viernes 26 de junio de 2009

NEUROMANTE

Para Elvira Coderch que desde sus Flores y Palabras hace de este mundo un poco más habitable



Neuromante (1984) es una novela que marca un hito, no solo en el género de la ciencia-ficción, sino también en el conjunto de la novela de la narrativa contemporánea. William Gibson se adelantó a todos inventando el concepto de ciberespacio (una representación tridimensional de los ordenadores de datos mediante los cuales los usuarios se comunican y hacen negocios, junto con una larga serie de otras actividades más dudosas), mucho antes de que internet y otras tecnologías virtuales fueran integradas en la vida cotidiana. Es un libro que ha inspirado a toda una generación de tecnófilos. Por otra parte, no deja de ser curioso que Gibson jamás tuviera afición por los ordenadores.

El ciberespacio (o "Matrix") es la red electrónica de flujos de información que abarca el mundo entero. Como inmenso almacén de información, el ciberespacio equivale a internet. Ambos se diferencian en la forma de participación. En internet el usuario se sienta frente a la pantalla, mientras que el ciberespacio ficticio de Gibson es un universo virtual en el que es posible entrar con la conciencia (jackin). El hombre puede dejar atrás su cuerpo y moverse en la región electrónica del ciberespacio, gracias a un electrodo fijado en la cabeza (headset). Un Simstim deck sirve para simular estímulos externos. Si uno tiene mala suerte, puede ser borrado durante su incursión en la red para pasar a convertirse en un cadáver cibernético: un flatline (esto es, la línea horizontal que señala la parada cardíaca en los monitores de las unidades médicas de cuidados intensivos).

El ciberespacio de Gibson es un campo de aventuras para los vaqueros cibernéticos. Se trata de los hackers que consiguen información ilegal en la red por encargo de grandes consorcios y con este fin se trasladan por la Matrix. Uno de ellos es Case, de veinticuatro años, el héroe caído en desgracia. Hubo un tiempo en que Case se contó entre los mejores, hasta que cometió un error capital: robó a sus jefes. Le castigaron imposibilitándole para el trabajo. Le destrozaron el sistema nervioso, impidiéndole así el acceso a la Matrix. Case vaga por un sospechoso barrio en los suburbios de Tokio, toma anfetaminas y duerme en un "Coffin-hotel" (hoteles ataúd) japonés, de ésos que alquilan por horas, huecos baratos para dormir.
Pero antes de que Case se hunda del todo, una cibermercenaria, Molly, le salva. Ella se cuenta entre los nuevos seres del ciberpunk, con un cuerpo equipado con todo tipo de implantes, de mayor o menor utilidad. Aunque posee todos los atributos humanos, también dispone de unas gafas de sol injertadas y de escalpelos bajo las uñas. Molly recluta a Case por encargo de unos misteriosos hombres a la sombra. El héroe entra a formar parte de un equipo que integra una unidad especial que tiene por misión hacer saltar un sistema de seguridad. Como honorarios por sus servicios, le curan su dolencia nerviosa.

La realidad ciberpunk se sitúa en las zonas fronterizas de la sociedad, la subcultura de las metrópolis. El escenario se localiza en la calle y presenta una combinación de detalles que sólo se unen en el degenerado mundo ciberpunk: aquí parpadea la defectuosa luz de neón con los nombres comerciales de los imperios japoneses de alta tecnología, allá se entra a las sucias callejuelas donde se venden drogas químicas. La "realidad" es un mundo artificial conformado por lisas superficies de cromo brillante, por gastadas y arañadas mesas de plástico de los restaurantes baratos de comida rápida, por gafas de sol opacas y azogadas, por los walkmans y el teléfono móvil. Este universo está descrito por Gibson con mirada microscópica y una extrema frialdad. Gibson crea un mundo de crepúsculos televisuales y fogonazos de fibra óptica, descrito con gran riqueza de detalles y con un vocabulario que a veces desorienta, mezcla de jerga técnica, constantes alusiones a marcas de moda y argot de la subcultura. Un mundo de tecnoestafadores, de drogatas perdidos, de extrañas subculturas, de asesinos potenciales quirúrgicamente y de siniestras "megacorporaciones": un mundo al que crecientemente se parece más al nuestro.

El lector corre permanentemente el peligro de perderse en el texto y no saber si la acción transcurre en la realidad de los barrios degenerados o el mundo de la Matrix. Naturalmente, esta confusión es deliberada. Neuromante es una novela imperecedera porque combina el ritmo y la intriga de los mejores thrillers con el alcance, la inventiva y el rigor intelectual de Orwell o Huxley. A través de la novela, Gibson expresa una cuestión: ¿Qué entendemos por realidad cuando no podemos distinguir entre un mundo auténtico y uno artificial? ¿Qué pasará en ese momento con los seres humanos?
Hace veinticinco años que leí esta obra y, ahora, al releerla, recuerdo que aquellas preguntas que suscitaron mi primera lectura de juventud, son ahora respondidas de un modo alarmante.

10 comentarios:

Elvira dijo...

¡Mil gracias, querido Francisco! Tu dedicatoria me ha emocionado.

