El libro cuyos derechos poseía la MGM, y eran por tanto inaccesibles para Wilder y la Paramount, donde el genial director estaba contratado. Cain estaba pasando por unos malos momentos económicos debido a un divorcio y escribió una historia apresurada para venderla a una revista de público mayoritario con la idea de lograr dinero rápido. La historia llevaba por título Three of a kind. Cain no consideró en aquel momento que su historia fuera apta para ser publicada en forma de novela. La historia de argumento similar a El cartero..., construida con un triangulo amoroso en donde el protagonista se encuentra dividido entre la fatal atracción de una mujer que huele a peligro desde el primer instante y la amistad de su jefe, tan honrado como inteligente.




Joseph Sistrom, un cultivado productor de la Paramount le entregó unas hojas grapadas de la revista Liberty, que contenía dicha historia publicada en ocho entregas. A Wilder le llevó dos horas leerla. Se entusiasmó al comprobar que había sido escrita por Cain, en la que éste autoplagiaba su exitoso best seller, y vio la posibilidad de realizar su sueño. Wilder diría años más tarde que igual que hizo Ariane por hacer algo al estilo de Lubitsch y Testigo de cargo en el de , Hitchcock que Perdición (1944) la hizo por hacer algo al estilo de El cartero... Tay Garnett fue el responsable, dos años después de dirigir la película con resultados más bien discutibles, y Wilder añadiría con irónico orgullo refiriéndose a la versión que la MGM produjo: "La mejor novela dio lugar a la peor película." Pero volvamos de nuevo al principio. Cain iba a ser el colaborador de Wilder a la hora de elaborar el guion, pero estaba ya contratado por otro estudio. Fue entonces cuando Sistrom, el productor, propuso el nombre de Raymond Chandler.



Raymond Chandler tenía 55 años, había publicado cuatro novelas y aunque dos de ellas habían sido llevadas al cine -sin que nadie solicitase su colaboración, con gran frustración de su parte- seguía siendo un oscuro escritor de género al que el éxito se le resistía. Acababa de terminar su quinta novela, La dama del lago, cuya redacción le había llevado cuatro años, que para el autor había sido especialmente deprimente. La guerra y ,sobre todo, su desastrosa vida privada, tenían la culpa. Era un americano criado y educado en Inglaterra que había publicado su primera novela a los 51 años, después de haber perdido su trabajo en una compañía petrolífera a causa de su alcoholismo. Estaba casado con una mujer dieciocho años mayor que él y, aunque llevaba 25 años en Los Ángeles, con continuos cambios de domicilio, no sabía cómo llegar a los Estudios de la Paramount. Chandler no había escrito jamás para el cine y ni siquiera sabía cómo era físicamente un guion.



Wilder no había leído nada de Chandler, y Sistrom le proporcionó El sueño eterno y La ventana siniestra. No le gustó desde el punto de vista estructural considerando a Dashiell Hammett superior, no obstante dijo: "...un relámpago estalla en cada página." Chandler poseía un oído privilegiado para el argot. Wilder describió así su primer encuentro: "Después de leer El sueño eterno, me imaginaba una especie de Philip Marlowe, había pensado en un especie de ex-detective privado que había convertido su propias experiencias en literatura, como Dashiell Hammett. Lo tenía ante mí era un hombre mayor, apocado, pálido que producía una impresión ligeramente extravagante: llevaba una gastada chaqueta de tweed a cuadros, con parches de cuero en los codos, unos gastados pantalones grises de franela y tenía una tez macilenta, como de alguien que se esconde para beber. Fumaba una pipa apestosa que más adelante sería el motivo de algunas de nuestras más serias desavenencias."

La cosa no empezó con buen pie. Wilder era un genial escritor, pero para el cine, estaba acostumbrado a colaborar con otros guionistas y lidiar con el cotarro cinematográfico, pero trabajar con un solitario escritor como Chandler le resultó extraño.

Chandler se presentó un lunes con un guión de noventa páginas y Wilder, que apenas había esbozado en tres la primera escena de la película, lo leyó y luego se lo arrojó diciéndole: "Es una mierda." Wilder no soportaba el humo de la pipa de Chandler y éste, que tenía la teoría de que el aire de Los Ángeles era fatal para la salud, se oponía rotundamente a abrir las ventanas. Por otro lado, Wilder se fumaba tres cajetillas de cigarrillos diarios y recibía continuas llamadas telefónicas de chicas, casi siempre diferentes. Chandler cronometraba el espacio de tiempo entre una llamada y otra recriminándole por ello: "¡Doce minutos y medio!".

