viernes, 8 de febrero de 2008

LA CULTURA COMO INDUSTRIA

"¿Cómo puedo ser optimista en el mundo en que vivimos? Estamos hundidos en la mierda del mundo y el que es optimista, o es estúpido o es millonario y le importa un rábano lo que pasa a su alrededor."
José Saramago



Dijo François Truffaut que un pesimista es un optimista con experiencia, y yo añado que la experiencia es la suma de nuestros desengaños.
Hoy es
mi día libre y antes de salir de casa ya tengo en mente dos cosas: ir a ver una película que todavía está en cartel y después acercarme a la librería para comprar un libro que vi ayer y que no pude adquirir por no llevar el dinero suficiente. Ya en la calle, paso por delante del cine para consultar los horarios y me encuentro con la primera sorpresa: la película ha sido sustituida por otra de menor solvencia creativa. "¡Pero si solo llevaba cuatro días en cartel!", me digo indignado. Me dirijo hacia la librería más animado, y me encuentro con una segunda sorpresa: el libro ya no está allí. Voy a la dependienta para asegurarme si ha sido vendido o cambiado de lugar. "Ni lo uno ni lo otro." "¿Cómo?"."El distribuidor acaba de llevarse un centenar de libros para ser sustituidos por otras novedades.".Me retiro del mostrador para dar paso a la impaciente cola, y allí me quedo plantado y sumido en mis propias reflexiones. Soñando un nuevo post.

La cultura actual, que es una cultura de la avidez y de la insatisfacción ha generado un sistema productivo que ya no está dirigido a satisfacer las necesidades existentes. Hay un exceso de producción, una obsesiva exageración productiva en los países desarrollados, consumistas, que ya no se rige por la demanda del cliente, sino por la misma oferta que el sistema crea. Primero se fabrica, y luego se induce la necesidad de lo fabricado, que permitirá vender esos productos con frecuencia excedentes y superfluos. La sociedad posmoderna está demasiado ávida de novedades como para rechazar cualquier cosa, no obstante, nos cansamos de todo demasiado pronto. Somos de la generación del záping frenético y de la esquizofrenia existencial.
La hipertrofia del mercado provoca insatisfacción porque produce necesidades y apetencias que sólo pueden ser efímeramente satisfechas. La idiotez nos acorrala y la cultura se ha convertido en un asunto siniestro de cifras y de fiestas, de informes, ferias y galas.
Con el objetivo de minimizar los riesgos ante la incertidumbre del éxito y de responder a una demanda imprevisible, las industrias culturales no dejan de multiplicar su oferta. Sólo en Estados Unidos se publican cada año más de 100.000 libros. Cada temporada literaria hay un alud de títulos que invade las librerías convirtiéndolas en almacenes caóticos. Con las películas sucede lo mismo. De nuevo, Estados Unidos, comercializa más de 500 películas, sin contar el porno.
La sobreabundancia de la oferta, las exigencias de rentabilidad rápida, las poderosas máquinas de promoción han ocasionado una reducción de la vida de los productos culturales. La brevedad se ha apoderado a su vez del ritmo de las obras del espíritu. De manera creciente, el libro es un producto de circulación ultrarrápida en los departamentos de las librerías. En la actualidad, la tercera parte de los cines proyecta una película distinta cada semana. En 1956, las películas obtenían cerca del 50% de los ingresos en tres meses de explotación; hoy, lo esencial de los resultados se realiza en dos semanas en un fracaso y en seis o diez semanas si es un éxito. La financiación de las industrias culturales, la sobreabundancia de la oferta, la frágil demanda de los consumidores ha propiciado en todas partes la reducción de la vida de las obras, la rotación acelerada de las existencias, una especie de cultura en flujo forzado. Industrias de la diversión, marketing generalizado, obsesión de sinergias. La cultura funciona cada vez más como una inversión financiera que tiene la obligación de retribuir el capital arriesgado, un producto comercial como los demás. A pesar de los combates librados en nombre de la protección de la diversidad cultural, la economía de la hipermercancía presencia la expansión irresistible de la lógica del mercado en todas las ramas de actividad, un capitalismo mediático dominador por el aumento de la rapidez y lo desechable acelerado. Resultado: que la mayoría de los nuevos escritores no son tan escritores porque tienen un apetito de éxito inmediato, y esa actitud les impide crecer literariamente. No hace mucho todavía, los artistas aspiraban a crear obras inmortales; lo que hoy importa es ser conocidos, aparecer en los medios, vender muchísimos productos de duración limitada. La cultura clásica tenía por finalidad elevar al hombre, las industrias culturales se dedican a distraer. El "valor de espíritu" de que hablaba Paul Valéry ha sido reemplazado por el "valor de animación", explotando sistemáticamente al servicio del valor comercial. Las viejas vanguardias se rebelaron en nombre de la libertad contra la tiranía, pero en la actualidad el arte se ha hecho manso, repetitivo, fácil y ha generado su propia industria. El rebelde se ha convertido en colaborador. El sistema social invisible del deseo lo deglute todo. Yo recomiendo el excelente libro de Joseph Heath y Andrew Potter titulado Rebelarse vende, el negocio de la contracultura, uno de los mejores libros de ensayo que he leído en los últimos años, y, en donde se plantea nuestra existencia superficial, materialista y alienada de cuyos activistas, por así decirlo, de la supuesta contracultura, acaban agravando precisamente los problemas que pretendían solucionar. El rebelde se duerme mecánicamente en el insulto y termina por vivir de las rentas de la denuncia.

