jueves, 23 de julio de 2009

SUEÑOS PERDIDOS

¿Por qué me gusta tanto La última sesión (1971), de Peter Bogdanovich? Ay, yo os preguntaría: ¿quién no ha vivido alguna vez en Peyton Place? ¿Cuántas veces hemos pensado ya en la madurez que un adolescente es un proyecto de adulto que fracasa todos los días para volver a empezar? La última sesión es una espléndida muestra de los años perdidos, las locas aspiraciones y las rivalidades sin sentido de una comunidad en declive no demasiado consciente de su pasado y con pocas esperanzas para el futuro. La última sesión hace pensar así en una obra de Chejov a la americana.

Los diversos encuentros sexuales de los adolescentes de la película les reportan sobre todo desilusiones y dolor, pero el filme da al mismo tiempo a entender que, con el paso del tiempo, la nostalgia puede muy bien convertir ese dolor en gratos recuerdos, en la memoria de grandes oportunidades perdidas. Así, Sam el León (Ben Johnson), en el único parlamento largo de toda la película, le cuenta poéticamente a Sonny (Thimothy Bottoms) mientras pescan un idílico momento de su juventud, cuando él y una muchacha se bañaron desnudos. El objetivo de esos bellos recuerdos es ahora una mujer cínica y de marchita belleza, capaz de aconsejar a su hija lo que tiene que hacer para perder la virginidad. Pero ella también se aferra a esos recuerdos de juventud como el gran momento de su vida. Mientras tanto, los jóvenes del filme van acumulando parecidas experiencias ambivalentes y encerrándolas en sus corazones.

Parece perfectamente natural que Ruth Popper (Cloris Leachman) recompense un espontáneo gesto de amabilidad de Sonny invitándole a pasar a su cocina y tomar algo; también que una esposa de mediana edad y a la que su marido no hace demasiado caso, como es ella, insista en que se quede un poco más. Una sombra de inquietud nubla durante un momento la cara de Sonny, hasta que, en estado de desasosiego emocional él mismo, responde positivamente a la frustración de esa mujer mayor, que apenas comprende. Su consiguiente relación amorosa resulta totalmente verosímil, así como la violenta reacción de Ruth cuando se da cuenta de que Sonny le está siendo arrebatado por la joven y bella Jacy Farrow (Cybill Shepherd).

La película de Bogdanovich es, como he dicho, una comedia a lo Chejov sobre las vidas vacías de un puñado de personajes que de vez en cuando llegan a extremos ridículos para demostrar que su existencia tiene sentido y sus acciones son importantes. El intento de Jacy de ser aceptada por los ricos consiste en mostrarse desnuda sobre el trampolín de la piscina; por otro lado, incita al amante de su madre a violarla y, con su fuga en compañía de Sonny, pretende únicamente convertirse en objeto de atención de todo el pueblo.

La forma de enfocar el vacío de las vidas de sus protagonistas por parte de Bogdanovich no incurre en ningún momento en el sentimentalismo, y está llena de un acre sentido del humor. Sentada en el desvencijado cine local, mientras contempla El padre de la novia (1950), Charlene (Sharon Taggart) se saca el chicle de la boca para besar a Sonny distraídamente, absorta por los irreales problemas de Spencer Tracy, que tiene que hacer frente a los caprichos prematrimoniales de su hija, Elizabeth Taylor. Posteriormente, en la última película que se exhibe antes de la clausura del cine, Rio rojo (1948), el gigantesco rebaño conducido por John Wayne a través de las grandes praderas contrasta dramáticamente con las pocas cabezas de ganado que quedan en el moribundo pueblo, y a las que se ven montadas en un camión. Los fragmentos de otras películas que aparecen en La última sesión tienen así el carácter de verdaderas drogas, de fantasías con las que alimentar la imaginación de los jóvenes protagonistas y que, con la desaparición de la vieja sala de cine local, se verán sustituidas por el nuevo monstruo: la televisión.

