El mundo del siglo XXI rebosa mensajes, según el escandaloso autor francés Frédéric Beigbeder, pero ya no proceden de Dios, sino de los departamentos creativos de las agencias internacionales de publicidad. Desde la radio y la televisión hasta las vallas publicitarias, pasando por Internet y la prensa, la publicidad es omnipresente. Nos llega por teléfono móvil y el correo electrónico, y algunas empresas hasta escriben anuncios en el cielo. Se calcula que el ciudadano medio está expuesto a una cifra de entre 700 y 3000 anuncios diarios, y lo sorprendente sería que esto no tuviera ningún efecto sobre nuestra conciencia.De acuerdo con la sombría percepción del autor de nuestra sociedad de bienestar-que no es otra cosa que el último ideal que se han inventado para apretarnos en la carrera de la producción y del consumo-Dios ha sido sustituido por los productos de consumo masivo. El calendario ya no hará constar los nombres de los santos días, sino que constará de trescientos sesenta y cinco emblemas publicitarios. Incluso el cielo ha dejado de ser reino del todo poderoso desde que Pepsi se ha planteado comprar el color "azul". En esta sociedad, todo vale lo que cuesta. Por eso la obra de Beigbeder lleva por título su precio de venta al público: 13,99 euros. La novela es una sátira amarga sobre el mundo de la publicidad y sobre aquellos que la crean. El propio autor trabajaba como creativo en una reconocida agencia de publicidad parisina y escribió su obra de revelación con el declarado objetivo de ser despedido, lo que efectivamente consiguió. Lo que en esencia revela Beigbeder es que las agencias publicitarias desembolsan ingentes cantidades de dinero para rodar anuncios de treinta segundos de duración sobre yogures de leche desnatada. También relata cómo, en las salas de conferencias de las grandes agencias, se estudian proyectos descerebrados con el mismo esfuerzo y similar secretismo que el empleado en planear el desembarco aliado en Normandía. Describe cómo cada alimento que ingiere una modelo en el rodaje de un anuncio acaba en una escupidera. El poder mundial está en manos de la publicidad. Las agencias son las centrales del mando del mundo capitalista. Manipulan a los consumidores y se ocupan de que deseen objetos que no precisan. La publicidad inhabilita y destruye las bases de la democracia. El progreso económico no hace a la gente progresista, sino conservadora y estúpida. Nos hace creer que la economía nos libera supuestamente de la necesidad. Pero ¿quién nos liberará de la economía? La llamada "mercadotecnia vírica", emplea a personas cuya función es "correr la voz" con la esperanza de que los demás hagamos lo mismo y la idea se "contagie" como una epidemia de gripe. Los improperios que pone en boca de su protagonista Octave Parango constituyen una mezcla de puro cinismo e indignación moral. Pero el lector no puede dejar de pensar que los ataques contra la sociedad de consumo se combinan con cierta desesperación, porque proceden de una persona que se sabe en un callejón sin salida. El gusto por los valores materiales tienen a los americanos trabajando una media de 350 horas más al año que los europeos, y los más estresados son las clases más acomodadas, quienes intensifica sus fuerzas para conservar sus ingresos. Todo esto empieza ya a resultarnos familiar, en un mundo de gentes inquietas, de oficinistas culones con ocho horas de silla, dos extraordinarias y otras dos de pluriempleo. Cuando, al principio, Beigbeder/Octave proclama que quiere escribir una novela sobre el capitalismo que tendrá como consecuencia el despido, es muy consciente de que puede permitirse ese lujo porque se benefició de este sistema durante años, recibiendo un sueldo mensual que supera con creces el ingreso anual de un empleado corriente. Resulta asimismo paradójico que esta crítica a la publicidad precise de una cuidadosa y amplia campaña publicitaria para llegar al público. Uno no puede evadirse fácilmente de la sociedad de consumo. Por eso no resulta extraño que el protagonista sienta cierta repugnancia por sí mismo cuando se enfrenta a las inevitables contradicciones internas. 13,99 euros no es una novela que diga cosas que desconocíamos, pero constituye un interesante síntoma de una paradoja de nuestro tiempo. En esta obra se pone de manifiesto la contradicción en la que incurrimos cuando cedemos a la tentación de enjuiciar moralmente nuestra sociedad de consumo: de repente sentimos una terrible desazón en medio del confort de la vida agradable.
14 comentarios:
Has tocado un tema del que muy pocas personas podrán presumir de escaparse. Vivimos y respiramos en el consumismo, y aunque intentemos sustraernos a él, nos tiene tan atados que es muy difícil. Nuestra tarea es, al menos, ser críticos y selectivos a la hora de comprar y no caer en esos mensajes simplistas que nos animan a comprar cosas que en realidad no necesitamos. Yo tengo que reconocer que en algunos aspectos me cuesta trabajo resistirme a esta insana costumbre. Pero no dejo de intentarlo. Y a veces lo consigo.
