"El patriotismo es la virtud de los depravados." Oscar Wilde
El camino de la historia a desembocado en una sucesión de masacres que no parece tener fin, y cada idea, cada principio, tiende a transformarse en una mitología irracional. El siglo XX se malgastó criminalmente a sí mismo empezando por las guerras mundiales y terminando por el totalitarismo.
Detesto todo patriotismo y todo nacionalismo porque en el fondo de todo patriotismo está la guerra: por eso no soy patriota. Todas las calamidades-revoluciones, guerras, persecuciones-provienen de un equivoco inscrito sobre una bandera. El patriotismo creo que es la enfermedad senil del nacionalismo, no se convierte ya en el último reducto del granuja sino en la real morada del absurdo. Dijo Chesterton que "el hombre está dispuesto a morir por cada idea, siempre que no tenga una idea muy clara de ella". La patria no es más que una proyección colectiva del yo, una invención que pretende englobar en una sola, única e inmutable realidad la suerte de una pluralidad de individuos. Esta ficción sirve para justificar la exclusión y, en último término, la eliminación del otro, del que no pertenece a ese grupo más o menos impenetrable que no ve más allá que esa venda en sus ojos llamada patria. El nacionalismo es un instinto de cual gusto y una herramienta peligrosa. Exclúyase de un país todo lo que deba a los demás, y a ver quién es el guapo que se siente orgulloso de él. Por otro lado, el patriotismo siempre acaba creando apátridas, como un servidor. Me siento más cerca de un chino honrado que de un catalán estafador. Dice Voltaire: "Los prejuicios son la razón de los tontos; no merece la pena hacer la guerra por ellos." La violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias. La violencia es el último recurso del incompetente.
En todo esto andaba yo pensando en otro día tras un nuevo visionado de Senderos de Gloria (1957), de Stanley Kubrick, uno de los alegatos antibélicos más logrados de toda la historia del cine. Yo la comparo con El gran desfile (1925), de King Vidor, Sin novedad en el frente (1930), de Lewis Milestone, con novela incluida de Erich Maria Remarque, y La gran ilusión (1937), de Jean Renoir. Kubrick que junto a Calder Willingham y el gran Jim Thompson, adaptó la novela pacifista escrita por Humphrey Cobb en 1935, hace recordar a Vidor y Milestone por su estudio de la vida en las trincheras y da muestras de la misma capacidad de observación social de Renoir. Pero también consigue convertir a la historia en una muestra de sus obsesiones personales, llena de recursos estilísticos y preocupaciones temáticas posteriormente elaboradas en títulos siguientes, sobre todo en Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (1964) y Barry Lyndon (1975).
La película tiene como tema el absoluto poder, el estudio de las actitudes de clase. La total indiferencia mostrada por los generales hacia la suerte de sus hombres dista muy poco del genocidio de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú.
La actitud de Kubrick hacia sus personajes es sumamente reveladora. Por un lado, Senderos de gloria tiene mucho que ver con la conciencia humanista y liberal de los progresistas americanos de los 50, y tanto Dax (Kirk Douglas) como los tres soldados condenados son mostrados, por tanto, en términos sentimentales y algo simplistas. Al igual que el de Espartaco (1960), el personaje del coronel Dax, es uno de los arquetipos de Kirk Douglas: un hombre acosado, con grandes oportunidades para la renuncia y el autosacrificio, pero también algo pesado.
Salvo los "zooms" al rostro de Dax, el asalto a la posición enemiga está filmado con un distanciamiento casi olímpico; pero las posteriores escenas con los tres condenados ven su impacto emocional considerablemente disminuido por la insistencia de Kubrick en los primeros planos prolongados y resultan convincentes sólo a medias. Parece ser que a Kubrick estos personajes solo le interesan cuando le conviene, y que juega con ellos como marionetas, exactamente igual que los generales Broulard y Mireau.
Salvo los "zooms" al rostro de Dax, el asalto a la posición enemiga está filmado con un distanciamiento casi olímpico; pero las posteriores escenas con los tres condenados ven su impacto emocional considerablemente disminuido por la insistencia de Kubrick en los primeros planos prolongados y resultan convincentes sólo a medias. Parece ser que a Kubrick estos personajes solo le interesan cuando le conviene, y que juega con ellos como marionetas, exactamente igual que los generales Broulard y Mireau.
