H.D.Thoreau, Walden
En un momento concreto de la película, Travis (Harry Dean Stanton) se encuentra con la desesperada actitud de un individuo que, desde el puente de una autopista, pronuncia un largo y casi vehemente discurso, en el que señala que los hombres se hallan "navegando hacia el vacío". Tal vez en esta idea precisa, en esta desesperanzada impresión de viaje a la nada, es donde puede retomarse el principio argumental de la historia de Travis; es decir, entender la razón que ha justificado sus cuatro años de ausencia, y la que determina el comienzo de un nuevo período de reconocimiento tanto de sí mismo como de los suyos. Travis, por tanto, ya ha viajado al vacío, durante un largo tiempo que apenas si recuerda, como si hubiera permanecido hundido en un abismo en el que nada retiene de él la memoria. Pero en el instante en que la película inicia su apasionante relato, Travis comienza a despertar de ese sueño en blanco, a renacer sin recuerdos y sin palabras, y a emprender un nuevo camino, esta vez intentando reconstruir su propio pasado, quizá hasta el momento justo en que su "viaje a la nada" le hizo abandonar cuanto conocía y cuanto amaba. De este modo, surge Travis del desierto o, lo que es igual, del más absoluto vacío y, como un ser recién nacido, lo hace sin poder hablar y únicamente guiado por impulsos instintivos. A partir de aquí todo será como un proceso de aprendizaje o, más bien de reaprendizaje de cosas y hechos que permanecían ocultos en su pasado; es decir, un progresivo reencuentro consigo mismo, que habrá de ser posible gracias a la impresión recibida por sucesivas imágenes, que ejercen sobre él su poder de memoria visual. Así, la primera sensación de sí mismo la recibe Travis al contemplarse en el espejo; de igual modo que asume su consciencia vital a través de una fotografía de ese desértico y desolado lugar de Texas llamado París, donde, según cree el propio Travis, fue seguramente engendrado por sus padres. Luego, la proyección de una película de Super-8, en casa de su hermano Walt, le devuelve la memoria perdida de su hijo Hunter y de su esposa Jane (Nastassia Kinski), tal vez en uno de los momentos más especialmente dichosos de su vida; y las viejas fotos de un álbum le transportan en el tiempo al recuerdo de sus padres y de su propia juventud. Finalmente, el reencuentro con Jane se produce sólo a Través del cristal, apenas transparente por uno de sus lados, que comunica con una de las muchas cabinas que forman esa especie de extraño prostíbulo; tal vez porque, como sucede con la película de Super-8, son las imágenes las únicas que logran conservar los mejores sentimientos de amor y felicidad.
La película de Wenders, así resulta ser un largo itinerario a través de la imagen y el tiempo. Y es por ello que permite que todo transcurra pausadamente, sin prisas, minuto a minuto, hora a hora, borrando ese lapsus irreconocible de tiempo. Sólo así París, Texas (1984) logra convertirse en un filme cíclico, en una historia que nace después de transcurridos esos cuatro años, y muere cuando Travis consigue dar vida al instante inmediatamente anterior al inicio de su periplo al vacío; en esta ocasión, sin embargo, construyendo el lógico final con el que debió concluir su pasada historia: su marcha, una vez que se produce la inseparable convivencia de Jane y Hunter. En ese momento y sólo en ese momento aquellos cuatro años dejan ya de existir.
Hasta entonces el libro de Sam Shepard, Crónicas de motel y el talento cinematográfico de Wim Wenders dan vida a un filme excepcional, en que todo cabe: la memoria perdida, el amor imposible, el apasionado deseo de reconstruir el pasado, como única forma de entender libremente el futuro, el poder indescifrable que las imágenes son capaces de contener, aplicando esa irrenunciable misión suya de conservar eternamente en si mismas lo irreparable del tiempo; en definitiva, cabe en París, Texas la hermosa y fascinante conciencia del cine.

11 comentarios:
Podríamos emparentar esta entrada con la del "Silencio en la mirada".
"Paris Texas", un claro ejemplo del dicho de que a buen entendedor, pocas palabras bastan.
Volveremos, por aquí, Francisco.
A Wenders sí lo conozco bien. Qué tal algo sobre Lisboy Story (La música de Madredeus me encanta) o El cielo sobre Berlín? Me encantaría leerte sobre alguna de esas dos pelis.
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Me dio pena entrar y ver que había desaparecido el post anterior, es tan hermoso.
