jueves, 24 de julio de 2008

Librerías de viejo


Como lector empedernido que soy, he llegado a poseer miles de libros. En una época, intenté conservarlos todos, pero ese empeño pronto se volvió imposible; ahora sólo conservo los que estoy seguro de que voy a releer, los que leeré sin ninguna duda antes de morirme y aquellos de los que no podría separarme por razones estéticas o sentimentales. Si no hubiera reducido mi biblioteca, ahora estaría durmiendo en la calle por falta de espacio. Así pues, en los últimos años he hecho frecuentes visitas a las librerías de viejo.


Las librerías de viejo representan para mi el proceso de reciclaje en su mejor versión: un poderoso y útil esfuerzo que resulta importante para nuestra vida material y cultural. Llevas allí libros que te encantaron, libros que te han aburrido, libros de aspectos más bien andrajosos, y sales con un vale para comprar más libros. Si se trata de una librería que combina el libro nuevo y usado, entonces el dolor de espalda por acarrear todas esas cajas se ve recompensado. Logro convencerme de que estoy ahorrando dinero, me llevo el último Claudio Magris, compro una edición encuadernada en cuero de El quadern gris de Josep Pla y todavía me queda un poco de crédito para la próxima vez.


Una de las cosas más importantes para mi cuando vendo libros es que sé que éstos pueden empezar ahora una nueva vida. En lugar de permanecer relegados en un estante o, peor aún, en una caja en el garaje, esos libros pueden encontrar un nuevo hogar, quizá para siempre o quizá para ser intercambiados una vez más. Por otra parte es muy curioso tropezar con el nombre de un propietario anterior en la portadilla de un libro usado, y todavía más si ese lector añadió notas al margen: "demasiado flojo", "me encanta esto", "¡¿qué?!". ¿Quién era esa otra persona que sin saberlo ha compartido conmigo los placeres de este mundo imaginado? O bien la historia que hay detrás de una dedicatoria romántica escrita en la guarda: "Querida Isabel, ojalá guardes siempre con cariño este libro y me tengas a tu lado cada vez que lo abras. Con amor, David". ¿Qué fue de Isabel y de David? ¿Y qué fue lo que salió mal? Otras veces encuentro una flor reseca entre las páginas; símbolo de un amor prohibido, imaginario o imposible. Como decía Cernuda: "Una pausa de amor entre la fuga de las cosas." Si alguna vez compráis un libro viejo y encontráis entre sus páginas ceniza de cigarrillo, puede que haya sido mío. "Las cenizas de cigarro que queda entre las páginas de los libros viejos son la mejor imagen de lo que quedó en ellos de la vida del que los leyó." Ramón Gómez de la Serna.


Pero incluso la librería de viejo tiene sus límites y debe acabar despojándose de los pobres huérfanos. Primero están las gangas, normalmente una mesa o una cesta puesta en la calle, donde los libros se venden a un euro. No hay que menospreciar este grupo porque no siempre es una cuestión de calidad lo que está en juego. Hace poco encontré una estupenda edición en tapa dura de Amok de mi admirado Stefan Zweig por un euro.

Después de las gangas, viene la caja de libros gratuitos, que suelen estar en el suelo, atestadas de libros de texto anticuados. La semana pasada encontré un libro recopilatorio de los primeros relatos publicados en la mítica revista pulp de género negro The Black Mask. Estaba en perfecto estado. Se hallaba en lo alto de una pila de libros a un paso de encontrar un final ignominioso, y, siguiendo una buena norma urbana, estaba allí evidentemente para que alguien se lo llevara. Miré a mi alrededor con un extraño sentimiento de culpa, como si estuviera a punto de cometer un robo. Al final me hice con él y me lo llevé a casa.


14 comentarios:

entrenomadas dijo...

Le he enviado el post a un amante de los libros que va a disfrutar leyéndote.


Besos con raíces,

Marta

Raúl dijo...

Una nueva maravillosa entrada Francisco.
No vivo en una ciudad donde prodiguen las liberías de viejo, es más, vivo en una ciudad de provincias que no tiene ni un librería de viejo; con lo que el juego de decirle adiós a un libro y saberle o al menos sospecharle una vida distinta (al fin y al cabo la materia sólo se transforma) me está casi vetado.
Una maravillosa entrada, ya digo.

La Sombra De Mis Recuerdos dijo...

Siempre me han atraído de una manera especial las tiendas de libros usados. En mi ciudad hay dos que suelo visitar alguna vez. Siempre que he tenido uno entre mis manos me he preguntado qué historia encerrará.Imagino que habrás leído Carta de una Desconocida de tu admirado Stefan Zweig, precioso.
Muy bonita tu entrada.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

A mí me encanta tener mis libros favoritos a la vista pero llega un momento en que cada vez quieres leer y tener más... Y no se puede.

