domingo, 5 de abril de 2009

LA UNIVERSALIDAD DEL MAL


Tengo el hábito, desde hace muchos años, de coleccionar críticas estúpidas de las películas que yo considero obras maestras, como por ejemplo esta extraída de la revista Sight and Sound y que corre a cargo del crítico Peter John Dyes tras el estreno de Psicosis (1960). Lean: "A pesar de la falsa intimidad de la escena de amor inicial y del absurdo manifiesto de su trama, Psicosis logra un mayor equilibrio entre contenido y estilo que cualquiera de las películas de Hitchcock de los últimos años. Se trata por supuesto, de una obra muy menor." En un párrafo posterior de la misma, Dyer afirmaba que "Hitchcock no es un director serio (salvo en sus peores películas)", y que Psicosis partía de "una premisa básica inaceptable". Dicho en otras palabras, para Dyer, Psicosis era un cuento cínico y de mal gusto. Esta visión parece extraordinariamente descaminada hoy en día, pero revela a la perfección cuáles eran las prioridades críticas en 1960, cuando una película podía alabarse por su perfección técnica (aunque con cierto complejo de culpabilidad), al tiempo que se la rechazaba por razones morales. Los directores serios no debían juguetear con materiales tan deleznables como el terror. El hecho de que Psicosis sea una película tan compleja e innovadora como La aventura (1960), de Antonioni, o El año pasado en Marienbad (1961), de Resnais, dos obras del mismo período claramente hichcockianas, ni tan siquiera se les pasaba por la cabeza a la mayoría de los críticos de la época, para quienes el cine de terror (al igual que el western y el melodrama) representaba la modalidad más flagrante de comercialismo. El fotógrafo del pánico (1960), de Michael Powell (que comentaré en breve), hermana de sangre de Psicosis, fue recibida en su momento con idéntico desdén por la crítica.

Afortunadamente a lo largo de la década de los 60 fue cambiando la situación dentro de la crítica, librándose numerosas batallas acerca de la obra de Hitchcock en general y de Psicosis en particular, pues su enorme éxito de taquilla la había convertido en un verdadero fenómeno sociológico. Hoy en día, todo el mundo reconoce la importancia de esta película, que ha influido en una amplia gama de realizadores. Psicosis ha contribuido asimismo a que los espectadores sean también más conscientes de los mecanismos y las estrategias empleados en esta clase de cine. Psicosis constituye un raro fenómeno dentro del cine de terror, pues las visiones repetidas no disminuyen su impacto. De hecho, los personajes se vuelven cada vez más familiares con cada nueva visión, de manera que, en lugar de disminuir, la inquietud y aprensión del espectador crecen. El propio Hitchcock ha señalado que este fenómeno es una respuesta al cine puro, en el sentido de que cine puro implica mucho más que simple oficio. Psicosis es, quizá, la película más detallada y rigurosamente construida de toda la obra de Hitchcock. Su fascinación y capacidad de envolver (por no decir esclavizar) al espectador se derivan de que no se trata de una película de misterio, de "quien lo ha hecho", género que jamás ha interesado a su autor, ni tampoco de un thriller convencional (carece de héroe), sino de un ensayo sobre la universalidad del mal, en el que el público desempeña el papel más significativo. Provoca (y al mismo tiempo critica) el voyeurismo de los espectadores, al tiempo que disecciona los propios mecanismos del cine. Psicosis fue rodada en ocho milímetros para darle una especie de aire de película porno.

