sábado, 13 de diciembre de 2008

GOLONDRINAS SIN ALAS (o una espalda contra el muro)




En los primeros minutos de El tesoro de Sierra Madre (1948), de John Huston, existe un plano, de una simpleza aparente que se irá tornando en premonición y luego en aseveración, que sirve para definir toda la película, que contiene en su simplicidad todo lo que esconde. Es aquel en el que los tres buscadores sellan su nueva sociedad. Las manos de Dobbs (Humphrey Bogart) y Curtis (Tim Holt) se aprietan en un amistoso saludo uniéndose en el centro de la pantalla. No vemos sus rostros, sólo sus manos, sólo ese signo de fraternidad. Pero observándolos atentamente, escrutadoramente, con los ojos avizores a la altura de las manos que se unen, está el viejo Howard (Walter Huston), intentando inmortalizar ese momento, retenerlo para el futuro. Esos ojos están viendo más de lo que es espectador ve, esos ojos han visto ese mismo gesto en otras ocasiones y saben que no todo es tan sencillo cuando hay oro de por medio. Esa mirada del viejo Howard contiene la esencia de toda la aventura. Es un plano magnífico de un Walter Huston magistral. Cuando termina El tesoro de Sierra Madre el recuerdo de ese inolvidable momento sirve para definir toda la película. Cine en estado puro. La escena final de Howard y Curtis apoyados en el muro y hablando del futuro sería retomada años después por Sam Peckinpah en Grupo salvaje (1969).

Escribo este post después de ver Grupo salvaje en un cineclub, en un bar de la esquina en donde puedo ver el cartel de la película y una cola de espectadores dispuestos a verla en la última sesión, y es cuando cobro conciencia de la grandeza del cine. Grupo salvaje no puede verse sino en una pantalla de cine pues el carácter torrencial de sus imágenes nunca se aprecia en su plenitud en la pantalla doméstica de un televisor. Es una película salvaje y libre cuyo norte no dominas nunca. Es una historia barojiana de antihéroes y perdedores, un John Huston que no desea sobrevivir sino luchar y luchar por la vida, la crónica violenta de una banda de facinerosos que quieren dar el golpe de su vida y sólo obtienen sangre y arandelas perforadas, que quieren vender armas a un sanguinario militar mexicano y lo pierden todo por salvar a uno de ellos loco de amor por una puta aprovechada. Es una película brutal y despiadada, pero también es una historia de amor entre amigos.

Yo la entiendo también como una paráfrasis en clave de western de la Ilíada y la Odisea. Una mirada desesperadamente melancólica sobre la desaparición de la frontera y la imposibilidad de la revolución. Grupo salvaje no se olvida con facilidad. Peckinpah es un poeta y los versos, podemos olvidar la rima nunca el ritmo que arrastra las imágenes en nuestra memoria sentimental, extraídos del corazón se quedan siempre pegados a nuestra piel.
Esta historia de perdedores que saldan cuentas nihilísticamente se resume siempre en imágenes. Los bandidos riéndose hustonianamente del fracaso, arandelas perforadas, del atraco al Banco; la banda mirando cómo su jefe, Pike Bishop (William Holden), vuelve a subirse al caballo que lo ha derribado, las sonrisas burlonas de los peligrosos hermanos Gorch, Lyle y Tector (Warren Oates y Ben Johnson) se transforman en respetuosa admiración, todos ellos despidiéndose del pueblo de su compañero Ángel (Jaime Sánchez), un pueblo humilde y golpeado que les ha acogido amistosamente, mientras en la banda sonora oímos una hermosa balada de amor mexicana, esa que habla de una golondrina que va buscando refugio, sin alas y sin poder volar.

Ya es tarde, demasiado tarde, para la amistad, para la frontera, para los grupos salvajes, para los años de juergas y vagabundeos por praderas, montañas y ríos, sin patrias ni censos que el lugar en el que se cuelga el sombrero, como proclama el colega Liberty Valance. No hay fronteras, no hay territorios libres, no quedan revoluciones limpias, no hay sentido para la aventura y ni siquiera los recuerdos, los viejos buenos tiempos con Holden, o los remordimientos tienen ya sentido. Un sentido faulkneriano, de herrumbrosas lanzas, parece convertir en una derrotada máscara de adobe, como fundida en un muro sobre el que se apoya su espalda Robert Ryan. Un viejo, Old Sykes (Edmond O' Brien) un fantasma pícaro del tiempo de fronteras salvajes y libres, le invita a viajar aún más al Sur. Ryan acepta con el esbozo de una sonrisa. ¿A dónde irá la golondrina sin alas y sin poder volar? Destruidos los libros de caballería, detener la andanza es aceptar el infierno. Conmovedores son esos planos finales de Ryan, que llega tarde una vez más a la cita con su amigo Pike y con la espalda apoyada contra el muro, el cansancio vital, el vacío moral de Ryan es el del desvencijado y derrotado hombre occidental de los 60.