Un abrazo
Todo lo que tu comentas que dice Beigbeder es cierto aunque creo que de cierta manera un poquito exagerado en algunos aspectos, seguramente porque sin alarmismo tampoco no venderia su libro :o)
Saludos!
Magnífico texto, una crítica amena e interesante que le dice al lector lo necesario para decidir si leer el libro o no.
Gracias por tu visita, y tus comentarios. Un abrazo.
C.
Parece interesantísima. La definición tradicional de "marketing" nos habla de la ciencia dedicada a la satisfacción de necesidades, etc., etc. Pero está claro que esas necesidades no se satisfacen, sino que se inventan. Ahora la política, desideologizada, se realiza conforme a los cánones publicitarios: resultado, tan hastiante, vacía, ridícula, supeflua, como cualquier corte publicitario televisivo o cualquier página de un periódico.
Un gran abrazo.
Leí esa novela cuando salió a la venta, arrastrado por su hálito de fenómeno editorial y escándalo empresarial: se vende de la misma forma que el autor crítica en sus páginas. Pero me gustó, porque como tu dices hace que se caiga la máscara del mercado. No es lo que vendes, es como lo vendes. Eso sí, ahora la novela se titularía por lo menos 17,99. La inflación, claro.
Saludos.
Es que parece que nos han quitado casi todos los medios de revelarnos, y con lo que me gusta revelarme. Hay casos en los que no hay salida: queda sacar la lengua. La boca y las muecas por encima de todo.... un abrazo,
La publicidad es tan salvajemente veraz, soberbia y totalitaria que terminará por ahogarnos en sus imágenes y mensajes brutales, aparentemente inofensivos como peces de colores en un acuario luminoso. Estamos en sus manos, completamente desnudos.
Un abrazo, querido Francisco.
J,
"Uno no puede evadirse tan fácilmente de la sociedad de consumo". Creo que con esa frase resumes lo que pienso. Todos somos al fin y al cabo más cínicos de lo que creemos y estoy cansada de tantas críticas contra-sistema de gente que se beneficia de ese sistema. Creo que el sentido de la honestidad es lo que deberíamos tener presente día a día y dejarnos de fuegos de artificio.
Me ha encantado tu resumen y tu reflexión. Me has ahorrado 13'99 euros. Los pondré en la hucha para añadirle unas pastas a ese café que tenemos pendiente.
Bicos.
Comentario a: Una paradoja de nuestro tiempo y La cultura como industria. Con estas entradas me ha tocado usted la fibra sensible. ¡Últimamente ir a una librería me marea!
Llamémoslo: LA SOCIEDAD DE LA DES-INFORMACIÓN y LA SATURACIÓN INFORMATIVA (perdón por la extensión, me salió así)
De: El Libro como Conflicto. José Ortega y Gasset.
(Extracto del discurso inaugural del Congreso Internacional de Bibliotecarios de 1935)
…Los más graves atributos negativos que comenzamos hoy a percibir en el libro son estos:
Hay ya demasiados libros. Aun reduciendo sobremanera el número de temas a que cada hombre dedica su atención, la cantidad de libros que necesita injerir es tan enorme que rebosa los límites de su tiempo y de su capacidad de asimilación. La mera orientación en la bibliografía de un asunto representa hoy para cada autor un esfuerzo considerable que gasta en pura pérdida. Pero una vez hecho este esfuerzo se encuentra con que no puede leer todo lo que debería leer. Esto le lleva a leer de prisa, a leer mal y, además, le deja con una impresión de impotencia y fracaso, a la postre de escepticismo hacia su propia obra.
Si cada nueva generación va a seguir acumulando papel impreso en la proporción de las últimas, el problema que plantee el exceso de libros será pavoroso. La cultura que había libertado al hombre de la selva primigenia le arroja de nuevo en una selva de libros no menos inextricable y ahogadora….
…Más no solo hay ya demasiados libros, sino que constantemente se producen en abundancia torrencial. Muchos de ellos son inútiles o estúpidos, constituyendo su presencia y conservación un lastre más para la humanidad, que va de sobra encorvada bajo sus otras cargas…
…Hoy se lee demasiado: la comodidad de poder recibir con todo o ningún esfuerzo innumerables ideas almacenadas en los libros y periódicos va acostumbrando al hombre, ha acostumbrado ya al hombre medio, a no pensar por su cuenta y a no repensar lo que lee, única manera de hacerlo verdaderamente suyo…
¿Se han fijado bien en la fecha del discurso que acaban de leer?
El ordenador permitió encerrar gran cantidad de información. El teléfono permitió enviar esa información a cualquier punto del planeta (de hecho, el teléfono, no el ordenador, sigue siendo el gran invento de la era contemporánea). El resto son derivaciones. Finalmente, Internet unió todos los ordenadores con todos los teléfonos en una telaraña. La informática ahorra espacio. La telemática, tiempo. Internet abarata ambas cosas.
