La vida de Robert Walser (1878-1956) es una de las más apasionantes tragedias de la literatura del siglo XX. Autodidacta, errante, finísimo estilista de la lengua alemana y provisto de una mirada capaz de destripar la realidad con la más suave ironía secreta de su estilo y su premonitoria intuición de que la estupidez iba a avanzar ya imparablemente en el mundo occidental. Fue el más solitario de los escritores solitarios. Sólo estuvo unido al mundo de la forma más fugaz. En ninguna parte pudo estrablecerse, nunca tuvo la más mínima posesión. No tuvo casa jamás, ni una vivienda duradera, ni un solo mueble y, en su guardarropa, en el mejor de los casos, un traje bueno y otro menos bueno. De lo que necesita un escritor para ejercer su oficio no tenía casi nada que pudiera llamar propio. No poseía libros, ni siquiera los que él mismo había escrito. Los que leía eran casi siempre prestados. Hasta el papel de escribir del que se servía era de segunda mano. Papeles de distinto formato densamente cubiertos de una letra minúscula, escritas a lápiz e ilegibles a primera vista. Llevaron más de quince años a ser descifrados letra a letra y poniendo fin al desconcierto una colección de textos de incalculable valor literario lo que en un principio parecía fruto de la locura del autor suizo. Walser llegó a reconocer en una carta que había empezado a utilizar el lápiz para liberarse del "tedio de la pluma", que lo había asumido en un "decaimiento que, por así decir, se reflejaba en la escritura a mano, en la disolución de la misma." Toda su vida vivió sin posesiones materiales, también permaneció apartado de los hombres. "Soy una entidad perdida y olvidada en la inmensidad de la vida."Sus relatos fragmentarios y novelas embrionarias atraviesan como personas soñadas de noche, no se inscriben en ningún registro, y se van, inmediatamente después de llegar para no ser vistas nunca más. Walser es un miniaturista que promulga las reivindicaciones de lo antiheróico, lo limitado, lo humilde, lo pequeño; como si respondiera a su punzante sentimiento por lo interminable. El anonimato y fugacidad de sus personajes, la falta de hogar, lo horriblemente provisional de sus existencias, su prismático cambio de talante, el pánico, el sombrío humor, impregnado de un negro dolor de corazón. La existencia humana en general consiste en su total superfluidad. Walter Benjamín dijo acerca de él: "Podría decirse que al escribir se ausenta.
Walser sentía el gusto por el paseo y la divagación, la pasión por los detalles y lo efímero, la dificultad de no ser nadie o la absurdidad del amor. Siempre, en todos sus trabajos en prosa, quiere remontarse sobre la pesada vida terrestre, desaparecer suavemente y sin ruido hacia un reino más libre. En una de sus mejores novelas, Jakob van Gunten, leemos: "Las fatigas, los groseros esfuerzos que se precisan para alcanzar en este mundo honores y famas no están hechos para mi." En el fondo del arte de Walser hay un rechazo al poder, a la denominación: "Soy común, es decir, nadie", afirma el personaje característico de Walser. En Días de flores, evoca la raza de "la gente extraña, que carece de carácter", que no quiere hacer nada. El "yo" recurrente de la prosa de Walser es el opuesto al del egoísta: es el de alguien que "se ahoga en la obediencia". Se conoce la repugnancia que Walser sentía por el éxito; el prodigioso espectro del fracaso que fue su vida.
Walser fue perdiendo poco a poco la capacidad de dirigir su atención al centro de los acontecimientos de la novela y se dejó, en cambio, de una forma casi compulsiva, por las criaturas extrañamente irreales que aparecían en la periferia de su campo de visión, sobre cuya vida anterior y ulterior nunca sabremos lo más mínimo. El autor trabajaba un poco en jardinería o jugaba contra sí mismo alguna partida de billar.
Walser se interna en el manicomio de Herisau. Qué clase de enfermedad tenía, en sentido diagnóstico exacto, importa poco. Basta con que comprendamos que él, al final, sencillamente no podía más, que como Hölderling, tenía que mantenerse a distancia de la gente como una especie de conquista anárquica. Es conmovedora la descripción que hace al respecto sobre la supuesta demencia y el silencio de Hölderling a lo largo de esos treinta y seis años que pasó encerrado en la torre de Tubinga: "Estoy convencido de que, en su largo periodo final, no fue tan desdichado como se complace en pintárnoslo los profesores de literatura. Poder dedicarse tranquilamente a soñar por los rincones, sin tener que estar haciendo los deberes todo el rato, no es ningún martirio. ¡Sólo la gente hace que lo sea!".
Carl Seeling escribió Paseos con Robert Walser, obra que no tiene paragón en la historia de la literatura. Seeling quería ayudarle a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso. Visita regularmente a Walser en el sanatorio, y durante veinte años "se le autoriza a salir a pasear." Seeling retrata a un Walser que ha enmudecido, un poeta que "tuvo el tacto suficiente como para apearse de la vida." Walser tenía cincuenta años y había dejado de escribir contentándose con la vida que llevaba de paciente en el sanatorio mental. Limpiaba legumbres en la cocina, clasificaba la basura, o leía alguna novela de Friedrich Gerstäcker o de Julio Verne, rígidamente de pie en un rincón. Las notas relativas a estos paseos son inusuales, pues Seeling pone escritura al servicio de la transmisión de las auténticas palabras de Walser. Nadie sabe si este paciente está enfermo, pero, en cualquier caso, es sabio. Sus conocimientos de literatura son inmensos; sus manifestaciones dan como resultado la poética de su propia obra; sus juicios políticos son certeros y enigmáticos. Walser pasea con Seeling por el paisaje nevado de Appenzell y por la noche regresa al manicomio. Dijo Elias Canetti sobre el autor: "De todos sus contemporáneos, Robert Walser se ha convertido a mis ojos, exceptuando a Kafka que no existiría sin él, en el más importante." Thomas Mann, Alfred Polgar, Robert Musil, Susan Sontag, Claudio Magris, reconocieron su admiración por éste magnífico escritor de prosa indefinidamente extensible, desprovista de esqueleto que esconde la ausencia de cualquier progreso. Su obra constituye uno de los conjuntos más originales de la literatura del siglo XX, en un siglo obsesionado justamente por el afán de innovación, la suya es, sin embargo, de una originalidad no buscada, ni siquiera deseada.
