"El peligro del éxito es que nos hace olvidar la espantosa injusticia del mundo"
Jules Renard, Diario
Jules Renard, Diario
Recuerdo el impacto que me produjo hace ya muchos años la lectura de la novela de Horace McCoy, ¿Acaso no matan a los caballos? Poderoso drama que gira alrededor de una maratón de baile a principios de los años 30, en plena Depresión tras el Crack del 29. Gente desesperada, de todas las edades, se apunta a la maratón para encontrar un sitio dónde dormir y comer mientras otras miles de personas pasan hambre en el exterior. Los concursantes ponen al límite su resistencia física y psíquica, a la vez que una multitud van a ver su sufrimiento para divertirse. Sidney Pollack debutó como director de cine adaptando a la pantalla grande esta magnífica novela. Después cayó en mis manos Luces de Hollywood (1938), y se convirtió en uno de los escritores de novela negra que más admiro. Este excelente autor, que yo pongo a la altura de Scott Fitzgerald, y, que lamentablemente no tuvo la misma repercusión que las obras de Scott.
McCoy ejerció los más diversos oficios: taxista, vendedor ambulante, periodista, guardaespaldas, guionista, etc. En sus novelas da un revés al género negro anulando radicalmente esa clase de violencia tan característica; asesinatos, violaciones y atracos. El autor se centra en la violencia que ejerce el sistema contra el individuo de una manera más sutil y, también, mucho más terrorífica, porque no cabe buscar culpables ni lamentarse en nombre de la siempre hipotética justicia. La violencia está ahí, como por ejemplo en Luces de Hollywood, novela que me toca hoy comentar, donde centenares de extras esperan el golpe de suerte que les llevará a la fama, al indispensable triunfo. Y el camino está sembrado de caídas. Su novelística trata esencialmente de los fracasados.
El conocimiento del mundo del cine y sus miserias que revela esta extraordinaria historia, localizada a finales de la década de los treinta, cuando el autor tenía cuarenta años, hace conjeturar que los oficios que hasta entonces había ejercido McCoy pudieron ser un nuevo sucedáneo de su ambición verdadera, la misma que desgasta, en la historia que nos cuenta, a esa masa anónima de americanos que ha acudido a la "meca de los sueños" desde Oklahoma a Georgia para consumir sus días en un apartamento inhóspito cuyo pago demoran, esperando, pegados al teléfono, la llamada milagrosa que les convierta en extras y les dé ocasión de trasponer el inaccesible y mítico umbral.
Tal vez el autor se identifica con Johnny Hill, uno de los grandes fracasados de la novela, quien, harto de esperar esa oportunidad, dice en una borrachera,
que va a escribir una novela donde se hable de "toda la tragedia y el dolor de esta maldita y asquerosa ciudad, toda la crueldad y el vicio. Este aspecto de Hollywood no ha sido nunca escrito (...) No creo tener un talento especial-añade-para escribir novelas, como otros escritores que han vivido aquí. Pero tengo la impresión de que han pasado por alto un gran tema." Se refería, sin duda, al tema del fracaso.
Luces de Hollywood escapa por completo a los esquemas del relato policiaco y apenas, como he dicho en un principio, participa de las de la novela negra. No lo que nos muestra es el mundo del crimen, ni el aliciente que nos incita a leer es el de descubrir al autor de ningún asesinato, robo o misteriosa desaparición.
Desde las primeras páginas se adivina la identidad de este gran culpable que se disfraza su rostro: es la ciudad con sus espejismos de la fama y el éxito, con su llamado ardiente que llega a los últimos rincones del país, quien dirime los destinos de aquellos seres alucinados por el reclamo de una promesa negada luego sin transición y transformada en calvario; es la ciudad despiadada quien embriaga, fascina y devora a las víctimas que ella misma crea. Leemos en la primera página de la novela los pensamientos de Ralph Carston: "Sintiéndome de aquel modo, solo y sin amigos, con el futuro muy negro, no quería salir a la calle y ver lo que el sol iba a mostrarme, una ciudad barata llena de tiendas baratas y de gentes baratas, como la ciudad que había abandonado, idéntica igual a cualquiera de otras diez mil ciudades pequeñas del país...". McCoy nos está hablando ya de lo que sería la globalización con setenta años de anticipación.