Una chica me devuelve a la librería con un empellón. Va acompañada de su madre y en un tono imperante exige a la empleada que le reserve un ejemplar del último libro de Harry Potter, cuando todavía no ha sido publicado en este país. Ya no son sólo los escaparates deslumbrantes los que desatan las furias consumidoras, son los productos nuevos que se anuncian meses y años antes de su comercialización. Ya no consumimos sólo cosas y símbolos: consumimos lo que todavía no tiene concreción material.


18 comentarios:

Lilian dijo...

Me he quedado impresionada con su post. Es que he estado dandole vueltas a esta idea que usted expone ya por mucho tiempo. Vivo en un pais [USA] donde la cultura en el sentido de libros, films, expos, etc se mueve a un ritmo vertiginoso y me quedo con una sensacion de alienacion y un sabor de que no termine de degustar bien lo que pasaba cuando ya se viene lo proximo encima. Que hacer? Es el resultado del ritmo del mundo moderno y de las ansias por ganancias materiales que al mismo tiempo sustentan la abundancia de cultura, es un circulo ... vicioso?

Saludos
PS: Lo he enlazado en mi blog

Licantropunk dijo...

Tomo como mías todas las opiniones de este artículo. Está claro que consumimos lo que otros quieren que consumamos. El deseo de la posesión artística (qué otra cosa debe ser si no comprar la obra de un autor: vampirizar el espíritu de la genialidad y alcanzar el éxtasis intelectual: muchas veces no se cumplen tan grandes expectativas, claros) no surge ya de la reflexión y el disfrute lento. Se trata de satisfacer un impulso inmediato, el mismo que se produce en el supermercado cuando vemos la marca de refrescos de moda. Uno de los ejemplos más claros se produjo el domingo, cuando "La soledad" de Jaime Rosales se batió el cobre en los Goya y venció a los taquillazos de relumbrón. Gran noticia. Será que todavía queda un rescoldo de esperanza.
Saludos.

39escalones dijo...

Francisco, impresionado me hallo. Suscribo punto por punto cada uno de los argumentos que expones. Muchas veces intento querer decir algo así en algunas de mis entradas o en los comentarios que voy haciendo por ahí; por eso cuando ves que alguien refleja con acierto y rigor todo lo que tú mismo piensas y que no eres capaz de expresar, resulta de lo más gratificante.
Chapeau, sí señor. Vivimos en la santificación de los números, antes había que vivir para trabajar, ahora la parcela que nos queda para que podamos vivir nos la dejan para que podamos consumir. Los centros comerciales son las iglesias del siglo XXI, con fieles en peregrinación constante. El single, el trailer, el clip, es el objeto de marketing hoy en día. ¿Para qué tantas prisas? ¿Para ir adónde?
Fenomena texto. Recibe una ovación virtual.
Gran abrazo.

