domingo, 20 de enero de 2008

El método Maigret


La figura del comisario de policía Maigret es la gran creación literaria del novelista Georges Simenon, bien conocido de todos los devotos del género policíaco, aunque lo más valioso de sus novelas no sea precisamente la intriga (averiguar quién es el culpable), sino el admirable retablo social de la Francia de mitad del siglo XX, precisamente tomada al nivel que hace de esas novelas auténtico género negro. Simenon posee una bella prosa que suena en la noche por las calles mojadas. En sus novelas hay pocos tiros, más bien se oye un piano que toca una señorita junto a la ventana abierta del estío, en la pequeña ciudad provinciana, Carcassonne o un pueblecito pesquero de Normandía. Por otra parte, los asesinos de Simenon suelen ser sastres o sombrereros de vida muy ordenada, que matan sin ruido.

Maigret es el símbolo del funcionario medio francés, aburguesado, pero en la categoría de héroe modesto. Maigret coge a su señora, un domingo por la tarde, y se va con ella dando un paseo hasta Montmartre, y allí entran en una cervecería a tomar unas cervezas, y Maigret habla perezoso con la gente y con el dueño, mientras deshollina su pipa, y así descubre el crimen, sin más molestias, porque ya sabe lo que va buscando.

Confieso que uno de mis vicios son las novelas de Simenon. Me siento en mi sillón y me zampo esas páginas sintiendo por dentro un oreo de cielo francés, de París con lluvia, de clases medias, de marineros con caras de apóstoles, de putilla guapa y de adoquines con lluvia. Pero creo que me estoy alejando de mi verdadero propósito. Lo que más me interesa de Maigret es su método.

A Maigret, funcionario al servicio de la Justicia, le duele el automatismo de los órganos judiciales-jueces y tribunales-cuando se limitan a encajar los casos que la realidad pone ante ellos en tal o cual artículo del Código Penal, reduciendo a los acusados a "hombres esquematizados, seres desencarnados, esbozos, caricaturas", con lo cual sucede que " la verdad, presenta bajo una luz tan cruda, sin el menor matiz, casi deja de ser verdad". ¿En qué consiste entonces el "método Maigret? Sencillamente, en dar la primacía a lo humano, para lo cual Maigret, al investigar un caso, no se limita a los datos (las "pistas") y ni siquiera se apoya en una sólida escala de conclusiones lógicas, sino que intenta con todas sus fuerzas ponerse en el lugar de los presuntos culpables, meterse bajo su piel, respirar su intimidad, embeberse, impregnarse de su vida. "Yo nunca tengo ideas", dice; y "yo nunca hago deducciones". En realidad, lo que hace es husmear; como un perro de caza, olfatear, escarbar, buscar... Si es que no resulta más fiel la imagen que lo presenta como una esponja colosal que se impregna de cuanto le rodea hasta que se le impone la verdad, sencillamente porque llega el momento en que la "siente". "No te juzgo de ninguna manera-dice Maigret-. Estoy tratando de comprenderte." En eso consiste el "método Maigret". Pero sucede que procediendo de esa manera, al comprender, Maigret acaba participando de la identidad de aquellos a los que persigue, de su complejidad de seres humanos; "los hombres son todos diferentes", y de las razones que pueden apreciarse en el momento en que al lado del malhechor, o dentro de él, aparece el hombre.

Maigret insiste en que él no juzga, no es su misión ni su vocación, pero cuando se le pregunta si , a lo largo de una vida donde ha conocido todas las bajezas humanas, se ha encontrado alguna vez en alguien con la maldad absoluta, responde negativamente; "creo que ningún ser humano puede ser totalmente responsable", lo cual es ya una manera de juzgar y explica la relación afectiva que tantas veces, por no decir siempre, se establece entre él y aquéllos a los que persigue, relación que generalmente se mantiene incluso después que han sido juzgados y en ocasiones hasta el momento de su ejecución, para la que piden al comisario el apoyo de su compañía. Nada se diga cuando, en determinadas ocasiones, Maigret se decide a hacer su justicia, perdonando y eludiendo la acción de la justicia sobre sus delincuentes. Para justificar su proceder, Maigret se remite al "buen hombre" que está "allá arriba" y al que llamamos Dios. Sería vano buscar algún parecido entre ese proceder y el automatismo de la clásica novela negra americana o el fatalismo del realismo poético francés. Algo por el estilo de lo que acabo de escribir sobre los individuos se puede decir del medio social donde Maigret actúa, y en el que tantas veces, a pesar de haber experimentado lo que él mismo llama "el olor de las pasiones humanas, de los vicios, de los crímenes, la fermentación de toda la miseria del hombre", es capaz de percibir un aroma de bondad que no encuentra en el mundo de los satisfechos, material y espiritualmente, el mundo "acolchado" de las "buenas personas", al que él, sin embargo, pertenece, pero donde también abundan los individuos de "ojos fríos": "esos ojos que pueden mirar fijamente sin establecer ningún contacto humano". No es que Maigret borre las líneas de separación ni que dé por caducados los principios morales en nombre de las cuales actúa, pero se cuida mucho de no inflexibilizarlos y de conservar siempre su derecho a interpretarlos con flexibilidad y sentido humano.

