sábado, 19 de julio de 2008

EL APARTAMENTO


En sus mejores momentos, Billy Wilder recuerda a un experto equilibrista. Tras el temor y la aprensión inicial a que se caiga y se rompa la cabeza, la técnica y la habilidad desplegadas resultan todavía más impresionantes que el riesgo corrido. Pero El apartamento (1960) planteaba un doble reto, y resultaba peligrosa para el exquisito sentido del equilibrio de su director. El argumento es en esencia una visión demoledora del trabajo, donde queda magníficamente retratado el perfil del hombre gris, anónimo e insignificante, siempre pisoteado por sus superiores, en las que la alcahuetería resulta más rentable que la honradez y la eficacia como medio de obtener una promoción personal. Se trata de un alegato contra la deshumanización necesaria para triunfar en la sociedad moderna, fría y competitiva, en la que el materialismo destruye cualquier clase de valor. Pero la dureza del mensaje social no es revelada por Wilder hasta el momento adecuado. Como los expertos jugadores de bridge, Wilder se reserva la carta más fuerte en espera de poder jugarla con efectos devastadores.
Pocos personajes se habrán sentido más manipulados y solitarios que el vacío trepador C. C. Baxter (Jack Lemmon).En un momento de la película dice: "Me siento como un náufrago en un isla de un millón de habitantes." Su vida consiste en trabajar en una gigantesca oficina de seguros y prestar su apartamento a sus jefes, con la esperanza de conseguir de esa forma ascender en la empresa. Para Baxter es la única manera de destacar, de hacerse notar en una sociedad sobrecargada donde la soledad se hace paulatinamente más constrictiva. Baxter presta su apartamento tanto para ascender como para demostrar que existe, que es alguien necesario a los demás, cuando los demás sólo se aprovechan de él y de lo poco que puede ofrecer. La vulgaridad de Baxter, la soledad de su entorno, le hacen asumir que es un desgraciado, un ser capaz de creerse un ligón cuando son otros los que utilizan su cama.

Debido a la sincera narración inicial del protagonista, y a la astuta y matizada interpretación de Lemmon como el pobre diablo con deseos de ascender, se forja una simpatía entre los espectadores y él que le convierten en un personaje positivo hasta que queda al descubierto toda la miseria de su situación. El recurso narrativo resulta apropiado, debido a que él mismo se va dejando atrapar en esa situación antes de ser consciente de todas sus implicaciones.

En la primera parte del filme, Wilder recurre también al humor, y explota sabiamente varias confusiones para hacer sonreír al público. Los personajes interpretan erróneamente las situaciones planteadas, y llegan a deducciones disparatadas y maliciosas sobre la basa de encuentros totalmente inocentes. Por ejemplo, el vecino de Baxter le cree un conquistador incorregible al ver y entrar y salir mujeres de su apartamento, sin saber que no es él quien se acuesta con ellas, sino sus jefes. Los horarios de Baxter para ceder su apartamento son tan complicados que, incluso cuando se resfría (a consecuencia de haber pasado la noche al raso) y lo necesita él mismo una noche, tiene que pasarse la mañana entera hablando por el teléfono interno de la empresa reorganizándolo todo. La disparatada situación de Baxter conduce a una parodia de la vida doméstica, con las rutinas cotidianas, como comer, afeitarse o incluso dormir, continuamente interrumpidas por las protestas de "clientes" impacientes. Poco a poco, Baxter comienza a adoptar el aspecto de un payaso triste, intentando al mismo tiempo mantener un mínimo de intimidad y vida de hogar, y satisfacer las crecientes exigencias de sus superiores.

Wilder consigue hacer avanzar esta situación básica desde las risas hasta la tristeza y casi la tragedia, reflejando esta última en la conmovedora interpretación de Shirley McLaine como ascensorista que mantiene una frustrante relación amorosa con su jefe (Fred McMurray). Partiendo de un situación casi cómica, Wilder va construyendo poco a poco un contrapunto mucho más complejo y dramático. La falsa alegría de una fiesta navideña en la oficina da lugar a toda una serie de demoledoras relaciones personales. Baxter tiene que enfrentarse a un dura realidad cuando el descubrimiento del intento de suicidio de Fan (McLaine) en su dormitorio le estropea su intento de ligue con una atractiva rubia.

