
"El cine es algo que no es arte ni es vida; está entre lo uno y lo otro."
François Truffaut
François Truffaut
Empezaste a amar el cine a los siete años y también la literatura, pero nunca fuiste un buen alumno. Quienes conocemos bien tu cine recordamos que tus películas están llenas de gente que escriben diarios, que escriben cartas, que leen. Tomen nota, señores del celuloide. En 1947 dejaste la escuela para emprender el vuelo. A los catorce años fundaste un club cinéfilo y conociste a Andre Bazin, uno de los grandes críticos de la época y, quizá, de todas las épocas y se convirtió en tu protector. Todos le debemos a Bazin su intervención en tu rebelde vida porque te ayudó a salir de la cárcel a causa de tu deserción del ejército. En 1953 publicaste tu primera crítica cinematográfica en "Les Cahiers du Cinema", donde junto a tus colaboradores defendíais apasionadamente lo que denominabais cine de autor. Fueron las primeras semillas que eclosionaron en la nouvelle vage que más adelante convulsionaría al cine francés, rompiendo con las acartonadas películas que se hacían por entonces, para mostrar personajes vivos con un estilo narrativo directo, heredero del neorrealismo italiano. Todos sabemos que en 1957 ayudaste al gran Roberto Rosellini en algunos de sus proyectos. Según nos has enseñado, mi querido Truffaut, en tu maravilloso libro El placer de la mirada, y por primera vez en la historia del cine, la pregunta: "¿cómo hacer una película?", fue reemplazada por otra más angustiosa y profunda: "¿por qué hacer una película?". Tomen nota, señores productores y directores.
En realidad, todos los miembros de la nouvelle vague procedían de una burguesía más o menos acomodada, salvo tú, que fuiste el más virulento crítico del cinema de qualité y quien, de algún modo, diste la señal de partida con tus célebres artículos sobre la tendencia del cine francés, y el único que, paradójicamente, te acomodaste más tarde a cierta convención de ese mismo cine de calidad, quizá por ello fuiste el único que consiguió el reconocimiento del cine convencional, lo que provocó la violenta distanciación con tu amigo, ay, Jean-Luc Godard a partir, sobre todo, de esa magnífica película que es La noche americana (1973). Pero este no es el motivo de mis recuerdos hacia tu cine y tu persona.
En tus tres primeros títulos reflejaste ya tu propia visión del mundo y dijiste casi todo lo que tenías que decir, revalidando así tu propia teoría de que un cineasta se expresa con mayor plenitud e intensidad en sus tres primeras películas, y luego se limita a reelaborar esos mismos temas y preocupaciones hasta el infinito. Quizá tengas razón, todo Godard ya está en su primer cortometraje; Une jeune coquette, todo Welles está ya en el primer rollo de Ciudadano Kane, todo Buñuel en Un perro andaluz, etc.
Defendiste en todo momento la inocencia y pureza de la niñez y la adolescencia, quizá, para compensar el abandono y la infelicidad que tú experimentante durante tu infancia. La infancia son cuatrocientos golpes y vimos tu vida a través de tu álter ego Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), un niño triste, al que maltrató su historia personal. Más tarde dirías continuamente: "El hombre tiene capacidad limitada de tener amigos." Para ti nada fue pequeño en lo que concierne a la infancia: "cuando oigo a un adulto añorar su infancia, tiendo a pensar que tiene mala memoria." Dijo Ramón Eder: "Haber tenido una infancia feliz es un serio obstáculo para el resto de la vida. Solo se puede ir a peor." Pero también el niño triste y soñador, miedoso y solo, no se redime nunca.
Defendiste en todo momento la inocencia y pureza de la niñez y la adolescencia, quizá, para compensar el abandono y la infelicidad que tú experimentante durante tu infancia. La infancia son cuatrocientos golpes y vimos tu vida a través de tu álter ego Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), un niño triste, al que maltrató su historia personal. Más tarde dirías continuamente: "El hombre tiene capacidad limitada de tener amigos." Para ti nada fue pequeño en lo que concierne a la infancia: "cuando oigo a un adulto añorar su infancia, tiendo a pensar que tiene mala memoria." Dijo Ramón Eder: "Haber tenido una infancia feliz es un serio obstáculo para el resto de la vida. Solo se puede ir a peor." Pero también el niño triste y soñador, miedoso y solo, no se redime nunca.Cuando Doinel en Los cuatrocientos golpes (1959) escapa del reformatorio en uno de los finales más bellos de la historia del cine, corre y corre, seguido por un largo travelling de la cámara durante diez minutos: finalmente llega al mar, ve que su huida ha terminado y el filme acaba en una monstruosa foto-fija de Doinel que encara ¿al espectador? ¿a la niñez perdida? ¿a su destino? Yo he querido ver que es simplemente la puesta en imágenes, sin otro símbolo que el que se le antoje al espectador, de la concepción poética de un instante.
