"Se asoma a las ventanas? ¿En qué casa se ha refugiado?"
Elias Canetti, Apuntes
Elias Canetti, Apuntes
Los edificios que veo por el balcón, van perdiendo a medida que los observo su naturalidad, su seguridad, su realidad para convertirse en objetos absurdos, inexplicables, altos cubos de concreto perforados por rectángulos luminosos, moles cuadriculadas divididas en pisos donde la gente como yo está instalada en pequeños habitáculos y aislada de todo y de todos. Y en esos espacios amontonados pero incomunicados tienen que vivir, sufrir, dormir, gozar, morir, toda la vida. ¿Cómo así se ha llegado de la caverna a esas gigantescas cajas tan semejantes unas de otras como las celdas de las abejas? ¿Por qué? No entiendo todo cuadrado, todo cúbico, todo regido por el ángulo de 45 grados. ¿No hay otra forma de utilizar el espacio, otra figura, otra manera de apropiarse del vacío y habitarlo? Trato de imaginar lo imposible y no puedo concebirlo justamente porque es imposible. ¿Dónde debería uno vivir para verse libre de tanta porquería? ¿Encontramos alguna vez el lugar adecuado? Cada vez se hace más difícil en la presente irrealidad del mundo, dar una respuesta a la pregunta de Nietzsche: "¿Dónde puedo sentirme en casa?" "De qué sirve una casa si no se encuentra con un mundo tolerable donde situarla." Henry Thoreau.
Apenas se construyen casas; sólo cubículos deprimentes para almacenamiento humano. ¿Por qué para comprar una casa de sesenta metros cuadrados es preciso hipotecar el alma mientras chorizos con corbatas de seda generan en veinticuatro horas plusvalías de cientos de millones? Vivimos en un mundo gestionado por los bancos a costa de individuos destruidos y con el futuro hipotecado. Todos los agentes inmobiliarios son unos estafadores: nos venden algo que nunca tendremos. No comprendemos que nunca seremos dueños de nada en esta tierra. Todos somos inquilinos. Nos venden aire, metros cuadrados provisionales que para poder pagarlo, hay que deslomarse toda la vida. Es una lástima pasar por la vida nada más que para tener una casa. Lo más divertido son los jóvenes que se alegran de no tener que seguir pagando alquiler cuando van a seguir pagando una hipoteca todos los meses durante treinta años. ¿Dónde está la diferencia? El agente inmobiliario es un individuo que obliga a otras personas a trabajar para pagar algo que sólo alquilan, porque un propietario sólo es un inquilino prisionero de su alojamiento, un deudor que no puede mudarse de casa.
Los humanos no somos hijos de lo fijo, lo estable, lo ordenado, lo lleno de propósito, sino que tratamos de fijar, de estabilizar, de ordenar y de introducir proyectos allí donde todo es azaroso; precisamente porque todo es azaroso, insondable. Bailamos sobre el abismo.
Joseph de Maistre cita el caso de un príncipe ruso amigo suyo que dormía en un lugar cualquiera de su palacio y que no tenía, por así decirlo, cama fija, pues vivía con el sentimiento de encontrarse con él siempre de paso, de estar acampando allí en espera de irse en cualquier momento.
Un escritor amigo mío que se había pasado la vida poniendo casas magníficas y huyendo de ellas. Montaba un gran piso y luego se iba a escribir a los cafés. Cuanto más iluminadas y prósperas son nuestras casas, más fantasmas manan de sus paredes; los sueños del progreso y de la racionalidad son visitados por espectros. "Tu serás aquel que no tiene domicilio y al que se viene a interrogarse sobre un banco." Andre Breton.
En Henri Michaux había un admirable odio al domicilio. Siempre fue un nómada. En los últimos años de su vida, encerrado en París, se mudó de piso en repetidas ocasiones, pues como él mismo escribiera en La noche se agita: "El que no acepta este mundo, no levanta una casa en él."
Tengo un amigo poeta muy similar a Bartleby y Robert Walser. Lleva su vida a tal extremo de precariedad que da vértigo. Vive en una buhardilla y siempre cita a Séneca: "Hay que acostumbrarse a la frugalidad". No tiene ni agua ni luz. Su casa está iluminada con velas aromáticas que roba en las iglesias. "A Dios no le hace falta". Y el agua la recoge de las fuentes. Dice que con el dinero ahorrado se va a ver mundo. Una vez me dio una gran lección.
-Paco, anota: hipoteca mensual, luz, agua, gas, comunidad. ¿Lo tienes?
-Si.
-¿Cuánto sale al año?
-¡Joder! Una pasta.
-Ahora anota cuánto tiempo está un individuo en casa.
Hice unas cuentas aproximadas. No fue difícil, contando que la gente se pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa para trabajar y poder pagar un espacio vacío. Al final se reduce a la hora de dormir.
-Bien Paco. A esa gente le sale muy caro dormir, suponiendo que duerman.
