jueves, 14 de agosto de 2008

REMINISCENCIAS DE UNA TARDE DE VERANO

A Mallarmé le disgustó mucho cuando un autor inédito le pidió que le escribiera un texto de presentación o de apoyo para su libro. El poeta francés le dijo: "Un verdadero libro no requiere presentación, procede por flechazo, como la mujer con el amante." Y razón no le faltaba. Debo reconocer que, en la mayoría de los casos, me fascina más la historia del procedimiento que implica llegar a un libro que lo que cuenta el libro en sí. No siempre hace falta leer una reseña, seguir la recomendación de un amigo, ni leer el suplemento dominical de un periódico; uno sale de casa, y te encuentras, sin apenas darte cuenta, delante de un libro, sólo divididos por el cristal sucio del aparador de una librería. Te quedas allí hipnotizado por una portada enigmática, aunque el autor no te suene de nada. El título conecta directamente con tu subconsciente y, la capacidad de atracción anula todos los demás libros que lo envuelven.
Es una lástima que nadie cuente estas cosas. A menudo me resultan aburridas las reseñas literarias porque parecen que estén vendiendo un producto más que darnos una visión personal de la lectura y enriquecida por las propias experiencias. Confieso que me complacería mucho leer, de vez en cuando, la lucha en vano de un reseñista contra una mosca impertinente antes de empezar a escribir sobre el libro que quiere comentar. Nunca se sabe, quizá la mosca y el mosqueado le dé otro giro imprevisto, otro tono, otra dimensión inusitada al libro. Todo es libre de interpretación. Todo cabe en el campo de la duda que no es otra cosa que el territorio de los buenos libros.

El otro día estaba tumbado en mi cama aguantando el sofocante calor, fumando y contemplando las viejas vigas de madera carcomidas por el tiempo al son de What a Wonderfuld World, de Louis Armtrong. No corría ni una brizna de aire. Al final decidí salir a dar una vuelta. En esos momentos ni se me pasó por la cabeza que uno tiene que salir de casa a buscar los libros que lo esperan. Y mucho menos que los libros aguardan pacientemente para ser encontrados. Eran las cuatro de la tarde y las calles estaban abandonadas y arrasadas por el calor canicular y abrasador, parecían, junto con sus plazas de imposible nivelación a los cuadros de Giorgio de Chirico. Pasé por delante de una librería y me detuve a la sombra de los soportales. Allí vi un libro titulado Un árbol crece en Brooklyn. Desconocía por completo a su autora, Betty Smith y, en cuya portada se podía leer una reseña de Paul Auster, el maestro de todas las casualidades. Confieso que fue la primera vez que me quedé absorto tanto tiempo contemplando una portada, una imagen, con una niña que a la vez se mira a sí misma a través de un espejo. Vino a despertar mi letargo el frenético chirrido de una puerta metálica. Giré la cabeza y comprobé que era la dependienta de la librería que estaba abriendo el recinto con muy pocas ganas de incorporarse a su rutina. Su camiseta estaba adherida a su cuerpo empapado de sudor. Entré, hablamos del sofocante calor, compré el libro y salí de nuevo a la calle que ya empezaba a estar muy transitada debido a la apertura de los comercios. Es como cuando echas migajas de pan cerca de un hormiguero. Me senté a una mesa de una terraza y hojee el libro. Volví a leer la reseña de Auster: "Un libro bellísimo de una novelista maravillosa y olvidada."Un mundo obsesionado por la actualidad, me dije, es un mundo obsesionado por el olvido. El olvido es uno de los grandes misterios del tiempo. Vivimos sumidos en un inmenso olvido , y no queremos saberlo. ¿Somos lo que leemos? Creo que somos igualmente lo que no leemos. La que nuestra sociedad deja en los estantes nos define al menos tanto como los libros que devoramos. Leo en la contraportada: "Cuando los periodistas le preguntaron si Un árbol crece en Brooklyn era un texto autobiográfico, la autora solía responderles que lo que ahí se contaba era su vida tal y como habría debido ser, no como realmente fue." Un libro es, curiosamente, un reflejo del lector, no del escritor. Nosotros en el fondo queremos que toda literatura sea autobiográfica. Leemos para encontrar una experiencia que hemos tenido. O queremos tener. Hay algo que falta en la vida de las personas que lee, y esto es lo que busca en un libro. El sentido es evidente, el sentido de nuestras vidas, de esa vida que para todo el mundo está tan mal hecha, tan mal vivida, explotada, alienada, engañada, mistificada, pero acerca de la cual, al mismo tiempo, quienes la viven saben bien que podría ser otra cosa.

