martes, 2 de junio de 2009

EL CORAZÓN DE LO IMAGINARIO


"Me dijeron que hiciera una crónica y dijera lo que pasa, pero ¿quién sabe lo que pasa?"
Orlando (Freddy Jones) Y la nave va


Una cámara fija en un trípode es el primer personaje en hacerse presente, y con cierto estatuto enunciador, porque el prólogo de la obra es un filme mudo realizado por ella y sólo más tarde engullido por el potente dispositivo de la película de Fellini. El título mismo aparece al comienzo como un típico cartón del cine mudo, con su marquito modernista. Con él se abre un reportaje silente, sin música, los personajes captados por la cámara son conscientes de que están siendo fotografiados y se asoman al encuadre como en los reportajes primitivos.
Nadie como Fellini ha sabido tan cálida y sutilmente representar la poesía de lo vehemente, el lirismo que subyace en el mito de la locura. Pocos como él han logrado describir el lado esperpéntico de las cosas, el que nos tienta al ridículo y hace ver el mundo como poseído por una actitud irreverente y burlona. Tal vez sólo él se ha adueñado de lo deforme, de lo estrambótico, de lo irrepresentable, de lo excepcional, como si su universo de imágenes naciera de otra realidad, o quizá la misma, pero observada con ojos de fervor delirante.
Fellini, por tanto, es el dueño absoluto de la fascinación, y a ella vuelve a rendir sagrado culto con Y la nave va (1983), una especie de jocoso ejercicio melodramático que bien pudiera aliarse con las más suntuosas representaciones operísticas, en la línea grandilocuente de un Donizetti o un Verdi, cuya música acompaña en perfecto contrapunto algunos de los más esplendorosos momentos de la película. En tal sentido, Fellini abre su pasión a lo puramente fantástico, y reconstruye el mundo, su mundo, dejando que la luz de su historia atraviese el prisma de lo imaginativo para descomponerse en un mosaico multicolor y grotesco, en el que acciones y personajes adquieren las más diversas formas y las más insólitas intenciones.

En ese fastuoso transatlántico que surca plácidamente el Adriático, camino de la isla de Erimo, deja Fellini que acontezca una representación casi onírica, cuyo desenlace final tendrá lugar bajo esas aguas sobre las que, ficticiamente, se navega. Durante la misma todo adquiere un aire entre contradictorio y paródico. Así, a la pomposa ostentación, refinadamente burguesa, de los numerosos admiradores que acompañan los restos mortales de su amada Edmea Tetua, se opone el espectáculo soterrado y oscuro que ofrecen los empleados del barco, fogoneros y encargados de las máquinas, a los que posteriormente habrá de añadirse el grupo de refugiados serbios que es recogido en la nave. Todos ellos participan del mismo viaje, y, pese a que cada uno alimenta un objetivo distinto, juntos, irremediablemente, hallarán un destino común.
Durante la travesía, y, más aún, desde que la película pone en marcha su magia esperpéntica, nada se esfuerza por demostrar que todo aquel vertiginoso entramado no es más que un itinerario ficticio, creado en un espacio inexistente y a lo largo de un tiempo irreal. Cuantos elementos tienden a reconstruir la atmósfera escenográfica, bajo la cual la acción deja envolverse, permiten abiertamente evidenciar que sólo el espíritu de lo que se quiere contar es real, mientras que su representación corpórea es únicamente fruto de la ideación fantástica. Claramente se comprueba que el gigantesco transatlántico no es más que un decorado ingenioso y detallado, que el azulado mar por el que se navega es una eficaz, y a la vez hermosa, combinación de telas y movimiento, y que el horizonte con su poético espacio lunar ha sido concebido a modo de forillo pictórico, sugerente y emotivo.



Así concebido el clima escenográfico de Y la nave va, gran parte de cuyo mérito se debe a la excepcional labor de Dante Ferretti, la película acaba por demostrar el esencial carácter imaginativo del cine, en el que lo puramente ficticio emerge por encima de la realidad, pudiendo incluso ofrecer de ésta una visión elegíaca o pasional, dramática o metafórica, sin para ello tener que representarla de forma imitativa. Quizá por ello tampoco el viaje mismo, que emprenden los simpatizantes de la gran diva de la ópera, debe considerarse como un hecho físico que les empuja a transportar las cenizas de su amada hasta su tierra natal. En otro sentido, esa aventura marítima, suntuosa y nostálgica, es sobre todo un recorrido dentro de ellos mismos, una simbólica manera de acudir a la cita que les reserva la Historia, que, a las puertas de la Primera Guerra Mundial, se dispone a cambiar sustancialmente su rumbo político y social, y con él el espíritu de quienes eran herederos de viejos y agotados tiempos.

Fastuosa y brillante, Y la nave va resulta ser, en definitiva, un nuevo y fascinante juego de manos de Federico Fellini. En ella nos subimos al barco sorprendente que irrumpe en las imágenes de Amarcord, y surcamos las aguas iluminadamente ficticias, que Casanova remonta en su amada Venecia. En ella contemplamos el vibrante espíritu secuencial que anuncia momentos como la competición de voces que tiene lugar próxima a la sala de máquinas, el sorpresivo descubrimiento de la existencia de un rinoceronte a bordo, o cuando finalmente el transatlántico queda poco a poco a merced del fondo de las aguas. En Y la nave va asistimos, en suma, a un prodigioso viaje que bien pudiera conducir al corazón mismo de lo imaginario.

14 comentarios:

mi nombre es Alma dijo...