Por otra parte, Senderos de gloria es una película que destila un cinismo poco habitual en el género bélico. El verdadero interés de Kubrick radica en los dos generales corruptos, en cuyas bocas pone los mejores diálogos, y que se benefician de una cuidada puesta en escena. Para los generales, lo que ocurre no es nada más que un juego, así como una forma de perpetuar su dominio de clase. El escándalo y la tristeza de Broulard, cuando se da cuenta de la verdadera posición de Dax, están más que fundadas: "usted quería salvar de verdad a esos hombres. Es usted un idealista y le compadezco."
Lo dijo Castellioni en el siglo XVI: "Matar a un hombre por una idea no es afirmar una idea, es simplemente matar a un hombre."
Lo dijo Castellioni en el siglo XVI: "Matar a un hombre por una idea no es afirmar una idea, es simplemente matar a un hombre."
16 comentarios:
¿Cómo una película de guerra se convierte en un alegato antibelicista y pacifista?. Preguntéselo a Kubrik y a los diálogos impagables de la película.
Y no digo nada de la corrosiva "Telefono rojo" con unas frases lúcidas, irónicas y geniales.
Dos puntos de vista, o mejor dicho, el mismo punto de vista con dos miradas esplendidas y sorprendentes.
Saludos, un placer leerte
Magnífico texto, Francisco, lo suscribo por completo. La introducción que has escrito debería grabarse a fuego en los libros de texto o en las paredes de las aulas de toda España.
Coincido contigo en que los momentos más deliciosos (y repulsivos) de la cinta son aquellos en que charlan los dos generales. Por otro lado, ese final con los soldados franceses lloriqueando ante la chica alemana que interpreta la canción me da que pensar, me genera sensaciones contrapuestas, me impresiona y repele a un tiempo (por tratarse de un recurso facilón, más que nada).
Excelente, como siempre.
Un abrazo.
Me has recordado estas bellas palabras de García Lorca: "El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos." (No sé de dónde saqué esta cita, no de uno de sus libros sino citada por otros. Seguro que tú sabes a qué obra pertenece).
Un fuerte abrazo
Gran Kubrick. Toda su filmografía me gusta excepto, claro, la última que, con otro casting podría haber funcionado mejor: el ojo del maestro estaba presente.
Saludos.
Una de esas películas que uno no se cansa de ver. Me gustó mucho tu texto, con esas citas tan bien escogidas.
Siempre he pensado que esta era una de esas películas que debían ser de obligado visionado en los institutos, por ejemplo.
Un abrazo.
Me adhiero a este comentario: "Yo sólo soy catalanista cuando algún españolista me toca las narices" (de la peli: Cataluña-Espanya)
No creo que sea cuestión de ideas o banderas. Los nacionalismos se encienden cuando no se respeta la identidad y libertades de otra cultura. Sería magnífica esa pluralidad y respeto, personalmente lo encuentro una utopía para el ser humano.
De Kubrick, sólo sacarme el sombrero (como con tus reflexiones, esté o no de acuerdo)
P e t o n s ; )
Qué gran película, tuvo muchos problemas, incluso en Francia.
Primero agradecerte tu paso por mi casa y por tus palabras. No conocía el relato que dices, pero lo conoceré, promete y mucho, siendo de quien es y de lo que habla.
A todo recién llegado a mi casa, siempre le ofrezco un regalo de bienvenida, un poema en mi voz, hoy no podía ser otra la elección.
Pincha en: recordando a Benedetti
Un gran placer leerte. Llego por primera vez y me encuentro con esta película extraordinaria y tu reflexión enriquecedora. Luego veo los programas de mano a la izquierda y ya sé que voy a seguirte.
Un saludo y un abrazo.
Una novedad editorial directamente relacionada con tu última entrada es "El miedo" de Gabriel Chevallier, (1930 ahora recuperada del olvido)novela autobiografica donde el autor narra su experiencia en las trincheras de la Primera Guerra Mundial desde 1914 a 1918 y por la que fue acusado de antipatrótico. Publicada por El Acantilado (en catalán, La por Ed. Quaderns Crema)Genial tu escrito en el contexto patriotico-futbolístico que tenemos sufrir, en Barcelona y en el resto del territorio.
