
No hay que dejar pasar esos momentos cuando uno se levanta con la sensibilidad a flor de piel. Sí, son esos momentos que junto al primer café y cigarrillo de la mañana nos vaticina un día de sensaciones que se congratularán con nuestro estado de ánimo, junto a un buen libro, un cuadro, un poema, etc. Sales hacia a la media tarde con un libro, pongamos por caso; La tarde de un escritor, de Peter Handke, un cuaderno y una pluma. Es entonces cuando nuestros sentidos captan el detalle infalible de la vida dejando atrás a ese otro ser de los otros momentos más aciagos, sin contenido y con ese sentimiento de la pobreza de nuestros contornos; de la otra mirada más huidiza, transfiguradora y claudicante; a esos desánimos, a esas tristezas, a esos aburrimientos, a esa desesperanza que solo nos permite ver un paisaje desolado e intransitable.Sí, todo queda atrás y, hoy de pronto, me es indiferente no ser moderno. Con la ayuda de Handke, la omnipotente fealdad del mundo moderno no se me vela por la costumbre, no surge brutalmente al menor instante de angustia.
"La tarde" en La tarde de un escritor es, por un lado, una categoría temporal definida. El escritor termina su jornada de trabajo en una casa saturada de luz mortecina y melancólica de una tarde de invierno. Pero, por otro lado, "La tarde" es también un ámbito espacial y sensual, relacionado con los movimientos del cuerpo por los lugares conocidos, cuando este se abandona a sus propios deseos y no a las pautas deliberadas del trabajo. "La tarde", en este sentido, es lo que sigue al trabajo, un período y una sensibilidad caracterizados por cierta libertad, pero también por una fatiga que transforma esa libertad en un estado semiconsciente, en un regreso precioso pero apenas soportable a un ser despojado de propósitos y motivaciones externas.
El escritor de Handke en La tarde de un escritor, es un hombre que vive, trabaja, come y pasea solo, pero este aislamiento físico apenas protege la privacidad que cultiva y que tanto valora. Seducido y al mismo tiempo repelido por el parloteo abstracto de palabras e imágenes en el que se hallan sumidas las calles de la ciudad, el escritor emprende un paseo, vacila, se zambulle y se pierde.
Aunque llamarse a sí mismo escritor le provoca cierta inseguridad, se trata de un hombre para el cual el arte es una actividad diaria y laboriosa, y un orgullo objetivo que todo lo abarca. Enfrentado a las profundidades de la soledad del escritor y a la riqueza consiguiente de sus relaciones con el lenguaje y la observación, el mundo "exterior" no puede, por su parte, sino palidecer ligeramente. Handke, en efecto, fomenta esa oposición al negarse a nombrar la ciudad por la que pasea el escritor; sus calles son anónimas, y la lengua o lenguas que se hablan en ellas no son identificadas. Una oposición no es un abismo infranqueable, sin embargo, la belleza de este libro consiste en hacer que el escritor y el lector se sientan hambrientos de las cosas de este mundo.
Termino de redactar este post en un parque dando gracias a este día que, como dijo Antonin Artaud: "...los días volverán para arrojar el polvo de un paisaje que la vida ya no puede soportar."
11 comentarios:
Extraordinario, Francisco. Si a la tarde le añadimos un día de la semana, digamos el domingo, el misterio, la fealdad del mundo, cobran nuevas dimensiones aún más sombrías, inquietantes o rutinarias.
Fuerte abrazo.
Querido Francisco:
Gracias por presentarnos a Peter Handke, a quien no conocía. Pero lo que más me ha gustado es lo que evocan tus palabras, esa sensibilidad y apertura que se siente muy especialmente algunos días:
"cuando nuestros sentidos captan el detalle infalible de la vida"
Besos y un fuerte abrazo
Eres para mí una fuente constante de descubrimientos, literarios entre ellos. No he leído el libro, pero tu texto invita a adentrarse con el escritor en esas tardes solitarias.
Siempre he pensado que hay una gran diferencia entre escribir libros, incluso de éxito, y ser escritor. Y algo que tienen en común todos los escritores que no ejercen de, sino que lo son, es esa soledad que les acompaña toda la vida, aún rodeados de gente, aún rodeados de afectos verdaderos.
Un beso
Excelente forma de acabar el día y de empezar el mío leyendo este post.
Un beso,
Marta
La espera del arrebato de inspiración: nunca me quedó claro aquel dicho de que el talento era un 90% de transpiración. La chispa surge. Bueno, en realidad hay que buscarla. La encontraste al escribir este magnífico artículo.
Saludos.
Querido Francisco,
Esta entrada tuya está cargada de poesía, se descubre en cada párrafo, es fascinante.
Peter Handke siempre me ha parecido un escritor difícil de leer, pero después de haberte leído haré el esfuerzo.
Un abrazo.
No he leído este texto de Handke, pero sí su Ensayo sobre el cansancio que me pareció sobresaliente. El escritor alemán tiene la virtud de iluminar ciertos aspectos de nuestra vida a los que nadie ha prestado suficiente atención: la tarde de un escritor, el cansancio, el jukebox, los serbios (ahí sufrió una campaña de descrédito fenomenal). Un interesante ensayo. Un cordial saludo.
Peter Handke, qué magnífica elección, Fran.
Me siento identificada con el texto, me siento bien leyéndote ahora. Existe una palabra en alemán: Einzelgänger, (el que camina solo), el que se distancia conscientemente,no es un solitario, no es alguien que está al margen, es una elección de vida, una forma de sentir y de mirar.
Muchos besos, buen finde
¿Hablamos de un estereotipo, cuando nos referimos al escritor del libro de Handke? ¿Serán así como dices que las describe, las tardes de todo escritor?
¿Y tus tardes de escritor, cómo son?.
Yo, que quisiera ser escritor, no sé si estaría dispuesto a convertir el placer de escribir, en una oscura rutina. Si tuviera que vivir de la escritura, me devorarían las palabras.
Que poesía desprendes hoy, Francisco. Me gusta Hanke, tengo alguna reseña de este escritor austriaco de un ensayo sobre el cansancio, y me encanta como divaga. Las tardes son algo meláncolicas siempre, tan diferentes de la mañana. Yo así las siento, raras, extrañas, como una burbuja en mi día.
Un placer tu lectura como siempre.
Sentirse hambriento de las cosas de este mundo tras la lectura de un libro no es nada fácil, cada vez menos diría yo, pues el arte último trate de ser autoconcluyente, grave error, me temo.
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