
"El cine nos dio la medida de nuestra miseria, de nuestra vida, de todo lo que no éramos."
Francisco Umbral
Corrían los años del tardofranquismo en una provincia de tedio y plateresco. En la provincia teníamos cinco cines de reestreno. Las películas llegaban con un retraso, a veces, hasta de treinta años, pero no nos importaba. Se apagaban las luces y descubríamos el cine como si fuera la primera vez. Las películas eran una esperanza que cumplían su cometido. En mi ciudad, con sus cines, hoy desaparecidos, apenas necesitaban sus habitantes ir al psiquiatra. Viajábamos siempre a través del tiempo y moríamos menos. Por aquel entonces, descubrimos que todo sucedía siempre la primera vez en la pantalla. Era como una especie de condena de lo eterno. Ni la muerte ni el tiempo existían para el cine. Los sentimientos no son el lugar donde vivimos, sino donde soñamos, y la eternidad dura lo justo. Yo iba siempre solo al cine, costumbre que todavía conservo, huía de la provincia aburrida y previsible, sin el más pequeño detalle de gracia, sin demasiada grandeza, en la que todos, como el caracol, vivían inmersos en su propia insignificancia. Huía del triste y cruel colegio, de la familia ahogada y de la luz mortecina de las farolas municipales. ¿Acaso no descubrimos con el tiempo que todo es una evasión constante de un realismo insoportable, siempre copia testaruda de la vida? ¿Acaso no dejamos la casa de nuestros padres, luego, a veces, la casa de nuestro primer matrimonio, y siempre experimentamos la misma pena, la de sentirse, de una vez por todas, huérfanos, y nos volvemos a encontrar delante de una pantalla de cine?
Llegó La gran evasión (1963), cuando yo tenía trece años. Las cortinas se abrieron majestuosamente y la vida en Cinemascope inundó la sala con la música del gran Elmer Bernstein y los 173 minutos de duración de la película cambiaron mi vida. Siempre he creído que una falta de aviso a tiempo puede marcar el rodal de toda una vida.
La gran evasión es un filme hábilmente dirigido por el siempre competente John Sturges. Creo que este director merece un mayor reconocimiento. El filme está inspirado libremente del libro de Paul Brickhill, basado en hechos reales. Es una verdadera antología de los numerosos clichés cinematográficos establecidos por las películas inglesas sobre prisioneros de guerra de los 50, con la diferencia de que fue realizada con todos los medios y toda la espectacularidad propios del cine norteamericano. Su reparto de actores fue todo un vehículo para el lucimiento de sus estrellas y la película está brillantemente organizada. James Garner interpreta a un eficaz granuja, Hendley, una versión humanizada de Sefton (William Holden) en Traidor en el infierno (1953) de Billy Wilder. Pone su "almacén general" al servicio del intento de fuga, utilizando sus habilidades comerciales para engañar a un tímido y estúpido alemán llamado Werner, aterrorizado ante la idea de ser enviado al frente ruso.
La creciente lealtad de Hendley hacia el debilitado y casi ciego Blythe (Donald Placence) le convierte en el típico hombre frío y aparentemente cínico, pero de gran corazón. El Danny Volisnki (Charles Bronson), todo músculos, pero con una mentalidad claustrofóbica y neurótica, representa la conciencia de los espectadores. Sedgwick (James Coburn) ofrece una irresistible imagen de eficacia y estoicismo, y es uno de los pocos que logran salvarse. Sin embargo, el gran protagonista de esta magistral obra, es sin duda alguna Steve McQueen como Hits, el testarudo e independiente norteamericano, cuya personalidad contrasta fuertemente con la del rígido y ordenancista Bartlett, interpretado magistralmente por Richard Attenborough. Este llega al campo de concentración precedido de la reputación de luchador indomable y hombre de una pieza; pero a pesar de ser él quien dirige la operación de fuga, la tensión del filme gira casi siempre en torno a la figura de Hits, aunque no participa activamente en la preparación de la huida, pues se pasa la mayor parte del tiempo castigado en la nevera. Recuerdo cuando hice el despreciable servicio militar, fui ingresado varias veces en el calabozo por insubordinación al alto mando militar. Me dirigía a mi encierro escoltado por dos pringados, y, os puedo asegurar que caminaba como McQueen, pero no hubo nadie que me arrojara un guante y una pelota de béisbol. La ficción es un sucedáneo transitorio de la vida. El regreso a la realidad es siempre un empobrecimiento brutal: la comprobación de que somos menos de lo que soñamos.
