Quizá debería de volver a aprender a mirar, como hizo Víctor Erice, antes de iniciar el rodaje de El sol del membrillo (1992), según sus propias palabras, para escribir sobre su obra. No es baladí cualquier intento de acercarse a este singular artista que tiene la portentosa cualidad de redescubrir el cine cada vez que rueda, de filmar imágenes que muestran la emoción de lo visto por primera vez. Cuenta historias que siguen la senda de un misterio que nunca desvela del todo y dota a sus obras de un aliento poético inimitable cuajado de miradas, de silencios, de ausencias, de sonidos lejanos y de la huella imborrable del tiempo. Erice es el cineasta oculto, también visible y primordial de la historia del cine contemporáneo. Tiene dos largometrajes legendarios: El espíritu de la colmena (1973) y El Sur (1983). Con la adición, naturalmente de El sol del membrillo, su película sobre el pintor Antonio López, uno de los mejores filmes que ha dado el cine español.Erice no ha estado jamás sometido a las leyes del cine entendido como industria y como mercado. Siempre se ha mantenido al margen de cualquier objetivo de éxito profesional para llevar a cabo su obra con la soberanía propia del artista, aunque haya debido sufrir las dificultades de la financiación, sin la cual no puede hacerse ninguna película. Sus obras atestiguan una libertad y exigencia personal, que en ningún momento renuncia a su deseo de creación. Erice no ha querido entrar nunca en el juego de la norma o las modas cinematográficas, de los supuestos "gustos de público" y de la promoción profesional. Ha rodado sus películas cuando le ha parecido que se reunía las condiciones aceptables para llevar a cabo una creación personal digna, lo cual, a menudo, ha tardado demasiado en suceder.
Víctor Erice, es más que ningún otro cineasta actual, el poeta de la imágen. Siempre ha tenido la preferencia por un cine que se demora en contemplar las cosas del mundo, en observar a los seres humanos enfrentados a su enigma; un cine caracterizado por la observación minuciosa, la paciencia y la atención a las pequeñas cosas. Crear, por ejemplo, a partir de un pintor que pinta un árbol en su jardín equivale a situarse ese inesencial esencial del arte y alcanzar lo universal a través de lo más singular. Erice desarrolla una "política de la lentitud", que hoy por hoy es la mejor forma de oponerse a la acelerada sucesión de productos culturales y a las pseudoexigencias de un público que en teoría se muestra cada vez más impaciente. Su materia prima es el tiempo, al que no se debe forzar ni maltratar sino, por el contrario, abrazar humildemente sus sinuosidades, sus ritmos, estasis, bloqueos y aceleraciones, sin los cuales la obra no tendría ninguna posibilidad de alcanzar la larga duración del arte, superando las modas del consumo cultural. Por otra parte, Erice siempre criticará un cine falto de compromiso, el cine superficial y que no se atreve a indagar en los problemas de la sociedad en la que surge. Así, su obra cumbre, El espíritu de la colmena, rodada en los últimos años del franquismo, criticará la autocensura de una sociedad que vivía sin poder expresar su palabra, tomando como ejemplo a un apicultor que calla. O cuando recupera en su cine la infancia de su arte, y, al mismo tiempo, demostrando la modernidad más radical cuando indirectamente ejerce el papel del artista plástico contemporáneo en sus propias películas: la presentación del árbol en El sol del membrillo, cubierto por una cúpula de plástico y provisto de las "marcas geométricas" que le ha añadido el pintor Antonio López, se relaciona con un uso de la instalación absolutamente contemporánea. "Intento devolver al cine algo de lo mucho que me ha dado. Sé muy bien lo que es, y a lo que me obliga." Son palabras de Erice, siempre caracterizado por la observación minuciosa, la paciencia y la atención a las pequeñas cosas, a un cine profundamente poético que va inexorablemente unido a la infancia, a la erosión del tiempo y a la memoria.Se dice que durante el rodaje de El espíritu de la colmena, el cineasta pidió a todo el mundo que hablara en voz baja, como para proteger la ensoñación de Ana Torrent, pequeña actriz de inaudita presencia. Precaución cruel, porque en ese preciso momento, la niña se enfrenta con el mayor peligro y se encuentra infinitamente sola al borde del abismo, sola en la pantalla de cine, perdida en el bosque mágico donde habita el Espíritu, sola en medio de este baile que nos salva y nos mata o nos vuelve locos, la figuración de los prodigios.
