domingo 8 de marzo de 2009

VAGOS

"Un vago apoyado en un farol es un motivo de reflexión. El farol, la ciencia; la rigidez, la luz; el vago, la duda, la indecisión, la sombra."
Pío Baroja, El vago


Para Platón y Aristóteles, la inactividad total siempre fue la más noble forma de la energía. Para las personas de la más alta cultura, la contemplación siempre ha sido la única ocupación adecuada al ser humano. Se necesita mucho tiempo para llegar a ser un genio, permanecer mucho tiempo sentado sin hacer nada, sin hacer verdaderamente nada. Dijo Albert Einstein: "La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa." Hemos conquistado la realidad y perdido el sueño. Ya nadie se tiende bajo un árbol a contemplar el cielo a través de los dedos del pie, sino que todo el mundo trabaja. Vivimos en un mundo iracundo. El ser humano cuando está iracundo se distrae fácilmente. Y es que hemos perdido la facultad de contemplar las cosas. Hemos olvidado el arte de perder el tiempo inteligentemente. En todos los países desarrollados la holgazanería de la clase ociosa es considerada buena, mientras que la de los pobres es por lo general condenada. Recuerdo que en los tiempos de Marivaux, éste le dijo a un mendigo sano: "¿No puede usted trabajar?" Y el mendigo le respondió: "¡Ah, mi querido señor! Si supiera usted lo perezoso que soy, seguro que se apiadaría de mí." Esta sinceridad le gustó tanto al escritor que le dio una limosna. Hoy sería difícil encontrar una situación semejante. A principios del siglo XX, don Miguel de Unamuno solía dormir más de nueve horas diarias, pero ya tenía que excusarse diciendo que cuando estaba despierto, lo estaba más que los demás. A mediados del mismo siglo, Carmen Martín Gaite nos deja constancia en su Esperando el porvenir que su amigo el poeta gaditano Carlos Edmundo de Ory cuando trabajaba en Madrid, llegaba tarde al trabajo: "¿Cómo viene usted a las once, si aquí empezamos a las nueve?" "¿Y cómo quiere usted que llegue a las nueve, si yo me despierto a las diez?" Se lo debía de decir con tanta seriedad y convicción que lo dejaba sin palabras. Claro, eran otros tiempos. Hoy sería despedido en el acto.

En nuestro tiempo, la ociosidad se ha convertido en desocupación, lo cual es muy distinto: el desocupado está frustrado, busca constantemente el movimiento que le falta. Esta vida desfigurada, ¿tiene todavía realidad? Y esta hipertrófica realidad, ¿tiene vida aún? Hoy la humanidad carece de ocios no organizados, en buena parte porque nos han acostumbrado a medir el tiempo de modo utilitario, en términos de producción. Hoy todos estamos saturados de actividades que no sirven más que para huir de nosotros mismos. Existe totalitarismo cuando se llega, de deseo en deseo, a la movilización general y permanente del ser al servicio de la nada. Ya lo dijo Hermann Broch en Los inocentes: "¡Ay de la época de las convicciones huecas y los sacrificios vacíos!". Sí, hay que prestar atención para ver cómo llena la gente su vida vacía y su hastío hueco con el vacío aturdimiento interior completamente inútil. La vida se asemeja a una superficie que aparenta ser como debe ser, pero por dentro desfila la procesión. Las necesidades de la vida son siempre distintas de las del pensamiento. En la vida ocurre, casi siempre lo contrario de aquello que un espíritu cultivado esperaría, y, como consecuencia, el sentimiento se convierte apático y por eso es incomprensiblemente cruel. El mundo está dominado por la apatía del sentimiento.

