"¡Qué lamentable! Me volveré viejo, horrible y espantoso."
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Grey
A decir verdad, llevo mucho tiempo reflexionando sobre ello. Vivimos de tópicos y nos vanagloriamos bajo la esbeltez de lo irreflexivo. Creo que lo único que podemos hacer con dignidad es ir desmontando todo lo esquemático, porque creo que toda la existencia humana está basada en definiciones convencionales. A lo largo de los años he ido encontrándome con personas mayores y siempre he esperado de ellas esa sabiduría que debe traer la vejez, pero casi nunca ha sido así. Los seres humanos envejecen, pero jamás mejoran. La edad no trae aparejada necesariamente la sabiduría u otros valores a menudo no trae nada más que la edad. La vejez no es mejor maestra que la juventud, pues es más lo que ha perdido que lo que le queda. Hoy menos que ayer. El tiempo y la edad no aportan nada, sino confusión y una incomprensión creciente, que cada año forma un nuevo anillo de necedad.
Hay viejos que son más insensatos que los jóvenes y lo he visto de todos los colores. La baja cultura española no contribuye mucho a modificar esto. En cuanto los ancianos se retiran a ver la tele, la prehistoria más cruenta se erige entre nosotros. El nacional nunca ha sido un civilizado sino sólo un enteradillo.
Cuanto más progresamos en edad, mejor nos damos cuenta de que nos creemos liberados de todo y de que en realidad no lo estamos de nada. El viejo muerde con los años en vez de con los dientes. Nada puede igualar en intensidad el odio de un viejo. El rencor no disminuye con la edad; al contrario, aumenta.
He conocido viejos apaciguados por los años y la desilusión, pero en un arranque de rebeldía senil podía desarraigar los cimientos de su casa. También me he topado con despreciables ancianos que no supieron en su juventud buscar motivos válidos para vivir, es decir, que no fueron capaces de asumir los principios de sensualidad y libertad que deben regir en la etapa de la vida; transigir con esos viejos, respetarlos, es hacernos cómplices de ellos.
Una idea antigua y callada se ha hecho inminente en mí. La vejez innoble, descuidada, enervada, emplastada, que sólo acaba viviendo de su ardor fecal. La vejez de la mayoría de los viejos es como la confesión del crimen, de la insensatez de su juventud en la que no se cuidaron de buscar motivos sinceros de vivir, juventud en la que no tuvo firmeza y franqueza la sensualidad, juventud de la que no se asumieron los principios libérrimos, juventud que hizo casual, inmerecida ambigüedad, contradictoria, su propia belleza; crímenes que no pueden prescribir con la vejez, porque, bien mirado, en la vejez tan inmediata a la juventud no ha pasado por ningún largo trámite depurador y transformador. Esos viejos así son los mismos jóvenes crueles, sólo que in fragantis. El respeto a esa variación insignificante de tiempo, que no varía ni la estupidez ni la incuria que nos transforma en cómplices de esa insidia que brota más que nada de esa falsa ecuanimidad de la vida respetable.
Dijo Plutarco en Vida de Solón: "Me hago viejo aprendiendo siempre." Creo que la madurez no debería de ser simplemente el cumplir años, sino también un estado de conocimiento propio. Un pacto honrado con la soledad y no descubrir, que ya es mucho, la mediocridad cuando ya es demasiado tarde.
Imprimiré este escrito para volverlo a leer cuando sea viejo, bueno, si llego, y, según como me lo tome sabré si he envejecido bien o mal. Quién sabe.
19 comentarios:
"Me hago viejo aprendiendo siempre."
me ha llegado esta frase...te felicito por el blog, no hay casi escritos tan criticos y objetivos como el que llevas tu a cabo...
felicidades.
te invito a que pases a mi blog...es financiero...
http://desarrollatusfinanzas.blogspot.com/
No se suele envejecer nunca bien, a no ser que te dé un patatús rápido cuando aún te vales por ti mismo.
Ciertamente aprendemos siempre, pero ya no nos sirve ese aprendizaje para casi nada y los más jóvenes no quieren escuchar nuestras batallitas, nadie escarmienta en cabeza ajena.
Podemos idealizar todo lo que se quiera la vejez, pero tiene poco de bueno, aunque hay que tomarla con resignación, pues no tiene remedio.
Cuando quieras leer lo escrito quizá no tengas ya gafas adecuadas, ay, en todo se va a peor que no a mejor, la ciencia alarga la vida, pero un día u otro llega la decadencia.
Ojo, que no soy pesimista, pero sólo hay que mirar alrededor para comprobar esas cosas.
