lunes 24 de agosto de 2009

HOMENAJE A J.G.BALLARD (1)


"Voy a sumar todos mis temores acerca del futuro en una palabra: aburrido."
J.G.Ballard (15 de noviembre 1930-19 de abril 2009)


A veces, cuando me preguntan qué libro me llevaría a una isla desierta, suelo responder que si tuviera que llevarme un sólo libro, preferiría ahogarme en el naufragio. Pero de todas maneras, creo que con las obras completas de J.G.Ballard me sentiría más que satisfecho. No es la primera vez que escribo aquí sobre Ballard, uno de los novelistas que más admiro y que más releo. Lo que no acierto a comprender es que su obra sigue siendo bastante desconocida en nuestro país, cuando se trata de uno de los autores más profundos, fascinantes y originales de la mitad del siglo XX. Por este motivo he decidido comentar en los próximos posts sus obras más representativas. No he querido seguir ningún orden cronológico de sus publicaciones, porque como dijo Ballard, la vida nunca es lineal y el tiempo es pura ilusión.

"En mi ficción, el futuro no ha estado nunca a más de cinco minutos." Son palabras del autor. Durante más de treinta años, sin embargo, los lectores de ciencia ficción más perspicaces sabían que Ballard era alguien especial, posiblemente el escritor de cf más importante desde H.G.Wells. Crash sigue siendo su obra maestra, su metáfora más extrema, pero Rascacielos la sigue de cerca como relato de horror tecnológico. Más que un repliegue en la subjetividad, Ballard apunta pues a un hiperrealismo, que tiende a discernir cuánto hay de subjetivo en el paisaje que vemos y en qué medida el paisaje tecnológico en que vivimos condiciona nuestra visión de las cosas.

Es escenario de la novela es un lujoso edificio de apartamentos de cuarenta plantas en las afueras de Londres. Es, en efecto, "una pequeña ciudad vertical", con unos dos mil habitantes de clase media. Dentro del edificio hay tiendas, bancos, restaurantes y piscinas. El personaje central, el doctor Robert Laing, trabaja en una escuela médica cercana. Pero no le vemos en el trabajo, sino sólo en su casa, donde se instala en su "sobrevalorada celda" con las comodidades, el anonimato y la falta de imperiosas obligaciones sociales que entraña ese moderno estilo de vida. "Las Torres de Londres le parecían cada día un poco más distantes, como el paisaje de un planeta abandonado que retrocedía alejándose lentamente." El rascacielos es un paraíso tecnológico autónomo que les permite a sus habitantes ser tan egoístas y reservados como deseen.

Crecen los problemas. Una botella de vino se estrella contra el balcón de Laing; el perro de alguien es ahogado deliberadamente en una piscina. Entre los habitantes del edificio estallan mezquinas peleas. Gradualmente, pero sin remordimiento, siguiendo lo que Ballard llamaría una "lógica errónea", la vida en el rascacielos se vuelve muy desagradable. Durante un apagón estalla la violencia, y pronto los ocupantes del edificio se encuentran estratificados en clases sociales provisorias; la posición jerárquica es determinada por la altura de la planta en que uno vive. Se hacen alianzas nocturnas. Muere gente, pero nadie informa a la policía; todo el mundo disfruta demasiado de la experiencia como para perturbarla con intromisiones del mundo exterior. Los propietarios dejan de ir a trabajar, y el rascacielos se convierte en su mundo exclusivo, un lugar de excitación y peligro que los absorbe por completo. Hacia el final, cuando ya las mayores batallas han terminado, y el edificio está semidestruido, la vida parece establecerse en un nuevo nivel: los sobrevivientes, como Laing, son cazadores-recolectores casi solitarios, que se abren camino a través de los apartamentos en ruinas, felices en su autosuficiencia. En la última página, Laing advierte que las luces acaban de apagarse en un rascacielos vecino. Ve las linternas de los residentes y observa sus movimientos con satisfacción, "listo para darles la bienvenida a un nuevo mundo."

Rascacielos no es una sátira social desalmada, ni una pesimista alegoría moral de involución y degradación. Es más sutil y significativa que eso. Como Crash, enfrenta al lector con una serie de inquietantes cuestiones acerca de nuestro modo de vida, o por lo menos el modo en que viviremos en un futuro muy cercano. ¿En qué medida hemos creado inconscientemente nuestra tecnología a fin de satisfacer nuestras perversiones secretas? ¿Cuánto orden y cuánta pacífica razón somos realmente capaces de soportar? ¿Estamos presenciando la muerte del afecto, el fin de los sentimientos humanos tradicionales? Y si es así, ¿qué clase de mundo nos espera al final de este breve período de transición? Aun admitiendo que cualquier forma de violencia es mala, uno no puede dejar de preguntarse por qué la gente parece necesitar de ella. Decimos y creemos que la violencia es mala, pero ella impregna nuestra vida real. Concentrándose obsesivamente en el futuro tal como se revela en el presente, J.G.Ballard se ha convertido en el más mordaz de los profetas modernos.