Hasta aquí, la forma de la sociedad moderna. Ahora vamos con el fondo. El fondo, claro, es la redicha sociedad de la información. Ahora bien, ¿qué se entiende bajo un concepto tan equívoco? Preferentemente, el fenómeno clave de la actualidad, que vamos a llamar Saturación Informativa. Al hombre moderno le sobra información, le sobra cultura. De hecho, no puede metabolizar la ingente capacidad de información, que le devora. Según cálculos (siempre difíciles), realizados por R. S. Wurman, "el aumento de información disponible se duplica cada cinco años y es posible que muy pronto sea cada cuatro". Es el mismo autor que sentencia lo siguiente: "Un ejemplar de un día cualquiera del New York Times contiene más información que la que una persona normal de la Inglaterra del siglo XVII adquiría durante toda su vida". En castizo: casi hay más autores que lectores de libros.
Les remito a páginas con alto grado de inconformismo ante la INFOXICACIÓN:
Cecilia Suárez define el término Infoxicación, acuñado por Alfons Cornella, en su artículo "Otra forma de Obesidad: El exceso de información" http://transdisciplina2.tripod.com/cecilia_suarez-75.htm , analiza sus causas, reseña las diferencias entre la Sociedad de la Información y la Sociedad del Conocimiento y termina con una bonita poesía. Un artículo muy sugerente!!!
"El bombardeo que no cesa": http://www.el-mundo.es/navegante/opinion/tecnoesceptico/2001/tecno3.html , una chistosa anécdota de Carlos Fresneda.
En el blog personal de Manuel Razzari encontramos un artículo del 2002 titulado "Información, velocidad, saturación", http://ultimorender.com.ar/funkascript/2002/10/informacion-velocidad-saturacion-mc-govern/ en el que pide ¡¡¡tiempo!! para asimilar los contenidos informativos a los que nos sometemos diariamente.
Para conocer algún que otro dato cuantitativo sobre el sector de la infoxicación, les remito a: http://www.perogrullo.com/archives/000036.html
Por ahora nada más, que no les quiero infoxicar con tanta cosa…Lean lean lean, pero, por favor, filtren lo que leen, piensen lo que han leído y asimílenlo antes de continuar. Leer por leer no sirve de nada y menos si lo que han leído es una mierda (ui! perdón por la expresión)
Un saludo Francisco, le sigo leyendo...
Un par de cosas:
1.- Reconozco q no leí este escrito, x q quería q supieras lo siguiente:
2.- Extrañaba tus palabras en mi blog, debo reconocer q me has "robado" una sonrisa, y esa es tuya..
3.- Recuerda q los sueños los puedes hacer realidad, siempre y cuando le pongas el corazón, las fuerzas y las energías en ello..
4.- La distancia q nos separa es enorme, pero una parte de mi te quiere acompañar en ese "viaje"...te regalo mis energías y mis mejores fuerzas...
5.- Hay momentos en la vida q tenemos q vivirlos, por lo mismo te regalo las sonrisas q necesites, para q en tu rostro se dibuje una...
Te mando un beso...
Francisco, me gustó este libro cuando lo leí. Es interesante y ameno, escrito con bastante mala leche y un cínico sentido del humor. Me ha parecido muy buena tu reseña.
Un abrazo.
Es cierto, como dice, que no apunta nada que no sepamos, pero está bien recordarlo y más dada la cantidad de anuncios que hoy día traga el personal que ve tv. Es francamente de película de terror. Me parece que si que sabemos la influencia que tiene sobre nuestras conciencias. Y muy mala, porque instintivamente nos automatiza. Este de la publicidad es un tema que ha hablado muchas veces en los artículos. Me toca la fibra.
leí el libro cuando se publicó, y el autor es un tanto cantamañanas, al fin y al cabo el se ha valido muy mucho del marketing posterior. Pero es un libro que hay que leer.
Somos esencialmente seres publicitarios y somos educados en el consumismo desde que nacemos. No existe mayor rebelión contra el sistema que saber decir que no, enseñárselo a nuestros hijos. Sin embargo, todo lo que les rodea estimula esa quemazón interior que nos lleva a querer poseer más cosas para tener (ser) más. Somos insaciables, nos hacen insaciables, y nos han hecho creer que para que el mundo pueda progresar ha de mantenerse el nivel de consumo. Ahora se están vendiendo menos coches y la gente está reduciendo algo el consumo. Pues eso se ve como una desaceleración o una crisis del sistema. Sin embargo, el consumo desenfrenado lleva al agotamiento y a la ruina del planeta. Pero ¿a quién le importa esto? Más madera, es la guerra...
Me lo leí hace unos días: es precisamente éste libro el que me hizo preguntarme sobre el tema de la insolencia. Porque creo que la insolencia se ha vuelto simplemente una venta, una ataque amargo, pero no una iniciativa, una propuesta. Me gustaron los primeros párrafos, luego me desencantó.
Y ahora busco los verdaders insolentes: este se consume inmediamente, y luego se olvida. Por el contrario: aún suenan frescas las lineas ´insolentes´ de Henry Milleer.
Un fuerte abrazo,
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