Me llama la atención la vergüenza que nos da admitir que estamos en el paro, más que por falta de necesidad económica, por estar inactivos en un mundo enfebrecido de actividad. El paro es el no poder trabajar cuando se quiere trabajar. El ocio es haber trabajado y tener tiempo libre para lo que uno quiera. El tiempo libre del parado, es una tragedia, porque no es tiempo libre si no tiempo esclavizado por la sensación de inutilidad y fracaso. Pero el mercado no le interesa que tengamos tiempo libre. Y la libertad está dentro de uno mismo y es la relación entre lo que uno tiene y lo que quiere tener. Las clases superiores, por otro lado, históricamente ociosas, han llegado a la decadencia y el ridículo porque raramente supieron hacer del ocio una obra de arte, y porque el ocio es delito y crimen cuando el trabajo de los demás no es placentero. Librarse del trabajo es tan difícil como librarse del paro. El ocioso es el enemigo número uno. Dijo Blanchot: "El ser no es más que el movimiento del infinito que se suprime a sí mismo y nace sin cesar de su desesperación". A veces le viene a uno la idea de que todas las cosas que vivimos son partes desprendidas y destrozadas de un antiguo todo que un día fue mal restaurado.
Los inteligentes son perezosos, ociosos, contemplativos y dejan hacer a los demás, porque ellos saben que solo los tontos creen que pueden cambiar el mundo.
"No se cuantas cervezas he bebido esperando a que las cosas fueran mejor." Charles Bukowski.

16 comentarios:

Elena dijo...

Genial entrada, Francisco. Qué diferencia más grande la existente entre el tiempo improductivo de los parados y aquellos que lo tienen como un rato de ocio. La inactividad es un placer cuando se escoge de manera voluntaria, pero puede resultar insoportable cuando nos la imponen. Coincido contigo en que llevamos a cabo más actividades de las que deberíamos, pero no todas son una forma de escapar de nosotros mismos. Hay cientos de ocupaciones que nos completan, que nos hacen más sabios y más felices. Puede que la inactividad sea beneficiosa para el ser humano, pero no creo que sea nuestra condición natural.

Un saludo

Joselu dijo...

Creo que escribiré un post mañana tomando como base el tuyo. El que avisa no es traidor.

Pelo dijo...

Excelente post, Francisco. Felicidades.

Me hiciste el día.

Mita dijo...

:) Está estupendamente bien escrito,me ha encantado. El único reparo es saber si el ocioso se siente bien consigo mismo así, es lo único importante.

En realidad, el tema de fondo es la lentitud, se ha perdido el sosiego y la lentitud para vivir y disfrutar.
Besos

39escalones dijo...

Qué buen texto, Francisco, qué lúcido (y qué buenas citas las que utilizas para completarlo, especialmente la del madrugón...). Todo esto me recuerda la Ley de Vagos y Maleantes (asosiación nada inocente). Puede que la ley ya no exista, pero la moral social que hay detrás sigue vigente, tanto en esto como en otras leyes contemporáneas que por mero decoro ya no se aplican.
Un abrazo.

Elvira dijo...

Hola querido Francisco: siempre nos haces pensar. Esa frase de Hermann Broch "¡Ay de la época de las convicciones huecas y los sacrificios vacíos!" tiene mucha miga. Y sí, Unamuno estaba más despierto que los demás, desde luego.

Al leerte me ha venido a la memoria lo que escribía Antonio Machado sobre el homo faber. Te dejo un fragmento de su “Proyecto de un discurso de ingreso en la academia de la lengua” que me parece interesante:

“Lo primero, en el orden estético, es hacer las cosas bien.
Lo segundo no hacerlas.
Lo tercero y último, lo realmente abominable, es hacerlas mal.
Don Miguel de los Santos Álvarez no perdonaba al autor de un drama trágico malo en cinco actos. ¡Es tan fácil –decía él– no escribir un drama trágico en cinco actos!
Tan fácil como no hacer una tesis doctoral, un dsicurso académico, o un nuevo plan de enseñanza.
Pero el grito de una república de trabajadores será siempre: Homo faber, antes malehcor que holgazán.
Y en el pecado lleva la penitencia.”

Estoy de acuerdo contigo en que no podemos cambiar el mundo, pero sí creo que podemos incidir en la parcela que nos ha tocado, aunque eso represente un grano de arena nada más. Ya sabemos que muchos granos de arena hacen una playa. Un fuerte abrazo.

hombredebarro dijo...

Estupenda entrada y cita final, muy currada por cierto para hacer ver que la molicie y la vaguería son buenos refugios para vivir.
Un saludo.

Elvira dijo...

Corrijo las erratas: discurso, en vez de "dsicurso", y malhechor donde escribí "malehcor".

s a n d r a dijo...

Eppur si muove...

(en este caso, como rebelión a la inquisición de la inteligencia)

No son precisamente nuestros miedos y dudas las que nos llevan al movimiento "descerebrado"?

Polémico texto (de aquellos para rebatir-debatir durante horas y horas).

p.d. Me gustó especialmente la frase de las partes desprendidas de un antiguo todo..