12 comentarios:
Este es mi fotograma preferido de "El espíritu de la colmena":
http://www.zonalibre.org/blog/Burdon/archives/vias%20del%20tren.bmp
Besos.
Fenomenal artículo sobre un cineasta imprescindible, que recoge especialmente bien cuál es la mecánica creativa de este genio, como casi todos los genios españoles, ignorado o despreciado en su propio país.
Estupenda reseña.
Mi fotograma favorito de "El espíritu de la colmena" es la mirada de Ana Torrent en el cine cuando se proyecta Frankenstein, la limpieza, la inocencia, la mente pura sobre la que escribir esos prodigios...
Un abrazo.
Vaya sobresalto que me he llevado! GRACIAS tan estupendo post. NO podias haber puesto a nadie mejor, que este poeta de la imagen, como dices.
Que honor! por cierto paro en Vitoria, aunque bajo mucho a Madrid. Aquí hace más frío, y más que en Barcelona. Ahora está para nevar en cualquier momento. Nada mejor que meterse en un cine o disfrutar de un buen video, y un buen libro. Un abrazo fuerte.
Cantando: "Cariño, cariño mío, ramita de mejorana..." Esta canción de la que recuerdo perfectamente su melodía y parte de su letra -y que no conocía-, la cantan Antonio López y Enrique Gran en el Sol del Membrillo. Asistí a su extreno, aquí en Santander, donde nació Enrique y vive su familia, conmovido de antemano y transfigurado cuando terminó la proyección. Sólo la he visto una vez, pero permanece en mí tan hermosa que aún la sigo viendo: su silencio, la luz y la vida íntima del pintor.
Hay una casa en El Sardinero, muy cerca del Hotel Chiqui, que siempre tiene la ventana abierta al mar, la luz y sin cortinas. Desde la acera -es el primer piso- se pueden ver varios cuadros de este gran pintor santanderino y amigo íntimo de Antonio, Enrique Gran. Recomiendo al viajero que no olvide esto que le digo, porque el sol del membrillo está allí también. El sur. Escribí hace tres o cuatro años una cantata para cuarteto vocal, piano y chelo que lleva por título "Viento del Sur", en homenaje secreto, personal y cauteloso a esta maravillosa perlícula que es El Sur.
J,
Me pides que comente tus ideas sobre literatura expuestas en anteriores comentarios en mi blog. El más largo y denso es el que sostiene que hemos construido panteones a los clásicos y que son objeto de la Enseñanza Obligatoria. Vamos que es uno el que se hace lector por maldición y que estos son pocos y que la literatura es un arte de minorías. Estoy de acuerdo en parte. En mi casa, como en la tuya, no había ningún libro. Nadie me había hablado de ellos hasta que hacia los once años -hasta entonces me embebía de tebeos- los descubrí. Fue el descubrimiento más luminoso de mi vida. Me fascinaron desde el primer momento y ese hechizo continúa aunque padezco dificultades lectoras por mi pérdida elevada de la concentración y mi escasa memoria. He leído tanto y recuerdo tan poco... que eso me lleva a releer algunos clásicos con cierta frecuencia. Mi padre veía mal que yo leyera. Decía que era anacrónico. Él era ingeniero técnico y despreciaba la literatura. Yo ignoré la técnica y me sumergí en la literatura. En tal caso, es cierto lo que dices. Uno nace. Pero también es cierto que como profesor, especialmente en el antiguo BUP, hice de muchos chavales ávidos lectores que descubrieron la literatura maldita y no maldita por unas clases que en aquel tiempo eran originales e innovadoras. No es el panorama que existe actualmente en las aulas que me resulta desolador en el plano intelectual. Ha habido personas en mi entorno cercano que se han hecho lectores por influencia mía: mi hermano que tuvo una gran biblioteca heredada y leyó todos los libros que le fui regalando y que él no hubiera descubierto. Mi mujer es lectora y nada presagiaba que lo fuera a ser. Mis hijas (10 y 8 años) están comenzando y tienen libros a su disposición. Quiero decir que los infectados por ese virus a veces podemos contagiar a otras personas predispuestas a ello, pero que sin ese impulso quizás no hubieran descubierto la lectura. Mis alumnos de este año están leyendo clásicos (Kafka, Camus, Melville, James Cain, Bram Stocker, Lovecraft, Dostoievski, García Márquez...) Ignoro el grado de aprovechamiento. Sus comentarios son pobres y poco interesantes. Es como si no se dieran cuenta de que tienen a Bartleby el escribiente en sus manos (¡¡). Creo que algo se puede hacer. Este año mis alumnos de Bachillerato han leído fragmentariamente El Quijote y puedo decir que al final han sacado la novela del panteón de los clásicos y ha vivido para nosotros. Todos han terminado amando al hidalgo manchego. Perdona la extensión de este comentario que no hace referencia a tu post sobre Erice. Ya te escribiré en otro momento. Decirte, eso sí, que El espíritu de la colmena, El sur y El sol de membrillo son de mis películas más apreciada. Un cordial saludo.