La esquizofrenia de Norman Bates (magistral Anthony Perkins) se convierte en la del propio público, al que anteriormente se le ha hecho sentirse identificado con la acción delictiva de Marion Crane (Janet Leigh), y su purificador asesinato. En el primer momento, el espectador sufre y siente con Marion, compartiendo su pánico cuando se encuentra con el policía de tráfico, y comprendiendo su irracional comportamiento en la gasolinera. Cuando adopta la decisión de devolver el dinero robado, la ducha sirve para lavar su culpabilidad y la de todos quienes la contemplan. Entonces se produce su sorpresivo asesinato, y el interés del público pasa a Norman Bates, culminando en el momento en el que el coche de Marion parece negarse a hundirse en el pantano. El suspiro de alivio y la sonrisa que ilumina la cara de Norman cuando el coche finalmente desaparece vuelven a implicar al espectador de su condición demoníaca. Más adelante, Arbogast (Martin Balsam) el detective y Sam (John Gavin) y Lilia (Vera Miles), se convierten en el centro del interés y la simpatía del público. El escenario de la película es igualmente esquizoide: una casa vieja, de estilo neogótico y un moderno e impersonal motel, es decir, que Hitchcock inaugura para siempre el motel como el gótico de la vida rural americana.
Si tuviera que desdeñar algo de Psicosis sería ese horrible final con voz en off.


11 comentarios:

Miguel Sanfeliu dijo...

Curiosa afición la de coleccionar críticas estúpidas. Debe ser divertidísimo. Hitchcock es uno de mis directores favoritos, me gustan practicamente todas sus películas (y pongo "practicamente" tan sólo por precaución, pues no recuerdo ahora ningún título suyo que me disguste). "Psicosis" es, desde luego, un referente del cine de terror, una obra innovadora que, como dices, ha influido de forma decisiva en numerosos realizadores.
Un placer leerte, como siempre.

Licantropunk dijo...

Hitchcock jugaba a dios con sus personajes. Marion, esa ladrona, esa enamorada. ¿Qué pensamientos recorren la mente del autor cuando concibe esa historia.
Lecciones de cine.
Excelente artículo. Nunca dejan de sorprendernos tus enormes conocimientos de cine.
Saludos.

Elvira dijo...

Es una película que corta el aliento. El personaje de Norman Bates es quizás el más inquietante que he visto en una película de terror, Anthony Perkins lo hace tan bien que más de una vez dudé de su propia salud mental (no se puede ser más convincente).

Gracias por tu gran reseña. Un fuerte abrazo, querido Francisco.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Espeluznante y a la vez conmovedor, por eso me sorprende Alfred.
Te felicito por el blog.
Un saludo

39escalones dijo...

Magistral texto, amigo Francisco. Hitchcock juguetea con nosotros y nuestros prejuicios morales y nos arroja a la cara nuestra hipocresía. Película osada, valiente, barata (ochocientos mil dólares y el equipo de su serie de T.V. para recaudar más de quince millones en los cines americanos), que no sólo muestra el asesinato de la estrella demasiado pronto para cambiar totalmente de aire sino que, por vez, primera, permite dar rienda suelta a Hitch a mostrar algunas de sus más íntimas perversiones convirtiéndonos en cómplices (entre ellas lograr filmar, por fin, una taza de W.C.).
Fenomenal texto, amigo.
Un gran abrazo.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Yo creo que no hay nada que desechar de PSYCO, ni siquiera la voz en off del final que apuntas.

El papel de Bates es colosal. Por cierto, Hitch tuvo mucho valor para "matar" a la protagonista casi al comienzo del filme. Al principio él tenía miedo y no quería que nadie desvelara que la estrella moría tan pronto porque nadie querría ver la película.

Por suerte se equivocó. Un gran clásico que pasó a la historia del cine y con razón.

Saludos, gran post Francisco. Muy bueno que ahora hables tanto del genio Hitchcock.

Raúl dijo...

Cuenta Stephen Haubner, articulista colaborador de la genial obra "Cine de los 50'" de la editorial especializada en recopilaciones faraónicas Taschen, que "Psicosis" es: "... sin lugar a duda, la película más osada de Hitchckoc, y no únicamente por el primer plano de un sanitario, que en los años cincuenta se consideró sumamente escandaloso...".