"El nacional nunca ha sido un civilizado sino sólo un enteradillo." Esto me ha hecho mucha gracia. Pero yo sí conozco a personas que han mejorado con los años, que sí, de verdad. Yo lo que creo es que o mejoramos o empeoramos (de actitud, claro, el cuerpo es otra cosa), pero que casi nadie se queda igual.
Dices: "Creo que la madurez no debería de ser simplemente el cumplir años, sino también un estado de conocimiento propio. Un pacto honrado con la soledad..."
Cuando hay esa hornadez e intento de conocimiento propio, se envejece con dignidad, y a veces incluso con sabiduría.
Me despido con Machado:
"¿Por qué el adjetivo venerable se aplica tan frecuentemente al sustantivo canas? ¿Es que, por ventura, el número de ancianos venerables propiamente dichos excede al de viejos sinvergüenzas, cuyas canas de ningún modo deben venerarse? Después de este análisis… ya estáis libres de los lugares comunes." Antonio Machado, Juan de Mairena
Un fuerte abrazo
Estando de acuerdo contigo yo hago una reflexión inversa y además con ejemplo y todo como si se tratara de una ecucación matemática (lo siento pero aunque no lo parezca soy de ciencias puras).
Ejemplo que demuestra tu tesis pero pone enfasis en la contraria: mi madre. Señora de ochenta años, vivaz, alegre, encantadora, lectora de periódicos porque de libros le cansa ya un poquito, con ganas de hacer todo y todo lo que puede lo hace. Canta en un coro, viaja, hace teatro, se maquilla, se viste con colores vivos, va al teatro, se emociona, le encanta el cine....y ya no digo más. Y su vida como ya conté en una de mis historias cotidianas no fue fácil, nada fácil. No es una vuelta a la infancia, es la vida como ella la ha visto siempre.
Por eso digo que estoy de acuerdo contigo, los viejos son lo que fueron de jovenes, por eso envejecer no es el problema, el problema es como se ha vivido
Yo creo, se, que envejeceré bien, al menos la genética paterna y materna me acompañan.
Un abrazo
La frase de Wilde en el paratexto, me hace reflexionar hoy sobre Kundera y su tesis acerca de la "juvenofilia".
No creo que se pueda aplicar la sabia sabidurîa proverbial china en el caso del limôn.
Los años, no es que den paz, ni màs sabidurîa, sino que nos otorgan cierta lucidez. Los recuerdos son màs, la memoria crece, la mediocridad se aprende y se reconoce.
La vejez es un beso a cierta vuelta al origen, a la niñez, al recuerdo permanente de querer agarrarse a la vida con garras y uñas.
La belleza externa serîa un tema, la capacidad intelectual y sensorial otro,la sabidurîa lograda otro, y asî respecto a lo referente a la vejez...
Yo le dirîa a Plutarco "rejuvenezco cada instante que descubro con el paso de los años cuànta mentira encubren los mitos".
Un beso y un abrazo, jovenzuelo..
También están, afortunadamente, quienes con los años crecen libando la savia de la vida y se convierten en seres humanos más intensos, más completos y más sabios. Gracias a ellos la humanidad se va, poco a poco, enriqueciendo, aunque, paradójicamente, reniegue de sus fuentes y condene al ostracismo a esos pocos viejos sabios y generosos.
Un abrazo.
No tendrá que ver la manera de vivir de nuestra civilización occidental que genera personas amargas? (personas, no viejos). No cambiamos con el tiempo:
"Salvo raras excepciones la gente no evoluciona ni se transforma: un roble sigue siendo un roble, un cerdo cerdo y un zopenco zopenco. " Henry Miller (Al cumplir ochenta)
Te dejo el enlace del manuscrito:
http://cuerocabelludo.blogspot.es/1183302420/al-cumplir-ochenta-de-henry-miller/
P e t o n s
Francisco, esto es lo que se llama llamar los demonios temprano, pero para (me parece) una buena causa.
Supongo que una vejez de odios y mediocridades potenciadas (y otras cositas) responden a una juventud igual de odiosa y mediocre.
Como bien apuntas, la madurez no necesariamente tiene que ver con cumplir años.
¿Qué hacer para no convertirnos, si no morimos antes, en una persona tan llena de sombras como de arrugas? Supongo que viviendo el ahora de una manera tal que la sombra sean menos para esa edad.
El asunto es que no tenemos garantía de que viviamos ahora de una manera que evite convertinos en ancianos amargados, o llenos de odio, o mediocres...mmmm...punto de cuestión?