Lula Fortune dijo...

Caray! aún estoy patidifusa de lo concentrado de tu post. Dices muchas y muy acertadas cosas, que suscribo casi todas, pero quizás no comparto el ánimo pesimista y apocalíptico que creo ver en tus palabras. Alomejor es que soy demasiado cínica y pienso que también los autores del ensayo que mencionas se están forrando.
No todos los autores de la Historia han buscado la inmortalidad. Muchos de los que tomaban actitudes rebeldes eran burgueses cómodamente instalados en su sofá, con la inmortalidad asegurada de por vida. También hay excepciones (como tú ya sabes en tu otro blog) pero quiero decir que, en todas las épocas, supongo que tuvieron esa sensación de falta de autenticidad en muchas obras.
A nosotros nos ha tocado, como dices, la época del stress consumista y no sólo en el consumo de arte. También como dice Licantropunk se puede ver una esperanza de vez en cuando. Creo cada uno tiene que sobrevivir (intelectualmente) agarrado al tablón que le parezca más sólido y eso es personal e intrasferible.
Si una adolescente (aunque sea por moda) es capaz de tragarse los tochos de Potter, eso es mejor que estar vegetando frente al televisor. También las hamburguesas alimentan, aunque sean basura.
Y menudo rollo te he soltado...
Muchos besos para hacerme perdonar
;)

malvisto dijo...

Es amarguísimo el resultado para quien comprando un libro quiere hundir su nariz en las hojas: placer, primer placer de leer un libro. Oler el libro. (Y no sólo la cultura: es que las marchas en contra de la violencia no se miden según los resultados, es decir, según la unión y el proceso mediante cada uno comprende que no se peude seguir igual. Es que la marcha contra la violencia debería ser en silencio, debería ser sobria. En vez de eso hay grito, hay camisas llenas de consignas. Hay mucha violencia en estas marchas contra la violencia).
Sí, amarguísimo que no pueda uno sentir el placer del nuevo libro porque se lo han llevado. (¿Y qué libro era?)

Esta época mató algo que necesitamos para dejar de elevar el trabajo, y el tiempo, y la velocidad, en síntesis, el dinero, al lugar en el que antes estaba Dios, etc. El pudor: palabra no meramente sexual, cuanto propia de la lentitud. No nos da vergüenza alguna que esto que dices pase. Nos parece lo más corriente, cuando debería ser todo lo contrario. Lo extraño es que precisamente cuando se quiere hacer critica y desmontar mediante argumentos el estado de cosas, se lo tilda de aguafiestas, de intelectual, etc. Porque en esta época de velocidad la solemnidad aún sigue haciendo de las suyas. La velocidad está bajo las faldas de la solemnidad. Me parece incréible: bueno, no tanto. La solemnidad y la falta de humor siempre ha tapado un hueco: el de la falta de pudor (No me acuerdo muy bien de la máxima de La Rochefoucauld, pero esa es la idea)

Sin embargo, cada vez esto de los blogs se pone mejor: es decir, hay basura, mucha, pero como la puede haber donde esté la mano del ser humano. Pero los blogs, para mí, se han convertido en resistencia y rebeldía. Por eso cuido de no dejar mi asco, o mi falta de miras cuando publico algo. Ya no se cambia el mundo, como antes, como la época del che. Figura que se ha convertido en un ícoco más de la industria: está en camisas, vasos, esferos, la venden estampadas en hamburguesas de McDonalds: qué falta de pudor. PObre Che: cómo se revolcara en su tumba.
Ya no se cambia el mundo; pero puede ser que aún se siga cambiando la forma en que alguien, cualquiera, vuelve a descubrir que puede levantar la cabeza en el cubo de cristal, debido a otro. La amistad sigue funcionando en tal sentido. (Está aún en los mejores libros: mejores cuando hacen eso: abren y reabren el mundo. Lo digo porque la lectura sigue siendo para mi eso: una reinvención. El útimo que me leí es de Cortázar, auto que hasta ahora vengo resatando: Un Tal Lucas. Soberbio. Como que el mundo no necesita políticos o buenos abogados: necesita de caspas al estilo Lucas).