Según se cuenta, McQueen fue quien ideó la espectacular huida final en moto. El actor siempre sintió una gran fascinación por las carreras. ¿Otra huida?
Se cierran las cortinas de antaño, cuando en mis ojos todavía persiste un recuerdo que no quiero olvidar.
(Un guiño para Alfredo)
26 comentarios:
Te ha salido redondo!!!! El primer párrafo es lo mejor que he leído en mucho tiempo. Además, cómo te comprendo. Yo vivía en el cine Victoria, en la sesión continua que tantas tardes de verano me alejó de mi barrio en Hospitalet. Allí vi, con ojos de niña, casi todas las películas que formaron, de forma caótica y variopinta, mi amor por el cine.
Ésta es una de mis favoritas y Steve Mc Queen uno de mis primeros amores. Pero cuando la volví a ver años más tarde, seguí emocionándome, seguí pegada al asiento disfrutando como cuando era niña. ¿Eso es el cine, no? El salvoconducto para el sueño, el túnel para la gran evasión.
Cógelos, ahí van la pelota y el guante!!!
Estoy de acuerdo con lo que dices, últimamente ando muy metida en el cine: es un escape, una terapia, una pasión... todo. En el momento en el que ves la película, esa película lo es todo. Es el mundo.
Siempre veo películas sola, o al menos eso procuro en cuanto a cine de arte se refiere.
Me gusta mucho tu blog, de hecho, tú fuiste mi inspiración para abrir el mío (aunque se ha convertido en una bitácora vulgar y sin sustancia, pero ahí la llevo). A veces pasa tiempo sin que comente, pero siempre me paso por aquí.
Te admiro.
Un abrazo.
Sensacional, Francisco. Este texto, esta película, son la esencia del cine, transportarnos a otra realidad, al mito, a la épica, a la epopeya, con los que nos gustaría recubrir nuestra vida, mucho más monótona e intrascendente. El cine como refugio, como esperanza y como inspiración.
Gran película, enorme Sturges (totalmente de acuerdo acerca de la necesidad de reconocimiento de un director más que compenente, particularmente inspirado), fenomenal texto.
Abrazos
Me es muy difícil separar estos dos conceptos: "tarde de sábado" y "la gran evasión". Muy difícil.
En primer lugar, coincidimos en el poco subrayado que se le hace a la obra del magnífico Sturges, y en todos los parabienes que se merece esta fenomenal película. Ciertamente, se alimenta de los clichés creados por las cintas al uso, pero su espléndida luz y dinamismo, le condeden un plus de proximidad con el espectador, que la exhime de caer en los tópicos.
En segundo lugar decirte que sí, que lo malo del cine es, precisamente, que a alguno nos sirve para tomar conciencia de que somos mucho menos atractivos e interesantes que lo que soñamos. Yo, sin ir más lejos, también he deseado mil veces ser Hits... y aún no lo he conseguido.
Mi Gran Evasión también era, cómo no, el cine. Y pensar que el cine de sesión continua que más visitaba siendo una cría ahora se ha convertido en un gran supermercado en el que hago la compra.. Me encantaría apropiarme de algunas de las frases que dices.
Un beso.
Estupendo post. Veo que compartimos películas; a ver si entre todos colocamos a Sturges donde se merece.
Un abrazo.
Coincido plenamente con lula fortune. El primer párrafo es magistral. Y en conjunto, el post me ha encantado. ¿Sabías que este verano ha fallecido el soldado en quien está inspirada La Gran Evasión? Leí su obituario en El Mundo, y me llamó la atención el hecho de que siempre rechazó la versión cinematográfica. Creo recordar que su rechazo se debía a la espectacularidad reflejada en la película. Lo comprendí porque, como bien dices, la realidad siempre es mucho más sórdida.
Un abrazo,
C.
