En el último plano de Rebelde sin causa, Nicholas Ray se detiene brevemente para admirar un lecho de flores. Sé que Ray fue un gran romántico a pesar de todo su pesimismo.
Transitado como un paria por su infierno particular, Ray mantuvo hasta el final la llamada de la creación cinematográfica pura, y en su obsesión por ella, fuera del tiempo, del espacio y de toda razonabilidad. Nunca olvidaré, casi inmovilizado en la habitación de su hotel en San Sebastián, filmando incesantemente la calle desde el balcón con su cámara de 16mm, fue el paradigma del fin del cine. No dejaba de ser lógico que quien había encarnado su esencia, "El cine es Nicholas Ray", dijo una vez Jean-Luc Godard, fuese el más desvalido ante su desaparición.
Desprovisto de otros recursos, se ofreció a si mismo en espectáculo durante los últimos diecisiete años de su vida, no carente de proyectos, de la vida. Pero sólo consiguió exponer su deterioro personal en un episodio (The Janitor) de una película pornográfica rodada en Holanda; Wet Dreams. Autorretratarse como el viejo director de cine que, despreciado por sus alumnos, acaba suicidándose en We Can't 60 Home Again. En este filme dice en una réplica: "No tengáis grandes expectativas". La imagen que nos dejó en El amigo americano (1977), de Wim Wenders en donde interpreta a un artista al que el mundo creía muerto. En la película rendía homenaje a su figura en un inolvidable plano final, en el que daba la espalda a la cámara y se alejaba hasta perderse en la distancia. Finalmente Ray muestra el espectáculo de su propia muerte verdadera en una película codirigida y remontada de nuevo por Wenders, Relámpago sobre el agua (1980).
Resulta cruel y revelador de la ya duradera imposibilidad de la creación artística en el marco del cine industrial, que uno de los cineastas americanos con mayor creación de autor de su generación haya arrastrado hasta la muerte su última película inacabada y de título premonitorio: Nunca volvemos a casa.
Amigo mío, la vida no admite retornos.

12 comentarios:
Gracias por este interesante homenaje, Francisco.
"Ray fue un gran romántico a pesar de todo su pesimismo." Creo que muchos pesimistas han sido y son idealistas que no resisten bien la cruda realidad. El hombre o mujer muy pragmático no pretende modificar la realidad que le rodea en base a sus ideales, sino desenvolverse bien en ella... por eso no suele desanimarse casi nunca.
Un fuerte abrazo.
Querido Francisco:
Gracias por tus sentidas palabras. En realidad Juan y yo lo comentamos, y por distintas razones, llegamos a la misma conclusión. En mi caso, ahora necesito más tiempo para otros menesteres, que tienen mayor prioridad, y he preferido no tratar de abarcar demasiado.
Seguiré visitándote.
Un abrazo muy cordial.
Carlos.
“Nací cuando ella me besó… Morí cuando me abandonó… Viví unas semanas mientras me amó…”
Esta es la primera frase que escribí cuando Ethan me invitó a formar parte del blog. Aunque sólo hubiera sido por esta película Ray ya tendría un lugar en mi corazón.
“Se que Ray fue un gran romántico a pesar de todo su pesimismo.” El romanticismo, el verdadero, no esos sucedáneos que evocan repollos con lazos, siempre ha estado unido a la tristeza, y ésta en la mayoría de ocasiones lleva al pesimismo, creer en la esencia en un mundo de apariencias no puede conducir a otra parte, por eso el alma de los románticos acaba siempre viviendo “En un lugar solitario”.
Me encantó esta entrada, tan esencia… Y me emocionó especialmente el recuerdo…
Un beso
Ayer mismo hablaba de esto del romanticismo, y la fórmula que me dio fue una parecida: pero parecida por su inversión. No quiero ser romántico, quiero acabar con él, porque no quiero ser pesimista.
gan abrazo, amigo
que profundo. solo le conocía como director, ahora tendré que ver esa que pusiste, el amigo americano.
Qué gran texto, Francisco. Un homenaje más que merecido a un director imprescindible. Su aparición en "El amigo americano", más aún con el personaje que interpreta, me emocionó tanto que el recuerdo de esa película me resulta indisoluble de su persona.
Excelente post.
Un fuerte abrazo.
Un tipo singular y controvertido, lo cual indica buenas cosas del mismo.
Jamás antes me había parado a pensar sobre él. Mis preocupaciones sobre la biografía (explicativa las más de las veces de la obra de alguien) siempre se han decantado por la de otros directores, lo cual no ha de ser indicativo de indiferencia, sino en todo caso, de prioridad.
No soy muy entendedor de la obra de Nicholas Ray, de hecho (y perdóname por el pecado) Rebelde sin causa no me parece una película “especialmente” reseñable, más allá de ese excepcional uso del Cinemascope. Su cine, en cuanto a mis gustos, se limita a la excepcional Johnny Guitar, de la cual me reconozco un ferviente admirador.
Interesado por tu entrada, busco, escudriño y leo que era un hombre más bien opaco, algo taciturno y ciertamente pesimista. También leo que vivió en España, y que hasta incluso regentó un bar en Madrid… Certifico así mismo -algo de lo que obviamente ya tenía conocimiento- que fue un icono para la Nouvelle Vague, y eso está bien, o mejor dicho, no seré yo quien diga que no lo está; y que también lo tiene por un primer referente, un director como Víctor Erice, y eso amigo mío, eso está mucho mejor.
La conclusión, es que tendré que volver a ver cine de este náufrago de la perseverancia.
El cine hasta sus últimas consecuencias: filmar desde el lecho de muerte. Hace poco leía una entrevista a Manuel Oliveira, que sigue dirigiendo a los cien años: y sin darse importancia, como decía un amigo mío.
Saludos.
Debemos agradecerle a él y a unos cuantos directores más, su gran aportación al lenguaje de los sentimientos, al mostrarnos lo que no nos enseñaban, un tanto hiperbólico quizá, pero no por ello alejado de nuestras emociones. Por traducirnos y retratarnos en tantas situaciones.
Amigo mío, en el cine, la vida sí admite retornos:
http://www.youtube.com/watch?v=1JPragZeLGU
;)
B e s o s
Es cierto, no hay marcha atrás. Hay que seguir con los errores o sin ellos. Hablas de un cineasta que apenas recuerdo, y no sitúo, pero lo que comentas es casi aplicable a cualquier cine de autor, muy de autor, no el de la última hornada de Sundance.
con respecto a la película de Medes te diré que tanscurre la historia como cuentas, aunque ya imagino que no contiene la fuerza de la obra literararia como es habitual. Sin embargo si que muestra esa desilusión del mundo gris al que estaban abocados en aquella época, especialmente las mujeres. Te la recomiendo no obstante. Pero también tienes la crítica más negativa de mi compañero Luis, para comparar. Un besote.
Recuerdo de Nicholas Ray tres películas muy diferentes: Rey de reyes que vi cuando era niño, Rebelde sin causa, y Johny Guitar que vi cuando estuve enamorado de una mujer que me decía. "Dime que me quieres aunque sea mentira" como decía Joan Crawford en el filme. Sobresaliente director de no muy extensa filmografía. Un saludo muy cordial.
No volvemos porque nunca salimos de ella, va contigo a todas partes.
Besotes! Gracias, tú siempre "arrastrando" el lado semi-destructivo del ser.
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