Los verdaderos cineastas que te entusiasmaban eran precisamente aquellos que tenían un mundo que hablaban de la herida existencial del ser humano, que presentaban la ruptura del sueño de la realidad. Tus personajes están también siempre atrapados en un engranaje. "Sienten que están en falta", como tú mismo decías.
Frente a las cosas que te interesaban no podías mantenerte indiferente: ardías de pasión, esa pasión de los autodidactas y de los que han sufrido mucho en la vida, sobre todo en la infancia y en la adolescencia. Al fin y al cabo un autodidacta es una persona que se ha edificado desde la más absoluta derrota. "Por muy bien hecho que esté un filme, si no es sincero, no vale nada." Y es que todo gran cineasta lleva dentro su modo de contar cómo pasa el tiempo; como Fellini, como Bergman, etc. Sus filmes son testimonio de sus vidas. Los grandes directores, los artistas, su obra es la continuación de su persona. Hay pocos cineastas de los cuales no se puede dejar de ver una película. Eso es lo que ocurre con tu cine. Siempre hay algo que me va a explicar la película anterior, y si no la veo no comprenderé bien la siguiente.
Sé que en tu vida cotidiana, a pesar de tu fragilidad, siempre te estabas moviendo, siempre estabas apasionado por algo, siempre estabas descubriendo algo nuevo, excepto cuando dedicabas horas y horas a leer. Tomen nota, señores directores y productores. Tu bondad, rara en el cine, rara en todas partes y tu generosidad con el dinero, más rara en Francia que en ninguna parte. Una vez dijiste que nunca irías a ver una carrera, ni un partido, ni cualquier otra cosa, porque tendrías la impresión de traicionar al cine. No te gustaba estar reunido con la gente, en grupo. Te gustaba estar a solas co
n una persona o dos: así eras tú, porque odiabas los malentendidos tanto como las formalidades. Que detestabas las modas, todo aquello que está impuesto en las gentes por las elites. No te gustaba los elogios excesivos cuando son unánimes y escoltan toda una carrera, porque creías que podían esterilizar a un artista mucho más que la ducha de agua fría que corresponde a la realidad de la vida. "Un director de cine de hoy debe aceptar la idea de que su trabajo puede ser juzgado eventualmente por alguien que quizá no vio nunca una película de Murnau."
n una persona o dos: así eras tú, porque odiabas los malentendidos tanto como las formalidades. Que detestabas las modas, todo aquello que está impuesto en las gentes por las elites. No te gustaba los elogios excesivos cuando son unánimes y escoltan toda una carrera, porque creías que podían esterilizar a un artista mucho más que la ducha de agua fría que corresponde a la realidad de la vida. "Un director de cine de hoy debe aceptar la idea de que su trabajo puede ser juzgado eventualmente por alguien que quizá no vio nunca una película de Murnau."Otro factor compensatorio en tu universo, mi querido amigo, es la existencia del propio cine: "El cine es el rey supremo", como tu mismo afirmaste en La noche americana. Tu filosofía es la de que las películas reflejan la vida, son la propia vida y la de que viendo o haciéndolas, o incluso hablando sobre ellas, no se siente uno nunca solo. Los actores y el equipo técnico constituyeron tu verdadera familia. Nada más nacer una película ya te ponías a pensar inmediatamente en la siguiente. Igual que en la vida, o todavía mejor, pues las películas no mueren nunca. Nadie muere realmente mientras no está olvidado.

Imagen del centro y de la derecha pertenecientes a Los cuatrocientos golpes.
Imagen del centro y de la derecha pertenecientes a Los cuatrocientos golpes.
Os invito a que escuchéis Cine, cine del gran Luis Eduardo Aute extraído del álbum Cuerpo a cuerpo, que sonó obsesivamente mientras redactaba este texto.
24 comentarios:
Volveré, claro; éste no es un comentario a la altura de tu espacio. Pero de momento quiero apuntarte un par de detalles incidentales.
La 1ª. "Los cuatrocientos golpes" fue, durante muchisimos años, mi película fetiche. Una vez al año al menos, sobre el mes de diciembre, era obligatorio verla en formato VHS. Garci y su fantástico programa me la proporcionaron. El fotograma de Doinel con la palabra "FIN" sobreimpresa, fue la primera foto que puse en el avatar de mi blog.
La 2ª de las cuestiones a las que quería referirme, está relacionada con la canción de Aute. De entre todos los vinilos que un día tuve, hoy sólo conservo uno. "Cuerpo a cuerpo". Y si alguna vez nos viéramos, entre copa y copa, podría cantarte la canción "Cine, Cine..." de carrerilla.
