martes, 28 de julio de 2009

WILLIAM BURROUGHS


William Burroughs es recordado por una serie de razones; como iconoclasta literario, reverenciado por el experimentalismo de su escritura y su arte; su genialidad para influir a una generación de artistas, cineastas y músicos y por su legendario uso de las drogas. Como resultado, ha quedado reducido a una imagen de dos dimensiones. En el ambiente actual, su legado ha quedado inevitablemente reducido a tanta psicodelia y experimentación sin propósito que la amplitud real de su escritura se vuelve casi intrascendente. Burroughs sigue siendo un escritor que, lejos de limitarse a emplear artilugios superficiales, escribe sobre su vida utilizando la técnica que le parece más apropiada. Donde El almuerzo desnudo utiliza un alto grado de abstracción para describir el ambiente políglota y paranoide del Tánger de mediados del siglo XX y el proceso de abandono de los narcóticos, en otras obras, en especial Yonqui y la posterior Queer, recurre a unos métodos narrativos mucho más simplistas.

Lo que Yonqui parece hacer es presentar el mundo interior de El almuerzo desnudo como realidad externa y contemporánea. Obra semiautobiográfica, describe la relación del autor con los narcóticos desde sus primeras experiencias hasta una adicción plena y duradera. De hecho Burroughs consiguió la disciplina necesaria para escribir la novela con la ayuda de una inyección diaria de morfina. El Burroughs de Yonqui es, ineludiblemente, un hombre y no un proscrito caricaturesco que quiere el folclore. Describe abiertamente el círculo vicioso de la adicción, mientras pone de relieve la manera en que la sociedad hace cabezas de turco de los adictos, para ocultar sus propias adicciones y fallos crónicos. La auténtica importancia del libro está en esta franqueza, en la manera en que sostiene el canon de Burroughs con una simplicidad veraz que socava tozudamente los intentos por hacer del autor el Mickey Mouse de una contracultura vendible.

Burroughs llamaba a las drogas duras: "...la mercancía definitiva. No hace falta convencer a nadie para vender. El cliente se arrastrará por una cloaca y suplicará que le vendan". En El almuerzo desnudo, ofrece un relato mucho más profundo y más complejo de la cultura occidental. El argumento central de la novela es que las drogas no son un problema accidental; la idea de la adicción está firmemente incrustada en una sociedad que fetichiza la comodidad y el consumo. Más aun, la línea entre las denominadas drogas "recetadas" y las drogas ilegales es muy fina, y puede ser manipulada por los que ostentan el poder para servir a su necesidad de incrementar los beneficios.

Por estos argumentos por sí solos no harían de El almuerzo desnudo un gran libro. Lo que es más importante es la tremenda energía y la intensidad que Borroughs confiere a sus escenas de violencia y descontrol. Nos presenta un reparto de personajes que están constantemente dándose cabezazos con los muros de las prisiones en que se han convertido sus vidas; ven parte de la verdad del "sistema", pero están demasiado paralizados por la dependencia para escapar. Además, Burroughs inventa su propio estilo, aquí y en otras novelas, basándose en lo que denominó la "técnica de la fragmentación", que le sirve para que el lector no acabe de captar del todo el ambiente.

Las narrativas comienzan, se interrelacionan, se pierden, y vuelven a encontrarse; los escenarios se vislumbran y después desaparecen de la vista.
Hay muchos textos posmodernos que utilizan narradores poco fidedignos. Burroughs va más allá, creando un mundo que parece no tener ninguna coordenada reconocible. Perdidos en el mundo del yonkie, a veces somos dolorosamente conscientes de que las visiones paranoicas del mundo de la droga pueden ser más precisas sobre los sistemas del poder corporativo y estatal que las consoladoras ficciones que nos decimos a nosotros mismos al afirmar la libertad de la voluntad individual.

8 comentarios:

39escalones dijo...

He de reconocer, sonrojado, que lo tengo pendiente. Aunque con este brillante post has hecho que lo adelante varios puestos en la lista de prioridades.
Fenomenal texto y gran reflexión la de las drogas como encarnación del capitalismo perfecto y del marketing en estado puro: de eso se trata, de crear necesidades y de satisfacerlas, el cliente a casa...
Fuerte abrazo.

Danilo Parte, a.k.a ,Martín iconli Mon dijo...

El almuerzo desnudo estuvo lejos de entusiasmarme.

mi nombre es Alma dijo...

Escritores como Borroughs producen en mi un sentimiento ambivalente. Reconozco por una parte la paradoja de su escritura, utilizar una adicción que ata para escribir libremente sobre las causas de la misma y conseguir con ello influenciar a otros artistas. Por otra parte y teniendo en cuenta que por razones de mi anterior trabajo en servicios sociales, he estado en contacto con muchos drogadictos con menos glamour, creo que el escritor conocía muy bien las causas de las adicciones, pero no termina de ver la consecuencias finales para aquellos que no disponían de sus medios para mantenerlas. O quizás si, no lo sé. Lo único que se es lo que he visto.

Un abrazo, un placer leerte

Elena dijo...

Cada vez que entro en tu blog descubro películas, libros y autores que me son totalmente desconocidos. Es una de las cosas que más me gustan de él. Creo que el mundo de las drogas, especialmente las consideradas drogas duras, nos resulta muy lejano a muchos, y sólo gracias a algunas películas (Trainspotting es una de mis favoritas al respecto) y libros podemos atisbar el sufrimiento y el deterioro que padecen todos aquellos que han tenido la desgracia de caer en estas redes. Hace poco vi una película sobre el tema que me encantó y que además demuestra otra vez el genio interpretativo de ese gran actor que es Benicio del Toro, Cosas que perdimos en el fuego. Me siguen sobrecogiendo este tipo de historias.

Un saludo

Raúl dijo...

Nada he leído de este autor, y tan solo tengo (como bien apuntas en el inicio de tu reseña) vagas referencias del personaje.
Se me antoja una lectura difícil la suya, sólo al alcance de lectores ya no iniciados, sino incluso necesitados de profundizar en la complejidad de lo que leen. Algo asi como me imagino que has de ser tú, en estos menesteres.

Vivian dijo...

Desconocía al autor y desconocía su obra, pero tal y como lo presentas conseguiste despertar mi curiosidad, es una visión interesante del mundo de las drogas.
Como suelo decir cuando me dicen aquello de que deje de fumar, cada uno se mata como quiere, eso sí, siempre que se actúe desde el conocimiento de los riesgos y las consecuencias de los hábitos que adoptamos y que seamos conscientes que en una adicción el yo controlo es una frase estúpida, el cerebro humano no está diseñado para controlar el uso de drogas, las drogas están diseñadas para controlar nuestro cerebro, en particular, nuestra voluntad.

Un beso

s a n d r a dijo...

Un "maldito" pendiente de mi colección ; )

P e t o n s

s a n d r a dijo...

; )