Un beso
Decía el otrora alabado, y hoy vilipendiado, profesor Gustavo Bueno que el debate sobre los nacionalismos, no es sólo una cuestión de palabras, sino de conceptos.
Hay muchos tipos de nación, y no tantos (pero sí algunos) de patria. De la primera podríamos hablar de la biológica, la étnica e incluso la política. De la segunda, sino apelamos al concepto “literario y poético” creo que encontraríamos menos acepciones.
No es una cuestión de palabras (repito que decía el ínclito profesor) sino de conceptos, pues si fuera una cuestión de palabras, sería materia de poetas: “Las llamadas izquierdas (decía) en vez de educarse en un pensamiento conceptual, riguroso, como puede ser el de Marx, se educaron a base de poetas. Neruda, Machado, Alberti. Y todo cuela. Como la película de Bardem donde dicen «yo soy dueño de mi cuerpo». O aquello de «el camino se hace al andar». Precioso. O lo de Neruda y su «Fidel, Fidel, los pueblos te acompañan». Esas frases tejen una visión borrosa y confusa. Lo que se llama comúnmente cultura se reduce a novelistas y poetas. Es absurdo hacer una transición a base de Machado y de Alberti. Es pura retórica. El patrimonio conceptual de mucha gente que está o ha estado en el poder es Alberti, Machado, «se hace camino al andar» y tonterías semejantes…”.
Traigo a colación estas palabras que no secundo, para diferir abiertamente de ellas. Yo si que creo que es una cuestión de palabras, concretamente, del uso y de significado que le demos a las palabras. Decir nación y decir patria, nos repele (me incluyo) porque antes otros las utilizaron con fines deleznables. Ya no podemos hablar de qué entendemos, tú, yo o cualquier otra persona por nación o por patria, pues se nos hace indigno hablar del tema. Con razón.
A ver si vuelvo y hablamos de la película.
Abrazos.
Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas
Como director, Kubrick estará siempre en el olimpo para mí. Tiene algunas pelis más áridas y difíciles de empatizar en general con el público pero otras son grandiosas.
Me encanta esta SENDEROS DE GLORIA que tan bien recreas con tu texto y me quedo con la enorme, perfecta e incomprendida BARRY LYNDON (las dos van con Y), donde vemos a un gran Ryan O'Neal gracias al esfuerzo de Kubrick (que prefería a Redford en un principio pero no pudo tenerlo)...
Saludos!!
Lo que te pasa Francisco, es que eres un idealista!, por otra parte yo soy muy poco patriota, como no sea de mi casa y mi familia y amigos.
Apocalipsis now también me parece una película antibélica, más reciente, más cercana por referirse al desastre de Vietnam, pero que al mismo tiempo encierra todas las guerras y colonialismos. Al igual que "En el valle de Elah", mucho más reciente. Un besote guapo.
Una vez, en un debate sobre cine en el que tueve la suerte de participar, alguien dijo: Kubrick, prácticamente ha tocado todos los géneros menos uno, el musical. Yo le dije que no era cierto. Que la escena inicial de "Senderos de Gloria", con ese plano secuencia de los dos generales, es como un baile en el que la coreografía ha sido estudiada al mínimo detalle.
Saludos!
De toda la filmografía de Kubrick esta película ocupa el número 1 en mi top particular.
Supongo que la visión de la misma, por el ambiente bélico en que se desarrolla, lleva a la conclusión de que es una película antibelicista, aunque yo siempre la he visto como el retrato de la condición humana, con seres humanos nobles y seres humanos mezquinos, y como, no siempre es la bondad y los valores positivos los que prevalecen, en muchas ocasiones quedan aplastados por la mezquindad.
Siempre que recuerdo esta película, aparece una imagen en mi memoria, un hombre envidiando la condición de libertad de una cucaracha, gran metáfora en mi opinión.
Un beso
Se escudan tanto los hombres en falsas ideas para llevar a cabo sus propósitos; mienten tanto; manipulan tanto; la lástima es que eso no quedó sólo para el tiempo de guerra.
Publicar un comentario en la entrada