Durante la cuarta semana, un día Chandler no se presentó. Wilder esperó pacientemente dos o tres horas y luego fue a pedir a Sistrom que averiguara qué pasaba con Chandler. El productor agitó ante Wilder una hoja amarilla mecanografiada de arriba a bajo; era una carta que acababa de recibir de Chandler, quejándose de la absoluta falta de modales de Wilder. En ella, el escritor enumeraba sus condiciones para seguir trabajando con Wilder. "El señor Wilder no debe agitar bajo la nariz del señor Chandler ni señalar en su dirección con el delgado bastón de Malaca que el señor Wilder tiene costumbre de manipular mientras trabaja. El señor Wilder no debe dar al señor Chandler órdenes de naturaleza arbitraria o personal como: Ray ¿quiere abrir esa ventana? o ¿Ray, ¿quiere cerrar esa puerta, por favor?" Wilder debía también dejar de pasear constantemente por el despacho, y de interrumpir el trabajo tan a menudo para ir al baño, o para hablar con chicas por teléfono y, sobre todo, no debía beber. Chandler estaba en Alcohólicos Anónimos. Tampoco le gustaba la costumbre de Wilder de llevar siempre puesto el sombrero en el despacho o, lo que era aún peor, una gorra de béisbol, "pues da la impresión de que va a ausentarse de un momento a otro." Wilder: "Yo era todo lo que él odiaba de Hollywood. Nunca había visto una animal así." Pero Wilder valoraba el trabajo de Chadler y le consideraba indispensable. Y Sistrom le pidió que volviera. "Y le pedí disculpas: no hablaré más por teléfono, no beberé en su presencia, y así sucesivamente. Y acabamos el guion." La escena de un productor y un director de Hollywood disculpándose ante un escritor no debía ser muy habitual, y Chandler sintió un gran triunfo personal.



Trabajaron durante unos meses y de ese tiempo surgió, a mi juicio, uno de los mejores guiones jamás escritos, pero también un odio irreconciliable entre los dos genios de cuya relación fue tan aparatosa en lo personal, como exitosa en lo profesional. Juntos escribieron un tipo de diálogos que crearía escuela, sería mil veces imitado y nunca superado. Por otra parte, cada uno respetó la genialidad del otro durante el resto de sus vidas. Chandler se dejaba llevar por los detalles, las pequeñas ofensas que un hombre puntilloso como él era incapaz de olvidar, y en un momento del escritor, la herida de Perdición se abre de nuevo: "la primera película en que trabajé fue nominada para el Oscar (si esto sirve de algo), pero ni siquiera me invitaron al pase de prensa que hubo en el estudio" Wilder diría más tarde: "¡Por su puesto que estaba invitado, sólo que no pudo acudir porque estaba borracho debajo de una mesa en Lucy's."



Diez años después de participar en el guión a Raymond Chandler le preguntaron cuál de sus películas prefería, respondió: "Sin duda, Perdición, que escribí para un extraño pequeño director con un toque de genio, Billy Wilder." "Nadie es capaz de escribir un diálogo mejor que Chandler." Diría Wilder.

Tras el estreno de Perdición, prácticamente no volvieron a verse, si se cruzaban en un restaurante o en una calle, se evitaban. Pero el resultado de esas semanas de trabajo y de la conflictiva colaboración surgió un clásico, la obra cumbre de un género que conocemos como film noir.

Perdición es una de las películas más sombrías de todo el cine negro. El erotismo y el crimen nunca han estado tan vinculados como en esta película. Barbara Stanwych, en el papel de Phyllis Dietrichson, es tal vez la mujer fatal más peligrosa del film noir. Con Perdición el cine negro se hizo adulto, mayor de edad. A partir de ella, los blancos y negros darían paso a los grises. Y los buenos y los malos a antihéroes ambiguos que caminan titubeantes por la estrecha línea que separa el bien del mal. Por primera vez el personaje central no era ni un gangster ni un detective, sino un americano medio, un tipo simpático que, de pronto, se convierte en asesino. Es una película para recuperar, para recordar lo que fue el cine negro, lo que fueron los guiones, los diálogos, las tenues iluminaciones, las apoyaturas musicales discretas y oportunas, las malvadas traidoras e infieles, los incautos enamorados y el amigo, unas veces detective, otras jefe, otras policía que con su sensatez y su agudeza es el contrapunto perfecto del desgraciado protagonista.



En los años ochenta Lawrence Kasdam debutó en el cine con el remake inconfeso de Perdición: Fuego en el cuerpo, el intento más logrado de resucitar el género negro desde que Roman Polanski lo consiguiera siete años antes con Chinatown.

Hoy rindo homenaje a Billy Wilder y Raymond Chandler que renovaron un género de tal influencia que ha llegado hasta al cine de nuestros días, pero cuya esencia es irrepetible.




13 comentarios:

Licantropunk dijo...

Lucha de genios. Lo mejor es que tuvieron la necesidad de menospreciar sus diferencias personales para colaborar en la creación de una obra brillante. Aunque luego no volvieran a mirarse a la cara. El proceso de realizar algunas grandes películas da para otro gran guión ¿no?
Saludos.

39escalones dijo...

Extraordinario post. El tema de sus malas relaciones es conocido y legendario (creo que para regocijo de ambos en su momento). Me encantan los dos. Chandler, desde luego, es uno de mis favoritos. Y Wilder sin duda pertenece al Olimpo del Cine.
Un abrazo.

