Luis Buñuel hablando sobre el final de Belle de Jour
Buñuel no creía en la solidaridad cultural y cosas así. En realidad, no creía en la interpretación, decía que sus películas no tenían ninguna interpretación porque él no sabía lo que quería decir. "Yo desconfío de la razón y de la cultura. En nuestro pensamiento hay imágenes que aparecen repentinamente, sin que los meditemos. En todas mis películas, hasta en las más convencionales hay esa tendencia a lo irracional, a una conducta que no se puede explicar lógicamente."
Tal vez el espectador ideal sea aquél dispuesto a dejarse ocupar la mente con imágenes, o sea, a no pensar. No hay que pensar cuando se está viendo una película por primera vez porque la película es la que piensa, porque si la película no se apodera momentáneamente de nuestra forma habitual de ordenar el mundo y de nuestra visión de la vida es que ha fracasado en las expectativas de hacernos salir de nosotros mismos e instalarnos en una conciencia que va a mirar y a razonar a su manera, no a la nuestra. Todo esto es lo que consigue Buñuel, sacudirnos de la normalidad, el hábito, hacernos empezar de cero. Y así, universaliza cuanto toca y nos divierte, sacándonos del letargo sin que nos sintamos zarandeados. Para Buñuel en la "realidad" está todo: el sueño, el deseo, el inconsciente, la razón y la sinrazón, el pensamiento y la acción, el gesto y el sentimiento. Y también algo fundamental: su descreencia a la psicología. El comportamiento del ser humano no se puede explicar; como diría Nietzsche: "todo los actos son esencialmente desconocidos". De haber seguido la corriente vanguardista, no hubiera hecho este descubrimiento. Lo que coincide con el realismo español de buena ley: el ser humano es misterio porque es tan libre como la naturaleza, actúa desde ella según las propias leyes del azar y la casualidad en que aquella se basa. Y está apegado a ella, porque es naturaleza. Al ser naturaleza, el ser humano contradice su condición cuando intenta separarse de ella. La contradice y la aniquila cuando intenta explicarla como fuera de sí; de ahí el anticientifismo de Buñuel, de claro origen surrealista. La ciencia es una ideología más para él; una ideología que separa al hombre de la naturaleza y que le condiciona. Como le condiciona toda la sociedad y sus creaciones. Incluso una enorme parte de la cultura, y de ahí el rechazo de grandes creaciones de ésta por los surrealistas, y su pasión por otras que le recordaban al hombre que estaba alienado y que sólo era un elemento más en el conjunto de la naturaleza.
En El ángel exterminador (1962), se podría decir que es una broma que finalmente se convierte en una parábola de la condición humana. Aquí la mirada de Buñuel se hace prístina: ¿qué diferencia hay entre vivir en un universo que para nosotros es infinito-aunque a algunos digan que puede ser finito-y un universo tan cerrado como el que nos presenta en El ángel exterminador? La humanidad vive en un universo cerrado, pero cerrado por sus prejuicios, sus ideas, sus reglas. Este universo está cerrado por las leyes de la sociedad que el hombre acepta sin ponerlas en entredicho. La leyes de la sociedad pretenden ser tan providenciales como las del Dios único creador y organizador del mundo, y hechas a su imagen y semejanza. Recuérdese que el título inicial de la película era "Los náufragos de la calle Providencia". ¿Y qué nos cuenta a través de estos náufragos? En una hora y veinte minutos, Buñuel presenta las formas más diversas de la alienación del hombre y de su degradación. Pero sin excesiva dramatización o ninguna. Como lo hace Sade en Las ciento veinte jornadas de Sodoma, obra que Buñuel tomó como referencia. Si los personajes no salen de la habitación sin puertas no es por broma, es porque no quieren salir, es porque actúan como lo hacen en la realidad cotidiana, están impregnados de una obediencia ciega a las reglas de la sociedad. Buñuel está en contra de una moral de la aceptación o de la resignación. Y en este magnífico filme, mejor que en casi todos los demás, expone ese tema que embarga toda su obra: su ataque al conformismo ideológico, moral, social, religioso, artístico, cultural, científico, etc. Pues para él, el conformismo provoca la dependencia, la alienación, la aceptación, y hace que el ser humano sea incapaz de reconocer su verdadera condición, al encerrarse en las reglas de la sociedad, siempre contraria a las de la naturaleza. Los personajes de El ángel exterminador repiten como ante un espejo los mismos gestos y claudicaciones de una humanidad socializada, que ha abandonado sus raíces naturales. Buñuel perteneció a una generación prodigiosa, nacida con el siglo XX. Supo incorporarse al grupo surrealista en el mo
mento en que tenía cosas que hacer y las hicieron. Ahora, ciertamente, tenemos menos talento y además, ¿qué podemos hacer? Los verdaderamente grandes se diferencian del resto no en su manera de filmar sino en su forma de mirar. Los grandes, sencillamente, ven más. Una vez dijo Fernando Rey: "Buñuel no era un hombre que tuviera discípulos. No se le podía imitar, sólo respetar."

7 comentarios:
Fernando Rey sabía lo que se decía. Para mí es una de las mejores películas de Buñuel, a mí me dejó atrapado desde el principio, su riqueza de imágenes y lecturas es tremenda, pero sobre todo, su visionado deja una angustia que recuerda demasiado a las miserias de la propia vida. Por eso Buñuel es tan grande, porque continuamente nos da pescozones recordándonos lo que de impostado hay en nuestras vidas.
Fenomenal post.
Un fuerte abrazo.
Somos huérfanos, porque ya no tenemos mirones como éstos. Genios de este calibre. HOy el intelectual es un auténtico borrego, un asno con todo el respeto al pobre animal.
NO hay nada más que ver los periódicos que yo hace tiempo dejé de leer. Y que alivio!!
Esperemos otro Renacimiento de gente así, surgirá, pero quizás no estemos ya aquí, o si?
Lo que simplemente suele estar sin que lo meditemos, sin que en el medio exista un esfuerzo de evaluación, de quitar lo que nos avergonzaria, lo que no entendemos, etc, es lo más difícil de llevar a cabo. Sobreponerse a que las opiniones de los demás pesan mucho es una batalla constante. Y Buñuel, quien debo confesarlo hasta ahora voy descubriendo, es un luchador en tal sentido. Sus posiciones, sus planteamientos, los comentarios que hace de su obra, también su manera de insultar, tienen esto de hacer volver a cero. Es lo que creo yo se debe decir de un educador. Pero que educa, por el hacer callar. Por el respeto
fuerte abrazo, amigo: completamente deliciosa la entrada.
P.d me ha quedado en la cabeza lo que puede llegar ser un ¨locutorio ilegal¨. Me has hecho reír.
Querido Francisco:
Este ensayo me ha gustado mucho. "El ser humano es misterio": esta idea me ha impactado; también cuando hablas del conformismo ideológico, social, artístico, etc.
Lo voy a volver a leer tranquilamente para que me quepa todo, y aprenhenderlo para aprender un poco.
Un abrazo.
J,
me ha encantado este post, pasaba por aquí, por primera vez creo, y quería decírtelo.
una de las esenciales del maestro.
saludos.
Tengo que volver a ver A Buñuel. Entre mis libros de cabecera tengo sus menorias" EL último suspiro" es una joya.Besos
Una OBRA MAESTRA.
Me impresionó profundamente la primera vez que la vi y aún sigo sobrecogiéndome, después de los años, con cada nuevo visionado.
Ahora, leyéndote a ti, me pareció estar volviendo a verla, o mejor dicho, a vivirla. Excelente texto.
Un fuerte abrazo.
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