Leo la sinopsis y según el árbol que hace alusión la autora sólo crece en los barrios pobres de las grandes ciudades; "Algunos lo llaman el árbol del cielo. Caiga donde caiga su semilla, de ella surge un árbol que lucha por alcanzar el cielo." Pienso en el almendro, que puedo ver desde mi ventana de la periferia que crece solitario y que me apunta la transición del verano hacia el invierno que trae el frío tiempo de la desesperanza, en un solar amenazado por las fauces cada vez más cercanas de los especuladores. "Los solares están soñando altas ventanas." Gómez de la Serna.

Se acerca un camarero del este, aburrido y sofocado por el calor y le pido un cerveza bien fría con el libro todavía entre mis manos. Me ofrezco a invitarle, pero el pobre hombre me dice un tanto compungido que lo tiene terminantemente prohibido por su jefe, que está pasando sus vacaciones en la playa de Andrín, Asturias.
Cuando lea el libro, os cuento.

Imagen a la derecha: Melancolía y misterio de una calle de Giorgio de Chirico


11 comentarios:

Raúl dijo...

Volveré, claro. Pero déjeme decirle que hoy destila ternura, caballero.

Mita dijo...

Cómo llegan los libros hasta ti es un buen tema y cómo se van también.
Golpes intuitivos creo que tenemos todos, atracciones en cierto modo inexplicables. A mí me pasó con Antonio Tabucchi, cuando era casi un desconocido y me llamó desde una estantería.
El proceso más interesante que yo he vivido no ha sido ese encuentro fortuito con algunos autores, ha sido el desprendimiento. Teníamos una sala de lectura-biblioteca en casa enorme,me mudé y fui a vivir sola. Elegí lo imprescindible e incluso eso era demasiado.LLevé los libros a los armarios de la universidad y los guardé. No duele, te lo aseguro.Desde hace meses van volviendo algunos, ellos solos, (como han vuelto Faulkner, Javier Marías y García Márquez. Y no han vuelto, ni van a volver:Julian Barnes o Paul Auster ) y, sobre todo, lo que me encanta ahora es hacerme con cosas nuevas.
Espero que nos cuente sobre este libro desconocido. Esta entrada está escrita de una forma atrayente, tus palabras escogidas...
Kuss

Blanca Vázquez dijo...

Cuentas una hermosa historia de amor en este texto. La del lector con un libro. Ya podrían tener más imaginación los reseñistas. Estoy contigo en lo que les reprochas, son tan de cartabón + reglilla! están tan vendidos, que el único que me daba vida salió de Babelia por patas, por su sinceridad, y creo que ya sabes a quién me refiero. En todo caso me entristece y me decepciona el panorama de la crítica en este país. Quizá por ello soy una plumillas que intenta hablar de los libros como puede, pero de manera diferente. O al menos con el alma, con naturalidad, con un lenguaje cercano. Es como escribir, quizá no sea tanto autobiografico, como que intentas poner en el mundo de las letras aquello que tal vez busque el lector, como tú buscas incansablemente. Puede que todo sea una búsqueda infinita, nuestro pecado original.

Limaco jolgorioso dijo...