Lo cierto es que Hitchcokc parece que se divierta destrozando las expectativas del espectador, canonizadas por la costumbre. Así, por ejemplo, no duda en matar a su protagonista en el primer tercio de la película, o en someter a la trama a un segundo plano, por culpa de la fuerza de las imágenes.

Como bien dices, y coincide tu opinión con la de algunos otros expertos, "Psicosis" conecta tan bien con el espectador, porque conecta directamente con nuestros temores. Así, a lo largo de la cinta, nos introducimos en la historia y tememos cometer un crimen impulsivamente, o tememos que nos atrape la policía, o tememos ser víctima de un maníaco que regenta un motel semi-perdido, o, por supuesto, tememos decepcionar a nuestra madre.

Vuelve a decir S.H. en su artículo, que el discurso final en boca de Norman/madre, parece el manifiesto del propio artista, al decir aquello de "...Seguro que me están vigilando. Mejor. Mejor...". Pura vanidad y autodesafio de un gneio.

Pd.- El día que te lea una entrada mediocre, prometo decírtelo, por aquello de la envidia.

Vivian dijo...

Justo este viernes (bueno, en realidad ya era sábado) la programó Garci en su “Cine en blanco y negro” y la volví a ver, creo que hubieras sido un contertulio genial en la tertulia de después de la película, muchos de los temas que aquí comentas salieron en la conversación.
Hay una cuestión sobre esta película que has destacado y sobre la que me gustaría hacer hincapié, el hecho de que es una película que gana en cada visionado, en lugar de perder. La primera vez, te sorprende el giro que toma, de película de ladrones y policías a película de asesinos en serie, pero en los siguientes visionados te vas dando cuenta de detalles que te habían pasado desapercibidos, como la presencia de pájaros muertos, disecados, en cuadros… O la conversación que Perkins tiene con la protagonista de la ducha más famosa de la historia, justo antes de que acabe fiambre.
Y, siguiendo con nuestras coincidencias, la ducha y el fotograma de Perkins, que hayas elegido justo esos dos fotogramas…
Me encantó esta entrada, creo que voy a volver a leerla.

Un beso

P.D: Aprovecho para destacar tu respuesta en el blog de Raúl, no sólo por la brillante manera de exponer tus ideas sino porque no podría estar más de acuerdo con ellas.

Blanca dijo...

Si, con las voces en off hay que tener mucho cuidado, son lo más peligroso en una cinta. En un ensayo de cine que estoy leyendo, su autor Stanley Cavell hablando de la evanescencia natural del cine que es extraño ver una película una sola vez y criticados a partir de esa sola visión. A veces una película evoluciona, y se va transformando en un fenómeno. Como ocurrió con Psicosis, que abrió muchas puertas, a lo gótico, a la esquizofrenia de las dos personalidades, tan empleada luego. A la rubia asesinada, en fin a tantas cosas, que tu las explicas muy bien. Yo creo que ni Hitchcock se esperaba esa fama de la cinta.

Elena dijo...

Me encanta Hitchcock, es uno de los pocos directores de cine clásico del que he visto casi todas sus películas. Psicosis es una de las más inquietantes, y a pesar del tiempo no pierde su capacidad de atrapar al espectador. Siempre me ha fascinado el escenario en que se desarrolla la historia, esa casa fantasmagórica que ya de por sí inspira terror. Recuerdo que en Eurodisney una de las atracciones está inspirada en esa mansión, y me sorprendió gratamente el que así fuera.

Curiosa afición la tuya. Yo hubo una época cuando era niña en que coleccionaba los carteles (a tamaño reducido) de las películas, que recortaba de las revistas de programación. Recuerdo que tenía una caja llena. Con el tiempo lo dejé, y supongo que tiraría aquellos recortes. Hoy se puede encontrar todo en Internet.

Un placer leerte, como siempre. Un saludo

hombredebarro dijo...

Excelente texto y excelentes comentarios a tu texto. Psicosis es un prodigio narrativo.