POr otro lado: te agradezco mucho los comentarios que dejas: siempre son estimulantes.
- Tomo nota del libro que recomiendas: de hecho lo voy a rotar entre mis amigos.

un abrazo, andrés .. .

P.D se me olvidaba: totalmente de acuerdo con tu idea de los artistas: al parecer la inmortalidad los volvía más pudorosos. No se atrevína a sacar infartos y abortos a las calles. Eructar se ha vuelto publicable.

Lucía dijo...

Qué razón tienes Francisco, todo va demasiado deprisa, hay que tener las ideas muy claras para mantenerse firme en lo que a uno verdaderamente le interesa y no dejarse arrastrar por las tentaciones consumistas y las modas de dos días.
Opino como mis compañeros de comentarios, tu post es impresionante y esclarecedor.
Un fuerte abrazo.
P.D. Espero que tu día de descanso acabase mejor de lo que empezo.

Limaco jolgorioso dijo...

"El rebelde se duerme mecánicamente en el insulto y termina por vivir de las rentas de la denuncia." Certero y demoledor, Francisco. Así es. Ayer en Madrid en grotesca loa al líder, una banda de artistas cantando una infame canción, cuya letra dice así: "Defender la alegría como una trinchera... De la ajada miseria y de los miserables..." (¿Serán Los Miserables, de Victor Hugo?). Patético y nada PAZífico coro coronado de las estrellas patrias.
Bueno, a mi me ha encantado el arranque de tu escrito, íntimo, lírico, maravilloso.
Un abrazo, querido Francisco.
J,

Blanca Vázquez dijo...

Vivimo en la sociedad de la diversión y la liviandad. Pero, también hay otras personas que tienen, precisamente por ello, a la sencillez diaria, a desprenderse de lo superfluo y a dar importancia solo a lo importante, y a tomarse su tiempo, (no hay nada más que ver mi gusanillo, jejej). Estoy totalmente de acuerdo con Saramago, ser optimista hoy día es es un cateto imbecil, un insensato. Una buena dosis de pesimismo, el de Cormac McCarthy en cine, "No country for old men". Besos guapo.

Joyrider dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que escribes. Y debo reconocer que gracias a este tipo de modo de vida impuesto a veces uno mismo no puede evitar volverse un poco desesperado. La ansiedad aumenta, por momentos caes en el juego y quieres todo rápido, esperar se vuelve algo intolerable.

Y luego sientes que te pierdes de muchas cosas importantes, que no las disfrutas como se debe. En la música por ejemplo, lo que hoy es novedad en apenas tres meses será considerado "cosa del pasado".

Ya no hay grandes trayectorias, sólo algunos afortunados que logran llegar para darse cuenta de que no es posible mantenerse. Ya hay alguien empujando atrás.


Un abrazo Francisco.

carla bodoni dijo...

Hola, Francisco:

Yo también me uno al consenso general de estos comentarios para felicitarte por la sencilla lucidez con que expones la realidad de consumo insaciable que nos rodea. Por eso debemos luchar por desempolvar y rescatar aquello que realmente es importante, y tratar de mantener el equilibrio entre esta vertiginosa sucesión de obras que se nos ofrecen.

Un abrazo, Francisco

Carla

Emilio Cervantes dijo...

Hola Francisco,

Tras unos dias de ausencia aterrizo por tu blog para encontrarme con una entrada bien interesante.

Yo solía hacerme esta reflexión:

Hace treinta o cuarenta años un libro cualquiera tenía una posibilidad x de ser interesante. Hoy el valor de x se reduce por lo menos a la centésima parte de lo que era entonces. Los libros hoy forman el laberinto en donde quedan reductos de cosas interesantes que suelen ser antiguas y estar ocultas.
El futuro previsible: Háganse con un par de ediciones buenas de sus autores favoritos porque el riesgo de perder el tiempo en la búsqueda es grande.

vicente dijo...

