Pueden llamarme nostálgico o carca, como gusten, pero no me importa. Cuando quiero pasar miedo me voy a mi biblioteca; necrópolis en donde esperan mi regreso Frankenstein y Drácula, aunque es posible que ellos se asusten más de mi presencia que yo con la de ellos, cuando me miran desde sus tumbas polvorientas que son los libros clásicos que sirven para entender quiénes somos y a dónde hemos llegado. Abro sus tapas duras con un rechinar de ataúd viejo y mohoso desde el cementerio desolado de mi mundo contemporáneo. Sí, amo a esos monstruos y no a los de ahora surgidos a través de los gráficos informáticos tecleados por chavales con acné absorbiendo a través de una pajita las últimas e interminables gotas de una Coca-Cola.
Drácula (1897) de Bram Stoker es otra auténtica obra de terror, tan arraigada en la "realidad" del mundo en el que se desarrolla como en las fuerzas sobrenaturales que la invaden. La confusión entre estos dos puntos es doble en la narración, en las que los sistemas de comunicación más vanguardistas de la era fallan en la transmisión de un mal inmemorial. Un joven agente inmobiliario inglés (¡genial para estos tiempos de especulación!) llamado Jonathan Harper viaja a un remoto castillo de Transilvania para concluir una transacción sobre unas propiedades del conde Drácula, que siente despertar su insaciable apetito por la sangre. Mientras el conde pone rumbo a Inglaterra en busca de nuevas víctimas, el doctor Van Helsing (olvidémonos de la peli) pone en marcha un complejo plan para desbaratar los propósitos del vampiro. El relato avanza a través de una serie de informes de testigos, entradas de diarios y notas técnicas de doctores y científicos. Estos modos narrativos deberían representar un grado de "verdad" insoslayable, sin embargo a lo largo de toda la historia la figura de Drácula es una presencia que acecha sin estar presente, contraviniendo las leyes físicas. La fascinación y el horror de Drácula estriban en la idea de que incluso las tecnologías más avanzadas, desarrolladas en aras de una racionalidad y verdad últimas, no son capaces de erradicar las fuerzas de lo irracional independientemente del período histórico o del progreso en cuestión.Cuando leí la novela por primera vez me sentí aterrorizado, sobre todo durante sus primeras páginas; en cierto momento, mientras transcurre su primera noche en el castillo, Jonathan se asoma a la ventana y ve descender al conde por el muro altísimo del castillo cabeza abajo: nada me ha producido en cine tanto miedo como esa expresión "cabeza abajo", ni siquiera cuando vi a Gary Oldman cabeza abajo en una de las últimas versiones del mito. El "cabeza abajo" visto es una especie de acrobacia digital más o menos impresionante, mientras que leído destila una anormalidad maligna, una perturbación moral.
El sanguinario conde se ha convertido en un icono popular, la figura por excelencia de las películas de terror a lo largo del siglo XX. Los críticos han llevado a cabo profundos estudios psicoanalíticos y lecturas poscoloniales. Como resultado, en el siglo transcurrido desde su creación hasta nuestros días, el poder de la obra como novela de terror, por no hablar como obra revolucionaria, ha quedado desvirtuado, reducido prácticamente a la nada. No debería ser así, a pesar de la vasta y repetida estela que ya ha generado o, degenerado, como ustedes gusten.
Por cierto ¿qué me dicen de la obra de Poe y Lovecraft? Esta vez no puedo decir que ellos pertenecen a otra historia.
17 comentarios:
Debemos tener alguna conexión subterránea, amigo Francisco...
Fenomenales textos (y magníficas imágenes seleccionadas) para analizar dos clásicos desvirtuados por la simplona imaginería popular surgida del cine. Por razones obvias, la criatura de Mary Shelley (siempre me atrajo la idea del monstruo que termina siendo conocido por el nombre de su creador, Frankenstein) es uno de mis personajes de ficción favoritos, si no el que más, y desde luego para mí simboliza cosas que no tengo tiempo ni espacio de explicar pero que apuntas en tu texto. "Remando al viento", "Dioses y monstruos", magníficos acercamientos al personaje mucho más acertados que el terror por el terror que suele ser el fin del cine.
Un fuerte abrazo.
Me ha encantado, y espero con mucho interés lo que nos quieras contar sobre la novela gótica. Seguro que no me defraudarás.
