martes 13 de octubre de 2009

EL PENÚLTIMO CIGARRILLO

Aquí me encuentro, entre el silencio de la noche y la lluvia que arremete contra el cristal de la ventana leyendo La conciencia de Zeno, de Italo Svevo. Ha oscurecido de pronto, de un modo súbito y vehemente. Todo el pasado de la provincia está ahí, en ese pozo. No es más trascendental la historia, tómese como se tome. Todo queda emborronado y tergiversado por la noche. Ya no hay nadie que escuche a nadie. Sólo la noche se escucha a sí misma. Pasa un tren a lo lejos, como el destino, ignorando las estaciones pequeñas. Toda el agua del cielo no basta para lavar la tristeza de las estaciones olvidadas. Cuando se ha llegado al punto de aborrecer un lugar, es difícil acordarse de haber sentido algo diferente en otro momento. A medida que te quedas en un sitio, las cosas y las personas se van destapando, pudriéndose y se ponen a apestar a propósito para tí. Cuando ya nada tiene sentido, cada detalle recobra su valor.
El cenicero está repleto de colillas. De vez en cuando cierro el libro colocando debidamente un punto de lectura que anuncia un best sellers y voy anotando en una cuartilla cosas que se me antoja incongruentes. Menudo bloguer estoy hecho si de estas cuartillas debe salir mi nueva entrada. Hasta me ha salido un juego de palabras.


Me viene a la memoria lo que dijo una vez Blanchot: "Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia de tiempo." No hay más que un tiempo, el tiempo que acaba destruyéndolo todo. Dejo de escribir y me preparo otro cigarrillo. Lo enciendo y las volutas de humo ascienden sinuosamente hacia las vigas del techo. Hago toser a una araña que tiene menos problemas que yo a la hora de dormir, o quizá, esté esperando que algo tense los hilos de la telaraña. La vida siempre está al acecho. Si yo fuera una marioneta, que no lo sé, diría que me faltan algunos hilos, porque, en verdad, el dueño de nuestros destinos parece tirar siempre del mismo. El mundo es un problema mal resuelto si no contiene, en alguna parte de su angustiosa diversidad, el encuentro de cada cosa con todas las demás. A la vuelta de la esquina acecha siempre lo que no queremos ver. Cada nuevo día es una página en blanco. Cada noche un borrador ininteligible. De nada sirve decir ni pretender, el mundo nos abandona mucho antes de que nos vayamos para siempre.


Sigo leyendo. Esta novela es la autobiografía de Zeno, escrita a instancias del Doctor S., como una parte de su psicoanálisis. El relato de Zeno hace de su vida un pretexto para escribir el carácter transitorio de los deseos. A medida que voy avanzando en la lectura me doy cuenta que es un disimulado viaje al centro de la nada.


Zeno, es un antihéroe típico, no tiene ninguna voluntad y se ríe de su incapacidad para controlar su propia vida. Cuando llega a la conclusión de que el matrimonio podría curar su malestar permanente, se declara a la hermosa Ada, pero por casualidad hace que acabe casándose con su hermana Augusta, una mujer nada agraciada. Los sentimientos en los seres humanos son muy pasajeros. Decía Sartre que el hombre es una pasión inútil. Cuando el amor nos abandona resulta consolador descubrir que la felicidad nunca formó parte del plan. Por otra parte, nunca he visto muchas parejas felices, solo malentendidos entre enamorados que se buscan para no encontrarse. El poder y la cotidianidad son dos muros en donde suele estrellarse el amor. Luego, cuesta mucho romper cuando ya no se ama y se convierte en dos soledades compartidas. ¿Qué pensaría hoy Zeno? Cuando una pareja discute hoy en día, tal vez crea que es por dinero, o por poder, o por sexo, o por la educación de los niños, o por lo que sea. Pero en realidad se está diciendo el uno al otro, auque no lo sepan, es esto: "No eres gente suficiente." Hoy, un marido, una esposa y algunos niños no son una familia, son una unidad de supervivencia terriblemente frágil.


Mi cigarrillo se ha consumido y contemplo el cenicero, vaga ceniza del olvido y de la memoria. El silencio de la noche es lo que va dejando los días. ¿En qué momento se truncan nuestras frágiles vidas? ¿En qué extraña noche nos da de repente la espalda el destino?. Al fin y al cabo no somos más que un magro residuo de las posibilidades infinitas e irrealizadas de nuestras vidas. Somos unos pobres diablos uncidos de por vida a un destino mediocre. La vida es una sala de espera para viajeros de tercera clase.


La neurosis de Zeno se manifiesta claramente en el relato de sus repetidos y frustrados intentos de dejar de fumar. Dominado sin remedio por ese hábito, Zeno se pasa los días haciéndose una y mil veces el propósito de dejar los cigarrillos. Las fechas señaladas son para él un mágico recordatorio de la posibilidad de una nueva vida sin humo: "noveno día del noveno mes de 1899"; "tercer día del sexto mes de 1912, a las 12". Zeno necesita imponerse prohibiciones que luego infringe ritualmente. Su inestabilidad y su falta de carácter hacen que su último cigarrillo se convierta siempre en el penúltimo, miestras saborea el placer derivado de su propio fracaso.


Echo mano al paquete de tabaco Golden Virginia. Sigo leyendo. Las campanas a lo lejos anuncian una hora incierta. Sigue lloviendo.

12 comentarios:

Dana Andrews dijo...

Una contundente forma de describir la manera en que pasa el tiempo sin tener tiempo a darnos cuenta. Hay mucha magia en el humo de un cigarrillo y hay mucho olvido en las cenizas que quedan después. Un relato, una entreda, lluviosa y otoñal. Irresistible y bohemia. En otras palabras, me ha gustado y he disfrutado mucho leyéndola.