Dicen que mi edad corresponde a la de un adulto mayor (para no decirnos "viejo") que se supone languidece su vida, sus esperanzas y sus sueños. No
tengo que hacer una defensa de mí mismo y no es mi intención. Pero trabajo en tres labores diferentes recibiendo escaso estipendio y me doy tiempo para hacer algún aporte a la comunidad. ¿A dónde voy que ésto? Es que mucha gente vive como yo, corriendo, subiendo las largas escaleras del Metro donde te comprometes llegar primero arriba,
es decir, el sistema no sólo devora nuestros espíritus, nuestra cultura y todo lo humano, sino que no nos deja tiempo para pensar ni amar y muchas veces ni reímos. Por eso es tan importante que personas como tú nos pongan en guardia ante aquello que,sabiéndolo, necesitamos escuchar con voz autorizada.
Abrazos, Vicente

entrenomadas dijo...

Me ha pasado tantas veces esto que cuentas que me parecía estar viviendolo otra vez. 39 Escalones tenía razón cuando me recomendó leerlo.

Impresionannte post.
Lo subiré al blog en unos días.

Un abrazo,

Joselu dijo...

Un título insufrible La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. No lo he logrado leer. Me resulta pretencioso, pero su título es genial. Es el signo de nuestro tiempo. Nada permanece, todo es instantáneo y efímero. Como profesor adaptado a las circunstancias soy consciente de mi transitoriedad. Mi palabra es progresivamente más leve, menos fecunda, más superficial. Todo son circunstancias. El lenguaje tecnológico nos devora y no lo entiendo. Sufro la angustia del tiempo acelerado y sin densidad. Participo del pesimismo de tu post. Cada día que me dirijo a mis alumnos soy consciente de mi marginalidad. Nada tiene consistencia: libros, cine, pensamiento... todo es engullido con avidez. Anhelo un tiempo más pausado, más humanista. Tu blog es el encuentro con dicho tiempo.

Joselu dijo...

Entrar en tu blog es entrar en otro "tempo", reflexivo, lento, madurado... ¡Cómo no estar de acuerdo con lo que planteas! Me resulta cálido tu pesimismo existencial y tus reflexiones sombrías sobre el valor de uso de la cultura. Nunca el ser humano ha sido tan leve ni ha pesado tan poco. Continuamente tenemos que estar en proceso de cambio, de adaptación al mundo del mercado. En la educación nuestros alumnos son clientes, y el profesor un dependiente que no les puede contrariar. La cultura no tiene ningún valor. Todo pasa fugazmente, todo es instantáneo e incorpóreo, todo debe satisfacer algún deseo superficial. Nada llega adentro, no hay tiempo para dejar huellas profundas. La algarabía de nuestros alumnos y sus voces maleducadas son síntoma de un mundo en que nada es consistente. Sólo queda el consumo, eso sí, frenético. Me reconozco en tu pesimismo. Es un lenitivo visitar tu página que me retrotrae a otro tiempo y a otros lugares. Un fuerte abrazo.

nancicomansi dijo...

NO Añado nada por que pienso exáctamente igual que tú, y me indigna lo mismo...
ESta sociedad tiene como valor supremo -aparte del dinero- la VELOCIDAD. Por que si, por avidez, por pura tontería..así que ni siquiera 2consumimos", si no que DEGLUTIMOS; sin asimilar NADA, que no hay tiempo...hay que tragar cuanta más cantidad mejor...
¿La calidad? ¿y esto que es?

Que pena...

Elena dijo...

Este post es muy realista, y pone sobre la mesa un tema más que interesante. Yo llevo muy mal lo de las películas. El hecho de tener dos multicines cerca de mi casa y tener que desplazarme a un pequeño cine del centro de la ciudad cada vez que quiero ver una película de calidad, porque la mayoría de las que proyectan en las grandes salas es cine puramente comercial.

Lo malo de esta era de consumir y tirar es que es difícil no acabar cayendo en la misma trampa, aunque intentemos evitarlo. Todo se vuelve efímero y el cambio, la novedad, es lo que anhelamos con más fuerza. Aunque realmente no nos haga ninguna falta.

Un saludo

Elvira dijo...

La rebeldía, como todo, puede ser una postura legítima y hasta aconsejable en ciertas circunstancias, pero también puede ser una pose superficial. Entonces no me interesa lo más mínimo.

Besos y un fuerte abrazo