lunes, 28 de enero de 2008

¡PASEN Y DIVIÉRTANSE!

El año pasado en Chatham, cerca de Londres, se abrieron las puertas de un gran complejo de tiendas, restaurantes y atracciones llamado Dickens Word. Se trata de un parque temático en donde se recrean las imágenes, los sonidos y los olores de la obra del autor de Oliver Twist y, por extensión, de la Inglaterra del siglo XIX. Siniestros orfanatos, obreros desempleados, padrastros malvados y cazadores de ratas, todo servido con un ambicioso despliegue tecnológico. Ay, leemos en Grandes esperanzas del gran narrador inglés: "Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesita aprender."

Los parques temáticos y los centros comerciales son el gran tema de nuestro tiempo, la representación definitiva de un mundo en el cual la ficción, el espectáculo y el consumo han sustituido ya por completo la verdad, la historia y el contexto; punto de pérdida de referentes y de confusión de lo real con la ilusión: sencillamente, el encantamiento que resulta del exceso de espectacularidad y de so
breabundancia de efectos, el pasmo que produce la hipertrofia de artificios, el placer vinculado a un universo concreto que totalmente estructurado por lo imaginario, levanta las barreras de lo real mientras dura el consumo. Una creación embriagadora donde se incita a creer que lo falso se ha vuelto verdadero, que el allí está aquí y el antes remplaza el ahora. A veces me da por pensar que los investigadores que de aquí a trescientos años quieran tener una idea exacta de como eran las sociedades avanzadas de occidente a principios del siglo XXI, llegarían a conclusiones más concretas estudiando los restos de Disneyland, El parque Astérix o el mismísimo Dickens Word, que consultando los archivos y las hemerotecas.
Es sorprendente que el extraordinario poder simbólico del parque temático no haya seducido de manera determinante a los escritores contemporáneos, con las únicas y notables excepciones de Julian Barnes con Inglaterra, Inglaterra, en donde un magnate emprende la construcción de lo que será su obra magna. Convencido de que en la actualidad Inglaterra no es más que una máscara vacía de sí misma, apta sólo para turistas, creará una Inglaterra, Inglaterra mucho más concentrada, que de manera más eficaz contenga todos los lugares, todos los mitos, todas las esencias e incluso todos los tópicos de lo inglés. Construye su Gran Simulacro, el parque temático por excelencia para anglófilos de todo el mundo. El proyecto es todo un éxito. La isla de Wight, lugar donde está ubicado el parque, se independiza de la vieja Inglaterra, e incluso miembros de la casa real se trasladan al nuevo país para ejercer de monarquía de parque temático. Con el tiempo, todas las mentiras se vuelve tanto o más verdadero que el país de verdad, las ambiciones imperiales de desatan y los figurantes que representan a personajes míticos y gobernantes, y cuya función era, "parecer", comienzan a, "ser".
George Saunders es otro de los autores de cuyas colecciones de relatos; Pastoralia y Guerracivilandia en ruinas, componen un trágico y al mismo tiempo hilarante futuro hecho de mentiras donde no funciona nada.
No obstante, los parques temáticos ya empiezan a interesarse por la literatura. Incluso en los países más desfavorecidos económicamente no han podido sucumbir a este proceso que empieza a extenderse, como el caso de Aracataca, lugar de nacimiento de Gabriel García Márquez. Las autoridades competentes han creído necesario cambiar el nombre del pueblo por el de Macondo, territorio mítico de las grandes obras del autor colombiano, para utilizarlo como reclamo turístico. Después le seguirán la Santa María de Juan Carlos Onetti. El condado de Yoknapatawpha de William Faulkner y la Comala de Juan Rulfo.

Espero que todo esto sirva de precedente y en breve podamos disfrutar de parques dedicados a Cervantes y la picaresca, el mundo de los Episodios Nacionales de Galdós, etc.
Ya me estoy frotando las manos con impaciencia esperando Proustlándia, con una montaña rusa en forma de magdalena, unas camas de insomnio a través de la gruta del terror, y unos figurantes disfrazados de monólogos interiores.


