lunes, 14 de abril de 2008

ESPERANDO A GODARD (nouvelle vague)

"La nouvelle vague es al cine lo que el impresionismo a la pintura."
José Luis Garci



"Nuestras primeras películas", contó en una entrevista en Cahiers du Cinema en 1962 Jean-Luc Godard "eran todas las películas de cinéfilos, la obra de unos entusiastas del cine. Esos es aplicable sobre todo en mi caso. Yo pensaba en términos puramente cinematográficos. Para algunos planos de Al final de la escapada, me inspiré en las películas de Preminger, Cukor, etc."
Este filme revela muchos aspectos significativos. Para empezar, se trata claramente de una primera película, en la que el autor puso mucho de sí mismo, de las cosas que amaba, de las películas que le habían impresionado. En ella, los escenarios parisinos en que transcurre la historia son mucho más que un simple telón de fondo, y contrastan con los elementos extraños introducidos en ellos (los coches americanos, el New York Herald Tribune, etc), la misma trama ideada por Godard y Truffaut, que no es sino parodia de los thrillers americanos de serie B. Parte del efecto de shock logrado por Al final de la escapada (1960) nace de la forma en que Godard somete deliberadamente ese marco ambiental y la misma narrativa a incursiones de sus propios recuerdos fílmicos, el homenaje a Preminger en la elección de la bella Jean Seberg, la imitación que hace Belmondo del mítico Bogart en la puerta de un cine, las referencias a planos y escenas de películas de Samuel Fuller o Nicholas Ray, la elección de Jean-Pierre Melville para interpretar al novelista Parvulesco, etc. Si existe un filme con voluntad de modernidad es Al final de la escapada, con su innovador estilo, sus saltos directos de plano y sus largas tomas que rompen la forma narrativa convencional, como en la larga conversación entre Belmondo y la Seberg en el dormitorio, que tiene más sentido por sí sola que como forma de hacer avanzar la acción. El montaje, eje y fundamento de la puesta en escena, y la sintaxis cinematográfica, tienen para mi, un antes y un después de Godard. No hay más que ver las películas que gustan mucho a los jóvenes actualmente: las de Hall Hartley. Creo que desde Manhattan basta ver cualquier filme de Woody Allen para darse cuenta de todo lo que le debe a Godard en cuanto a sintaxis y montaje se refiere. Recordamos, en Al final de la escapada, los planos medios del conductor del coche al que piden que no respete nada, sino que vaya deprisa. Planos montados a corte directo, sin encadenar, sin variar el tamaño del encuadre. Lo mismo que hace Woody Allen, y nos parece un adelantado de la simplicidad narrativa. Conviene, sin embargo, situar Al final de la escapada en el contexto y el momento en que fue realizada. Su exasperado individualismo (Belmondo es algo así como la proyección anárquica y destructiva del propio Godard) tiene mucho que ver con la filosofía existencialista imperante en la Francia de posguerra, mientras que la falta de dimensión y análisis social de la historia es compartida por casi todas las películas de la nouvelle vague. El placer visual derivado de la contemplación de este filme sigue siendo vigente, con su maravillosa capacidad de destrucción del lenguaje cinematográfico convencional. Godard cita provocadoramente la acción en lugar de mostrarla de manera clara y abierta, y aleja la atención del espectador de la continuidad narrativa para llevarla al terreno de las propias imágenes y sonido. La nouvelle vague se había tomado por punto de partida cuando era más bien un punto final. Su cine, más que descubrimiento, también fue recapitulación, como corresponde al final de una cultura; pero la conciencia crítica y el amplio conocimiento de los movimientos históricos del cine que poseían sus miembros les permitieron rehacer, de un modo diferente, todo el cine anterior. Viendo ahora el fenómeno retrospectivamente, resulta evidente que las películas de la nouvelle vague (y, sobre todo, las de Godard) generaron tanto interés y tantas polémicas debido precisamente a que incluía una crítica del pasado y el presente del cine, quedándose sólo con lo que seguía siendo válido y abriendo nuevas fronteras, con innovaciones conceptuales y audacias técnicas para exploraciones futuras.
Fotografía: Jean Seberg en Al final de la escapada.

11 comentarios:

Elena dijo...

No suelo ver películas clásicas, aunque de vez en cuando intento hacerlo. Siempre es un placer dejarse llevar de la mano en este tema por expertos como tú. Apuntado queda este título que seguro será cine del mejor. Tu crítica es estupenda.

Un saludo

39escalones dijo...

Magnífico, espectacular post. La nouvelle vague es la continuación natural del neorrealismo de postguerra. El cine era la edad dorada de Hollywood. Para madurar y hacerse adulto tuvo que pasar por Italia y Francia. Grande Godard, sin el que Allen (síntesis de Godard y Bergman, incluso Buñuel) no existiría del mismo modo, y tampoco lo mejor de gente como Tarantino, por citar uno.
Un gran abrazo

Anikaa dijo...

