Pat Garrett, el que fuera mítico cazador de Billy the Kid, es asesinado visitando sus propiedades cerca de Las Cruces, en Nuevo México, por unos vecinos y su antiguo ayudante Poe, en el año 1909.Asistimos entonces a los acontecimientos históricos que terminarían por causar su muerte violenta y que empieza en Fort Summer en 1881.Recién nombrado sheriff de Lincoln County, Garrett (James Coburn) da aviso a su amigo íntimo Billy (Kris Kristofferson) y a los miembros de su antigua banda para que tengan tiempo de huir antes de verse obligado a capturarles o matarles. Acostumbrados a una vida violenta y caótica, los compañeros de Billy y éste mismo hacen caso omiso de las advertencias de su ex jefe, aun a pesar de saberse perdidos en los nuevos tiempos que han invadido sus existencias. Capturado por Garrett y en espera de su ejecución, Billy consigue escapar de Lincoln, en ausencia de su amigo, matando a los comisarios Bell y Ollinger. Los capitalistas del Este, inversores en el territorio, y el gobernador Wallace en persona encargan a Garrett que capture y mate a Billy utilizando amenazas veladas y sugestivas promesas de recompensa. Garrett, temeroso de verse desvalido en su vejez y sintiéndose sin lugar en esos nuevos tiempos que avanzan a su alrededor, acepta definitivamente viendo en ello su futuro. Poco a poco, amenazando a unos, incluido el gran ganadero Chisum, a quien las grandes fortunas mantienen a raya, y matando a otros, los miembros más peligrosos de la banda, de uno en uno, con frialdad absoluta, Pat Garrett va acorralando a Billy mientras parece darle tiempo para huir a México. Influido por su nuevo amigo, Alias (Bob Dylan), un ex linotipista de periódico, y por Paco, un ovejero mexicano, Billy intenta llegar a la frontera aún a costa de renunciar a su propia concepción de la dignidad. El asesinato brutal y gratuito de Paco y la violación de la mujer de éste por los hombres de Chisum provocan que Billy vuelva y espere su final en Fort Summer.Garrett encuentra a Billy y le mata haciéndose consciente de su degradación y de la pérdida absoluta de su vinculación con la vida que amó en el Oeste primitivo. Después del asesinato, Garrett se ha convertido automáticamente en un hombre rico y famoso pero siente en su interior un remordimiento profundo materializado por el niño que le arroja piedras al alejarse, por la mañana, de Fort Summer para siempre. Un nuevo salto temporal nos vuelve a situar en 1909, en el instante de la muerte de Garrett, expresando el deseo imposible de que hubiera sido Billy quien le matara a él en el pasado como hipotética vía para impedir, en principio, la llegada de una civilización corrupta, racista e injusta.
Sam Peckinpah fue también un rebelde que sacó a cabalgar por el viejo Oeste que desaparecía a sus tipos solitarios y sin destino, antes de que sean barridos definitivamente por el nuevo mundo. Su cine se caracterizaba por el nuevo tratamiento formal de argumentos genéricos para reflejar repertorios temáticos olvidados por la industria; por la remodelación del western en el cine; por la fragmentación espacio-temporal del relato dentro de las mismas secuencias, resuelto en tratamientos y texturas audiovisuales netamente diferenciados y lejos de las propuestas analíticas; por un dominio pleno en la dirección de actores y actrices y por la exigencia significativa del texto llevada hasta el extremo, sin prestar atención a los gustos dominantes del público o de los productores. Pat Garrett and Billy the Kid (1973) es una perfección poco frecuente en las obras cinematográficas de todos los tiempos. El resultado de una película de calidad más que sobresaliente con las constantes temáticas y estilísticas de su realizador. Por otro lado, Peckinpah se sentía muy próximo a la música de Bob Dylan que había extraído, por aquel tiempo, su álbum John Wesley Harding, sobre un legendario outlaw del Oeste. Esos intereses comunes obraron el milagro y se saldaron con una de las bandas sonoras de mayor calidad y adecuación ofrecidas por la historia del cine. Por todo esto, y, por mucho más que no puedo mencionar por la extensión que requeriría, Pat Garrett and Billy the Kid es la mejor película de su director. Una obra maestra absoluta de valor incuestionable que (como demuestra la cada vez mejor acogida del filme entre los públicos iniciados que acceden a su conocimiento) adquiere mayor profundidad y valor con el paso del tiempo y que constituye una aportación de primer orden al desarrollo creativo del trabajo audiovisual.Un detalle: En las películas del gran John Ford, vemos a sus personajes constantemente otear el horizonte, la frontera. En las de Peckinpah, lo cruzan, y, evidentemente, mueren. El ejemplo más significativo está en su otra obra maestra; Grupo salvaje.