12 comentarios:

Limaco jolgorioso dijo...

Y sin embargo el hombre, querido Francisco,bien lo sabes, cada vez está más solo. Huye de los otros hombres, entre los hombres, a parajes simbólicos,a ámbitos de ilusión, de magia, a esos parques temáticos donde los árboles de colores no callan y el viento es de neón, y la luz es una ágil doncella con trenzas de niña entrelazada. En el loro iluminado de una playa paradisiaca, donde los pájaros cantan su vuelo hermoso de plaza nueva y de cristal, luces para un jardín plástificado y de consumo con fondo de un verano azulmar, yace el sol, la lluvia, el viento, la arena de una vida sencilla, sin espejismos.
Un abrazo.
J,

39escalones dijo...

Ja,ja,ja... buenísima entrada, divertidísima y no obstante muy seria, como debe ser. Yo vivo cerca de un centro comercial y puedo constatar que son los templos del siglo XXI: ves los fieles afluir constantemente, casi en fila india, por la calle, como hacia un crematorio nazi...
Me apunto la recomendación. La idea es extraordinaria, y lo de los parques temáticos, de traca. Cuando una idea tiene éxito se exprime hasta el absurdo. Si hiciéramos un parque "España, España", si pudiera hacerse, tiemblo ante el resultado.
Un abrazo fuerte.

hombredebarro dijo...

Dentro de poco tiempo pocas cosas se podrán hacer fuera de ese espacio de control. ¿Se puede seguir yendo al cine sin tener que pasar por uno de ellos?¿Dónde?

Francisco Ortiz dijo...

Y todo porque el hombre contemporáneo no sabe asimilar su realidad. Leí una vez que hoy en día la ficción-la novela-es más real que la ficción de la vida cotidiana, manipulada, empequeñecida, adulterada hasta dejarla en apariencia falsa e inocua. Tu texto me descubre la obra de Barnes, que desconocía, y me invita a sonreír un poco después de darme que pensar. Nada malo, nada malo. Un abrazo.

Lula Fortune dijo...

Lo curioso es que a veces vas a un sitio "real" y tienes la sensación de que es un parque temático. Por ejemplo en Santillana del mar, con las señoras vestidas de vaqueiras vendiendo sobaos a los turistas, que se van al anochecer en su autobús. Creo que hasta echan caca de vaca por el suelo para que huela a campo.
También en Santiago pasa eso últimamente, hay gente vestida de peregrino en cualquier época, los tunos vendiendo entradas para ver La casa de la Troya, una "auténtica" casa de estudiantes...en fin, los decorados son tan "verosímiles" que ya no sabes dónde está el límite de lo real o acaso no importe.
Por cierto, qué gran narrador Barnes. No he leído esa novela que mencionas, pero sí Arthur and George y me encantó.
Un beso real.

..... dijo...

CADA FRACASO LE ENSEÑA AL HOMBRE A CRECER...no pude quitar mi vista de esas palabras, q hoy más q nunca me hacen demasiado sentido..

Siempre me sorprendo con las cosas maravillosas q escribes, y la forma especial q tienes de hacerlo...cada vez q visito este lugar, tu lugar, aprendo algo nuevo...

Te has dado cuenta de q cuando estamos en situaciones q escapan de nuestro control y q de verdad no podemos hacer algo al respecto nos refugiamos en ciertos lugares...sitios en donde podemos controlar la situación??...

Desde el fin del mundo, con una exquisita brisa veraniega te dejo un beso...y te regalo una sonrisa

Lucía dijo...