Saludos.
Yo puedo volver como Raúl, pero más que nada para releerte encantada (siempre vuelvo y te releo-releo). He disfrutado muchísimo y eso es un regalo estupendo para mí.
Y es verdad, no se redime/libera nunca.
Gracias por traer a Aute.
Besos
Hola, soy Caye del blog de deportes Cayecaturas, llevo un buen rato en tu blog, lo he encontrado a través de 20 minutos, sólo quiero felicitarte, compartimos muchos gustos cinematográficos (otros no), la verdad es yo soy más del cine de Berlanga y Fellini que del de Truffaut, me gusta como escribes y el estilo de tu blog, la cuestión es que tanto en mi blog como en mi web tengo muchas caricaturas de cine, he publicado en Fotogramas y Cinemania, como veo que tienes un apartado de caricaturas he pensado que a lo mejor te interesa echar un vistazo.
Bueno, te dejo los enlaces...
este es mi blog de la categoría de deportes(pero con sección de cine)
http://www.cayecaturas.com/blog
y esta es mi web....
http://www.cayecaturas.com/
Saludos, te seguiré visitando a menudo
P.D. te escribo desde el perfil de mi esposa, tiene un blog de pintura que no participa en 20 minutos pero que está genial, os animo a todos a que lo visitéis
Francisco, agradecerte este pequeño recorrido en el tunel del tiempo que es también una forma de conocerte, mirando a través del ojo de la cerradura.
Un beso
Me quedo pensando en la teoría de que toda la obra de un gran artista, todo su potencial de originalidad y experimentación, está contenido en sus primeros trabajos. Acabo de leer esta tarde una entrevista a Jaime Rosales, que lleva hechas tres películas, y en la conversación el director opina que su próxima cuarta película culminará sus aportaciones artísticas y, probablemente, se quedará sin tener nada más que decir y, por ende, no realizará más largometrajes. Probable boutade, pero me inspira honradez: el abismo de copiarse a uno mismo, una y mil veces: Sísifo estéril. Hay tantos.
Saludos.
Francisco, qué hermoso texto, fantástico, fenomenal. Eso es, que tomen nota directores y productores de por qué hay que hacer películas, por qué hay historias que deben ser contadas y de qué forma.
Como curiosidad, decir que la escena final de "Los cuatrocientos golpes", el congelado, no fue obra de Truffaut ni estaba previsto en el guión. Salió de la sala de montaje y Truffaut decidió conservarlo porque cerraba mucho mejor su película que el final que él tenía pensado.
Tu artículo es soberbio, Francisco, como siempre. No me canso de releerlo.
Abrazos.
No cabe duda de que "Cahiers..." supuso un nuevo enfoque al concepto de crítica cinematográfica. Con la creación de Bazin, nacía la crítica moderna y con ella, evolucionaba el cine que por ella era criticado.
La revista se convirtió pronto en el mayor referente de la modernidad ayudando desde sus páginas a la recuperación de la obra de autores que por inercia, despecho o incomprensión, habían caído en el olvido.
Sin embargo, como le ocurre a todo lo que se convierte en icono, entiendo que "Cahiers", cometió por exceso, el mismo error que paradójicamente combatía, defenestrando (con acusaciones de cine comercial, rancio, obvio o naftalino) la obra de otros autores que hoy, por culpa de la reverencia que se le hace al criterio de la mítica revista, duermen el injusto sueño de los olvidados (verbigracia, y acudiendo a la entrada que recientemente hizo un blog amigo, recuerdo ahora a Claude Autant Lara).
En definitiva, creo que la revista se politizo en exceso.
Como dijo un pensador de esos que firman las sentencias que encontramos en los sobrecitos de azucar; "todo lo que es bueno, sigue siéndolo, hasta que se cree lo más bueno".
Un saludo.
Es enriquecedor leerte, significa aprender cada día un poco más, esta vez sobre: François Truffaut.
Después de admitir y leer el último comentario que me has dejado en el blog, no voy a tener más remedio que publicitar mi espacio aquí, en tu casa, con un mensaje tan obsceno como el que sigue:
Aviso a los lectores de este blog:
Si quieren ustedes seguir disfrutando con la sapiencia del Sr. Machuca, no tienen más que acudir al blog propiedad del que suscribe esta nota, entrar en aquellos post en los que participa dando su opinión, y buscar sus ilustrados comentarios.
Gracias.
Me fui a leerte al blog de Raúl. Me encantó, claro. Esa libreta tiene líneas? O es que escribes así? Ya tenemos algo de ti: una pluma, una libreta, una taza.
