viernes, 27 de julio de 2007

Encuentros


"La verdadera tierra natales es aquella en donde por primera vez nos hemos visto de manera inteligente: mis primeras patrias han sido libros."
Marguerite Yourcenar


¿Cómo nos iniciamos a la lectura? ¿Cómo se llega a un libro? ¿Qué relaciones tenemos con los libros que nos acompañan durante toda la vida? ¿Qué semejanza tienen las historias que nos cuentan con las nuestras? ¿Cuáles fueron y cuáles son nuestros libros de cabecera? ¿Por qué? ¿Qué nos sucede cuando decidimos releer un clásico? ¿Qué relación tenemos con nuestra biblioteca personal en cuanto nos refugiamos en ella? ¿De qué huimos?

Sus posibles respuestas no son menos extraordinarias que las historias que cuentan esos libros que fueron saliendo a nuestro encuentro, y, que muchas de las veces, o lo olvidamos, o no reparamos lo suficiente en ello. Escribimos con frecuencia sobre los libros que leemos, con menor o mayor acierto, pero siempre escatimando los matices más poéticos y enigmáticos. Escribir sobre un libro es más complejo de lo que parece.

Debo confesar que tengo una cierta debilidad por esos autores que escriben sobre sus preferencias literarias, en donde nacen, en cada una de sus lecturas, conexiones con nuestras experiencias personales que conforman la parte del mundo que cada uno ha de descubrir por sí mismo. "Cada libro trae a sus nuevos lectores su propia historia." Alberto Manguel.

Para que nos vayamos entendiendo: mi propia historia se inicia a los nueve años. Mis padres me riñeron de una manera un tanto cruel e injustificada. Salgo precipitadamente a la calle y huyo con ese pensamiento de niño afligido y decidido a no volver nunca más a casa. Me refugio por primera vez en una biblioteca. Me siento muy indignado con mis ojos llenos de lágrimas. Hay miles de volúmenes e interminables estanterías. Camino lentamente y aturdido pasando mi mano por los lomos de los libros. Me detengo, sin saber el por qué, y extraigo uno de tapa dura. Veo una ilustración de un golfillo despatarrado en el interior de una barca y comiéndose desvergonzadamente una tajada de sandía. Libertad absoluta. Es Huckleberry Finn. Desde entonces, no he dejado de leer ni un sólo día de mi vida. Jamás olvidaré aquel momento, cuando descubrí en la literatura el aliento medicinal que la vida no me ha insuflado. Si tuviera que escribir sobre esta novela, por ejemplo, me sería indispensable narrar el encuentro y la revelación de la historia, confrontada con mi situación del momento. El libro me estaba esperando. "La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta." André Maurois.

Con el tiempo, al convertirme en un lector sin referencias literarias por parte de nadie, los libros fueron echándome una mando. Una vez, ya adolescente, estaba en una librería sin saber que elegir, y, de repente, de una estantería abarrotada, cayó un libro al suelo. Lo recogí y descubrí toda la obra de Kafka, sin duda alguna, el primer poeta del siglo XX que dio la alarma.

Cuando ya poseía un cierto criterio literario, buscaba en una librería la gran novela del siglo XVIII; Jacques el fatalista , de Diderot . Libro de difícil acceso, porque no se había reeditado desde hacía muchos años. Sobre una mesa repleta de libros pude verlo en una edición antigua. Mi corazón latió de emoción y me dirigí, casi, precipitadamente. Cuando estuve a punto de cogerlo, una chica, que no vi por estar cegado a causa del libro, también hizo el gesto de cogerlo. Dudamos, y, al fin lo cogimos los dos al mismo tiempo. Sonreímos con amargura, aferrados al fatalismo, y no precisamente de Jacques. Para resumir; decidimos comprarlo a medias y compartirlo. Así nació una amistad que todavía dura. Una amistad de tertulia literaria hacia el café de media tarde. ¿Cómo escribir sobre esta maravillosa novela y no contar la otra historia? "¿Cómo se habían encontrado? Por casualidad, como todo el mundo. ¿Cómo se llamaban? ¡Qué os importa eso! ¿De dónde venían? Del lugar más cercano. ¿A dónde iban? ¡Acaso sabe nadie a donde va!" Diderot, Jacques el fatalista.

Otra día, paseando, vi un libro olvidado en un banco de un parque. Miré a mi alrededor y no había nadie. Me acerco para cogerlo, y descubrí para siempre a Jean Rhys... En un autobús nocturno a Scott FItzgerald. En fin, los encuentros son numerosos. Sino me creéis es porque no habéis leído a Paul Auster, sobre todo El Cuaderno Rojo, que por cierto, me lo regalaron por un error, cuando todavía no conocía su obra.

Creo que todo esto ha cambiado. La ley de mercado hace que los encuentros con los libros sean cada vez más difícil, al menos como yo lo entiendo. Tengo la sensación de que ahora los libros son arrojados a la cara. Los que escriben sobre libros, o se quedan en el hilo argumental, o, en la simple promoción. Para mi , leer es un acto de rebeldía. "El libro también puede ser una forma de expresión y de rebeldía. Encontrar el libro que está escrito para nosotros es encontrar un arma para enfrentarse al mundo." Alberto Manguel.

Decía Bioy Casares que el recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí. ¿Recodáis vuestros encuentros? ¿Recodáis vuestra propia historia?

"Empecé mi vida como sin duda la acabaré: en medio de los libros."
Jean-Paul Sartre, Las palabras