Besos y un fuerte abrazo
Asocio ambas a los terrores de mi niñez: cerrar el libro y mirar debajo de la cama o examinar de reojo la puerta entreabierta del armario. La imaginación galopa desbocada a ciertas edades, algo maravilloso que, lamentablemente, se pierde con el tiempo. A Poe habrá que releerlo ahora que resurge... de la tumba.
Saludos.
Querido Francisco, acabo de ver "Breve encuentro". Me ha parecido magnífica. Celia Johnson borda el papel. La angustia, la desesperación, la tristeza, la culpabilidad... todo pasa por su rostro, la ves y es totalmente real.
Y cómo han cambiado los tiempos, ¿quién sacrificaría, hoy en día, un amor así por vergüenza o por salvaguardar la familia?
De hecho en "Enamorarse" (ahora estoy convencida de que es un remake de "Breve encuentro"), ninguno de los dos iba a hacer ese sacrificio.
He pasado una tarde de domingo estupenda. Gracias por la recomendación.
Un abrazo.
Francisco, me quedo con Drácula, Frankenstein no está mal, no te lo discuto, pero me produce más horror, terror y pavor Drácula. Y nadie mejor para interpretarlo en el cine que Klaus Kinski, en el Nosferatu de Herzog. Cuando vi esa película estuve días mirando debajo de la cama antes de acostarme. A su lado la versión de Coppola no da nada de miedo.
Tengo ganas de leer el post sobre novela gótica, tengo unas cuantas por casa pendientes de leer, a ver si tú me das el empujón final y me animo de una vez.
Un abrazo.
Hola, Francisco.
Magnífica entrada.
A mí me gustaron mucho los dos libros.
En cuanto a la obra de Shelley, pienso que en el libro es donde se percibe mejor la profundidad del personaje principal, Frankestein.
También me gustó mucho Drácula. Lo leí en las noches y luego tenía pesadillas. Los dos libros me produjeron auténtico miedo. :)
Estos queridos monstruos, que tanto jugo han dado al cine, provienen de dos magníficos libros que a mi parecer han sido subestimados y han sido arropados por el éxito de las películas, pero a mí el terror genuino me lo produjo la lectura ambas novelas.
Un abrazo.
¿Y ahora que escribo? Es lo primero que he pensado después de leer esta magnífica entrada. La realidad es que más que escribir a una le entran ganas de aplaudir, pero como no me escucharías recurro a las palabras que no pueden expresar ni de lejos mis sentimientos tras leerte. Leyéndote no sólo transmites tu pasión por estos "monstruos", sino que llevas al lector a desear releer las obras para sentir eso mismo. "Monstruos", así los llaman, cuando el ser humano es mucho más monstruoso en muchas ocasiones...
Coincido contigo en que el cine no le ha hecho justicia a las obras literarias que comentas, ni siquiera Coppola que lo intentó, pero no terminó de convencerme. Con la que sí estoy de acuerdo, aunque sólo toca el tema de refilón, es con “Remando al Viento”, una película cien por cien recomendable.
Deseando estoy leer tu entrada sobre la novela gótica y mi adorado Poe.
Un beso
Frankenstein, editorial "La Magrana", traducción de la 1ª edición de 1818 cuando Shelley contaba con 18 años, de Quim Monzó (la traducción más habitual es la de 1831, revisada y endulzada) fue mi primer libro en catalán. No puedo compararlo con Lovecraft... cuando uno es todo tristeza, el otro es puro terror (al menos esa es la primera sensación al recordarlos). Un dia de estos los vuelvo a releer.
B e s o s y mi admiración.
P.d. No es de Holiday si no de Little Esther (después renombrada Esther Philips) la música de la entrada, aunque tienen muchísimo parecido (debería haberlo indicado). Gracias, siempre.
Drácula siempre me ha fascinado, tanto en libro como en cine. Creo que es ese aire gótico que mencionas, en cambio la obra de Frankenstein no me atrae tanto. De Poe y Lovecraft leí de adolescente y me impresionaron mucho pero poco recuerdo, y sería cuestión de volver a agarrarlos por la solapa. Buenas recomendaciones fuera de este mundo actual, Tu siempre con un pie en otra dimensión, jejeje
Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas
¿Nostálgico? ¿Carca? Yo más bien te llamaría clásico y te diría que tienes buen gusto (aunque eso ya se sabía).