7 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

La violencia nos sobrevuela como un alado y rabioso perro que nos muerde y nos infecta con su rabia sin que a veces toleremos la vacuna que nos daría inmunidad.

Te traigo un fragmento de un poema de David Escobar Galindo:

...¡Ah silencio infranqueable de los violentos,
nunca seremos altos si nos dominas,
nunca seremos dignos del aire inmune,
nunca seremos ojos llenos de vida,
sino que en lava inmunda vegetaremos,
entre un sol de gusanos que se descuelgan,
mientras la sangre brota de mil espejos,
oscureciendo el agua con sangre muerta.
...

En eso nos convierte, nos ha convertido, nos convertirá la violencia-

Un abrazo, esperando próximas entregas

Elvira dijo...

"Voy a sumar todos mis temores acerca del futuro en una palabra: aburrido."

Pues yo no puedo decir que todos mis temores se resuman en eso, pero me horripila tener que vivir situaciones muy aburridas, sin interés alguno. Algunos se escandalizan cuando digo que detrás de las personas crueles y corruptas, sin escrúpulos ni vergüenza, las que más me espantan son las aburridas.

Hay quien dice que todo consiste en saber encontrar el interés o el encanto en cualquier situación o persona, pero yo disiento. Y eso que me encanta disfrutar de cosas sencillas y pequeñas, no es que necesite grandísimos planes, pero la buena compañía me parece imprescindible.

La historia del libro Rascacielos parece muy reveladora e inquietante. Para hacernos reflexionar y reaccionar. Pero me he quedado más con la primera frase que has citado.

Un fuerte abrazo, querido Francisco (contigo no se aburre uno nunca :-))

Licantropunk dijo...

Voy a buscar "Rascacielos": tus recomendaciones siempre han funcionado.
Saludos.

vicente dijo...

Algunos antropólogos o sociólogos efirman que hace muchos siglos, cuando los seres humanos eran gobernados -perdón- administrados por mujeres en sus capacidades, sentimientos y todo lo que comenzaba a florecer en los nuevos habitantes, había paz y equidad. Era impensable que alguien retuviera algo que los demás no lo poseyeran, ni a nadie le faltaba algo. Todos eran iguales y diferentes. Tampoco se podía imaginar la violencia en cualquier forma. La historia o la suposición dice que cuando un grupo pequeño de hombres aprendió que daba mejor resultado guardar semillas para la próxima estación se podría trabajar menos y realizar otras actividades. O simplemente dedicarse al ocio.
Tal vez sea ésta una ingenua mirada. Pero a veces tengo el presentimiento que los hombres (los varones) hemos construído una sociedad a medias, sin el alma femenina para organizarlo. Ellas son expertas en eso.

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

hola Francisco, gracias por tu comentario, me alegra que gente como tu que hace tiempo que visitais el blog, sigais hay, la verdad es que ultimamente no le he dedicado mucho tiempo, he tenido poco tiempo a la vez que he andado involucrado en otros proyectos y un poco desmotivado en este.
He leido tu comentario acerca de Rascacielos en algún mommento me hha recordado el discurso visionario de G Orwell...me ha gustado mucho tu comentario y como el resto de opiniones considero que el hombre y especialmente como dice Vicente, nosotros los Varones hemos estructurado el mundo en gran parte a base de relaciones que muchas veces giran en torno a la propia violencia, en los trabajos, en las escuelas, en los gobiernos de algunos paises.....Rascacielos parece acercarse a la hipotética situación de una violencia casi a la carta, cassi personalizada.

He visto que has publicado muchas cosas nuevas, la verdad eres un hacha.

Un saludo FFrancisco

Kinezoe dijo...

Tengo una deuda pendiente con este escritor, tan sólo he leído algunos de sus relatos.

Me encantó el tema de este libro y la forma en que lo expusiste. Tomo nota.

39escalones dijo...

Me enteré de la noticia de viaje y no he tenido tiempo ni ocasión de detenerme con tiempo en su marcha. Hasta que vuelvo aquí y veo que en agosto no has estado perdiendo el tiempo precisamente.
Abrazos.