Salgo del balcón y me vuelvo hacia los edificios y me quedo mirándolos por última vez. Cada uno de ellos se vuelve hacia mí y parecen decirme: "Acércate, tú no estás más solo que nosotros". Entro. Mi cubículo es de una persona que me es extraña.
Apenas se construyen casas; sólo cubículos deprimentes para almacenamiento humano. ¿Por qué para comprar una casa de sesenta metros cuadrados es preciso hipotecar el alma mientras chorizos con corbatas de seda generan en veinticuatro horas plusvalías de cientos de millones? Vivimos en un mundo gestionado por los bancos a costa de individuos destruidos y con el futuro hipotecado. Todos los agentes inmobiliarios son unos estafadores: nos venden algo que nunca tendremos. No comprendemos que nunca seremos dueños de nada en esta tierra. Todos somos inquilinos. Nos venden aire, metros cuadrados provisionales que para poder pagarlo, hay que deslomarse toda la vida. Es una lástima pasar por la vida nada más que para tener una casa. Lo más divertido son los jóvenes que se alegran de no tener que seguir pagando alquiler cuando van a seguir pagando una hipoteca todos los meses durante treinta años. ¿Dónde está la diferencia? El agente inmobiliario es un individuo que obliga a otras personas a trabajar para pagar algo que sólo alquilan, porque un propietario sólo es un inquilino prisionero de su alojamiento, un deudor que no puede mudarse de casa.
Los humanos no somos hijos de lo fijo, lo estable, lo ordenado, lo lleno de propósito, sino que tratamos de fijar, de estabilizar, de ordenar y de introducir proyectos allí donde todo es azaroso; precisamente porque todo es azaroso, insondable. Bailamos sobre el abismo.
Joseph de Maistre cita el caso de un príncipe ruso amigo suyo que dormía en un lugar cualquiera de su palacio y que no tenía, por así decirlo, cama fija, pues vivía con el sentimiento de encontrarse con él siempre de paso, de estar acampando allí en espera de irse en cualquier momento.
Un escritor amigo mío que se había pasado la vida poniendo casas magníficas y huyendo de ellas. Montaba un gran piso y luego se iba a escribir a los cafés. Cuanto más iluminadas y prósperas son nuestras casas, más fantasmas manan de sus paredes; los sueños del progreso y de la racionalidad son visitados por espectros. "Tu serás aquel que no tiene domicilio y al que se viene a interrogarse sobre un banco." Andre Breton.
En Henri Michaux había un admirable odio al domicilio. Siempre fue un nómada. En los últimos años de su vida, encerrado en París, se mudó de piso en repetidas ocasiones, pues como él mismo escribiera en La noche se agita: "El que no acepta este mundo, no levanta una casa en él."
Tengo un amigo poeta muy similar a Bartleby y Robert Walser. Lleva su vida a tal extremo de precariedad que da vértigo. Vive en una buhardilla y siempre cita a Séneca: "Hay que acostumbrarse a la frugalidad". No tiene ni agua ni luz. Su casa está iluminada con velas aromáticas que roba en las iglesias. "A Dios no le hace falta". Y el agua la recoge de las fuentes. Dice que con el dinero ahorrado se va a ver mundo. Una vez me dio una gran lección.
-Paco, anota: hipoteca mensual, luz, agua, gas, comunidad. ¿Lo tienes?
-Si.
-¿Cuánto sale al año?
-¡Joder! Una pasta.
-Ahora anota cuánto tiempo está un individuo en casa.
Hice unas cuentas aproximadas. No fue difícil, contando que la gente se pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa para trabajar y poder pagar un espacio vacío. Al final se reduce a la hora de dormir.
-Bien Paco. A esa gente le sale muy caro dormir, suponiendo que duerman.
Salgo del balcón y me vuelvo hacia los edificios y me quedo mirándolos por última vez. Cada uno de ellos se vuelve hacia mí y parecen decirme: "Acércate, tú no estás más solo que nosotros". Entro. Mi cubículo es de una persona que me es extraña.

10 comentarios:
Mi cubículo y yo
Refugio mi alma
en un habitáculo duro
que a veces me expulsa
de su entraña
es tan pequeño
y tan inmensa su debilidad
que las ventanas se cierran solas
y no encuentro la llave
que abra mi vida
es mi cubículo
mi único cubículo
Sólo hay un habitáculo que podemos considerar nuestro y aún así, nuestro cuerpo no se deja habitar del todo.
Un abrazo, estupendo texto, como siempre
Hola Francisco:
Interesante reflexión sobre el espacio en que dormimos (iba a poner vivimos, pero no me atrevo).
Algunos jóvenes, los llamados Okupas, piensan como tu amigo y viven en casas abandonadas sin pagar nada y sin servicios. Piensan que es injusto que existan habitáculos vacíos mientras hay gente que no tiene casa. En el fondo también buscan una casa, un hogar, un rincón en donde descansar al llegar la noche.
Me gustan tus textos!
Un abrazo.
Hola querido Francisco: Planteas tantas preguntas interesantes que diga lo que diga me quedaré corta.