Cuando Dorothy, una de estas víctimas, se ahorca con una media y los reporteros buscan en vano ese "instrumento de la muerte" para fotografiarlo, Mona, una amiga de ésta, coloca entre sus manos inertes un mazo de revistas de cine: "Esto es lo que la mató-dice exaltada-.¿Por qué no la publican? Muestren al mundo una imagen auténtica de Hollywood." Y ésa es la que ha pretendido y logrado mostrar McCoy al elaborar su crónica desgarrada y veraz de la "meca de los sueños" en el año 1938. Siguiendo el revés de esos sueños fraudulentos, nos enseña la otra cara del éxito: la pérdida de identidad, la soledad, la claudicación, el miedo, el autoengaño, la incapacidad para regresar a la tierra de donde partieron en pos de la fama, el aniquilamiento del individuo despedazado por las garras del fracaso, ese desarreglo que es la gloria.
Los que pierden tienen la distancia para ver lo que los triunfadores no ven. Esa distancia insalvable entre los sueños de gloria y la polvorienta futilidad de nuestro destino.

10 comentarios:
Glups!
...gracias.
Este relato me ha hecho mucho sentido...quizás será x mi sensiblidad o agotamiento...no quiero saber...pero te has dado cuenta de q la historia es cíclica??...la miseria siempre ha vivido junto a nosotros, lo q pasa es no la vemos....x q no queremos ver....la globalización, el mundo a un click...las distancias son cada vez más cortas....y nosotros??....la belleza toma otro matiz...y caemos en el medio...en su puta exigibilidad y responder a patrones q se alejan de la realidad...
La realidad puede ser maravillosa....todo depende de como mires el vaso: medio lleno...o medio vacio??...a pesar de todo, para mi: la realidad puede ser maravillosa...te mando un beso...y una sonrisa...
Francisco, me gusta la novela negra porque es fiel reflejo de los problemas sociales, económicos o políticos del momento en el que fue escrita. Con el tiempo ha ido evolucionando y los problemas parecen otros pero el trasfondo sigue siendo el mismo.
Besos.
"Danzad, danzad, malditos"... qué gran obra. No recordaba la novela, sin duda de lectura imprescindible. Debería haber un mes de vacaciones más al año para leer los libros que uno conoce gracias a los blogs.
Un abrazo
Hace un par de semanas he visto en Ono, They Shoot Horses, Don't They? de Sydney Pollack, titulada en español "Danzad, danzad malditos", película asfixiante y demoledora basada en la novela de Horace McCoy que glosas en tu comentario, con la justa palabra depositándose en los ojos del lector de El Tiempo Ganado, y bien ganado por cierto,como siempre. No he leído la novela ni a su autor.
Uun abrazo y felices fiestas.
J,
Leí ambos títulos hace una veintena de años cuando tuve mi etapa de adicto a la novela negra. Sin embargo, quería aquí hacer referencia a esos escritores que no proceden de las universidades y que desempeñan los oficios más variados para ganarse la vida como has dicho de Horace McCoy: taxista, vendedor ambulante, periodista, guardaespaldas, guionista... Estoy pensando en escritores que viene de abajo y ejercen la literatura como outsiders tipo Jack London, Horace McCoy, Charles Bukowski... Sus relatos tiene sabor a vida intensa a diferencia de esos más eruditos de los licenciados universitarios. No sé si es un tipo más propio de la literatura norteamericana, pero aquí en España no se encuentra ningún equivalente de calidad contrastada. Quizás Arturo Pérez Reverte, pero él fue periodista de universidad y corresponsal de guerra durante bastantes años. Un cordial saludo.
Leí hace no mucho esta estupenda novela cortita y me dejó impactada también. Como se nota que el autor hizo de todo, como se nota esa vida vivida. Toda una verdad.
Aprovecho para felicitarte estas fiestas las celebres o no. Al menos come y bebe indecentemente. Un beso. Ah y ve al cine!
"¿Acaso no matan a los caballos?" es un libro fascinante. Y la película "Danzad, danzad, malditos" no se borrará nunca de mi memoria. Su ambiente asfixiante. Su dureza.
Excelente reseña, Francisco, como todas las tuyas. Me entraron ganas de saber más de McCoy, así que me voy a buscarlo por la red...
Es lo que pasa cuando uno lee buenas recomendaciones.
Un abrazo.
Otro gran ejemplo de admiración por el cine y la novela negra americana. Para mí, otro autor a descubrir.
La polvorienta futilidad de nuestro destino. Así es.
Saludos.
Gracias x regalarme una sonrisa. Un millón. Espero no olvidar lo q es eso...para muchos puede ser algo tan simple, pero cuando ella es sincera y nace en nuestro corazón, es capaz de mover el alma. Un beso
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