Los personajes del poeta John Ford siempre estaban oteando el horizonte. Los personajes del poeta Peckinpah lo rebasan, y es cuando mueren. La frontera ha desaparecido. Es el fin de la aventura.
Vuelvo a mirar a través del cristal empañado de frío. La última sesión ha comenzado. Pido otra copa.


12 comentarios:

Mita dijo...

Es precioso el texto,adolescente.
Gracias por traer a Aute.
Besos

Mr Tambourine Man dijo...

Intenso, emocionante. Precioso texto. Y como siempre, me transmites unas ganas inaguantables de ver la películoa.

Un abrazo viejo amigo. ¡Visca el Braça!

Cris dijo...

El sentit de l'aventura és l'amor. Encara hi ha temps per descobrir els nostres paisatges interiors. "Amar no es perder", diu Aute. M'afegeixo al brindis de Peckinpah: Per l'amor!

Gràcies per aquest regal!

Cris

39escalones dijo...

Qué gran texto, qué hermoso. Gran punto de conexión entre dos obras maestras imprescindibles. Sólo Peckinpah pudo hacer Grupo salvaje, sólo alguien que había rebasado todos los límites y llevaba en la sangre (y en el licor que estaba disuelto en ella) la memoria de la desaparición de un pueblo y de una forma de vida de otro tiempo podía tener la sensibilidad y experiencia necesarias para filmar la muerte del mundo.
Magistral post, Francisco.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

No estoy a la altura para poder comentar el fondo de lo que cuentas, pero sí, como lectora paciente y agradecida, para poder decir que tu entrada, tu reseña, o el ensayo que has publicado, está escrito de una forma inmejorable.
Saludos.

María.

Vivian dijo...

Impresionante el post, de esos que invitan a leer y releer y releer.
Hay telefilms, hay películas, hay obras maestras, y hay joyas del cine que trascienden cualquier definición o encasillamiento, para mí “Grupo Salvaje” se encuentra en estas últimas. Y además está “mi” Holden, al que siempre reivindicaré como el gran actor que fue.

Y ya sabes, si se mueven, mátalos…

Un beso

Joselu dijo...

Vi Grupo salvaje en una sesión de cineclub hace muchos años, cuando yo era muy joven, y aún recuerdo la escena de los escorpiones del principio. Es cine en estado puro.

Raúl dijo...

El cine, el buen cine, es un complejo sistema de pistas, de guiños para iniciados. La mirada que refieres de la película de Huston, sería un ejemplo perfecto para ilustar esa máxima con la que empiezo este comentario.

No estamos hablando de adivinanzas o de sobres cerrados que nos den la clave de la historia que estamos viendo. Hablamos de complicidades sucesivas y encadenadas entre el cineasta y el espectador, de un lenguaje permanente en el que se nos está diciendo: "¿lo estás viendo, verdad? ¿te has dado cuenta de lo que acabo de decir, lo has disfrutado...?

Grupo Salvaje es una película sorprendentemente intemporal, la ves hoy, y perfectamente podría pasar como de factura actual. Es más, contiene todos los ingredientes del cine que hoy más gusta, pero sin los excesos y las formas gratuitas que abundan en muchas de las películas actuales. Es cine de acción puro y duro, pero también es algo más; como todo aquello que se precie... Siempre se ha de ser algo más.

Enlazar como conlusión, esta película con la supuesta muerte del romanticismo, es algo que te dejo a ti, y que sólo se comprende... si se comprende.

Saludos, artista.

Licantropunk dijo...

Se nota la admiración por la obra en esta entrada. Pero también una íntima satisfacción al contemplar una cola de espectadores... y cierta envidia por no volver a ver esa película por primera vez, por ser el espectador ignorante que, seguro, va a alucinar.
Saludos.

s a n d r a dijo...

te tengo que leer te tengo que leer te tengo que leer te tengo que leer... (con Murakami lo tengo más fácil, está en mi mesita de noche XD)

B e s o s

Raúl dijo...

Claro que he leído a Oneti, compañero. Y también a Murakami, ya que sale a escena.
Abrazos y deseos de felicidad.

Blanca Vázquez dijo...

Querido Francisco, yo como siempre la última, aunque dicen que los últimos serán los primeros. Ya me puedes perdonar, ando con el tiempo al cuello.

Y sigues con los wenster, la verdad es que son películas con una poética estremecedora, llenas de historia de luchas y donde se refleja todo el discurrir humano. Haces unos post cada vez más coquetos, con la música y todo. ERes un regalo.