
Para Pep Puig que me regaló en una preciosa edición de coleccionista esta película y, para Mita, de cuyo blog en sí es un poema que amplía nuestra mirada hasta más allá de lo visible.
Cuando en el prólogo de la película el pequeño Alexander mueve minuciosamente las figuras inanimadas de su teatro podemos comprender que tal hecho no es sino una premonición de lo que a continuación va a tener lugar; es decir, el inicio evidente de que nos disponemos a asistir al desarrollo de una fastuosa representación dramática, dividida, como en las piezas de corte clásico, en cinco actos perfectamente ideados y estructurados, a los que habrá de añadirse un epílogo, a modo de apéndice exculpatorio al desenlace final. De esta forma, el itinerario teatral se convierte en la película de Bergman en el ejercicio esencial, por el que transcurren y acontecen cuantos elementos dan sentido y consistencia a la trama argumental.
A partir de tal circunstancia no es posible considerar el carácter realista de Fanny y Alexander (1982), aun cuando prevalezca una determinada inclinación descriptiva y una decidida voluntad por ofrecer de cada personaje su particular acentuación tipológica. Pero todo ello forma parte engañosa de lo que no es sino una creación escénica de los mitos, sueños y obsesiones del propio Bergman, que acaba de este modo convirtiéndose en la divinidad suprema que maneja a su antojo a los intérpretes que dan vida a su texto dramático, en gran medida como Alexander acciona sus pequeñas marionetas de cartón. Tal vez la aparente similitud entre uno y otro venga determinadamente por el consciente interés del realizador sueco por prolongar su espíritu temeroso y fantástico en la secreta personalidad del joven protagonista del filme.
De tal modo, Fanny y Alexander acaba ciertamente por convertirse en la dramatización, real y ficticia a un mismo tiempo, de la infancia espiritual de Bergman. Para ello, de una parte, añade una veraz concreción de datos que se corresponde fielmente en los de su historia biográfica: el marco ambiental de Upsala, ciudad natal del realizador; el clima teatral que se respira casi obsesivamente; la figura del judío Isak Jacobi; la edad misma de Alexander, diez años, que se remonta a la que Bergman tenía cuando despertó al juego de la imaginación a través de los primeros artilugios cinematográficos; la existencia incluso de la pequeña Fanny, igualmente presente en la vida de aquél. Pero, de otro lado, la película sintetiza, junto a esta serie de elementos de carácter concreto, actitudes emocionales que han definido la trayectoria vital de este gran cineasta, lo que es decir su propia aventura teatral y cinematográfica.
En tal sentido, la película tiende a ser una continua dialéctica entre pasiones o sentimientos opuestos, entre modos distintos de entender el acto irrepetible de la vida, entre la consciente voluntad de ser libre por medio del ejercicio de la imaginación y el deseo de encadenarse a todo en virtud de una ciega y severa actitud existencial.
Este filme, por tanto, se representa la luz que hace resplandecer la felicidad, simbolizada en la familia Ekdahl, y el oscurantismo fantasmal y sombrío, que provoca la crueldad del obispo Vergerus; la sensación de angustia terrible que es capaz de desencadenar la muerte (fallecimiento del padre de Alexander) y de dicha liberadora (fallecimiento del obispo); la hermosa dimensión que construye el universo de lo fantástico (la linterna mágica y el teatro de Alexander, los trucos de magia de Isak Jacobi) y el cruel espacio en el que habita la representación misma del orden rígido y las reglas de conducta inamovibles (palacio donde vive Vergerus, semejante a una cárcel inexpugnable). En definitiva, Fanny y Alexander quiere ser una decidida apología del poder de la imaginación y una feroz crítica hacia quienes se empeñan en conquistar las pesadillas y no los sueños, el tiempo controlado y no lo intemporal, el mundo oscuro y cerrado y no el firmamento estelar y abierto.
Es una obra excepcional en la que se haya resumido con tanta emoción su decidida pasión por la vida, siempre entendida como un perfecto juego dramático que ha de representarse, tal vez, en un pequeño escenario como el que posee Alexander.
7 comentarios:
Pues si, Fanny y Alexander es una de mis pelis favoritas, un gran prodigio, es verdad. Muchas gracias por dedicarme unas palabras tan hermosas, voy a leerlas una y otra vez. Y te explico por qué. No solo es un placer leerte, es además un reaprendizaje para mí. Vivo en Alemania desde hace algunos años y me he puesto a escribir en español desde hace poquito, el tiempo del blog...Reactivas mi lengua y la enriqueces.
Muchas gracias.
Besos
Qué gran reseña, Francisco, qué gran película, qué gran cineasta, hasta el final, hasta "Saraband". La imaginación como instrumento para huir de una realidad tediosa, incluso para transformarla y adecuarla a un ideal. Sensacional.
Un abrazo
A mi siempre me ha parecido que Bergman ha utilizado el cine como psicoanalizador propio. Este cineasta siempre se ha representado a él mismo en todas y cada una de sus criaturas.
Por cierto que vengo de Donosti y acabo de ver esta película en la Fnac, donde he ido en busca de Godard, libros y discos. Y De paso pasearme por esa aristocrática ciudad.
No la he visto. ¡Tanto pendiente! Y no es la primera vez que pienso que tengo que ver esta película. Me lo apunto como tarea: fatiga más lo que no esta hecho que lo ya realizado, por dura que fuera la tarea.
Saludos.
Con Bergman, en mí, se puede echar mano del tópico. Y es que muy a mi pesar, créme, siempre me ha parecido demasiado asfixiante. Sus (su) universo me oprime y me condiciona hasta el punto de impedirme entrar alegre y dispuesto al encuentro de su indiscutible arte. A pesar de ello, es ésta la película a la que mejor consideración le ofrezco.
Abrazos.
Soy una admiradora confesa de Bergman. Sus rayadas mentales, como un amigo mío denomina a sus películas, a mí me fascinan, tal vez porque también soy bastante de rayadas mentales o tal vez porque a mí me gusta pensar, y sus películas invitan a pensar, y mucho…
Es curioso lo que a veces la mente se empeña en recordar. Después de ver la película, la imagen de Alexander en el cortejo fúnebre susurrando, como el que reza una oración en voz baja, palabras de esas que a todos nos prohibieron decir cuando éramos pequeños anduvo largo tiempo dando vueltas por mi cabeza.
Coincido con muchas de las interesantes reflexiones que haces acerca de la película, y otras me han hecho pensar…
Descubrí hace poco este blog, y ya ha pasado a mi lista de imprescindibles, tanto por la forma como por el fondo. Me gusta como escribes y me gusta lo que escribes.
Un saludo.
Fanny y Alexander es una joya. Cuando la vi por primera vez, comprendí con mayor claridad la obra anterior de Bergman. Me gustan mucho tu visión sobre la palícula. Visitaré tu blog seguido.
Saludos mexicanos
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