
El fotógrafo del pánico (1960), de Michael Powell, resulta un filme reconfortable. No por su tema, su inquietante iluminación o las sardónicas implicaciones de su argumento, sino por la comprobación de que sigue asustando, retando y divirtiendo al público (algunas veces las tres cosas a la vez), para luego volverse contra él y provocar en los espectadores sentimientos en parte autojustificados, en parte de vergüenza. Y lo más reconfortante de todo es saber que, pase lo que pase, El fotógrafo del pánico no será nunca una película respetable.
Veinte años después de que Michael Powell empezase a trabajar en ella, esta película fue recuperada y relanzada con la ayuda de uno de los mayores admiradores de Powell, Martin Scorsese. Se proyectó en el Festival de Cine de Nueva York en 1979, luego pasó a los circuitos comerciales y tuvo muy buena acogida. Ahora, y a diferencia de lo que había ocurrido entonces, ningún crítico se atrevió a decir que era una película "repulsiva" o que "prefería no haberla visto", pero tampoco echaron las campanas al vuelo. Juzgaron que se trataba de una película "curiosa" y poco más. Evidentemente, hubo también algunos que se entusiasmaron con ella, como los hubo cuando se estrenó y como los habrá cada vez que se reponga. Pero serán siempre una minoría, y así es como deber ser.
Se trata de una película no sólo sobre el cine y quienes lo hacen, sino también sobre la gente que ve las películas, sobre los cinéfilos que construyen su vida en torno al cine. Está hecha para enfrentarse al público, para intimidarle. Es una película "underground" en el mejor sentido de la palabra.
Se trata de una película no sólo sobre el cine y quienes lo hacen, sino también sobre la gente que ve las películas, sobre los cinéfilos que construyen su vida en torno al cine. Está hecha para enfrentarse al público, para intimidarle. Es una película "underground" en el mejor sentido de la palabra.La inclusión de determinados acontecimientos es una película a modo de registro, de prueba, de conjunto de claves, contribuye a magnificarlos y a modificarlos, de forma que el rodaje, iniciado como un acto de rectificación, termina convirtiéndose en un estallido violento, en una destrucción. Es como si una imagen reflejada en un espejo afectase a la misma cosa que refleja. El espejo que constituye la cámara del protagonista no le convierte en un "voyeur" más, o en una víctima de un caso agudo de "scoptofilia", la necesidad morbosa de mirar, sino que le confirma como el autor cinematográfico por excelencia. De este modo El fotógrafo del pánico es la película más implacable sobre el cine jamás realizada. Resulta tan cómica como Ocho y medio (1963), de Fellini, pero posee una acidez especial que, combina con su estremecedora ironía y curiosa ternura, la convierte en una obra deliberada y asombrosamente desconcertante.
La inútil búsqueda que realiza Mark Lewis (Carl Boehm) de la imagen más aterradora del mundo se asemeja bastante tanto en su intensidad como en su abrumadora lógica a la búsqueda de la perfección de todo un cineasta, real o frustrado. Mark es como el director que intenta obtener una gran interpretación de su actriz o encontrar el montaje definitivo para su filme.
El todo frío, distanciado e irónico de la película surge de unas imágenes dotadas de una luz que parece rebotar de la hoja de un cuchillo o una navaja. Los colores, los elegantes movimientos de cámara han ejercido una profunda influencia en las películas de Scorsese, sobre todo en Taxi Driver (1976), y en las escenas de New York, New York (1977), que transcurren en los night-clubs. Malas calles (1973), la primera película de Scorsese, tiene los mismos tonos de luz y comienza con idénticas proyecciones caseras e incluso con el mismo movimiento de cámara, que se aproxima al objetivo hasta fundirse en él.
En El fotógrafo del pánico, esa misma luz, reflejada desde la pantalla, ilumina en último extremo a los espectadores que, como es lógico, preferirían el anonimato de la oscuridad. Las bases psico-sexuales del filme no resultan en el fondo tan perturbadoras como el hecho de que, implicando al público en la suerte de Mark Lewis, Powell consiga mostrarlo como un "técnico de las emociones" en otras palabras, como un director de cine y, a la larga, como una figura simpática.
