sábado, 21 de junio de 2008

SHAKESPEARE AND Co.





Acaba de publicar la editorial Ariel un excelente libro que recomiendo a todos a aquellos que todavía sienten una pasión inusitada por los libros, las librerías y los grandes libreros hoy ya desaparecidos. ¿Quién fue Sylvia Beach? ¿Qué importancia tuvo la librería Shakespeare and Co. en el mundo de la cultura de la década de los 20 y 30? Sinceramente, todavía no me he despertado de su hechizo.
Todo empezó el 17 de noviembre de 1919, cuando una norteamericana de 32 años llamada Sylvia Beach abrió las puertas de una librería en el número 8 de la calle Dupuytren, en la Rive Gauche de París con la ayuda de su mentora de oficio Adrienne Monnier. Pese a lo imponente de su nombre, Shakespeare and Co., era una iniciativa más bien modesta. Con un préstamo de 3.000 dólares de una tía de Nueva Jersey, Beach convirtió el local de una antigua lavandería en una librería de lengua inglesa (también biblioteca de préstamo) de una sola habitación, cuyo centro neurálgico era la chimenea de la lavandería. La mayor parte del stock del local y todo su mobiliario procedían de los puestos del mercadillo de Saint-Ouen. Las instalaciones eran modestas, pero Beach tenía grandes proyectos para su librería. Los intereses literarios de Beach se centraban en los modernistas ingleses y norteamericanos que estaban transformando el concepto de lo que era literatura: Gertrude Stein, Ezra Pound, Williams Carlos Williams y, su ídolo literario, James Joyce.

Aventurarse sin la menor experiencia a abrir una librería especializada en lengua extranjera, cuyos clientes habrían de ser una pandilla de artistas y escritores muertos de hambre, Sylvia Beach no podría haber imaginado nunca que no sólo tendría éxito en su aventura, sino que llegaría a salir en defensa de una de las grandes novelas del siglo XX; el Ulises de Joyce.
Shakespeare and Co. se convirtió inmediatamente en el centro de reunión de los artistas de la Rive Gauche: ingleses, americanos, franceses y de otros países; escritores, pintores y músicos. Beach convirtió la librería en un lugar confortable y animaba a sus clientes a permanecer allí largo rato. Las paredes estaban cubiertas de anaqueles, pero la zona principal de la librería era más bien como un salón lleno de mullidos divanes. Todo el espacio libre de las paredes estaba ocupado por retratos de escritores: Walt Whitman y Edgar Allan Poe, así como los dibujos originales de William Blake. A los autores nuevos que visitaban la librería se les incitaba a colgar sus retratos en las paredes, un astuto truco de marketing con el que Beach se aseguraba que volverían otra vez. Shakespeare and Co. se convirtió en el hogar lejos del hogar que la generación perdida necesitaba y, de hecho, la librería era para muchos la única dirección postal que tenían en París y el único lugar en el que podían estar seguros de encontrar a sus amigos. Ya era oficial: Shakespeare and Co. se había erigido en el centro de la escena literaria parisina, lo cual, en aquellos años, quería decir en el centro del mundo. La lista de escritores habituales durante sus veinte años de existencia produce vértigo: André Gide, Paul Valéry, Sherwood Anderson, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, D.H.Lawrence, Gertrude Stein, Ezra Pound, Samuel Beckett y James Joyce.Shakespeare and Co. mantuvo abiertas sus puestas durante algo más de veintidós años y cerró en diciembre de 1941. Los alemanes habían ocupado París, pero Beach había decidido quedarse, como muchos parisinos, y permaneció allí custodiando la ciudad y su modo de vida.

Un día un alemán de alto rango entró en la librería y le dijo que quería comprar el Finnegans Wake de Joyce. Beach le dijo que no podía vendérselo, que era su último ejemplar, el suyo (lo cual no era cierto). El oficial amenazó con volver más tarde y confiscárselo todo. Inmediatamente, Beach se fue a ver a su casero y acordó con él ocupar el piso de tenía vacío en la cuarta planta del mismo edificio. Durante las horas siguientes, ella y Adrienne Monnier y la ayuda de algunos amigos, subieron por las escaleras todos los libros, cinco mil en total, además de las revistas, las fotografías y el mobiliario. Disimularon la entrada del apartamento secreto, repintaron el cartel de la calle, borrando el nombre y la dirección de Shakespeare and Co. y observaron desde la ventana de la cuarta planta el desconcierto de la patrulla de alemanes que apareció con intención de saquear un local ya completamente vacío. El contenido de la librería permaneció oculto hasta la liberación de París, pero la librería no volvió a abrir nunca más sus puertas.
En la actualidad, en la Rive Gauche, justo enfrente de Notre Dame existe una librería que ostenta el nombre de Shakespeare and Co. en homenaje a Sylvia Beach.


18 comentarios:

entrenomadas dijo...

Bellísima historia. No la conocía y si me dejas me la quedo, es decir que la subiré más adelante al blog.
Yo diría que hasta tiene aroma, aroma a libros el post.

Kisses,

malvisto dijo...

Bonita historia. También es que Silvia leyó el Proteo, Cap. 3 del Ulises, y ante eso quién puede. Antes la gente que se dedicaba a vender libros los quería, si se iba a la biblioteca era seguro que encotrabas alguien que amaba los libros. Esto de ahora es como vender pañuelos.

grande abrazo

39escalones dijo...