Coincido en que la entrada del post es para leerla y releerla, pero tu análisis de los personajes de la película no se queda atrás. Los dos que más recuerdo son Steve Mcqueen y Charles Bronson.
Aprovechando la reivindicación de Sturges, a la que me sumo, con tu permiso, me gustaría hacer las mías. Has hablado de Stalag 17, una película inmensa con un Holden inmenso, siempre he pensado que se le colgó la etiqueta de guapo sin valorarse en su justa medida que fue un grandísimo actor. Y en segundo lugar, otra de las incursiones en el género bélico de Wilder y que es una gran película, "Cinco tumbas en el Cairo", con un inconmensurable Erich von Stroheim haciendo de Rommel.
Un beso
Me alegro mucho de haber provocado tu reflexión amplia y sincera. La entrevista a la que se refiere el post me dejó perplejo. Por si puedes acceder a ella, es del 6 de septiembre. El autor, David Levy, ha publicado un libro titulado "Amor y sexo con robots", en la editorial Paidós. He llamado a La Casa del Libro (creo que también hay en Barcelona) y me han informado que lo tendrán los próximos días.
Un abrazo,
C.
Vivo cerca de Barcelona lo que me da acceso a los cines de la big city, pero constato que ahora todos son multicines en los que echan indefectiblemente las mismas películas, las de estreno. Cada vez hay menos cines con algo de originalidad, quizás los Renoir, los Verdi, a veces los Icaria, pero hace tiempo ya que se han acabado las salas de cine de repertorio que puedan volver a proyectar estas joyas del cine de otras épocas. Recuerdo aquellas tardes o noches en que iba a ver cine en los años setenta y ochenta. Mi padre no dejó de ir una sola vez cada día hasta que murió a los ochenta y cuatro años. Recuerdo que me llevó a ver entusiasmado La gran evasión. La vimos en un cine grande como los de antes, abarrotado de gente, un domingo por la tarde, sin palomitas pero sí con almendras garrapiñadas. ¡Qué inyección de adrenalina! Me has hecho evocar a mi padre, un fino cinéfilo que amó profundamente el cine americano de aquel tiempo.
Bueno que decirte, tus posts siempre son interesantes.
A mi me gustan las películas de antaño, aunque reconozco que ahora tenemos suerte cuando nos cae una buena o, al menos se deja ver.
Un beso
P.D: Te has enterado del concurso de blogs?
Sin aviso dices: me gusta mucho eso. Lo que podría llamarse real viene sin aviso, y también se va sin avisarnos, dejando las cosas patas arriba. Me gusta mucho la entrada: qué gran guiño a Alfredo. El cine nos lleva a las tardes de sábado: y el sábado no se debería terminar tan pronto.
Un fuerte abrazo: yo también presté el servicio militar. No sé muy bien a quién le serví.
www.mariajesusalmendro.blogspot.com
El concurso es muy interesante, no te lo puedes perder. También os lo digo a los demás, animaros.
¡¡¡¡¡¡SUERTE Y, A POR ELLOS!!!!!!
También hay un concurso de Cuento/Relato corto de Navidad, tienes la información debajo del post de "Hombres de negro" En mi blog.
Besos
Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas
Con artículos reflexivos tan buenos como este post está ud. logrando que me enamore más de este PEDAZO de blog.
Felicidades.
Lo de ir al cine solo ya se va viendo más a menudo aunque cuando yo era más pequeño nunca se hacía... (al menos yo no lo recuerdo entre mis conocidos).
Saludos!!!
Me quedo, querido Francisco, con los dos primeros párrafos de este estupendo ensayo. En el frontispicio: "Corrían los años del tardofranquismo en una provincia de tedio y plateresco". Olé. Precioso todo: una película y el mundo en el corazón del niño, que el hombre descifrará años más tarde desde el recuerdo y el fulgor de un sueño y un tiempo lejano.
Qué gusto volver aquí.
J,
Adoro a McQueen y siempre quedará como ese carismático, más que actor, de los seseta-setenta. Una estrella que no se apaga, ahí siguen dándole caña con la publicidad. Y desde luego "La gran evasión" es la película de prisiones y huidas por excelencia.