Frankenstein y Drácula son dos obras atemporales y geniales que siempre estarán en nuestros cerebros y ambos han llegado al corazón de millones de aficionados a pesar de ser "monstruos".
Ya que preguntas sobre Poe te diré que algunos de sus relatos fueron de los primeros que recuerdo que empezaron a aterrorizarme leyéndolos cuando era casi un adolescente...
Saludos Francisco!!
He leído Frankenstein, pero no Drácula, que tengo pendiente desde hace años. Me encantó la versión protagonizada por Gary Oldman, preciosa y terrorífica a la vez. A mí también me fascinan esos monstruos, y no me gustan nada los de las películas de terror modernas, salvo pocas excepciones. Prefiero a Poe que a Lovecraft, cuyos Mitos de Cthulu devoré en mi adolescencia pero sin llegar a superar la magia del primero. Gracias por este post tan melancólico.
Un abrazo
No he leído ninguna de las dos novelas, pero obviamente, no me son desconocidas ni sus respectivas trascendencias, ni tampoco sus personajes; verdadera representación de la iconografía más terrorífica.
Y tengo mis preferencias. Si fuera el caso de tener que decidirme por uno o por otro, el fallo vendría del lado de Frankenstein; personaje, a mi modo de ver, mucho más complejo y de repercusiones filosófico-morales, bastante más interesantes (y hablo del doctor, y hablo también del monstruo).
El monstruo de mister Frankeinstein, es una creación humana, un producto de ingeniria fabricado en un laboratorio; y a mí siempre me han llamado muchisimo la atención todas aquellas fisuras éticas o legales surgidas en los comportamiento de las personas, a raiz de sus propias acciones.
Esa frase final del monstruo, ese "soy malo porque soy desgraciado" que transcribes, le da una humanidad que espanta. Por un lado, nos puede convocar a la lástima por el personaje; por otro, entronca con una corriente criminalista que bebe del positivismo social de Ferri (aquél que catalogó a los criminales como nato, loco , habitual, ocasional o pasional) y que tanta importancia le daba al delincuente y a su entorno. El monstruo trata de justificarse.
En cuanto a Drácula, me ha interesado siempre bastante menos bucear en el personaje y sus razones; entre otras cosas, porque representando el MAL inhumano e incontrolable, me acojonaba mucho más.
vaya, Francisco te he hecho un comentario muy currado y me ha dado un fallo.
Que me ha gustado mucho, he leido con mucho gusto tu entrada y realmente en el tema del miedo tienes razón y te entiendo, tanto en la escena de la habitación cuando el doctor ve en el anoche a Frank... como cuando en Drácula lo ve bajar cabeza abajo, y es que realmente lo que nos asusta es siempre la diterencia, lo que no entiende la razón.
Cuidate, un saludo, que me reclaman
Muy buen texto. Muy buen análisis de los dos personajes y sus implicaciones morales y metafísicas.
Nunca fui seguidor de Frankestein: lo mostruoso me echaba para atrás.
Drácula es uno de los personajes que más me han admirado: incluso mi primera y fallida y perdida primera novela (absolutamente inédita) estaba protagonizada por un émulo del conde, más loco que otra cosa, al que vigilaba de cerca un detective privado español y enteramente realista y totalmente almeriense. Y no era nada friki. Ah, lo que le hace a uno recordar un texto inspirado como el tuyo... Un abrazo.
Bueno que podría decirte de la literatura gótica, no tengo ni idea. Pero es lo que yo escribo, y me encanta. Precisamente ayer volví a ver la película "Nosferatu".
Frankenstein (Mary Shelley), Drácula (Bram Stoker), El castillo de Otranto (Horace Walpole),En las montañas de la locura (Lovecraft), El caso del señor Valdemar(Edgar Allan Poe)...
Fantástica entrada, espero no perderme la que nos tienes prometida.
Besos
Ambos títulos fueron también importantes para mí. Recuerdo la sensación de pasar sus páginas, de noche, ya en la cama, con una pequeña luz. Y Poe, a quien leí más tarde. Y, por supuesto, Lovecraft, y todos sus acólitos de los mitos de Cthulhu: August Derleth, Belknap Long, Clark Ashton Smith, etc.
Pensándolo ahora, creo que el descubrimiento de Lovecraft fue quizá el que más impacto me produjo.
Un abrazo.
Fîjate, que yo le hubiese dado un toque final y la puntilla a tus amados monstruos con "FREAKS" de Tod Browning.
Beso y abrazo.
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