9 comentarios:
Que una película del año 1960 al verla ahora aún se considere original dice poco del cine actual.
Un abrazo, un rescate magnífico de la película
Muy buen artículo sobre una película que fue un fracaso comercial cuando se estrenó, unas semanas antes que "Psicosis" de Hitchcock, a la que se le atribuye la lanza en el género. En cambio, la de Powell fue bombardeada por la crítica hasta retirarla de cartelera, y sólo se recuperó, como señalas, años después, gracias en gran medida a Scorsese. Supongo que el público británico no estaba preparado para semejante dosis de vouyerismo, mucho menos si, como hace la película, no sólo habla del "defecto" del protagonista, sino que requiere cierta complicidad del público.
Aún hoy es desconocida por más de un cinéfilo. En mi opinión, una obra de gran envergadura.
Y el papel de la madre ciega que todo lo ve... simplemente sensacional.
Un saludo.
Esta la tengo en lista de espera. A ver si la veo pronto y te comento, porque tu excelente entrada me ha abierto el apetito de verla aún más.
Saludos.
¿Dónde hay un videoclub en Barcelona con todas las películas antiguas que valen la pena?
Es que me despiertas el interés por las que no he visto, y las ganas de ver de nuevo muchas que sí conozco.
Besos
He de reconocer que pertenezco a esa parte de la que hablas que ve en esta película, una película curiosa sin más.
Utiliza muchos de los recursos del cine de terror psicológico, como el hecho de que el espectador mira por ese mismo objetivo, pero no llega a ver el momento final, ocultando los hechos más morbosos para que sea nuestra imaginación quien la rellene, o el hecho de traumas infantiles que crean monstruos adultos, pero con todo y con eso, siempre he pensado que es una gran idea que al pasar a imágenes se queda en una película curiosa, no consigue en mí ninguno de los efectos que tú has descrito, tal vez porque he visto muchas películas sobre asesinos en serie, psicópatas y demás asesinos varios y cuando vi ésta no me descubrió nada nuevo, además de generar en mí esa idea de decepción frente a lo que pudo haber sido y no fue.
Respecto al detalle que comenta babel y el personaje de la madre ciega, curiosamente es uno de los detalles que más me chirrió de la historia, mi abuela era ciega, y podía reconocer quien pasaba por delante de la puerta de su habitación sólo con escuchar los pasos, pero de ahí al "momento Sherlock Holmes deductivo", sin ninguna evidencia para llegar a la conclusión final, vamos, que no cuela, una metáfora ingeniosa pero dentro de la trama, como que no.
Con todo y con eso, creo que es una película recomendable.
Me gustó conocer tu visión e interpretación de la película, descubrí detalles en los que no había reparado.
Un beso
Genial, Francisco. Como puedes imaginarte, esta película me toca mucho, y además creo que su caudal de influencias es enorme.
Magnífico post.
Fuerte abrazo.
Muy buena película de Powell, ya sin Preesburger. Siempre la asocio a la "Ventana Indiscreta". Y no tienen nada que ver. O sí...
Saludos!
Debe impresionar una complicidad entre público y teórico psicópata! Andamos faltos de "realidad" quizá?
P e t o n s
P.d. "El viajero del siglo" está resultando como un clásico magnífico
No la recuerdo como una película redonda. Provocado por tu entrada, me pongo a pensar en ella, y creo que es porque le falta (quizá la cinta nunca lo pretendió) ese punto de suspense que sujeta las pelis de éste género.
A mí el discurso narrativo, el ojo con el que se cuenta la historia, obviamente es lo que más me gusta, a la par que incomoda. Es inevitable sentirte parte indisoluble de ese asesino acomplejado, mientras ves a través de sus ojos. El inicio con el plano de ese ojo... es de lo más turbador que recuerdo.
Otra de las cosas que no terminan de convencerme, es toda la información (justificativa) de la infancia de Lewis.
Voyeurismo, snaff.. otra cosa no, pero la película fue valiente.
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