Andrés Neuman, El equilibrista
No se equivocó Richard Brooks, cuando decidió adaptar y dirigir A sangre fría (1967), película basada en un libro-reportaje escrito por Truman Capote, que se dedicó, durante varios años, a investigar en el escenario del crimen, a entrevistar a los asesinos y a quienes les detuvieron, juzgaron y conocieron. Fue el suyo un auténtico reportaje, de periodismo de investigación, que le supuso, en 1965, otro incontestable éxito igual en EE.UU. que en Europa, viniendo a sumarse al obtenido por Desayuno en Tifany's.
Richard Brooks logró que su película A sangre fría no se quedara en una simple ilustración del libro de Capote. Escribió, con la mejor calidad cinematográfica, aquella historia, partiendo de un guión tan preciso como exacto; tan rico como sugerente; tan ajustado a los hechos, como libre de ataduras literarias. Brooks no se avino a realizar tareas de mero ilustrador, ni siquiera de concienzudo copista fotográfico de la historia. Muy por el contrario recreó, con soltura y seguridad, aquella trama de horror en un ejercicio fílmico que hacen de A sangre fría una película de incuestionables logros.
Poco importa que, sólo unos pocos, parezcamos reparar en ella, viendo y destacando sus valores, intrínsecamente cinematográficos, mientras, los más, continúan empeñados en proseguir su sometimiento a la política de etiquetado. Sí, a Brooks se le colocó la etiqueta de adaptador, muchos se aferraron a ella y, aún hoy, mantienen, hasta las últimas consecuencias, su decisión de rechazar cualquier posibilidad de revisar sus opiniones, por más que A sangre fría sea una película, tan bien estructurada, como realizada en todos sus extremos.
La etiqueta que se le puso a un hombre de cine como Brooks, ofreció coartada sibilina, en cuanto a su descalificación, ya que entre sus adaptaciones, por otra parte excelentes, encontramos obras de escritores de calidad, que van de Francis Scott Fitzgerald a Joseph Conrad, pasando por Dostoievsky, Sinclair Lewis o Tennesse Williams.

Convenientemente etiquetado, muchos se creyeron eximidos de intentar revisar aquellos juicios de valor, dado que así, a los perezosos, que las utilizan a su gusto y conveniencia, les resulta mucho más fácil, al eliminar el trabajo de escudriñar, de intentar descubrir y analizar cada nuevo trabajo de un director que ya contaba, en su filmografía de los años 50/60, con títulos tan interesantes como Semilla de maldad, El fuego y la palabra, Lord Jim o Los profesionales. Estos cuatro filmes son otras tantas calas en diferentes géneros, que permiten hablar de un auténtico director de cine, cuyos logros superan, ampliamente, posibles defectos. En cualquiera de las películas citadas, Richard Brooks demostró saber cómo sacar adelante, con la máxima solvencia profesional, una serie de trabajos capaces de justificar, por sí mismos, una más que notable carrera cinematográfica.
Brooks aprovecha en este magnífico filme, desde la misma aparición de los títulos de crédito, para introducirnos de lleno en la historia: la noche, el autobús que se acerca, las excusas de una niña atemorizada ante un rostro que la asusta antes que el espectador lo descubra, cuando queda iluminado al encender una cerilla y que, tras apagarla, surge el del otro personaje. Desde el primer instante, las imágenes, en adecuación exacta con la música y la fotografía, relatan la pesadilla de quienes han decidido robar y , uno de ellos, no dejar testigo alguno.
La película le debe mucho a Brooks como guionista y director, como también al quehacer de un inspirado Conrad Hall en cuanto responsable de la fotografía, o a Quincy Jones, en la que sin duda se considera una de sus mejores bandas sonoras, o el montaje de Peter Zinner, que permite que la narración fluya con ritmo constante, sin que la interrelación de los personajes: asesinos, asesinados, policías y abogados, flashback incluido, lo ralentice, suministrando, además, toda la información precisa, tanto del personal, como de su entorno. Richard Brooks realizó una de esas películas contundentes, sin resquicios para las digresiones; dura, sin viso alguno de escapismo ante la tragedia y sus consecuencias; sincera, la historia del absurdo crimen múltiple y de sus consecuencias contada con absoluto realismo desprovisto de cualquier síntoma sensacionalista; y honesta, no se llega a la ejecución final sin dejar de denunciar algunas de las lacras que afectan a una sociedad que, como la americana, existen en muy diferentes grados, y la historia se nos cuenta a través de varias personas, fuentes narrativas que proporcionan diferentes puntos de vista para que el espectador pueda sacar mejor sus conclusiones. A sangre fría, cuarenta y un años después de su estreno, conserva plena vigencia cinematográfica. Aquel trabajo de equipo logró que, pasado el tiempo, no se haya perdido ni uno solo de sus valores, algo que no suele resultar habitual, y el máximo culpable de ello fue su director, el controvertido, el tantas veces menospreciado injustamente, Richard Brooks.
7 comentarios:
Espectacular post, justa reivindicación de Brooks (cineasta que me encanta) y de "A sangre fría". Es una de mis películas favoritas (y de mis libros), fantástica, excepcional, y estoy completamente de acuerdo en que conserva (como en todas las adaptaciones de Brooks) un valor propio y al margen de la obra en la que se inspira. Esa fotografía en blanco y negro es ya un valor en sí.
Un gran abrazo
Sin duda una obra de arte, Francisco. Yo diría que perfecta. Un poco dura, pero me dejó totalmente conmocionada.
Un fuerte abrazo.
Tocas dos puntos que me parecen delicados e interesantes: las adaptaciones, y las etiquetas. Creo que en ambas corre por igual la pereza. Porque sentarse a ver, a leer, se va vuelto un mero echarse o aplastarse. Se nos olvidó el ejercicio de sentarnos bien: de mirar al frente.
fuerte abrazo, amigo..
Nos has traido un buen recuerdo aquí. Un estupendo repaso a una buena obra. Recuerdo que la vi en la tv pero hace tanto de ello, que no recuerdo los detalles. Buen momento para revisarla, no cabe duda, teniendo en cuenta las dos adaptaciones, también estupendas, de Capote e Historia de un crimen.
Una novela que gana con los años.
Un acierto hablar de ella, guapete.
Cada vez tus post me impresionan más, y sigo confirmando tu talento para escribir...
Somos pocos, muy pocos, los q nos detenemos en detalles q muchos hacen caso omiso...
Hay magia en esas obras...más de la q te podrías imaginar...es solo cosa de cerrar los ojos, y podrás sentir lo imposible...
Desde el fin del mundo, te regalo todas mis sonrisas de hoy...
Un beso
Sí, es una joya, pero confieso que al comienzo me costó leerla. Me dejo maltrecha.
Un gran abrazo,
M
Es el libro que en estos precisos momentos (septiembre 2009) ocupa mis noches. Soberbio, incluso a pesar de su autor.
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