El final de El apartamento es agridulce, debido sobre todo a la implacable lógica con la que los sentimientos humanitarios de Baxter van ligados a su caída profesional y social. Renuncia a su empleo, y Fan huye de su amante. El plano final de Fan corriendo en busca de Baxter es bellísimo. Woody Allen retomaría la escena en Manhattan (1979). Pero Wilder presenta esas acciones como gestos impulsivos más que como decisiones de peso y cuidadosamente meditados.
El apartamento está situada en mi lista particular entre las diez mejores películas de la historia del cine.

12 comentarios:

Lula Fortune dijo...

Wilder está también reinando en mi Olimpo particular. Y por algo de lo que hablas en tu post. Aunque me rio muchísimo en sus películas, creo tras muchos gags hay una verdadera tragedia. Nos engancha y nos va arrastrando hasta que en nuestra cara la sonrisa va dando paso a una mueca de tristeza. Qué grande Lemmon! Cuando veo estas películas o las actuaciones de estos actores no puedo evitar sentirme agradecida. Es un sentimiento inexplicable, pero es una gozada pasar hora y media con estos gigantes del cine y no poder corresponderles con nada.
Besos con faldas y a lo loco.

39escalones dijo...

Y en la mía, no sé si entre las diez, pero seguro que entre las veinte.
Hay que reivindicar, sobre todo, el magnífico papel de Jack Lemmon, actor sobresaliente al que se ha devaluado un tanto por dedicarse a menudo a la comedia (género incomprensiblemente considerado menor o de importancia relativa). Lemmon es también uno de los mejores actores de todos los tiempos y esta película es buena muestra de ello.
Fenomenal texto, amigo Francisco.
Abrazos

entrenomadas dijo...

Yo heredé esta película de mi padre. Era una de sus favoritas.
En mi opinión es perfecta.


Besos,

M

malvisto dijo...

Hola, amigo, cómo va todo: espero que bien, mucho cine, muchos libros, muchas mujeres. Wilder es de lo incorregibles, pero no es un amargado. No queda uno con esas sensación de que este es el peor de los mundos posibles: algo todavía existe, así sea vere esta clase de películas.

fuerte abrazo,
andrés

Blanca Vázquez dijo...

Yo también creo que es una de las mejores del cine. Una obra maestra. Tan actual hoy como entonces. Lo que ocurre es que Lemmon no es un actor al que se le puede ver muy miserable. Es más un tipo simpático, y siempre se hará simpático aunque se convierta en un asesino.
Wilder es un genio. Haces un repaso sorprendente al cine clásico que nos viene de perlas.

Raúl dijo...

Poco voy a poder añadir, críticamente, que no hayas dicho ya en esta extrena y elaborada entrada. Diré que me encanta, porque Wilder me encanta.
Mi prñosima entrada cinéfila, hablará a partir de una película suya.

Mónica dijo...

También está entre mis diez primeras sin duda. Wilder consigue sobrecogerme tanto como hacerme sonreír a lo largo de la película. La interpretación de Lemmon es genial. Impresionante.
Además personalmente me trae unos recuerdos maravillosos, gracias por recordármela.

Un abrazo

Elena dijo...

Es una película imprescindible, de eso no cabe duda. A mí me cautivó cuando la vi hace muchísimos años. Tengo pendiente volver a verla (en verano suelo aprovechar para recuperar clásicos que tengo olvidados).

He dado una vuelta por tus últimos posts. Me ha gustado mucho el de los viajes, aunque creo que Marías vuelve a irse al extremo en su artículo. Y es que los viajes son mi segunda adicción, qué le vamos a hacer.

Saludos

Licantropunk dijo...

Gran película. Hace poco he podido recuperar emisiones antiguas de "Videodrome" un programa de Radio 3 en el que hace años te contaban la película de turno entre cortes de dialogo, temas musicales. Muy buen programa, con mucho encanto. Precisamente esta semana, entre los que encontré, estuve escuchando el dedicado a "El apartamento": una joya. A ver si acierto a colgarlo en el blog.
Saludos.

Castedo Merinero dijo...

El apartamento es una obra maestra absoluta. Wilder es uno de los más grandes. Para mí no sé si está entre las diez, pero sí entre las treinta y así la tengo en mi blog.

telmo dijo...

Pues para mí es la mejor peli que he visto en mi vida.

Raúl dijo...

Volví aquí la semana pasada, antes de escribir mi relato, Paco. Sonrío.