jueves, 17 de abril de 2008

PREGÚNTALE AL POLVO






No. No voy a escribir sobre la gran novela de John Fante, quizá en otro momento. El título de este post me ha parecido oportuno, como se verá más adelante. No se suele hablar de literatura iniciática, es decir, de aquellos libros que leímos en nuestra adolescencia y que nos marcaron un antes y un después a la hora de pensar y de leer; en nuestra manera de enfrentarnos a un mundo, que ya, por aquel entonces, no nos gustaba. Esos libros que reforzaron las debilidades de nuestra vida. Cuando descubrimos que a partir de la lectura de cada libro nacen conexiones con nuestras experiencias personales que conforman la parte del mundo que cada uno ha de descubrir por sí mismo. Mis libros iniciáticos fueron: El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. La línea de sombra, de Joseph Conrad. Martin Eden, de Jack London y Huckleberry Finn, de Mark Twain. Hoy quiero centrarme en la obra de Salinger porque la he tenido esta mañana en mis manos mientras le sacaba el polvo a mis estanterías.

El narrador en primera persona, Holden Caulfield, un joven héroe rebelde, infeliz y sensible, está ingresado en una clínica psiquiátrica y se sienta a escribir desde el fondo de su corazón la causa de haber acabado allí. Cuando le expulsan del cuarto internado de élite, en vez de irse directamente a su casa pasa tres días en Nueva York. Holden es un joven inteligente pero completamente inmaduro. Sus intentos resultan terriblemente torpes. Pide una copa y, naturalmente, sólo le sirven un refresco. Sube una prostituta a su habitación, pero luego sólo es capaz de hablar de trivialidades con ella. Tiene una cita con una amiga y en un arranque infantil, le pide que se case con él. Bebe hasta caer inconsciente, porque no está acostumbrado al alcohol. Holden Cauldield es la más célebre encarnación del joven de la generación de la posguerra en busca de su identidad. Pero Holden no es sólo una víctima de la pubertad con los mismos problemas que han existido en todos los tiempos. También es el infeliz héroe de una nueva generación y en ello radica la fascinación que ha generado durante décadas. Su errante caminar por la gigantesca ciudad constituye la expresión de la falta de orientación en una nueva forma social que ha completado la ruptura con la tradición: la posmodernidad. Holden vaga nervioso por su mundo y se dedica a llamar constantemente a la gente, con la esperanza de encontrar a alguien que le comprenda. Como todo individuo posmoderno, Holden necesita puntos de orientación. El protagonista quiere hallar una persona o una institución en la que apoyarse: la familia, el colegio, los profesores, los compañeros, la novia, el matrimonio o el anonimato en la sociedad. ¿Cómo termina? Con una depresión nerviosa, en una clínica psiquiátrica. Se ha descrito a Holden Caulfield como un sucesor moderno de Huckleberry Finn. Ambos héroes son jóvenes marginados, desarraigados y rebeldes en busca de su felicidad y ambos critican duramente a la sociedad. Pero hay una diferencia esencial entre los dos personajes: Huck escapa de la civilización dirigiéndose al Salvaje Oeste, mientras que Holden acaba internado en una clínica. Ésta es la historia de la novela: en la sociedad occidental de mitad del siglo XX ya no existen áreas no civilizadas en la que refugiarse si uno no encaja en la comunidad. Entonces sólo queda dos vías de escape: ir al psicoanalista o quitarle el polvo a las estanterías.

16 comentarios:

Limaco jolgorioso dijo...

Leí de J. D. Salinger "Levantad, carpinteros, la viga maestra" hace ya muchos y me encantó. Volví más tarde a releerla y aun me gustó más.
Bueno, ahora me voy a dormir.
Un abrazo.
J,

39escalones dijo...

Magnífica obra, genial texto. Holden es lo más cercano al Quijote del siglo XX, junto con el Ignatius de "La conjura de los necios", diría yo.
Un abrazo

Blanca Vázquez dijo...

Que prisa vas, no me das tiempo. Mira, yo nunca he leído esta obra, siempre he tenido interés, pero por una cosa u otra...aunque a veces pienso que ya he leído lo suficiente de ella, como para leerla. Es tal el icono que es. Y es curioso porque lo que contiene es el problema de cualquier juventud perdida en los cambios de sociedades, mira ahora, en este nuevo siglo...
Yo por el contrario he sido iniciática, allá por los diez, doce años con Cervantes, con sus novelas ejemplares, me divertian mucho, me entusiasmaban.

Lula Fortune dijo...

¿Sabes que todavía existe el carrusel de Central Park donde se cita con su hermana Phoebe? me hice una foto allí.
¿Sabes que venden camisetas con patitos y la frase "Dónde van los patos cuando el estanque se hiela?"?. Eso me dio un poco de pena.
Besosdesde la lluvia.

