
Fueron precisamente sus libros lo que iluminaron como una supernova mis años adolescentes. Gracias a ellos me aficioné a la astronomía y adquirí mi primer telescopio con montura ecuatorial para observar el universo. Recuerdo, que por aquel entonces, mis amigos me reprochaban que era una mera excusa para poder observar a las vecinas de enfrente.
Asimov me deslumbró, tanto por su faceta de novelista como de divulgador científico. Hace años que no he vuelto a coger un libro de él y el motivo de este post es un sentido homenaje hacia un autor que me dio más de lo que yo pude imaginar. También aprovecho para decirles a mis amigos de adolescencia que llegué a ampliar (incluso con contaminación lumínica) y con la ayuda de un planisferio, el reducido y triste cielo de mi barrio y, que también observé alguna que otra vecina cuando una nube de smog imposibilitaba la observación de otros cuerpos celestes.
Yo, robot es uno de los grandes clásicos de la ciencia-ficción y también uno de mis libros favoritos del autor. Se presenta, ostensiblemente, como una colección de narraciones cortas, pero el hecho de que estén todas unidas y de que exploren los temas gemelos de la robótica y la filosofía autorizada la inclusión del libro es una lista de grandes novelas. En Yo, robot acuñó Asimov el término "robótica", y fijó los principios del comportamiento del robot que hoy conocemos como Las Tres Leyes de la Robótica, que a partir de él han seguido todos los autores de la ciencia-ficción. Esas tres leyes dicen: 1) Un robot no puede causar daño a un ser humano o dejar, con su inacción, que un ser humano lo sufra; 2) Un robot debe obedecer las leyes que le dan los seres humanos, salvo aquellas que entren en contradicción con la primera ley; 3) Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando esa protección no esté en contradicción con la primera o segunda leyes.
Las narraciones están conectadas por la robopsicóloga doctora Susan Calvin, que trabaja para le empresa que fabrica robots inteligentes y por sus charlas con un periodista que está escribiendo un perfil de su carrera. La doctora Calvin reflexiona sobre la evolución del robot, y comenta cuán poco sabe la humanidad acerca de la inteligencia artificial que ha creado. Cada historia ilumina un problema encontrado cuando un robot interpreta las tres leyes fundamentales y algo sale mal. Aunque Yo, robot se publicó en 1950 e incluye narraciones de la década de los cuarenta, cuando la informática aún se hallaba en estado embrionario, la visión de Asimov acerca del futuro del software sorprende por su precisión y penetración. La narrativa de Asimov no es, ciertamente, de primera fila, y a sus personajes les falta caracterización, pero el estilo científico, la mezcla de realidad y ficción, y sus sorprendentes intuiciones del mundo de la robótica, que es tan deudor de él, hace de esta una de las obras más importantes del género.
En los últimos años la vida artificial ha sustituido a la inteligencia artificial. Pero los ordenadores se averían, fallan, se bloquean, cogen virus. Los años ochenta fueron una década para los profesores de literatura que opinaban que los ordenadores nunca se equiparía a la inteligencia humana. Es el eterno debate de nuestro tiempo. En inteligencia artificial existe la vieja duda de si un programa puede llegar a tener conciencia de sí mismo. La mayoría de los programadores afirmarán que es imposible. Algunos lo han intentado y han fracasado. Pero existe una versión más fundamental de esa duda, una duda filosófica respecto a si una máquina puede comprender su propio funcionamiento. Algunos afirman que también eso es imposible. La máquina no puede conocerse por la misma razón que los dientes no pueden morderse a sí mismos. Y desde luego parece imposible: el cerebro humano es la estructura más compleja del universo conocido, y aun así, el cerebro todavía sabe muy poco acerca de sí mismo. Respecto a los fallos de los programas, siempre he pensado que algo parecido debe suceder cuando las personas dirigen hacia sí mismas su aparato de percepción psicológica. El cerebro se bloquea. El proceso de pensamiento sigue y sigue, pero no va a ninguna parte. Debe de ser algo así, porque nos consta que la gente es capaz de pensar en sí misma indefinidamente. Algunos apenas piensan en nada más. Sin embargo da la impresión de que la gente nunca camb
ia como resultado de una intensiva introspección. Nunca se comprende mejor. Es muy poco habitual encontrar un auténtico conocimiento de uno mismo. Casi se diría que uno necesita a otra persona para que le diga quién es o le sostenga el espejo. Lo cual, si uno se para a pensarlo, resulta muy extraño. Cuando un ser humano se le oscurece el pensamiento se vuelve paradójico. Es una lástima que no tenga a mi lado a la bella Susan Calvin.