Imagen a la derecha: Sam Peckinpah
Imagen a la derecha: Sam Peckinpah
11 comentarios:
Muchísimas gracias, Francisco, desde luego una acertadísima aproximación a esta grandísima película y a la figura de Peckinpah, un hombre de vida difícil, incomprendido por su utilización, casi sacralización, de la violencia como forma de expresión de realidades mucho más complejas, un hombre que siempre se sintió en el filo de su época y de su vida, y que no podía evitar dotar a sus personajes de esa misma inseguridad. Su mejor escena es la de las hormigas que devoran al escorpión al principio de "Wild bunch".
Por otro lado, había dos cosas que amaba por encima de todo: el alcohol (un guiño personal la muerte de varios miembros de la liga anti-alcohol del pueblo de inmigrantes suecos donde está el banco), y el oeste (sangre apache y mexicana corría por sus venas). Una obra maestra de un maestro que poco a poco recupera la talla que merece.
Gracias por la dedicatoria una vez más.
Un fuerte abrazo, amigo
¡Qué ganas me han entrado de volver a verla! Siempre nos quedará el Western para darnos un paseo por el Cine más clásico y auténtico: el remanso seguro.
Saludos.
Salamanca. La noche prendió fuego a mi corazón un sábado en el verano constelado, nerudianamente, de 1980. Tras la cena, en el hondo azul de aquel siniestro cuartel, quiso Dios que un ángel de la guarda proyectara para la tropa que no pudo irse de fin de semana, Pat Garrett and Billy the Kid. Mi alma triste llameando su quietud solitaria, sintió el sueño de luz y música de esta maravillosa película, haciéndome feliz en el río luminoso del tiempo y del espacio de Sam Peckinpah.
Magnífico texto, querido amigo.
Un abrazo.
J,
Francisco, tú que lo sabes todo, ¿conoces alguna historia jugosa de la amistad entre Gonzalo Suárez y Peckinpah?
Besos.
Vi un poco de esa película hace tiempo, la estaban pasando en la tele, cuando le cambié sólo quedaban unos veinte minutos para que acabara, por eso no le puse mucha atención,.
La banda sonora sí la he escuchado, y está bien sin ser de lo mejor de Dylan, aunque la canción que pones es todo un clásico.
P.D. Ahora gracias a tu post me puse a buscar en la programación esta peli a ver si de casualidad la pasarán, y sorprendentemente así será en unos días, aunque creo que en ese canal todas las ponen dobladas al español, ni hablar, a ver si le echo un vistazo.
Un abrazo
¡Hola Francisco!
Mi hermano Juan me comentó que habías colgado un texto sobre Pat Garrett. Me encanta descubrir una nueva coincidencia entre nosotros. No hace mucho me compré la banda sonora por haber sido compuesta por el maestro de Minnesota, y poco tiempo después me compré la película.
Un abrazo muy fuerte,
El Caracol.
Espléndido post, como es habitual, en este blog. Creo que no he visto esta película lo que después de leerlo me parece francamente lamentable. Al menos no la recuerdo. Sí que recuerdo cuando tenía diecisiete años el pase de Grupo salvaje en un cineclub. Hacía COU en aquel momento. ¡Qué vendaval de cine en estado puro desde la primera escena, la de los escorpiones! Sam Peckinpah desentraña el corazón de los hombres buscando la pureza en la violencia extrema. El otro día pasaron por 8tv La balada de Cable Hogue, otro de sus filmes espléndidos. Me sorprenden tus gustos cinematográficos que van desde El año pasado en Marienbad a esta película de Peckinpah. Es absolutamente ecléctico y rabiosamente heterogéneo. Bravo. Un fuerte abrazo.
Necesitaba la entrada sobre un western para hacerte esta estúpida pregunta:
- Si me encuentro con un director cuya máxima obsesión es hacer desaparecer la cámara en cada uno de sus planos, hasta el punto de que quizá incluso sueñe con la útopica posibilidad de hacer cine sin esas horribles máquinas, de qué genio estoy hablando, Francisco?
Pues me dejas en calzoncillos,sinceramente.Puede desaparecer el autor,como hizo Flauber,aunque luego se delató diciendo que Bovary era él.
Creo que el cine es precisamente la cámara y nada más.Pero estoy que ardo de curiosidad por saber quién fue ese genio.¿John Ford?
La pregunta no es que resultara trampa, sino que era una inocente invitación a que te vinieras a mi blog, dado que en algún lugar he llegado a leer que para ti, H. Hawks -"el director invisible"- era harina de otro costal. Río Rojo era el pretexto para que me deleitaras con una de tus estupendas reflexiones, esta vez, quizá, dedicada a la sencillez, al protagonismo ganado através de la falta de subrayados y firmas, como hacía el genio de referencia.
Buena semana tengas.
ustedes sabian que billy the kid no murio en 1881 si no el 1950 a la edad de 90 años
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