Ya en su primera película, Targets (1967), Bogdanovich había revelado una enorme capacidad para dirigir a los actores, que confirma y consolida en La última sesión. Todos los intérpretes están magníficos, y alguno de ellos efectúan las mejores actuaciones de toda su carrera. La película fue íntegramente rodada en Archer City, al norte de Texas, y la espléndida fotografía en blanco y negro de Robert Surtees logra captar todo el ambiente de la época en que se sitúa la historia (1951), y el nostálgico estado de ánimo que la domina.

8 comentarios:

lula Fortune dijo...

Es una película fantástica, aunque la tengo algo olvidada, tendré que "reverla" porque me has abierto el apetito. Jeff Bridges es un actor fetiche para mí desde esta peli. Lástima que Bodganovich no se prodigue más como director. Creo que le gusta más hacer cameos en pelis de otros.
Besos.

39escalones dijo...

Qué gran película, qué excepcional momento, el retrato de un mundo que ha muerto, ése del monólogo de Ben Johnson, cuyo pasado, toda su carrera y los personajes que ha interpretado en ella para Ford, Curtiz o Peckinpah, confieren al speech todavía un mayor sentido y profundidad. Por cierto, que es la primera vez que veo el título traducido como "La última sesión"; siempre la he visto como "La última película", pero creo que como "sesión" tiene, en efecto, un sentido mucho más redondo.
Abrazos.

Blanca dijo...

Cuantas películas hay sobre los sueños perdidos! en cierto modo es deprimente añadir a la transformación de los personajes en seres mediocres, el hecho de la desaparición de un medio para disfrutar de arte, el cierre de un cine. Como hoy día, la apropiación de las televisiones en la mente de las masas, y sus modas y ética convierte en mediocridad y necedad el populacho.

Estupenda película y estupendo tu sección de videomania, o revisión de lo bueno en cine.

mi nombre es Alma dijo...

Perdimos nuestra juventud intentando parecer auténticos
actuando vidas nuestras
mientras veiamos vidas irreales
no soñabamos
vaciabamos nuestras almas
de cualquier delicadeza
llorabamos
y es ahora
en la hora de nuestros sueños
cuando ellos nos llevan
a los años perdidos

Un abrazo

Elvira dijo...

Como no tengo ni una coma que añadir, sólo paso a dejarte un saludo agradecido por tu entrada y un abrazo.

PD: Me encanta Jeff Bridges!

Vivian dijo...

¿Cuántas veces hemos pensado ya en la madurez que un adolescente es un proyecto de adulto que fracasa todos los días para volver a empezar?
Curioso como este interrogante que nos planteas encierra en gran parte la esencia de la película, el fracaso que está por venir visto desde la expericiencia del fracaso que ya fue.

Pesimismo, amargura, serían palabras que utilizaría para esta película, y aún peor, desesperanza y desencanto...

Me gustó esta entrada, en especial, porque consigues con tus palabras transmitir el “tono” de la película, ese tono de amargura y desencanto que lo envuelve todo.

Un beso

Bigmaud dijo...

Tienes una capacidad extraordinaria para hacerme entrañar película que nunca he visto. Tus descripciones y comentarios vuelven muy cercano.

-Joyrider (con otro nick)

Raúl dijo...

Irrepetible. No hay que ser demasiado experto en esto, para poder advertir que Bogdanovich tiene en esta su mejor película, con el permiso de Qué me pasa doctor y, quizá, de Luna de papel.
Es un canto, de lo más doloroso, por cierto, a la melancolía. Lo de doloroso, viene dado a mi entender, por convertir a la melancolía en el único refugio de los personajes que pueblan ese patético lugar en el que se desarrolla la acción. Esas gentes, incapaces de vivir cuando les tocó hacerlo, sobreviven recordando, no ya lo vivido, sino lo que pudieron llegar a vivir.

Pd.- A vueltas con el título, tal y como dice Alfredo, yo también conocía la película como "la última película".