El cine sigue siendo un desahogo a nuestra miserable y aburrida realidad, sin duda. Al menos disfrutamos de más, y en más formatos, lo que para los que somos amantes del cine es una alivio. Sigue siendo nuestro mar de sueños.
Como ya nos tienes acostumbrados a un lenguaje rico y atrayente y a tu amor por el cine...pues te ha quedado como casi siempre, genial.
Incluso a mì esa huida a la frontera Suiza en moto me parece genial, libre, ràpida, fuerte...estupenda, vaya...
Besotes
Steve McQueen es uno de los pocos actores que son para mí míticos,junto con Sutherland padre (al hijo lo empalaría sin pensármelo). Actores que se salen de los papeles. Un post cojonudo. Sentirse como McQueen mientras uno es conducido al calabozo por dos pringaos es impagable.
Un saludo, después de cierto tiempo.
Mítico McQueen. ¿Por qué cuando vemos esa película todos deseamos que venga un Gestapo y nos meta en la nevera? Ni que fuéramos un bote de cerveza. Y hablando de McQueen y escapadas, otra: "La huida" de Peckinpah, claro.
Saludos.
AY...los cine de "antaño"...esos que poco a poco van desaparenciendo para dar paso a impersonales y clónicos multicines de ahora mismo...
A pesar de ello, somos de una generación que visitó esos "palacios de sueños", "el ideal", "El Dorado", "Monumental"...cada uno con su sabor particular y único pero aptos todos para acogernos en su ceremonia particular del éxtasis visual...
A ver si me organizo y me paso más a menudo por tu blog, Francisco.
Un beso.
Me ha encantado la mezcla entre el significado que tiene la magia del cine para ti, la vida y la película. Precioso.
Me siento identificada en muchos puntos. Sobre todo en el hecho de ir sola, no sólo no me molesta, sino que me encanta.
Por otro lado no podías haber elegido una película mejor para hacernos sentir la necesidad de salir corriendo o en moto. Vivimos en un tiempo absurdo, y es más necesaria que para mi adorado McQueen.
Por cierto creo que es el rostro del cine junto con la mítica Rita H. para los que menos ha pasado el tiempo, las modas, las huidas... Qué maravilla una belleza tan poco efímera.
Un abrazo
John Sturges se merece mayor reconocimiento, ya lo creo que sí. Es cuestión de mala suerte, de estrella, de carisma o qué sé yo, pero este hombre nos ha dejado varias películas que nunca morirán y, por tanto, su nombre tampoco desaparecerá jamás, pese a que no se le considere un grande de la dirección.
Steve Mcqueen es desde que tengo consciencia mi actor preferido. Hizo muchas películas recordables, pero me quedo siempre con la su interpretación en "Un enemigo del pueblo", rescatable film que mereció mejor suerte y mejor trtato por parte de la crítica.
Sí: para algunos cumplir años es sentirse cada vez más huérfano, amigo Francisco, inevitablemente más huerfano. Y la ficción es un arrullo consolador en ocasiones. Pero hay épocas en que uno quiere la verdadera realidad, la completa realidad, no la manipulada por los medios, la troceada y servida con asco en la mesa de los pobres de hoy en día, que somos casi todos aunque tengamos muchas cosas inútiles en casa. Y entonces se descubre que uno es un huérfano también de verdadera realidad, que casi todos mienten y los intereses mandan. Y la ficción cae un poquito, y es mejor lavarse los ojos y buscar en otras direcciones, y olvidarse del yo y no ser para ser en otros. Y uno se siente algo menos huérfano. Un abrazo.
Hola, he tratado de correo electrónico usted en relación con este post, pero aren? T capaz de llegar. Por favor, un e-mail cuando recibe un momento. Gracias.
Qu'est-ce qu'un post-Nice. J'aime beaucoup la lecture de ces types ou des articles. Je peux t attendre de voir ce que les autres ont à dire.
Gracias por tomarse el tiempo para debatir esto, realmente me parece muy importante que el amor y el estudio adicional sobre este tema. Si el potencial , a medida que gane experiencia , usted pensamientos actualizar su blog con información adicional? Es muy útil para mí .
Publicar un comentario en la entrada