martes 3 de febrero de 2009

CORRE, CONEJO

A la memoria de John Updike


Hacia los años sesenta John Updike ideó una saga extraordinaria creando a uno de los personajes dominantes de la ficción norteamericana de posguerra, Harry "Conejo" Angstrong, una estrella del baloncesto en la escuela, famoso en su ciudad natal, Brewe, en Pensilvania. Al acercarse a los treinta, vive en un pequeño apartamento en una de las zonas más pobres de la ciudad con su esposa embarazada, Janice, y su hijo Nelson. Tiene un empleo sin futuro vendiendo mondadores de puerta. Alienado y aislado, desesperado por escapar, se marcha una noche con el coche sin decírselo a nadie. Pero pronto pierde el valor y regresa a Brewe. Su antiguo entrenador de baloncesto, uno de los pocos que no ha olvidado los días de gloria de Harry, le presenta a una chica llamada Ruth, con la que inicia una aventura. Updike narra la historia en presente; esta técnica se ha vuelto habitual desde entonces, pero en aquella época era muy innovadora, y el uso que hace de ella ha sido raramente mejorado. La novela también está escrita en tercera persona aunque el grueso de la narrativa tiene lugar dentro de la cabeza de Harry, no es la voz de este la que oímos, o no exactamente. En una prosa sensual, elegante e hiperarticulada, Updike representa la conciencia de Harry en el lenguaje que el mismo utilizaría si su cabeza pudiera moverse con la misma gracia que su cuerpo antes en la cancha.
Harry no es tanto un hombre corriente como un don nadie y no precisamente uno muy admirable; su comportamiento impulsivo e irreflexivo tiene consecuencias abrumadoras. No obstante nuestra simpatía está asegurada por la calidad de la precisa atención que Updike aporta al describir los vericuetos del personaje de Harry. Su saga: Corre, Conejo (1961), El regreso de Conejo (1971), Conejo rico (1981) y Conejo en paz (1990), presenta un retrato detallado y extraordinario de un americano corriente en la segunda mitad del siglo XX.

El regreso de Conejo, se desarrolla en 1969, diez años después del final de Corre, Conejo. Seguimos en la pequeña ciudad de Brewe. Este hombre corriente, ya en la treintena, vive con la incómoda sensación de que se halla al borde de la madurez. Con el telón de fondo surrealista del alunizaje del Apolo II, El regreso de Conejo describe, a través de la vida caótica de su protagonista, los cambios positivos y perjudiciales que se producen en una pequeña ciudad americana a causa del choque de valores y jerarquías tradicionales con la irresistible eclosión contracultural de la década de los sesenta. Cuando su matrimonio más bien conformista empieza a desmoronarse, Conejo se ve obligado a reconocer el movimiento mucho más amplio que está afectando a la vida de quienes le rodean, lo cual lo enfrenta con los valores en los que fue educado, que son la clase trabajadora del Medio Oeste. Sus convicciones sobre la vida empiezan a desmoronarse también, y ponen en peligro sus relaciones familiares y profesionales. Conejo alcanzará, sin embargo, un inesperado desarrollo espiritual que cambiará su vida. El regreso de Conejo no solo describe, sino que logra captar la atmósfera de la época, sumergiendo al lector en un mundo caracterizado por una sensualidad confusa y un auténtico caos político.

Conejo rico salta diez años y nos sitúa en 1979. Ubicada en la ciudad ficticia de Brewe y retoma la historia de Conejo, el cual, ya cuarentón, disfruta de una próspera carrera como vendedor de coches de segunda mano. Feliz con su esposa, enzarzado en relaciones difíciles a medida que su hijo se va haciendo mayor y se casa, Conejo ha encarnado el papel de "ciudadano sólido" que Sinclair Lewis satirizaba en Babbitt, el cual aporta un epígrafe al libro. Enmarcado en el telón de fondo de la crisis energética de finales de la década de 1970, la acción de la novela se ocupa de las ironías implicadas por el cambio de ocupación de Conejo, que de ser un linotipista de clase obrera pasa a trabajar de vendedor de coches usados. Vender Toyotas a conductores de clase media que acaban de tomar conciencia de la importancia del petróleo, ha deparado a Conejo su billete de entrada al mundo de clase media de clubes de campo y fiestas sociales. Su placer por acceder a las riquezas que implica el título se equilibra con el sensible retrato de la pérdida de empleos de clase obrera en Estados Unidos.
Conejo rico refleja los trastornos de la vida personal de Conejo contra el telón de fondo de un país que se hallaba en la cúspide de lo que serían las angustias de la década de los ochenta. La prosa lírica y las caracterizaciones meditadas por el gran Updike son tan potentes como nos tiene acostumbrados este gran narrador. A medida que Conejo envejece, el sensible retrato de las conexiones emocionales que apuntalan la vida cotidiana adquiere un nuevo patetismo. Los tiempos que nos ha tocado vivir hablan por sí solos. A todos se nos ha puesto la cara de conejo ante la caída de la sociedad del bienestar y la proliferación de las colas del desempleo y lejos ya de adquirir una nueva conciencia moral. El otro día intenté huir a medianoche con el coche sin decírselo a nadie, pero perdí el valor y regresé más desesperado a esta ciudad ficticia y me puse a jugar en una cancha abandonada del extrarradio iluminada por la luna al mismo tiempo que ladraba un perro a lo lejos.