P e t o n s

Cris dijo...

Aprendre a viure escoltant el nostre temps interior, deixar de fugir d'un mateix, viure intensament totes les emocions i sentiments. El temps només està dins nostre.

Quina contradicció que el mateix dit que acusa assenyalant la inactivitat del parat sigui el mateix que posa tots els impediments possibles perquè entri en la frenètica activitat del món laboral.

Si som conscients d'això podem alliberar-nos del sentiment de culpabilitat, de la que tu comentes com a sensació de inutilitat i fracàs.

Les teves reflexions ens ensenyen a viure millor perquè ens fan conscients, ens desperten. Gràcies!
Un petó!

Vivian dijo...

No sé si te habrá pasado alguna vez, leer a alguien y tener la sensación que lees tus propios pensamientos. Claro que expresados de esa manera en la que tú eres capaz de plasmar pensamientos complejos en palabras, donde nunca sobra ni falta nada, y que invitan a releer y reflexionar. Eso me ha pasado esta vez. Mientras te leía no podía dejar de pensar que es justamente lo que yo pienso de este tema.
Me agobia profundamente esa necesidad impuesta por la sociedad actual de tener que estar siempre haciendo algo, primero está el trabajo y luego esa necesidad invade tu tiempo libre, y la gente se empeña en llenar ese tiempo libre de cosas que hacer que acaban cansándote más que el propio trabajo. Aunque sólo sea para poder descansar del tiempo ocupado en obligaciones, reivindico mi derecho a no hacer nada ( en realidad esa nada suele ser pensar, pero el resto del mundo suele clasificarlo en el apartado holgazanear )
Magnífico texto, brillante.

Un beso

Lucía dijo...

Querido Francisco,
Te aseguro que no me importaría estar al paro si en el banco tuviese montones de miles de euros y así poder dedicarme a la vida contemplativa.
Todos los días dispongo de mi tiempo para leer o escuchar un disco. Los días que estoy libre la cosa da para un poco más, incluso puedo sentarme a pensar, divagar, soñar... a veces me siento culpable, pienso "vaya perdida de tiempo, no he hecho nada", otras veces no le doy importancia, me siento bien. El tiempo se ha convertido en un lujo y es un lujo que debemos aprender a cultivar.
Un beso.

Licantropunk dijo...

Vagueemos, con todas nuestras fuerzas.
Saludos.

Raúl dijo...

"Somos únicamente energía".
Partiendo de esta máxima científica, parece que la sociedad actual pretende prostituir el axioma, pervirtiéndolo en aquel otro que dice; "somos (o debiéramos ser) únicamente movimiento".

Yo no he leído a Goncharov, con lo que admito que, como quizá otros tantos de tus lectores, descubrí el término oblomovismo, gracias a Cortázar. Esta confesión me viene al pelo, porque consciente de que tu entrada es la antítesis del pensamiento que el personaje ruso propugna; indolencia frente a actividad, degeneración frente a plenitud personal; es posible que alguien se confunda. No. Lo que creo que tu entrada defiende, más allá de la queja ante la perversión que supone condenar con la vítola de "ocioso" (desde lo peyorativo) al que no tiene más remedio que estar inactivo, es el placer y la riqueza que ofrencen los tiempos muertos. Y yo a eso, ocupado o no ocupado que éste, me apunto.

Una lección más de las tuyas, Francisco.

Blanca dijo...

Pues una cerveza a tu salud, y a esperar que todo vaya mejor. O un vinillo, bueno a ser posible. Me encantan tus textos filosóficos, que debaten cosas de las que ya no se habla, como no sea de política y de sucesos. Yo me siento atraída por esa vida que se vivía en el siglo XVIII, y XIX, tan despacio, tan bien descrita por Jane Austen. Esa en la que los pudientes estaban todo el día recibiendo amistades o visitando conocidos. Donde la conversación era un arte. Hoy estamos histéricos cuando nos paramos, no somos capaces de pensar en la nada. Peor aún, no somos capaces de hacer algo que no sea productivo, tal es el mecanicismo impuesto por la revolución industrial y productiva. Yo reivindico la lentitud, en todo. Bajénse un momento de este tren de alta velocidad.

Isabel Machuca dijo...

EXCELENTE!
Ahora sólo me queda vaguear todo lo que pueda. Yo soy una parada mas y me siento privilegiada por ello. Muchos besos.