viernes, 22 de agosto de 2008

Dos hombres y un destino




El rostro de Paul Newman destacan, en primer lugar, los ojos, brillantes y azules; luego el perfil clásico y la boca sensual, que le hacen parecer una estatua griega o quizá el David de Miguel Ángel. Al principio de su carrera, el éxito de Newman se debió sobre todo a su extraordinario aspecto físico, por lo que el público y buena parte de la crítica tardó bastante tiempo en descubrir al actor serio que se ocultaba bajo esa fachada. Para mi la gran década de Paul Newman fue realmente la de los 60, en la que creó sus cuatro personajes más memorables: El buscavidas (1961). Hud, el más salvaje entre mil (1963). La leyenda del indomable (1967) y Dos hombres y un destino (1969), al tiempo que consolidaba su imagen ya claramente reconocible. La imagen de Newman se caracterizaba por una cierta dosis de rebeldía e individualismo, por un cierto distanciamiento y, sobre todo, por un abrumador sex-appeal. Newman llenó el vacío provocado por la muerte de James Dean y el declive de Marlon Brando. Destacó por encima de todos los actores de su generación porque supo encarnar mejor que ningún otro la alienación y la inquietud de esta era, al tiempo que poseía una belleza clásica de la que carecían casi todos ellos, Newman era al mismo tiempo el antihéroe moderno perfecto y el eslabón con el Hollywood de otros tiempo que estaba empezando a desaparecer.
Se ha hecho oficial su grave enfermedad. Este post está dedicado a él, al actor, al hombre apasionado por las carreras, y, de cuya carrera meteórica nos ha legado un testimonio del arte interpretativo. Ha decidido morir entre los suyos con la misma discreción que marcó la singladura privada de un personaje que supo aunar belleza, talento e inteligencia como nadie.




Una breve introducción de Dos hombres y un destino de George Roy Hill, nos dice: "No es que importe demasiado, pero los hechos narrados en esta película son rigurosamente verídicos."El autor de este texto tiene razón en ambas cosas: la película se basa en las aventuras reales de dos forajidos de principios del siglo XX y no importa nada que sean verídicas ya que una cosa es inspirarse en hechos reales para un guión y otra afirmar que la película es una representación fidedigna de los mismos. Es más bien una mirada poética al mundo idealizado del viejo Oeste, y nosotros, los espectadores, aceptamos de muy buen grado.
La película se inicia con las imágenes de un filme mudo sobre La banda del desfiladero con subtítulos al son de un proyector de cine y un piano melancólico que anticipa a Scott Joplin en El golpe (1974), y que se repetirá a lo largo del filme con imágenes de fotografías color sepia.
Dos hombres y un destino es esencialmente un vehículo puesto al servicio de sus dos grandes estrellas, Paul Newman y Robert Reford, pudiendo decirse sin temor a equivocarse que la pantalla jamás ha ofrecido una pareja de delincuentes más atractiva y divertida. Butch Cassidy (Newman) es el reflexivo, el que piensa, mientras que Sundance Kidd (Reford) es el arquetipo del lacónico héroe del Oeste que nunca utiliza dos palabras si puede decir lo que desea con sólo una. Juntos se dedican a robar bancos y asaltar trenes con tanta amabilidad y falta de competencia que resulta imposible no simpatizar con ellos. Newman se muestra espontáneo y atractivo. Eso de debe en parte a que Butch es un tipo dotado de un sentido del humor natural en lugar de un personaje cómico exagerado, y en parte a su emparejamiento con Kid, que creó los dos una camaradería masculina llena de atractivo, bastante desusada en la carrera de Newman. El filme contiene casi todos los ingredientes tan del agrado de los espectadores contemporáneos: desenfado, una actitud casual frente al crimen y la violencia, unos divertidos antihéroes muy alejados de los héroes tradicionales y una relaciones amorosas alegres y relajadas, tanto entre ellos como con la protagonista femenina Etta (Katharine Ross).
Por otra parte, William Goldman realizó un brillante trabajo como guionista, con diálogos acertados y llenos de una afilada ironía. Las conversaciones entre Butch y Kid están dotadas de gran espontaneidad y de un acre sentido del humor, contribuyendo así al tono despreocupado y antisolemne que tanto hizo por el éxito de la película, sobre todo entre el público joven.


Esta magnífica película tiene un sinfín de detalles, como la mil y una peripecia que se ingenian para huir de sus implacables perseguidores, a excepción de una posible separación, la única posibilidad que les hubiera salvado. O, la bellísima escena de Butch con Etta subidos en una bicicleta al son de Raindrops Keep Fallin'on My Head, y que más tarde Butch arrojará a un riachuelo; alegoría de un progreso que les va cerrando una manera de vivir.
Preocupados por su notoriedad y el profesionalismo de quienes intenta darles caza, huyen para América del Sur, tras una breve estancia en Nueva York. Seguimos su viaje a través de una sucesión de fotografías acompañadas por la música de una banda de dixiland.