Y la nave va
y en la nave van todos
el muerto
los resucitados
las cenizas
y el aire que las esparce
el tul del mar
el pintado horizonte
al que todos nos dirigimos
al corazón imaginado
al imaginario corazón
AlmaSe te nota que amas la película y se te agradece que la vivas tan bien.

Saludos, un texto estupendo

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

hola Paco, me gusta mucho la narrativa que has utilizado en esta entrada. Casi haces un homenaje metafórico a la fantasia y al último viaje, a el homenaje del final de toda una vida.
Lo del rinoceronte me ha descolocado un poco, pero un un viaje así y con Fellini....imagino que todo es posible.

Un placer leerte, he estado un tiempo fuera, pero ya vuelvo a las andadas.

Un saludo.
Luis Roser

eva- lazarzamora dijo...

"La acción deja envolverse, permite abiertamente evidenciar que sólo el espíritu de lo que se quiere contar es real, mientras que su representación corpórea es únicamente fruto de la ideación fantástica." ....

Lo mezclas todo, Francisco,
"e la nave va"..., e "Amarcord" va ,e "Casanova" va e anche la Mamma...va.
Impossibile éssere Casanova, la Estanquera e "e glei borghese de la nave va, in questo e indelebile "anche" un attimo tutti ensiemme...
Bacci.

39escalones dijo...

Estupendo texto, Francisco, se ve tu pasión por Fellini. A mí este director, como ya dije en otra ocasión, es uno de los que me resultan más innacesibles, pero ésta es una auténtica joya, de factura bellísima además, de imágenes inolvidables.
Abrazos.

Licantropunk dijo...

A mi este director me parece el poeta de la nostalgia del pasado, de la melancolía de los descubrimientos de la infancia, de sus sensaciones y sus visiones.
Estupendo artículo.
Saludos.

Lula Fortune dijo...

Pasión compartida. Porque, como muy bien retratas, es en Fellini donde se puede navegar de una fantasía a otra con inmenso placer. Hoy he leído que es el aniversario de La Dolce Vita, 50 años de otra obra maestra. Y Marcello...
Baci dalla Fontana di Trevi.

Raúl dijo...

A propósito de tu Amarcord, ya dijo cosas hermosas sobre el cine de Fellini, cosas como que me encantaba "su voluntaria fuga hacia lo inventado"; una frase que creo que me quedó bien, y que hoy, veo intrínsecamente ligada a tu crítica. Lo celebro.

Dije también (releo) que cada una de sus oníricas escenas escondía "bajo su superficie" un objetivo más costumbrista (terrenal, creo que quedaría mejor) de lo que se pretende admitir, sobre todo por sus detractores, que sorprendentemente, los tiene.

Subrayo ahora lo de "bajo su superficie", porque va como anillo al dedo si hablamos de esta joya, por cierto, una de las películas con el título más hermoso de todas las que yo haya visto.

Y lo dejo aquí, pues a profundizar más quizá no llegó, y sin duda me quedaría impostado. Para eso tenemos tu entrada.

Elvira dijo...

Hace poco vi de nuevo Amarcord, sólo la recordaba a medias, y me gustó más que la primera vez.

Hay situaciones de la vida que muchos ya describimos como "sacadas de una película de Fellini". Es un referente único... como si la vida le copiase a él.

¿Para cuándo el libro de cine? Un fuerte abrazo

Lucía dijo...

Querido Francisco,
Reconozco que a veces Fellini me resulta difícil, y no es esta precisamente la que me parece más complicada. Amarcord me trae de cabeza, siento amor y odio a la vez por ella. He descubierto hace poco que esos sentimientos los tengo hacia todo lo italiano, empezando por mi padre. Debería ir al psicoanalista ¿verdad?
Un abrazo.

Vivian dijo...

Tremenda sorpresa llegar y descubrir esta maravillosa entrada sobre una película fascinante tanto en la forma como en el fondo.
Me pasa con esta película algo extraño, siempre que la veo viene a mi memoria Visconti y me da por pensar que es una película de Visconti realizada bajo el prisma de las realidades imaginadas de Fellini.
Curiosamente mis recuerdos más vivos coinciden con muchas de las imágenes que reflejas en la entrada, y sobretodo creo que en ese universo de Fellini, esta vez tiene una importancia crucial el uso de la música como medio y como fin.
Me encanto esta entrada por muchos motivos, tus palabras, tu mirada que refleja una fascinación compartida, y el recuerdo hacia una película que merece un espacio en este tu tiempo ganado.

Un beso

P.D: También me recuerda a Mann, pero eso sería mucho más largo y complicado de explicar :)

Blanca Vázquez dijo...

Mi querido Francisco, perdona la tardanza pero ya solo puedo acudir a tu llamada y poco más.
En fin cosas de la vida. Sabes? En Dirigido por... han realizado un dossier especial dedicado a Fellini, y luego tu lo rematas con este post tan bueno. Cine goloso a tutiplé. Lo que siempre me ha sorprendido de Fellini son sus mujeres, que hembras!

Francisco Ortiz dijo...

Un texto cuajado, bien documentado, de calidad. A mí no me gusta Fellini. Gracias a textos como el tuyo, hay autores o cineastas a los que les doy una nueva portunidad. Toca Fellini, pues.

entrenomadas dijo...

Qué joya de peli y de post!!!

mi nombre es Alma dijo...

Vuelvo aquí a leer otra vez tu texto porque acabo de ver en la cadena Cinematek la película y he recordado, antes que nada, lo que escribiste sobre ella y reafirmo que la nave va hacía nuestro interior.

Un abrazo, he descubierto que la leche de rinoceronte sabe bien