Gran historia. Qué susto, al principio creía que la foto era de tu salita de estar...
Increíble circunstancia la coincidencia de tantos tan buenos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Son esos inaprensibles azares de la Historia. Qué suerte para nosotros.
Abrazos enormes

Lula Fortune dijo...

Por razones evidentes (mi tierna juventud, je,je) no conocí la primera librería, pero sí estuve en la segunda que tiene el exacto aspecto de la primera: anaqueles combados hasta el techo, divanes de rojo desvaído, autógrafos de escritores, fotografías de los años 60... No sé si el local heredaría parte de la leyenda, pero dicen que allí también llegaron a alojarse escritores sin un duro, tertulias existencialistas y demás fauna mítica. Es un lugar con mucho encanto en una de las zonas (a mi parecer) más bonitas de Paris, alejada de esa "grandeur" que no soporto.
Besitos desde el divan (hoy los dos hablamos de Paris...)

hombredebarro dijo...

Es lo que se consigue a veces al leer o escribir, echar de menos lo que no se ha conocido. En este caso gracias a tu artículo me ocurre.

Lilian dijo...

Estimado Francisco--
Me considero una de esas personas a las que te refieres como con "una pasion inusitada por los libros, las librerias y los grandes libreros..." Se han ido perdiendo con el tiempo, pero es imposible que los dejemos ir.
Un gran abrazo para ti tambien!!

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Francisco, gran artículo de una historia muy completa y documentada. Me parece curiosa la parte final en la que engañan a los que querían confiscar el material de libros...

Por cierto, si defendía el ULISES es porque fue capaz de leerlo, cosa que admiro, porque yo nunca lo he logrado hasta el momento.

Un abrazo

Licantropunk dijo...

Estuve en esa librería (no en la antigua de Sylvia Beach, claro, si no la que existe ahora) en un viaje a París. Pensé que también iba a estar llena de turistas (como yo mismo), pero me equivoqué por completo (la literatura no vende muchas entradas, afortunadamente) y fue una de las visitas que más disfruté. Supongo que tampoco contribuía a llenar el local el que la mayoría de sus volúmenes estuvieran en inglés. Existía una habitación que parecía habitada por gente de paso, con hornillo y todo, forrado de libros también: el lugar tenía encanto por los cuatro costados. No pude resistirme a comprar un libro, claro (una curiosa edición neoyorquina de "The Song of Roland" de 1938), y a que le pusieran el famoso sello.
Ese libro que nos descubres es una gran noticia que no habrá que dejar pasar.
Saludos.

Lucía dijo...

Hola Francisco, ya he vuelto, me he tomado unos días de descanso. De repente me sentí muy cansada y sentí la necesidad de desconectar del blog por unos días. Gracias por preocuparte por mí.

Visité la librería de Shakespeare and Co. la única vez que estuve en París, fue un gustazo pasear entre sus libros. Su historia es apasionante y siguiendo tu recomendación leeré el libro sobre Sylvia Beach.

Un abrazo muy fuerte.

Limaco jolgorioso dijo...

"La lista de escritores habituales durante sus veinte años de existencia produce vértigo: Francisco Machuca, Blanca Vázquez, entrenómadas, malvisto, 39escalones, lula fortune, hombredebarro, lilian, anónimo, licantropunk, lucía, Mr. Tambourine Man..."

Un abrazo.

J,

Mita dijo...

Qué tiempos en los que se podia ser "musa-protectora-acogedora-divulgadora"...

Srta. Pelo dijo...

Amigo Francisco, tiempo sin pasarme por aquí. Me encanta este sitio, siempre me deja algo.

No estoy segura, creo que ya había oído hablar de este lugar, en un programa de televisión. Creo que en la nueva librería (la de homenaje) sirve incluso para hospedaje de escritores o artistas. O será que me confundí.

En fin, interesante historia.

¡Un abrazo!

Joselu dijo...

Hermosa historia que me ha llevado al París de la Rive Gauche. Desconocía esta librería, y no la he visitado a pesar de haber ido a París en varias ocasiones. Evoca un tiempo intensamente artístico en que la literatura tenía alma y era revolucionaria, lejos de estas novelas históricas facilonas de moda que ahora nos invaden por todas partes. Los libros se han democratizado y en cierta manera el éxito comercial los ha banalizado. O ya eran banales antes de convertirse en éxito. ¡Por ese aroma literario de aquellos grandes genios! Un fuerte abrazo.

Carolina Araya dijo...

Qué historia tan increíble...digna de un relato. Gracias por compartila.
Espero conseguir el libro pronto por mis pagos.
Saludos!

Rocio dijo...

Conocía la historia de esa maravillosa librería, vista en documentales y lecturas precoces.

Y esa última anécdota que cuentas del alemán me parece extraordinaria.

Un saludo.

tejadosverdes dijo...

Me encanto el blog. Me dejo sin palabras Shakespeare & Co. Ojala pueda conseguirlo por aca pronto. No puedo dejar de mirar esa foto!Me recuerda una libreria de mi infancia, que por suerte sigue existiendo, aunque lejos de donde vivo ahora.
Seguire pasando. Gracias

Miguel Sanfeliu dijo...

Es un libro muy interesante. Una ventana a una época mítica. Muy buena reseña.

Elena dijo...

Tampoco conocía la historia, y me ha parecido estupenda. Muy propia de un guión cinematográfico, ¿no? Es reconfortante saber que alguna vez existió un lugar así. Lástima que ya sólo podamos imaginarlo.

La próxima vez que visite París pasaré por esa librería. Apuntado queda.

Un abrazo