Con Georges Simenon, la novela negra pierde su negrura y se convierte en una cálida lección de humanidad.


11 comentarios:

Lucía dijo...

Franciso, me gustaría enviarte un artículo de Le Monde sobre Maigret, pero necesito tu mail porque lo tengo en un documento de word.
Si te parece bien.
Besos.

nancicomansi dijo...

Confieso que la novela policiaca no me atraía demasiado...sin embargo, ese lado humano, esa capacidad de empatía y perfíl de señor perspicaz sin alardeos y buen marido de Maigret, me lo hace sumamente simpático y me dasn ganas de correr a la biblioteca y pillarme cualquier título...
Sin embargo, sería estupendo conseguir (¿quizás en una librería de viejo?) un tomito de esos de tapa blanda, con dibujo de colores chillones en portada... tipo "pulp"...pienso que sería lo ideal...

Un beso, Francisco.

39escalones dijo...

Espectacular entrada. Me irritan las novelas detectivescas en las que el protagonista es el detective, cuando en teoría deberían ser el asesino y el fiambre. Es como cuando en una entrevista televisiva el entrevistador quiere chupar cámara. Por eso no me gusta que se cuenten las cosas a posteriori, siempre, en estas novelas. Crimen, detective y solución. La primera premisa debería ser precisamente el asesino, entender sus motivos, sus por qués, a priori, como Maigret.
Un fuerte abrazo

Lula Fortune dijo...

A mí también me gustan estas novelas que rompen la barrera de lo bueno y lo malo. Incluso aquellas que tienen al criminal como punto de vista narrativo me parecen fascinantes (te recomiendo la de Carlo Lucarelli). Somos terriblemente humanos y las fronteras de la moralidad no siempre están delimitadas con claridad. Me gusta intentar la comprensión de esas fronteras.
Besos parisinos.

Licantropunk dijo...

Gran artículo. Maigret es la clase media que, por cercanía, logra con facilidad subir o bajar varios peldaños para ponerse a la altura del criminal: penetración psicológica hasta poseer (o exorcizar) el impulso que dio lugar al delito.
Saludos.

Miguel Sanfeliu dijo...

Es por esa capacidad de empatía, por esa ternura a la hora de juzgar, por lo que me gustan las novelas de Simenon. Simenon era un autor con una capacidad sobrehumana. Ya conoces la anécdota sobre su apuesta y todo eso. Y el hecho de que fuera tan prolífico parece que nos rompe los esquemas. Alguien que escribe a esa velocidad no puede hacer nada bueno, tendemos a pensar, pero Simenon está ahí para negar ese lugar común.
Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

Magnífico texto. Con Maigret, su humanidad, los temas y la hondura bien matizada que hay en sus novelas. Lo recomiendo ahora mismo. Un saludo.

Joselu dijo...

No me considero un buen conocedor del estilo Maigret. He leído, creo, que tres novelas suyas hace años y el recuerdo de ellas me lleva a coincidir contigo sobre su estilo detectivesco de intentar comprender a los hombres a los que perseguía.¡Qué distinto modelo al que se ha impuesto en las nuevas series de investigación criminal estilo CSI y semejantes! Maigret responde a un esquema humanista del investigador, artesano y minimalista burgués de provincias. Tu artículo, como siempre, ha sido una delicia que alumbra zonas de penumbra en mi conocimiento de la literatura y el cine.

Recaredo Veredas dijo...

La cuestión, tal vez, no sea si las novelas de Maigret son buenas o malas (que son buenas) sino que podría haber escrito si se hubiera detenido a respirar. Pero, al fin y al cabo, no pasa de ser un futurible inútil. Saludos y enhorabuena.

Blanca Vázquez dijo...

Es que en realidad es un filósofo más que un detective al uso. Ya comenté anteriormente que me apasionan a mi también las obras de Maigret. Siento eso mismo que tu explicas tan bien, esa sensación de vivir dentro de una película, tal es el poder de la prosa de Simenon. Un abrazo.

malvisto dijo...

Cosas así: siempre tan tristes... me gusta mucho este lado tierno, humano: del asesino. Más coherentes que el detective protagonista todo-lo-puedo, todo-lo-juzgo y sé, está el asesino. Hay como una vaga protesta en tu entrada: lo humano está en todo lado.