ia como resultado de una intensiva introspección. Nunca se comprende mejor. Es muy poco habitual encontrar un auténtico conocimiento de uno mismo. Casi se diría que uno necesita a otra persona para que le diga quién es o le sostenga el espejo. Lo cual, si uno se para a pensarlo, resulta muy extraño. Cuando un ser humano se le oscurece el pensamiento se vuelve paradójico. Es una lástima que no tenga a mi lado a la bella Susan Calvin.
7 comentarios:
Un visionario, tal como lo fue Verne en su día, Asimov lo es para nosotros y para nuestro futuro. Y cuánto ha bebido el cine de su imaginación. La ciencia ficción en la pantalla no sería la misma.
Gran artículo.
Fuerte abrazo.
Això vol dir que som el que transmeten als altres? Seguim essent nosaltres tot i que els altres tinguin una altra imatge? Com que tot és subjectiu, mai sabrem del tot qui som,ni per la perspectiva d'un altre ni per nosaltres mateixos. I aquest misteri m'agrada perquè a més a més estem en constant evolució. Necessitem dels altres per definir-nos socialment? Podem canviar les actituds com a resultat de les vivències, per l'experiència amb altres persones, però mai la nostra enigmàtica identitat. Jo no sé qui sóc. I tu? Jo sí...
¡Me ha gustado mucho tu homenaje a Asimov! Aunque no he leído nada de él, lo confieso.
Respecto a la introspección (no el excesivo narcisismo), yo sí creo que es útil. Combinada con la interacción con otras personas "que te sostienen el espejo". Para mí el autoconocimiento no es sólo quedarse concentradísimo en uno mismo, sino también observarse en relación con los otros. Y ver qué otros nos enriquecen o todo lo contrario. Eso también es autoconocimiento, ¿no crees, querido Francisco?
Un fuerte abrazo
Muy profundas y sensatas tus meditaciones: ¿cómo se puede vivir toda la p... vida siendo uno siempre, sin cambiar, ensimismado, sin autocrítica, añadiría yo?: Asimov y la filosofía y la historia tan útiles que se desprenden de sus mejores narraciones sólo han dejado de estar en primera línea porque el pensamiento crítico anda errante, enfermo, abandonado como un trasto viejo. Gracias a unos pocos, la llama no se apaga. Tú, uno de ellos.
He leido casi todas las obras de Asimov, hace bastante tiempo eso si. A mi siempre se me viene a la cabeza, no se porque, "El fin de la eternidad", viajes en el tiempo y la paradoja de encontrarse con uno mismo en el pasado o en el futuro. Cuestiones tan complicadas y sencillas a la vez.
Recuerdo también, aunque no recuerdo el título, una novela no de ciencia (ficción), era de misterio, policiaca que se desarrollaba en una convención de libreros, me ha picado la curiosidad y me voy a buscar el título por internet.
Saludos, se esta bien en tu cas.
Es curioso, en teoría, y atendiendo a estereotipos, debería ser yo la que hubiera leído a Asimov en la adolescencia, sin embargo, andaba yo por esa época devorando vorazmente los libros de Agatha Christie.
Como te comenté en una ocasión, nunca me ha interesado mucho la ciencia-ficción, con el que sí podrías mantener una charla interesante al respecto sería con mi hermano, que ha leído todos sus libros.
En realidad, si te paras a pensarlo, nosotros no somos más que máquinas, controladas por un superordenador que es el cerebro, es él quien determina nuestros actos, quien asocia sentimientos a acontecimientos y les dota de características, no es lo que nos pasa, sino como percibimos y sentimos lo que nos pasa, y sobre eso, no tenemos ningún control, y la mayoría del tiempo ni siquiera conciencia de ello.
Un beso
Yo creo que tus amigos tenían razón, sería para espiar alguna vecina, como James Steward en Vertigo.
Sobre este autor se adaptó la película Yo robot, creo. No he leído nada de él, pero lo tengo en cuenta.
Abrazos, que siempre llego la última.
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