Besos
Magnífico texto, Francisco. Una de esas joyas del cine en las que todo encaja: interpretaciones, fotografía, guión, diálogos (y silencios, sobre todo silencios), música... Lo que especialmente me gusta es que, como en otras obras geniales, lo que más importancia tiene, o al menos tanta como lo que se cuenta, es lo que no se ve, lo que obliga al espectador a interesarte, a sumergirse, a bucear, a rebuscar en sus propias experiencias o conocimientos claves que le permitan anticipar los huecos que la historia poco a poco irá rellenando. El cine también es eso; si no es otra cosa.
Fantástico texto, de verdad.
Un fuerte abrazo
No sé si te habrá pasado alguna vez, asociar una película con una persona, a mí me pasa con “París Texas”, estará siempre asociada en mi memoria con la persona que me la descubrió, una amiga y una mujer a la que admiro. Fue tan bonito, emocionante y profundo lo que escribió sobre la película que cuando por fin pude verla, la película se me hizo pequeña.
Tus palabras me recuerdan mucho a las que ella escribió entonces, el enfoque es distinto pero el sentimiento es el mismo. Supongo que tendría que volver a verla, pero esta vez, dejaré pasar un tiempo.
Un beso
El viaje al pasado desde un presente sin sentido es el tema con mayúsculas de Wenders, por lo menos el que mejor sabe transmitir con imágenes. Por eso las dos películas que más me gustan del director alemán son "París, Texas" y "En el curso del tiempo".
Saludos.
Tu post, tan interesante, tan emotivo también, me ha llevado a releer fragmentos de mis memorias juvenites. No tienen mucho que ver con la película, al contrario, pero tus referencias al tiempo pasado, a lo perdido, me han hecho volver a lo que fui, a lo que soy.
Un abrazo, viejo amigo.
Nota: Estoy un poco triste porque una bloguera de raza (Mandarina Azul) se despide de la vida en la Red. Me ha afectado su decisión porque entramos en contacto nada más estrenar El Caracol. Sé que suena cursi, pero me he encariñado con ella. Bueno, voy a dejarlo porque esto se está poniendo demasiado "sensitive".
Interesante historia, vivir en un vacio sin saber nada de su ser, hasta comenzar a recordar su pasado. Llenar ese vacio en el que permanecia inmerso, y perde los sueños en blanco para encontrarse consigo mismo. Controlar em abismo en en que se hallaba perdido...
Un beso grande, grande!!
La has llamado "Viaje al vacío", pero bien podrías haberlo hecho; "Viaje desde el vacío". Por que más allá de que nos encontremos con un trayecto a la inversa, ¿Travis va o viene? siempre me hecho la misma pregunta.
Pocas películas me han impactado tanto nada más verlas (quizá también, "Blue Velvet") que esta de Wenders. A finales de los 80', cuango yo no era más que un adolescente tardío, el único amigo que por aquel entonces se refería a "la prensa" para pedirle al camarero el periódico, me invitó a verla en una sesión golfa que hacían la madrugada de los viernes en un cine de Castellón. Recuerdo la velada con la misma nitidez con la que las imágenes, pausadas y pretendidamente relentizadas de esta película, se fueron incrustando en mi retina.
"Paris Texas", bien podría ser un western de los de Zinneman, Fleisher o Boeticher, aquellos en los que no se necesitaban oir las detonaciones de las balas para saber que iban a haber muertos y heridos.
Y también es, como bien dices, un canto a la imagen
Una memorable música con la que leer tu post, tan espléndido como siempre. Es una sensación poética el leerte, nos trasladas fuera de esta realidad a otro matrix. Yo viajo, cada vez que te leo.
Y la película es una joya para tener en cinemateca en casa. Sin duda.
Vi esa película hace poco y me dejó fascinado. Una de esas excepciones que se dan de vez en cuando que me lleva a plantearme la incapacidad de las palabras para expresar algo que tal vez sólo pueda hacerlo el cine: el silencio, el vacío.
Pienso en que para que Travis pudiera emprender ese viaje desde el vacío, fue necesario que alguien le diera un empujón (si el hermano nunca hubiera recibido aquella llamada... si no hubiera acudido al rescatarlo...), pienso, por tanto, en la imposibilidad de escapar del vacío desde el vacío.
Saludos.
Dos momentos que recuerdo especialmente de esa película. Primero el comienzo, que anticipa, quién sabe el porqué, que esa va a ser una gran película. Segundo la escena del peep-show: la certeza de la imposibilidad. Hace poco comentaba "Calles de fuego" y ahora me doy cuenta de que, siendo películas tan distintas, ambas se parecen en algo: al final se deja pasar el último tren. Quizá esa sea, al fin, la idea más poderosa, el límite del anhelo romántico.
Saludos.
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