Francisco Ortiz dijo...

Leo con los dos ojos, o sea, con uno puesto en la novela y el otro en lo que vas insertando de tu lectura del libro. Resulta, cómo no, fascinante salido de tus manos: el libro y el proceso de lectura, cómo uno y uno se imbrican, son uno, y el libro y la vida del lector se unifican.
Un abrazo, amigo. Y perdona que a veces no venga a tu rincón con más asiduidad. Espero que no olvides que tu blog es de los que más admiro de la red.

mi nombre es alma dijo...

Dice Panero:
Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo


Y Alma dice:
Fumas para ganar el tiempo de lo que lees antes de que ese tiempo destruya la vida siempre al acecho entre el papel en blanco del día y ese insomnio permanente de la noche. Dejas de fumar y en el cenicero te contempla un poema que parece haberse escrito solo y que incluso no reconoces. Es sin embargo tu tiempo ganado.

Un abrazo

Joselu dijo...

Perdona, amigo, pero no soporto a Italo Svevo. Leí hace quince años La conciencia de Zeno y hace un par Senectud. Y volví a tener la misma impresión. La música de su narración no me gusta. Esa pusilanimidad del protagonista, esa reedición del hombre sin atributos que carece de voluntad, me enerva. Hay algo en Svevo que no me gusta. No todos nos tienen que gustar. Creo que con un escritor te enamora la música con que enhebra las palabra, y a veces hay músicas excelentes que no nos gustan, no concuerdan con nuestra vida. No sé si la visión de Svevo me desnuda interiormente y por eso la detesto o es que no aguanto su narrativa. En cuanto al placer de fumar, he de reconocer la poesía que tiene. Soy no fumador. No deseo fumar, ya mi cuerpo no me lo pide. Me desagrada. Pero cuando veo a alguien joven fumar se apodera de mí una envidia enorme. Que alguien tenga tanta salud como para poder fastidiársela con alegría. Fumar es un éxtasis, predispone a la comunicación y al entendimiento. No hay mayor placer que besar a una mujer fumadora ni oler el aroma de un cigarro dejado por alguna muchacha a la que vas siguiendo. La conciencia de Zeno, pues va a ser que no. Y lo siento porque me lo recomendó alguien muy enamorado de la literatura, y ahora tú lo comentas. No soporto a Svevo. ES superior a mí.

vicente dijo...

Mi pasión ha sido siempre buscar hasta encontrar esa hebra que cambie mis propios paradigmas y encontrar la felicidad, aunque sea sólo el aroma de un bosque lejano traído por el viento que surge en el calor de una buena compañía o desde un libro. Hasta me ungí de sacerdote y anatematicé un día -cuando nació mi hija mayor- al rito misterioso y sensual del cigarrillo. Por eso cuando ella se marchó de nuestro lado quedé solo dos veces.
Por eso tus entradas, querido Francisco, me hacen daño cuando comentas de libros o de cine. Es que me abres la ventana de mi casa o de mis trabajos y me gritas: "Así eres, así somos". Y te vuelvo a leer.

s a n d r a dijo...

Será que comprendo casi cada significado.
Que no son mías las dudas, aunque podrían.
Que toda esta melancolía roza el esplendor, que no siempre.
Será que me tienes el corazón robado, o que debería

: )

Molts p e t o n s

Luis Recuenco dijo...

Casualmente tengo en lista de espera ese libro. Te advierto que si tienes previsto leer 'Senectud', del mismo autor, cerciórate de que si está publicado por El Acantilado, no le falten las páginas que van de la 192 a la 225, como me ocurrió con un ejemplar de esa editorial. El fiasco me provocó tal ataque de indignación que decidí no leer nunca esa obra, como sacrificio personal en honor de autores maltratados por editores, aunque sea sin querer.

Un abrazo.

Lula Fortune dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=7vThuwa5RZU

Esto es lo único que me arranca de los brazos del esbirro del invierno: este maldito y triste otoño. También aquí llueve. Y se oye el rugido lejano de los trastlánticos que se van. Siempre se van.

En el Empire State, no lo olvides :)

Vivian dijo...

Sin palabras, esta vez me dejaste casi sin palabras, a medida que iba leyendo iba viéndote, frente a esas cuartillas, mientras el humo iba creando una atmósfera de irrealidad y ensoñación.
Hay tanto sentimiento en cada una de tus palabras, tantas cosas que dices, y tantas cosas que se adivinan sin que sean dichas, es fascinante todos los pensamientos y sentimientos que pueden pasar por tu cabeza con la lectura de un libro, que resultó ser éste, pero tengo la sensación que también podría haber sido algún otro que ahora mismo me viene a la cabeza.
Me entró curiosidad por el libro, ese intento de intentar cuando en realidad no se tiene el convencimiento de querer conseguir lo que se intenta.
Maravilloso texto, aunque creo que esta vez, esta no sería la palabra, pero sé que entiendes lo que quiero decir, al menos lo espero.

Un beso muy fuerte.

Raúl dijo...

No conozco la novela que te ocupa. No me importa. me detengo y me complazco, con la forma que tienes de enlazar realidad y realidad, presente y presente, lectura y vida.
Abrazos.

Licantropunk dijo...

Fantástico retrato. Esta entrada es un regalo. ¡Enhorabuena!

39escalones dijo...

Uf, qué texto. Desconozco la novela (como tantas veces) pero me la anoto porque visto lo visto se me hace imprescindible.
Abrazos.