11 comentarios:

39escalones dijo...

Excelente post. No he leído nada de Updike y ya va siendo hora.
Que corra, que corra.
Un abrazo.

Cris dijo...

Sembla que tots estem acondicionats per totes aquestes tendències universals i és molt difícil anar a contracorrent. El mèrit d'aquestes grans obres és la seva capacitat d'observació d'aquests grans processos que superen tota cronologia, que ens parlen de la condició humana més enllà de qualsevol context.

Un petó

Raúl dijo...

Un total desconocido para mí. Con su reciente fallecimiento, proliferan los post de homenaje hacia su persona y su obra; aunque ninguno más elaborado (perdona la lisonja) como éste que te leo a ti.
Como dice Alfredo, ya va siendo hora de que palie esta carencia.

Lucía dijo...

Hola Francisco, siempre he querido leer a este autor pero nunca he encontrado el momento, hay tanto que leer y tan poco tiempo... y va a ser precisamente ahora que ha fallecido cuando me decida a leerlo. Más vale tarde que nunca, ¿no?.
Cara de conejo se me puso a mí la semana pasada cuando despidieron a un compañero, pero como no tengo coche no pude escapar, y de remate a las once de la noche cuando acabé el turno no había ni trenes ni autobuses que coger.
Un abrazo.

Licantropunk dijo...

Otro que se me ha escapado... muerto.
Saludos.

Blanca dijo...

No he leído nada de esta saga de Conejo, aunque conocía mucho sobre ella. Es toda una vida y sociedad retratadas en varios libros. Me entristecen las pérdidas de grandes escritores. Es como si nos dejaran personas muy valiosas. De Updike leí el último que hizo, TErrorista, y me gustó mucho su prosa, y su narrativa. Me parece uno de los grandes americanos, a los que soy tan aficionada. Triste pérdida.

Raúl dijo...

Pues como ese león de piedra color verde esperanza al que aludes después de haberlo leído se supone que está en mi pueblo, estás invitado a buscarlo, cuando quieras.
Igualmente, disfruta del fin de semana.

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

Los tiempos que nos ha tocado vivir hablan por sí solos. A todos se nos ha puesto la cara de conejo ante la caída de la sociedad del bienestar.....Un gran comentario paco, conocía de oídas a Updike, pero después de leer tu comentario igual me compro algo, ya que los autores americanos contemporaneos me gustan mucho y los suelo comentar en el blog. lee algo se Steimbeck, el final de LAS UVAS DE LA IRA, es como si leyeses el evangelio, pero claro, el de los pobres.

Un gran saludo y gracias por tu comentario.

Vivian dijo...

Me pasa como algunos de los comentaristas anteriores, descubrí la existencia de este escritor a través de la noticia de su muerte, pero no había querido leer nada respecto a él con la esperanza de encontrar un artículo tuyo en este lugar donde el tiempo invertido siempre es tiempo ganado. Es curioso como eres capaz de transmitir información sobre escritores y películas de manera que consigues captar el interés de quién te lee.
Por cierto, al hilo de un comentario, no leí el libro, pero "Las uvas de la ira" de Ford es altamente recomendable.

Un beso

Francisco Ortiz dijo...

Magnífico homenaje: también yo cualquier noche salgo a comprar tabaco y no vuelvo. Quién sabe. Y muy acertado es que destaques el uso de ese presente narrativo, que tanto cautiva, y la ligazón estrecha de la narración con lo que hay en la mente del inolvidable -¿el mejor personaje del siglo XX? -Harry Conejo Armstrong.

Rosa Silverio dijo...

Me ha gustado mucho este homanaje tuyo a Updike. Es lo que más me ha gustado de todo lo que se ha escrito a raíz de su muerte.

Te confieso que tan sólo he leído un cuento que publicaron en un blog, pero he leído maravillas del escritor. Creo que ya es hora de que me acerque a su escritura.

Te dejo muchos saludos caribeños.