Encantadora historia de libros. Y maravillosa y original reseña. Lo tengo dicho aquí: en algún periódico español tendría que escribir Francisco Machuca para que su papel fuera más blanco, más leído en su blancor de cofre secreto y bellísimo. Qué nivel de ventas desde entonces, qué gracia y calidad en la sonrisa de la quiosquera al venderlo, qué verdad en su vuelo vertical de página bien escrita y hermosa.

Un abrazo, querido Francisco.

J,

La Sombra De Mis Recuerdos dijo...

Me pasa como a ti, muchas veces compro un libro guiada por el título del mismo. Y pocas veces me equivoco.Hay títulos tanto de libros como de películas que sin saber por qué me atraen, sucede ese flechazo que comentas. He ido leyendo tu bonita entrada escuchando A Wonderful Life, ese maravilloso mundo que muchas veces lo es gracias a los libros.
Un saludo.

Raúl dijo...

Una vez compré un libro, porque la hermosa mujer a la que instintivamente seguí en la librería, lo había cogido previamente y tras echarle un vistazo a la reseña, lo había devuelto a su estanteria.
Con ello vendria a darte muestra de la infinitud de causalidades que nos pueden hacer llegar a una lectura.
El libro en cuestión fue uno de Jordi Sierra i Fabra.
Te dije que tu entrada destilaba ternura, y me ratifico. Más allá de amor por los libros, que en tu caso es como el valor en la mili, a buen seguro que el teclado, te pilló en uno de esos días proclives a lo poético.

Idea dijo...

Un placer descubrirte.

Vivian dijo...

Siempre he pensado que las personas con el don de la palabra escrita tienen la capacidad de convertir cualquier hecho de la vida en un relato apasionante, no es tanto la capacidad de contar historias extraordinarias como la capacidad de convertir cualquier historia en extraordinaria, como una historia sobre una tarde de verano cualquiera transformada en el camino hacia un flechazo literario.
“Un flechazo literario”, he de reconocer que a mí nunca me pasó. La mayoría de libros que he leído llegaron a mí por curiosidad hacia los autores o por recomendaciones de amig@s. Pero debe ser bonito que te pase. Creo que mañana iré a dar un paseo por el centro, tal vez esta vez me pase a mí.
Como siempre, un placer leerte.

Un beso

malvisto dijo...

Pero, viejo, amigo mío: si esto ocurre nada más por la causlidada, aquella casualidad de ver el almendro por la ventana, mientras la vista, y el pensamiento divagan, no me imagino lo que puede ser mientras caminas.

Fuerte abrazo amigo: espero comenzar a escribir muy pronto.

Mr Tambourine Man dijo...

Cuánto me ha gustado esta entrada. Porque es personal. En tus comentarios y críticas literarias el lector desea que corran los renglones para saciar el ansia de más, más cosas interesantes.

Mencionas a Paul Auster. Al leer su libro "Experimentos con la verdad" tuve esa sensación que mencionas sobre la confusión entre lo real y lo ficticio.

Siempre nos recomiendas o aconsejas interesantes lecturas. Esta vez quisiera ser yo quien te recomiende un ensayo publicado en Anagrama sobre "la sociedad de la decepción", un libro-entrevista con el sociólogo francés Gilles Lipovetsky. En él desarrolla sus ideas sobre la sociedad de nuestro tiempo (una sociedad caracterizada por la decepción que el conjunto de sus estructuras económicas, culturales... provoca en el hombre moderno. También nos habla sobre las sociedades democráticas y su futuro. Me ha gustado mucho por su análisis directo y enraizado en las cosas que nos suceden.

Un abrazo,
C.

Miguel Sanfeliu dijo...

La portada es muy buena. Lo cierto es que también yo he comprado libros tan sólo porque su portada me ha atraído de un modo misterioso. Excelente texto en el que nos invitas a pasear contigo. Ya nos contarás qué tal el libro.
Un abrazo.