Murió mientras paseaba un día de navidad de 1956 cerca del manicomio de Herisau.Llevo toda mi vida admirando a este hombrecillo que siempre llevaba un paraguas colgado del brazo, incluso en los días de sol. Una vez escribió: "Ser incomprendido nos protege."
Imagen: manuscrito de Robert Walser
13 comentarios:
...te has dado cuenta de q todas las mentes brillantes suelen no ser entendidas??....y extrañamente son personas muy solitarias???....x q será q los genios en vida no son entendidos??...acaso no todos tenemos algo de locura??....acaso querer cambiar el mundo es una locura??...vivir la vida haciendo lo q uno desea, decir lo q siento, luchar x mis ideales, querer dejar un mundo mejor...es ser un loco??...si ser un loco, o ser iluso me hace vivir la vida q siempre he querido, viviré en mi locura....
Extraordinario perfil de este genio apenas reconocido. Sin duda, prototipo del creador excéntrico y señalado como perturbado...
Buen post.
Un abrazo.
A veces creo que hay mundos paralelos de escalofríante cordura a los que maltratamos y marginamos sin apenas reflexión. Siempre que me paro para tomar aliento, envidio la desnudez de esos seres que tienen el valor de mirar a la vida frente a frente.
Gracias por acercarme a ese abismo. Un beso Francisco.
estoy de acuerdo contigo: GRANDES CREADORES EUROPEOS QUE FUERON COMPRENDIDOS EN ESTADOS UNIDOS, QUE PUDIERON REALIZAR PARTE DE SU OBRA MÁS IMPORTANTE ALLÍ ...un intercambio, con sus mas y sus menos, impensable en según qué países.
Hola Francisco,
Después de leer tu post me he puesto a buscar una reseña que tengo guardada (del año 98, de Babelia) sobre "La rosa" y "Jakob von Guten". En ella leo que Walter Benjamin dice de los personajes de Walser: "Lo que lloran es prosa". Ese es el recuerdo que tengo del único libro que leí de este autor "El paseo", prosa en su estado más puro.
Después empecé a leer "El ayudante" y me quedé atascada, pero tengo claro que tengo que leer algo más suyo, quizás "Jakob von Gunten" ¿me lo recomiendas?.
Y como él y Hölderlin procuro soñar por los rincones todos los días.
Besos.
PD: Sí que se parece a Juan Gelman.
Ya había leído algo sobre él, pero poca cosa. Es uno de esos personajes con una sensibilidad muy fuera de lo común, y aunque pretendiera ser un ser corriente, no lo era en absoluto. Precisamente porque estaba por encima de todo eso que se requiere para alcanzar éxito: demostrar, trabajar duro, adular, ser adulado, etcccc
Besos guapo
Otro que sabía que la literatura es mejor que la vida: vivir literatura. Salirse del camino marcado para ser consecuente con sus propias marcas. Lo que de verdad me impresiona es que lo tengan tan claro.
Saludos.
Has escrito una completa y bella semblanza de este autor.
Un texto que transmite la admiración por Walser y que se acerca a su figura con respeto y erudición.
Un abrazo.
¡Cómo habiendo leído a Mann, a Musil a Kafka, a Döblin, he podido desconocer a Robert Walser? Me ha sorprendido y maravillado tu post que me ha abierto a un autor desconocido para mí. Tu semblanza ha sido impecable y lo que es mejor: me ha suscitado un extraordinario deseo de conocer su obra. Haces ameno y apasionante las obras que comentas. Una suerte haberte encontrado. Un abrazo.
Robert Walser... Una vez mas, Franscisco, puedes dar a conocer a un gran genio y, además, con el calor profundamente humano de tu escritura. No suele pasarme pero el texto me ha emocionado. Gracias.
Abrazos.
Felicidades por un texto tan bien pensado y estructurado, además de escrito.
Y tu Francisco qué prefieres:
¿Ser incomprendido o ser invisible?
¿O, es que lo primero es el camino hacia lo segundo,......?
Un abrazo,
Llego desde el futuro a una entrada que tú escribiste mucho antes de que yo me interesara por este medio. Es una extraña sensación. De Walser tuve conocimiento a través de Vila Matas, que lo incluye entre la compañía de Bartleby. Allí dice de sí mismo que es "un cero a la izquierda", y que "sólo en las regiones inferiores consigo respirar". No he leído nada de él, aún. Le doy vueltas y vueltas a esa afirmación, "ser incomprendido nos proteje", y no sé, no consigo entender cómo pueda ser eso posible. Me quedo con esa idea, y soy tan obsesivo que seguiré dándole vueltas, porque al mismo tiempo, de alguna forma, intuyo que sí, que es cierto... Un abrazo desde el hoy.
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