De momento sólo he visto tres pelis de Godard: Banda à parte, El rey Lear y esta. Sólo esta me ha gustado, tengo que reconocerlo. Recuerdo el minuto de silencio de Banda á parte como el momento más pedante de la historia del cine que recuerdo (y que me disgustó. Es verdad que he visto más, o igual, pedantería en otral pelis, como en algunas de Wong Kar wai, pero no me resultaron tan... ¿desagradables? Bueno, ahora que lo pienso, estoy siendo un poco injusta con Banda á parte... Supongo que el cine de Lars Von Trier es peor ;) )Me perdí. No recuerdo qué decía...¡ah! si, todo este rollo no era más que para decir que Cuando ví Al final de la escapada (hace ya casi diez años, ¡ay, madre!) me pareció impresionante. Espero que se repita la experiencia con Vivir su vida, que lleva algún tiempo en la recámara de "pendientes de visionado"
Cada vez me gustan más tus post. Gracias por las reflexiones.

Limaco jolgorioso dijo...

Hace dos o tres meses vimos esta película en Ono, una vez más. Es tremenda, como su final. Me gusta mucho el cine francés: refinado, inteligente, sensible, crítico, innovador dentro de la tradición..., lo tiene todo. Esta semana pasada, también en Ono, pudimos ver subtitulada una película maravillosa, "Mon meilleur ami" (Mi mejor amigo), de Patrice Leconte. Una delicia que recomiendo a todos tus lectores.
Gracias una vez más por tu excelente ensayo.
Un abrazo.
J,

Licantropunk dijo...

He visto esta película recientemente y pensé en escribir sobre ella: me alegro de no haberlo hecho: palidecería mi pobre escrito frente a lo que has puesto tu aquí. "Al final de la escapada" parece la película de la que nace, rompe aguas, una gran parte de la concepción del cine moderno y sin embargo, como tu apuntas, es herencia de todo lo anterior. Godard el manierista, quién lo iba a decir. Y Belmondo que es dos tan distintos Michel Poiccard y Laszlo Kovacs, como tan distinta es la película dentro y fuera de la habitación del hotel.Y la tibia nuca de Jean Seberg.
Gran película.
Saludos

nancicomansi dijo...

Bufff...no cabe duda de que tus extensos conocimientos de fondo y forma, de técnica y narración cinematográficas te dan un "plus" que ya quisiera yo para mi...que envidia me das, de verdad...
Conocimiento es poder, y en tu caso debes disfrutar placeres superlativos...

Si al acercarme a tu blog se me "pegara" algo, como por arte de mágia...

Mil besos, Francisco (y repito que estoy verde de envidia)

Alicia dijo...

Esperando a God…ot, Beckett, Handke y Godard. No sabría a cual de sus puertas llamar.
Magnífica película. Me encantó esta entrada
Un abrazo.

Blanca Vázquez dijo...

Es que está claro que hay un antes y un después de la nouvelle vague. Me gustan esas películas que innovan en lo visual, que al menos, aunque su temática no sea especialmente interesante su estética lo es. El cine al fin y al cabo es una manera de hipnotizarnos. Cahiers sige hoy siendo una revista necesaria. Y que belleza la de Seberg!!

Lula Fortune dijo...

Esta película llegó a mi vida muchísimo antes de que la viera. Sabía de su existencia, devoré las críticas y reportajes que hablaban de ella en las revistas de cine; tuve el cartel pegado encima de mi cama durante todo el periodo de la universidad (aún lo tengo, guardado); me enamoré del tierno Belmondo, de la dulce Seberg en otras películas. Cuando por fin la vi, no hace muchos años, con todo lo leído un poco borrado ya por el tiempo, me quedé sentada en mi butaca sin atreverme a marchar del cine. Quería que se quedaran, en carne y hueso, como los había visto. Seguían tan vivos como yo los imaginaba por las calles de Paris. No sucedía nada y no podía apartar la vista de la pantalla. Después de leer tu estupendo post, quizas pueda explicarme el porqué de mis sensaciones.
Muchos de mis amigos dicen que con los años me parezco cada vez más a Seberg. "Ojalá" les digo yo.
Pero quizás algo de ese veneno llamado cine entrase por mis venas el día que leí algo de esta película. Y nunca se sabe los extraños efectos que pueden tener los venenos.
Besos parisinos.

Mr Tambourine Man dijo...

No soy un gran entendido, aunque me gusta mucho el cine. Pero tus crónicas son una delicia. ¡Ah!, y también son muy interesantes los comentarios de tus visitantes, suelo leerlos todos.

Un abrazo, querido amigo. Por la capi, nada de nada de "Las horas baixas de..."

Pequeño Shopenhauer dijo...

Necesito un buen maratón de películas este fin de semana.