Lula Fortune dijo...

Vaya par de cascarrabias!! Supongo que lo que enfrentaban eran sus egos y no sus ideas que, por lo que se ve, fueron geniales. Siempre adoré a Barbara S. por parecer hermosa sin serlo, por transmitir maldad y erotismo a raudales en una sola bocanada de pitillo.
Admiro a Chandler como novelista y B. Wilder está en mi Olimpo personal. ¿Que más quieres que te diga? Que disfruto un montón leyéndote. Un besazo con abrazo incluído, Hala!

Joselu dijo...

Temo los posts extensos (vaya que los míos...). Los veo con aprensión, pero en un intermedio de quince minutos he leído el tuyo y te puedo asegurar que he disfrutado y mucho. Admiro a ambos genios, aunque hace muchos años que vi las películas a que haces referencia. La más recientes son Fuego en el cuerpo y Chinatown. Me has dado unas ganas enormes de meterme en la filmoteca y empezar a revisitar esa serie magnífica de películas llamadas de cine negro. Has sabido aunar -lo que no es fácil- un post sustancioso y a la vez ameno. Hoy me empiezo a bajar Perdición y ya te comentaré. En la blogosfera unos influyen a otros. Es la maravilla de esta dimensión. Un abrazo.

Limaco jolgorioso dijo...

Billy Wilder es, en mi opinión, el mejor director de la historia del cine, junto a Luis Buñuel y Hitchcock. Tu entrada, muy bien escrita, la he leído con dicha de golondrina volandera, veloz y feliz que vuelve a su nido (El Tiempo Ganado). El sueño eterno, Adiós, Muñeca; La Dama del Lago, El largo adiós..., son novelas maravillosas que he leído, algunas de ellas, varias veces. La editorial Debate publicó sus obras completas en dos tomos, que guardo en casa como un tesoro al que volver, como las golondrinas, sus alas a volar.
J,

maite dijo...

muy atrayente esta entrada Francisco, me has recordado que tengo pendiente de repetir el Cartero, y además Perdición no la he visto, pero la veré,
un saludo

Limaco jolgorioso dijo...

No obstante lo cual, amigo Francisco, ¿qué hacemos con John Ford? Ya nos dirás.
Tengo en casa dos biografías de Billy Wilder, de las que he leído una de ellas con placer, fruición, corazón y reposo: "Billy Wilder, Vida y época de un cineasta", de Ed Sikov. Editorial Tusquets. La otra la ha leído mi mujer: "Billy Wilder, Aquí un amigo", de Kevin Lally. Editorial Ediciones B.
Como son las 21:39 horas, vamos a dejar aquí este breve comentario para mejor ocasión, que voy a ver si veo algo en Ono que merezca la pena cinematográfica, pues la noche entra en la televisión como un lienzo en una pared desnuda.
J,

Blanca Vázquez dijo...

Nos lo cuentas en sí como una película. Soy fan de Chandler a rabiar. Encuentro alma a raudales en sus escritos mucho más que en Hammet que no está mal. Y desde luego, esto es una muestra del mundo del celuloide y lo raro que es, lo conflictivo. Donde hay creatividad a raudales, pero mucha rivalidad. Y lo de las mujeres llamando continuamente sigue hoy día. Todos los directores que gente que tiene que ver con el cine está rodeado.

Francisco Ortiz dijo...

Toda una historia sintetizada magistralmente en este escrito. Genios que nos recuerdan lo difícil que es ser genial como personas además de como artistas. Muchas gracias por dedicarme el post. Es uno de esos detalles que jamás se olvidan.Un abrazo.

Emilio Cervantes dijo...

Muy bueno, Francisco, sigues en tu línea, sin perder comba.

Te sugiero un post sobre Barbara Stanwick. En la frase que has escrito sobre ella se ve que hay materia para más.

Un abrazo,
Emilio

Mr Tambourine Man dijo...

Estimado Francisco:

No creas que me había olvidado de ti, pero he leído en un post tuyo en El Limaco una referencia a Ramón Gómez de la Serna y me he animado a visitarte. También soy un admirador entusiasta de Ramón, y de Umbral, claro. "El Mundo" publicó hace unos días que a primeros de año saldrá a la luz un libro de Umbral dedicado a su mujer. ¡Qué ganas tengo de que llegue ese día! En fin, me alegro de haberte reencontrado. Por cierto, El Limaco y El Caracol son hermanos, y mellizos, aunque viven -desgraciadamente para el segundo- en ciudades distintas.

Un abrazo.

Lucía dijo...

Este post es mejor que cualquier premio. ¡Qué envidia me está dando Francisco!
Besos.

Raúl dijo...

Si alguien te hiciese la estúpida pregunta de que con cuál de estos tres maestros del género, Hammet, Chandler o Ross Macdonald te quedarías; ¿qué le contestarías, querido Paco?
Ya ves, yo siempre dándote trabajo.
Sonrío.