Por cierto, me han gustado muchos las imágenes que acompañan al texto.

Un abrazo Francisco!

39escalones dijo...

Francisco, estupendo post. ¿Quién dijo que el saber no ocupa lugar? Desde luego, ni un librero ni un carpintero... Yo me dejo caer de vez en cuando por alguna de las poquitas que quedan ya en mi ciudad. Poco a poco han ido pasando a mejor vida.
Lástima.
Un abrazo

Carolina Araya dijo...

Inmenso placer me da revolver en la sección de libros usados y encontrar, casi como un tesoro, algún ejemplar añorado. El que mas me conmovió fue Germinal de Zola. Mas de 10 años de búsqueda y lo encontré escondido entre cientos de libros apretujados y húmedos, a un precio casi regalado. Aún hoy no lo puedo creer.

Lula Fortune dijo...

Qué texto tan bonito! me estaba recordando una historia que cuenta Cortázar con un periódico que va de mano en mano convirtiéndose en papel usado hasta que alguien lo recoge de nuevo para leerlo y entonces, vuelve a ser un periódico.
Yo no soy de andar por librerías de viejo (tampoco tengo muchas en mi ciudad) últimamente "libero" los libros sin más. Los regalo, los dono a bibliotecas escolares o los abandono en un banco para que vuelvan a ser libros en manos de otros. Aún así tengo libros por todas partes, hasta en el trastero!!! y tú, querido Francisco contribuyes bastante con tus post (magnífico "Inglaterra, Inglaterra", por cierto).
De todas formas, algunas veces me gustaría conseguir algún libro descatalogado y no tengo dónde hacerlo. Al final en una megalibrería de estas de ahora sólo hay best sellers. Pasa como con los multicines.
Besitos desde la trastienda.

Blanca Vázquez dijo...

Sí, estas librerías son para mi como la cueva de Ali Baba. Espero uqe no desaparezcan del todo, que los megastores no se los lleven. No tengo nada contra la Fnac, está bien para cualquier novedad y música, pero estos pequeños tesoros (algunas bien grandes) es como entrar en el paraiso de las letras. Y explicas muy requetebien ese intercambio de palabras, además de encontrar tesoros que a saber que historias habrán tenido sus dueños. Todo un mundo mágico.

malvisto dijo...

Preciosa entrada: hablas de un amigo; lo que me ha pasado desde hace un tiempo es que ya no quiero tanto a los libros: me encanta, y busco esa actividad paralela a ellos: la escritura. ¿Quién sabe qué sucederá cuando la abandone?

Un abrazo,

Mita dijo...

Me encanta leer textos donde la gente disfruta y lo transmite. Gracias
Besos

Licantropunk dijo...

¡Qué duro desprenderse de los libros! En mi caso, creo, sería más duro perder de vista los que ya leí que los que aún no he leído: puta nostalgia estéril.
Gran post.
Saludos.

Elena dijo...

Me ha encantado el post, Francisco. Me resisto a separarme de mis libros, porque cuando miro las estanterías en casi todos encuentro algo especial que me ata a ellos. Sin embargo, el espacio es cada vez más reducido, así que al final tendré que pasarme por una de las pocas librerías de viejo que quedan en mi ciudad. Ya te contaré la experiencia. Tu post invita a visitar estos lugares llenos de magia.

Un saludo

Miguel Sanfeliu dijo...

Yo también he visitado las librerías de viejo, claro, por eso me ha gustado tanto esta entrada. Tiene algo de mágico entrar en una de esas librerías, rebuscar, husmear, como si fueras a robar algo, con cara de sospechoso. Llevas libro para venderlos y vuelves a casa con más libros, es lo que tienen estos sitios, que no te puedes resistir. Yo tendría que hacer una selección, desprenderme de algunos volúmenes... Pero aquí estoy, a punto de dormir en el rellano por falta de espacio.
Un abrazo.

Marcela dijo...

He encontrado muchos tesoros entre los libros usados. Me gustan todos los libros, nuevos, viejos, ediciones económicas, lo que sea y mi bolsillo permita en cada momento, pero realmente creo que el vender los libros que no podemos guardar es darles una nueva vida y encontrar algo que buscábamos (a veces sin saberlo, es lo más lindo, ir pasando los libros y ver uno que queríamos leer y ni lo recordábamos) y sentir que otro lector lo dejó allí para nosotros... Bueno, ya lo leíste en mi blog, me encanta.

Ahora pienso que si hubiera leído esto antes, hubiera puesto un link a modo de publicación en mi blog: "Yo pienso esto, él lo escribió mucho mejor que yo antes, vayan y léanlo ahí".

Un beso!