Querido Francisco, yo tampoco acabo de entender esta fiebre que le ha entrado a todo el mundo con los centros comerciales. Los pocos que hay aquí son pequeños, en comparación con los de las grandes ciudades, y ofrecen pocas posibilidades de ocio, pero aún así ahora la gente se pasa su escaso tiempo libre en ellos. ¿Qué les verán? Porque ni siquiera los restaurantes son de verdad, la mayoría son de comida rápida, o sea, que ni siquiera puedes encontrar placer comiendo allí. Para mí el único atractivo que tienen es que uno tiene el Fnac y el otro, que lo abrirán en marzo, va a tener la librería portuguesa Bertrand fusionada con el Círculo de Lectores. Y el cine. Sino no los pisaría para nada. Ya sé que los libros que puedo comprar allí los hay en otras librerías, pero supongo que a los que nos gusta comprar libros también nos gusta visitar todas las librerías posibles, estén donde estén.

Cuídate. Besos.

Joselu dijo...

He hecho objeción de conciencia para no ir a parques temáticos. No he pisado Port Aventura a pesar de las múltiples veces que me lo han ofrecido. Tampoco iré a Eurodisney. No sé si les estaré quitando algo importante a mis hijas que tendrían la edad para ir. Pero no quiero que pisen por mí esos remedos de realidad edulcorada y falsificada. El problema, como algún comentarista, aduce, es que todo, en cualquier pueblo o ciudad, se está transformando en parque temático. Visitar Santiago de Compostela me produjo este verano una impresión desoladora. La próxima que viene es la Expo del Agua en Zaragoza, y si puedo evitarlo, no la visitaré aunque soy aragonés. La novela de Saramago, La caverna aborda de un modo similar ese poder y fascinación que producen los centros comerciales. Todo menos la realidad que resulta aburrida, parece. Es lenta y poco espectacular. Es el problema que tengo con mis alumnos. Ellos en lugar de clases querrían asistir a parques temáticos. Todas las actividades externas que se les ofrecen tienen esa estructura. La vida como parque temático. Aprendo en tu blog, por tus espléndidos posts así como las ricas aportaciones de tus comentaristas. Un abrazo, amigo.

Blanca Vázquez dijo...

Me has traido a la memoria una reciente lectura de este tema precisamente. Michael Cunnigham y su última obra compuesta de tres relatos: Días memorables. En el tercero, sobre el futuro, el mundo es un lugar lleno de parques temáticos, donde por ejemplo se puede entrar a pedir (pagando previamente) los servicios de un robot hombre (perfecto estilo IA) para que le atraquen. En fin una maravilla de relato, y me temo que un ejemplo de un futuro a medio plazo. Besos por tus estupendas palabras en mis rincones.

Licantropunk dijo...

Parque temático no es más que un palabro diseñado para atraer al turista, como la luz para la polilla. Los periodos de vacaciones son cada vez más cortos, más espaciados y, en vez de para descansar, se suelen utilizar para hacer un viaje, cuanto más lejos y más exótico sea el sitio mejor. Palizas intercontinentales. Y una vez llegado al destino, sin tiempo para pararse en nada, se pasa de puntillas por una docena de sitios de los que jactarse a la vuelta. Fácil y rápido. Allí estuve yo, dirán. Y tan contentos. El turista satisfecho: imágenes de un videoclip.
Saludos.

nancicomansi dijo...

Un poco como el profesor "frankenstein" con su monstruo, no?
NOs apasiona ejercer de dioses, hacer "asimilable" lo que se escapa de nuestras manos, reproducir bajo nuestros parámetros...
Si, ser unos dioses de pacotilla, demasiado absortos en la "forma", no en el ")fondo" de las cosas...

Gracias por descubrirme a Saunders...parace muy, pero que muy interesante su propuesta...

Un beso, Francisco!

Elena dijo...

No conocía a Barnes, pero la obra que reseñas tiene muy buena pinta, al menos en su planteamiento tan original. No suelen agradarme los parques temáticos, aunque admito que he ido a algunos. El que más me gustó fue Eurodisney, pues ciertamente es capaz de transportarte a tu infancia, con ese despliegue de imágenes y decorados propios de la mejor película de la factoría. A pesar de ese lado mágico, estos megacentros suelen tener muchos más aspectos negativos, de eso no cabe duda. Pero es difícil resistirse al embrujo de algunos de ellos. Quizás el de Dickens bien valga una visita.

Un saludo