Después de leer lo que has escrito me he comprado este libro en Amazon (hace unos minutos). Será mi estreno en ciencia-ficción.

Ya sabes que me encantaría poder comprar un libro tuyo sobre cine. ¿Hay que firmar en algún sitio para que publiquen tus magníficas reseñas?

Un fuerte abrazo, amigo!

mi nombre es Alma dijo...

Me voy a plantear seriamente dejar de leer algunos blogs, entre ellos el tuyo (sonrío y me explico). Entro, leo, veo un libro que no he leido y me interesa, una película que no he visto, otra que no recuerdo y quiero recordar, etc., etc. etc. y ya es tanta la faena acumulada que necesitaría cien cibervidas para poder con todo. Quizás con un implante de esos tan peliculeros..., recuerdo por ejemplo "Días extraños", un chip que me permitiera leerlo todo en un segundo. Aunque supongo que no sería lo mismo.

En cuanto a Neuromante, no he leido el libro, pero, como he tenido épocas (rara que es una, o mejor dicho, curiosa de todo) en las que me ha dado por leer comics y mangas, si recuerdo haber leido uno con el mismo título y por curiosidad lo he buscado en la red (o ciberespacio) y parece ser que esta basado en el libro de Gibson. Haré como aquellos a los que les aburre leer (no es mi caso), lo leeré/veré cuando saquen la película, porque no se si sabes que amenazan hace más de dos años en hacer una basada en el libro, miedo me da, al tiempo.

Un abrazo, me alegra que te guste mi blog, en el tuyo se esta bien, muy bien.

hombredebarro dijo...

Neuromante y el Quijote ¿no hablan de lo mismo?
No es una pregunta retórica.
Un saludo.

Vivian dijo...

Fascinante Francisco, realmente fascinante, conseguiste despertar mi interés por el libro, en un género en el que no suelo sumergirme.
Esa mezcla entre realidad y ficción, entre lo que es y lo que parece ser.
Creo que ya en una ocasión te comenté que el fan de la ciencia ficción en mi casa es mi hermano, esta vez, leyéndote, lo primero que me vino a la cabeza fue, ojalá pudiera presentártelo y estar presente en vuestras conversaciones sobre el tema, un verdadero privilegio si pudiera asistir como espectadora.
Esta vez, además de apuntar el libro en mis lecturas pendientes se lo recomendaré a él, de tu parte, con tu permiso.

Un beso

Susy dijo...

Siguiendo el rastro de un amigo, llego a tu casa, y me gusta.

Tomo nota del libro que comentas.

Un saludo.

39escalones dijo...

Leo tu espléndido post, amigo Francisco y, mientras me va despertando el interés por una novela que no he visto, me hace recordar una película que sí he visto y que no me gusta nada. Me quedo con el libro.
Abrazos.

Raúl dijo...

Me detengo en esa dolorosa reflexión final.
La ciencia ficción de ayer, es hoy solamente historia.
Te entiendo perfectamente. Es duro, durisimo diría yo, ver como se nos van "resolviendo" preguntas que por seguridad, uno siempre quiso que en el peor de los casos fueran retóricas.

s a n d r a dijo...

Con lo perdidos que estamos en esta "realidad de ciencia ficción" sólo nos falta confundirnos entre dos mundos.
Hoy, encontrándome en un entorno envidiable escuché a un niño que, con una avellana en la mano le preguntaba a su padre:
- Papá, puedo abrir esto??
Y el padre le respondía:
- Esto? esto qué es? a ver? ahhh una bellota! claro hijo, ábrela.
Hoy me dió por reír, otro día no lo sé.

P e t o n s ; )

Lula Fortune dijo...

Aunque soy muy aficionada al cine de ciencia ficción, no me pasa lo mismo con la literatura, no sé, quizás la he probado poco. Tendré en cuenta tu recomendación. Por cierto, hace poco hablé en mi blog de "Código 46" y no sé por qué estaba leyendo tus palabras y se me vino a la cabeza esa película. Al final, siempre está el amor o el desamor, sea en las cavernas o en ciberespacio.
Besitos laaaaargos, que hace mucho tiempo que no te escribo, aunque pase de puntillas.

Kinezoe dijo...

Aun tratándose de una auténtica obra de culto en el género de la ciencia ficción, no sería precisamente éste el libro yo que eligiría para adentrarme en dicho mundo, si nunca se leyó nada parecido. Como bien apuntas, debido a su extraña jerga y multiplicidad de conceptos tecnológicos, su lectura puede resultar bastante dificultosa. Se trata de un libro en el que es muy fácil perderse y uno corre el riesgo de "desconexión total". Yo tuve que hacer dos intentos de lectura en su día, cosa por cierto, que sólo me ha sucedido con dos libros, el que nos ocupa y El Silmarillion, de Tolkien. De manera que ahí queda mi observación...

La reseña me encantó y la sinopsis que haces del libro me parece francamente acertada.

Es la primera vez que entro en tu blog, Francisco, y he de comentarte que, tanto en contenidos como en presentación, me ha gustado mucho. Muy interesante. Mis felicitaciones.

Un saludo! ;-)