Caro Francisco,
Unos días fuera, en Oviedo y en Lugo, en el valle do Caurel (pisa da castaña en Froxán) y ya me he perdido tres entradas muy interesantes. Gracias por tus comentarios, auténticas bombonas de oxígeno para un blog que vive de ellas .
Inauguré otro blog en los weblogs de Madrimasd. Estais invitados .
Ví a Antonio López hace años un día en la cafetería de la autopista que va de León a Oviedo y viéndolo pensé algo que luego he madurado y en lo que coincido también con el profesor de pintura de mi hija pequeña: Nada hay más grande que ponerse uno a pintar, a escribir e incluso puede que a ir al cine, pero sobre esto tendría que pensar más,......
Queda pendiente. Pasa a ser con Foucault otro tema de tertulia para un próximo café,.....
Un abrazo,
No puedo estar más de acuerdo en lo de el placer de la lentitud.
Debe ser la edad, pero cada vez tengo menos prisa, me gustan más los libros lentos, hechos de sutilezas y destellos ("Il giardino dei Fintzi-Contini", por ejemplo) o las películas como las que mencionas del "Sol del membrillo". La vi hace un montón de tiempo y ya me había gustado mucho, por lo diferente, lo interesante de la visión de un artista ante su "trabajo",y las comillas están por algo. Tuve la vaga sensación de que Antonio López era un privilegiado,a fin de cuentas. Que su incapacidad para asumir lo cotidiano (sus hijas le compraban la ropa, decidían si necesitaba un corte de pelo, etc)era un privilegio de artista, genio o lo que quieras, cuyo peso recaía en los que le rodaeban.
Supongo que al común de los mortales nos está vedado ese privilegio.
Besos lentos, lentos...
APrender a mirar...ensoñación...silencio...
MIs propuestas para el próximo año...
Besos.
Te he puesto deberes en mi blog. Espero que no me odies...mucho tiempo.
Besitos mimosos, para compensar.
De este gran director me sorprende que no haya vuelto a dirigir ningún largometraje desde hace mucho tiempo: quizá se aburrió del formato. Leí en el número de septiembre de Cahiers España que Erice y Kiarostami han establecido una relación epistolar de cartas-video: ámbitos nuevos, fronteras no conocidas del lenguaje cinematográfico: iluminados.
....me declaro una ignorante...siempre tuve la sensación de saber de cine....pero soy humilde y reconozco q conozco una infima parte. No puedo dejar de felicitarte x la información q transmites en este escrito, pero tampoco es menor tener el "tino" de escribir con talento algo q desborda de talento....muchas veces nos dejamos llevar x lo vanal, y en ese instante puede colmar una "necesidad", pero es momentaneo....en otras ocasiones nos dejamos llevar x la simpleza, y muchos nos tildan de "simplones"...la verdad es q es ahí, en la simplicidad en donde se encuentra la belleza. Algunos tienen la capacidad de plasmarla en "peliculas tipo b", de esas q nadie ve...el otro lado del cine...ese q es de verdad....el q simplemente es cine y deja fluir las emociones y conmuebe nuestros sentidos hasta el cine...ese es el verdadero poder del cine...cariños (Alejandra)...
Siempre me quedo intrigado al tropezarme con la misteriosa alquimia que extrae belleza de lo dramático. El espíritu de la colmena lo consigue. Es verdadero arte.
Publicar un comentario en la entrada