Lucía dijo...

No sabría explicar muy bien la sensación que me produjo esta obra, creo que fue vacío e impotencia.
De solo recordarlo me entran ganas de ir a quitar el polvo a todos los muebles de la casa.

Besos.

Srta. Pelo dijo...

No he leído la célebre obra de J. D. Salinger, tal vez sea un buen momento, ahora, en mis desorientados e inmaduros 18 años.

Pequeño Shopenhauer dijo...

¡Hey, majo! Había dejado olvidado esto de blogs, pero heme aquí de nuevo.

Permítame decirle que tiene usted excelentes gustos literarios.

Alicia dijo...

Yo tampoco la he leído. Me sucede un poco como a Blanca; la he oído mencionar en muchos sitios, me la han recomendado infinidad de veces, me he topado con ella, incluso ha llegado a mi por alguna que otra extravagante vía. Pero nunca encontré el momento adecuado para ella, o tenía otras cosas para leer más sugerentes o atractivas o simplemente se fue de mí como vino. Pienso que quizá no haya llegado todavía su momento o quizá ese momento haya pasado y huido para siempre. Hay veces que leemos libros a destiempo, o demasiado pronto o demasiado tarde, y sucede que no le encontramos el gustillo. Creo que cada libro tiene su instante, su sillón, su tarde, diferente en cada persona. Leer un libro a disgusto es una faena, sobre todo cuando su lectura viene obligada desde el exterior. Sin embargo, cuando empezamos un libro que conecta con nosotros, no sólo con nuestra manera de pensar o sentir, sino con nuestra puntual situación personal, con lo que realmente nos apetece leer en ese momento; podrá ser el peor libro del mundo, con las peores críticas, fatalmente escrito pero nos acabará gustando. Algo moverá ahí dentro, en nuestra cabecita. Y la inversa sucederá lo mismo ¿no?
Creo que ahora, si lo tuviera aquí, lo leería. Después de esta entrada suya me ha entrado curiosidad!

Muchos besos.

Alicia dijo...

Ah! En el Siglo XX se inventaron unos artilugios la mar de útiles para estos casos. Te sorprendería la cantidad de gente que los utiliza, montones de personas que sobreviven gracias a ellos! Se llaman Máscaras o Escudos.

Otro beso

malvisto dijo...

Es maravilloso, divertido, hace sufrir. Da miedo, es una abismo; es lava caliente en las manos.
Muy buen viaje iniciático.
El mío fue Henry Miller: un antes y un después. Una línea fuertemente marcada, reteñida. Sin duda la iniciática es la lectura más importante: no sólo da inicio; predispone a todo lo que venga después)

fuerte abrazo,

andrés

Anónimo dijo...

Alberto Q.

www.lacoctelera.com/traslaspuertas


Muy de acuerdo con el comentario de 39 escalones. A mí personalmente me encantan tanto "El guardian entre el centeno" como "Pregúntale al polvo" como "La conjura de los necios".

PD: Hable un día de la novela de Fante, que al menos merece un post.

Saludos

hombredebarro dijo...

Comparto como lecturas iniciáticas contigo Martin Eden, pero antes que ésa, también de Jack London, El vagabundo de las estrellas. Es la novela que leí a los 16 años que más se pareció a un polvo en la adolescencia, que fue imposible echar. Esta muy bien el final de tu artículo. Buen refugio ese de pasear el plumero. El guardián lo leí tarde, a los 25 más o menos. El héroe posmoderno lo que tiene es sentido del humor. Como tú.
Un saludo.

Miguel Sanfeliu dijo...

El libro de Salinger es imprescindible. Y es sobre todo el modo en que está narrado lo que lo hace grande.
Disculpa que copie el principio:

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso".

Genial.
Muchas gracias.

Un abrazo.

Babel dijo...

Ah! Qué recuerdos este libro!.. Tendré que desempolvarlo yo también..
Fue un icono, pero para una generación que ya no es la de los adolescentes de hoy, no nos equivoquemos. La generación actual es mucho menos idealista y han tenido las cosas bastante más fáciles (la mayoría, claro está). No es ni mejor ni peor, sólo es distinta; ley de vida. Y la mayoría de los que siguen yendo al psiquiatra son sus padres.. ¡qué cosas!
Un saludo!

Francisco Ortiz dijo...

Hay gente que jamás se adaptará, que nace inadaptada e inadaptable, y lo digo para bien. Qué frase has dejado en este buen texto: "Esos libros que reforzaron las debilidades de nuestra vida". A contracorriente, diciendo la verdad.

Elena dijo...

Cuando leí este libro por primera vez me impresionó mucho. Es uno de los que me gustaría releer algún día, porque creo que en su momento me quedé en la superficie y merecería una segunda lectura mucho más atenta. Tu reseña me ha animado a ello.

Un saludo