Su incorregible optimismo se prolonga hasta el final de la película, en el que, a pesar de estar rodeados por lo que parece el grueso del ejército boliviano, discuten la posibilidad de emigrar a Australia. No obstante su situación es tan desesperada, que sus palabras adquieren un tono de marcado patetismo que ni tan siquiera el sentido del humor logra ocultar. La escena final queda de nuevo congelada en color sepia y oímos los incesantes disparos del ejército y vuelve a sonar un piano melancólico dejándonos con una abrumadora congoja. Acabada la película nos sentimos como si hubiéramos estado mirando un viejo álbum de fotografías acompañados de un narrador desmemoriado, eclipsando la realidad en que se basa, de una visión estilizada de una era que ofrece interesantes temas e historias, que luego son embellecidas y transformadas para nuestro entretenimiento y disfrute de una realidad ficticia. Cerrado el álbum, rogamos al narrador que vuelva empezar de nuevo.


11 comentarios:

Vivian dijo...

Merecido homenaje para un gran actor, y un texto a la altura de la película.
Sólo quiero añadir una película a las que has nombrado “La gata sobre el tejado de zinc”, mi Tennessee Williams no puede faltar en una lista hecha por mí...

;)

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Una pena lo de Newman pero es que la vida es dura y compleja y vamos envejeciendo todos (él ha envejecido muy bien, que conste).

A las cuatro cintas míticas que citas de Newman yo le incluiría EL GOLPE, que también mencionas después.

Es estupendo ver a Redford y Newman juntos en "Dos hombres..." porque las personalidades opuestas de sus personajes son muy atractivas y encajan perfectamente.

Saludos!!

Mita dijo...

Si quieres ser feliz, no debes profundizar ni tampoco analizar, ajjaj. Está bien la cancioncilla. Son bonitas las imágenes. Gracias por el homenaje que has hecho.
Besos

La Sombra De Mis Recuerdos dijo...

Ha sido mi amor imposible. Toda mi vida he admirado al "Hombre". Mucho más allá que un actor, para mi ha significado la integridad,la clase, la inteligenacia, la discreción. Esa misma discreción, integridad y clase que ha escogido para irse de este mundo. Gracias por este homenaje.
Un saludo.

Blanca Vázquez dijo...

Y ahora nos dejará otro de los nuestros. Se van los mejores y nos quedamos solos. Estamos de homenajes en el cine, yo también he realizado el mío.
Newman siempre quedará como el David de Miguel Ángel, y Redford por otro lado, también es un mito, la pareja perfecta, la película perfecta. Siempre permanecerá como un clásico a imitar, y Newman como el gran hombre que es.

Limaco jolgorioso dijo...

Maravillosa secuencia que recordaba perfectamente. Es una excelente película que he visto varias veces. Inteligente, entretenida y muy bien contada, con ritmo y acción. La inclusión de esta escena en El Tiempo Ganado es un acierto, querido Francisco.

Mita en su comentario dice que "está bien la cancioncilla" refiriéndose a esta preciosa canción, bien escrita. Es un millón de veces mejor que la mayoría de las canciones, comerciales o no, que se escriben hoy. No es lo mismo el oído que la oreja, ni el gusto que el buen gusto, Sra. Mita.

Un abrazo.

J,

Raúl dijo...

A Newman le debo yo grandes instantes de mi vida, tantos, casi como películas suyas he visto; por lo que poco puedo decir que signifique más en homenaje suyo.

En cuanto a la reseña, me gustaría aprovechar y romper una lanza en torno a la figura de ese magnífico director que fue G. Roy Hill, prototipo, diríamos, de creador en el que comulgan con armoniosa precisión la originalidad con la "comercialidad", el drama con la más fina comedia, la psicología y la más elaborada frivolidad.

Más allá de haber posibilitado el histórico y feliz encuentro entre Newman y Redford, Redford y Newman, le debemos algunas películas que sin tener la trascendencia de aquellas que todos conocemos, sí suponen un amplio ejemplo de éxito en taquilla, a la par que de buenas películas.

39escalones dijo...

Grandiosa película, una de mis favoritas, con ese final impagable, enormes Newman y Redford. En Argentina y Bolivia se ha alimentado durante los últimos años la posibilidad alternativa de que el final de Kid y Cassidy fuera otro. De hecho se hicieron pruebas de ADN a un par de cadáveres descubiertos en una granja al norte de Argentina pensando en que pudieran ser ellos. Los cuerpos correspondían en teoría a dos colonos alemanes muertos varias décadas después de la muerte de Kid y Cassidy, pero desde hace tiempo se juega con la idea de que Butch y Sundance hubieran escapado de su destino. La prueba dio negativo, claro.
Gran texto.
Abrazos

Lula Fortune dijo...

Hoooooooolaaaaaaaaa! ya he vuelto y da gusto encontrarse con esta brisa maravillosa de bienvenida que es este post. Son dos de mis "hombres" favoritos y no sólo por su belleza.
Excepcional película.
Besos venecianos para ti.

Mr Tambourine Man dijo...

Me ha gustado mucho tu texto, y me ha encantado volver a ver esa secuencia deliciosa que arranca sobre el futuro que iba a ser nuestro presente. Es una secuencia que derrocha optimismo, vitalidad y confianza. Tan necesarios, casi imprescindibles. La película la vi en la televisión, muchos años después de su estreno.

Uno de mis post de esta primavera comienza haciendo referencia a la canción "Raindrops keep...", que creo que da el tono de la película. Es ya una canción de nuestro tiempo.

Me alegra mucho que te haya gustado el último post, pues me parecía que me había quedado un poco "grave".

Un abrazo,
C.

Licantropunk dijo...

Creo que la película destaca por el fatalismo de sus personajes que desemboca naturalmente en un optimismo desbocado. Una de las más grandes parejas de actores nunca juntas... y los más guapos, claro.
Saludos.