Besos
Ohhhh el señor Truffa….
En mis primeros acercamientos a su cine he de reconocer que me desconcertó, la primera película que vi fue “Jules et Jim” y me enamoró, como ellos se enamoran de una estatua, luego conocí sus “Besos robados” y no podía dejar de pensar que parecían películas de dos directores diferentes, aunque si se analizan, en el fondo tienen más en común de lo que parece, pero donde consiguió conquistarme definitivamente fue con “Los cuatrocientos golpes”.
Fascinante tu artículo, que nos acerca al hombre, porque sólo comprendiendo al hombre se puede llegar a comprender la verdadera esencia del artista y de su obra, al menos en la mayoría de los casos.
Me sumo a uno de los comentarios anteriores, de verdad, extraordinaria entrada de la que da ganas de leer, y releer, y releer…
Un beso
Uno de los grandes genios franceses. Creo que como dice los grandes autores acaban reflejando en todas sus películas lo que dijeron en las primeras. Por ello se quema a todo aquel que da un giro brusco. Y no debería ser así, para repetirse tanto no hace falta hacer muchas obras. Desde luego Truffaut es un referente para todo amante del cine, para todo aquel que busca vida en el cine. Para los que el cine es vida.
Sorprendente este tratamiento en segunda persona de tu ensayo sobre François Truffaut. Le da fuerza como de viento cálido y alborotado en el pulso de tu prosa magnífica, querido Francisco. A mi me gustan mucho Los 400 golpes, Jules et Jim, Fahrenheit 451, Besos robados, maravillosa, y El pequeño salvaje, estilizada y original película de este gran cineasta.
Un abrazo.
J,
Totalmente de acuerdo con Francisco, tanto con el magnífico texto de su entrada como con su comentario en el blog de Raúl.
Como ya comenté a cuenta de una entrada sobre "Los Cuatrocientos Golpes" en otro blog cinéfilo, el final de la cinta cobra ahora un sentido distinto (para el que quiera retorcerse la mente a base de fotogramas): la carrera de Doinel hacia el mar se puede comparar con la idea que tenia Truffaut acerca de cómo hacer cine, es decir seguir avanzando de una forma rompedora, rebelde, vanguardista; en contra del cine comercial.
Pero, finalmente, el océano detiene su caminar y su alter ego se para.
A Truffaut le ocurrió lo mismo, de alguna manera su cine se convirtió en aquello que él más criticaba, incapaz de seguir avanzando a contracorriente.
Saludos.
Hubo una época en que estos artistas que vivían el arte con más pasión que la propia vida me fascinaban y eran mis maestros. Sin embargo, me di cuenta de que estaban heridos -como muy bien cuentas en tu brillante texto-, peleados con la realidad, que a los que no somos conformistas nos araña a menudo. Y hoy los miro con nostalgia -como a la infancia perdida -, pero sin pena. Nunca los olvidaré, pero nunca más volverán a ser tan importantes para mí. Pienso en la actualidad que nuestra misión, la de los creyentes de la religión del arte, es pelearnos para que la realidad sea más real, cada vez esté menos ficcionada y podamos verla sin filtros artísticos. Un abrazo, amigo.
:)
¡Atención! Falta grave en el comentario de María Jesús "invecil" seguro que habrá otras, pero está no pueddo pasarla. Quito el cometario y lo pongo con un arreglo.
Perdón, perdón...
Hola Francisco! En este momento lo primero que se me viene a la cabeza es su película "Fahrenheit 451" Tan abstracta, con personajes inverosímiles, sometidos como títeres al compás de sus cuerdas por, un sistema fijado en la destrucción del arte de la literatura y, todo lo que lleva a saber. Haciendo del mundo un engaño y, convirtiendo a sus moradores en auténticos imbéciles. Me encanta esta película, aunque creo que en su momento no tuvo mucho éxito.
Un beso grande, grande
Llego hasta este sitio desde el blog de Raúl, que frecuento desde hace algún tiempo.
Para un amante de cine, ignorante, profano, pero amante al fin, es todo un placer este hallazgo.
Volveré, sin duda, para seguir aprendiendo.
Saludos.
Contagioso entusiasmo de un artículo atrevido, en segunda persona,como declaración de amor a un arte y a un director.
Enhorabuena.
Lo mismo digo, si de algo no entiendo es de cine, pero leyéndote me parece recuperar lo perdido.
Vuelvo, pero sólo por leer.
No me gusta Aute pero siempre leerte.
P e t o n s
Que maravilloso texto compañero; tan claro,tan bueno, tan exacto, tan tierno...
Viva Truffaut, ahora que me marcho esta tarde a Paris unos días lo recordaré y te recordaré...
Un abrazo; espero que estés bien...
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