Abrazos
Querido Francisco: Tengo la fortuna de trabajar o simplemente de estar unido a varias personas llamadas con el elegante término de adulto mayor. Y son creativos, responsables de sus trabajos sociales, de buen humor, con gran capacidad de asombro. La diferencia de los viejos que tú mencionas (y son miles por cierto) es ignorar que la vejez, o cualquier edad, es el resultado de un camino o proceso vivido. Un gran error nuestro (tengo 66 años) es restarse del placer de comer (en lo posible) de cariños, emociones, de nuevas amistades, de soñar, a pesar que las dolencias comiencen a asomarse. Disfruto, por ejemplo, de tus escritos que tienen esa riqueza de unir tus confidencias, tu mirada crítica y el interés de tus seguidores. Abrazos.
Debería de ser distinto, pero yo también creo que es un tópico.
Quizá haya culturas (menos "occidentalmente diseñadas") en las que la edad sea señal de la evolución de la especie, por muy paradójica que resulte la expesión; pero la nuestra no es una de ellas.
La vejez no es ni más ni menos que una coartada, un pretexto, una bula ganada por el mero hecho de que ir cumpliendo años, nos asusta al ir acercándonos segundo a segundo al final de las cosas.
Las canas, díjo alguien, son el refugio perfecto del que fue joven mediocre. Son esa patente de corso que legitima errores pasados, y delitos no castigados. Es el burladero del matador cobarde.
Yo me apunto a la teoría de que tiene algo de problema cultural.
Genial, Francisco. Ahora veo "Paseando a Miss Daisy" con otros ojos... Hablando en serio, cada vez que recordaba algunos de esos tópicos, varios de ellos relacionados con el respeto y la educación debidos al ver a Pinochet, por ejemplo, descojonándose de todos nosotros al levantarse de la silla de ruedas al bajar de su avión de vuelta a Chile (sólo le faltó bailar "Singing in the rain") pienso en la cantidad de milongas que nos tragamos relacionadas con la juventud, la vejez o el amor, por citar tres cosillas. Fenomenal, Francisco.
Abrazos.
Hoy te has puesto las pinturas de guerra, je, je.
La vejez teme a la juventud y levanta muros entre generaciones: los mismo que levanta el propietario para proteger sus posesiones. Pero es una relación de amor odio: el viejo abandonado necesita del joven para sobrevivir y se mira en su espejo.
¡Vaya! Mientras leía esto me ha salido otra cana.
Saludos.
" Aún aprendo" escribió Goya en uno de sus últimos lienzos. mantenía viva la capacidad de curiosidad e ilusión.
Trabajë en Cueto, residencia de ancianos de Santander y aprendí muchísimo de ellos. Detrás de cada puerta había una historia." Aquí vas a conocer las grandezas y miserias de la vida" me contaba Enrique que había sido cómico, le gustaba esa palabra para definir que había hecho teatro por los pueblos." Esto es un retrato de la sociedad".
Y la mayoría, con sus achaques, eran jóvenes por dentro. Afrontando el día a día con valentía y sentido del humor. Ya quisieran muchos jóvenes.
Nacer, crecer, envejecer... todo viene en el mismo paquete. Hay que hacerse a la idea, lo mismo a que igual que vivimos tendremos que morirnos. No nos gusta, sobre todo no queremos que se nos muera nadie de nuestros seres queridos, pero ocurre, siempre ocurre.
Una entrada sencillamente genial, un saludo amigo.
Besos!
Mi querido hado y amigo, esta noche de San Juan te deseo felicidad.
Vuelco el caldero, lo vacío de los restos del daño que un día te hicieron. La bendición sea contigo y llene el caldero, de paz, salud y amor eterno.
Ando por aquí,disfrutando de tu blog.
Gracias por la aclaración.
Saludos de una preguntona.
Cris
Coincido con los comentarios que van en la línea de que se envejece como se es, si has sido un cretino serás un anciano cretino y si has sido buena persona serás un anciano buena persona.
Otra cosa son los defectos que cada uno de nosotros tenemos, que siempre, siempre, empeoran con la edad, el cabezota se vuelve más cabezota, el huraño, más huraño...
Me gusta la portada del libro, ya sé que sólo es un limón, pero me gusta.
Un beso
Mi querido amigo, aquí llego tarde pero más vale tarde que nunca, jejeje. Creo que lo que cuentas va aparejado con la cultura que se tiene. La vejez es un buen momento para estudiar más, comprender aquello que ya nos desilusiona, y aunque escépticos, se puede intentar ser alegres. Raramente ocurre, pues los viejos son muy cascarrabias, y cerrados. TErriblemene intratables, y necios como dices. Salvo escepciones, y grandes sabios. Y las mujeres, ni te cuento, aún más necias.
Siempre sentí una especial repulsión hacia el amarillo y todo lo que se coloreara a lo limón. Y no sabía porqué. Ahora ya sí lo sé..
Alicia
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