Empezando por la parte formal del asunto: lo que más favorece el máximo aprovechamiento del espacio son esos ángulos de 45 grados (por norma general). En los espacios curvos, triangulares o trapezoidales, etc. es muy difícil hacer encajar los muebles comprados, casi todo se ha de hacer a medida. Pero es verdad que muchos edificios son feos y sin alma, tanto por fuera como por dentro. Cubículos deprimentes, como bien dices.
Las citas de Nietzsche y Thoreau son muy buenas. Yo contestaría a Thoreau que en cierto modo resulta aún más importante tener un buen refugio si no te gusta lo que te rodea. Pero le doy la razón.
Y te doy la razón en lo que dices sobre los chorizos con corbatas de seda. Es indignante.
"Los humanos no somos hijos de lo fijo, lo estable, lo ordenado, lo lleno de propósito, sino que tratamos de fijar, de estabilizar, de ordenar y de introducir proyectos allí donde todo es azaroso; precisamente porque todo es azaroso, insondable. Bailamos sobre el abismo." Totalmente de acuerdo. En medio de toda esa inseguridad buscamos algo que nos dé un poco de sensación de estabilidad. Para algunos puede bastar con la buena salud, con ella sienten que ya se saldrán de cualquier apuro; otros tienen unos afectos sólidos que les compensan por la incertidumbre de la vida; otros quizá no tienen ni salud ni cariño alrededor, y se agarran a la solidez de una vivienda propia. Pero las personas que intentan tenerlo todo sólido, seguro y estable, acaban matando la vida. Porque la vida no se deja atrapar ni encerrar.
La frase de tu amigo da que pensar: "A esa gente le sale muy caro dormir, suponiendo que duerman."
Yo intento hacer mi cubículo lo más amable, acogedor y cálido posible. Lo necesito.
Besos y un fuerte abrazo
Pues sí, es curiosa la forma de "hacinamiento" que ideó el ser humano. Yo no dejo de asombrarme todas las noches, cuando salgo a la terraza y miro a mi alrededor desde la altura, de la cantidad de historias encerradas entre cuatro paredes. Menudo tinglado se acabó montando aquí abajo...
Lo del precio de la vivienda es de vergüenza, muy triste. Tu reflexión, como siempre, sabia y diáfana. Un placer leerte.
Un abrazo.
Vuelvo a tu blog y aprovecho estos días en los que mi ordenador ha enfermado para leerte más detenidamente, también rescatando algunas de tus "viejas" entradas. Puedo así hacerme una idea más completa de éste tu "hogar", y la verdad es que me gusta.
No siempre comparto tus puntos de vista, pero me gusta leerte, y te felicito especialmente por tu valiente sinceridad tan bien hilvanada palabra a palabra. Destilando tanta emoción y sentimiento.
Lo que vengo a decirte, a propósito de tu último post, es que tu espacio se está convirtiendo en un lugar de visita obligada para mi, pues a pesar de la crudeza de tus palabras yo aquí me siento como en casa.
Un saludo.
Volveré.
Nosotros elegimos, tenemos opciones, incluso la trasgresión está a nuestro alcance. TODO. Tampoco es cuestión de sublimarlo todo como nos aconsejaba Girondo, pero sí ser consecuentes con nuestras decisiones y amarlas.
Un habitáculo debería ser cómplice de nuestra necesaria intimidad, y hemos edificado castillos y ostentosas fortificaciones para algo tan sencillo. Somos curiosos, por no decir ridículos.
B e s o s
Ay, he elegido el peor día para leer este magnífico texto: hoy firmo mi hipoteca por mi cubículo de sesenta metros... Estoy nerviosísimo, al fin y al cabo uno no se casa (con el banco, que es el único matrimonio duradero de verdad) todos los días.
Espero que no me "divorcien".
Abrazos
Si hubieses escrio esta entrada hace no más de un año o año y medio, te hubiesn tachado de subversivo, de antisocial, de incorrecto. Hoy sin embargo, tu canto, aunque va a resultar igual de infructuoso que el lamento de un mudo, resulta apropiado, y viene pintiparado por los acontecimientos.
Es muy mediterráneo eso de adquirir propiedades inmobilairias. La culpa la tiene la figura de la "herencia" romana; no eres nadie, sino les dejas un techo a tus hijos, aunque sólo sea uno y ellos cuatro, y acaben pegándose por los centímetros de más que uno se queda en detrimento del otro.
Mi mayor problema, es mi hipoteca. Eso es un hecho. Sin ella, o simplemente con una reducción sustancial de la que tengo, me cambiaría el semblante, haría más cosas de provecho, y podría invitar más a menudo a tomar copas.
Resignación, es lo que queda.
Aysss, Francisco, esta es de esas entradas que hace que agradezca a Internet el haberte encontrado, no sabes la cantidad de sentimientos que he ido experimentando mientras te leía, y como, iba sonriendo mientras descubría que, de nuevo, volvemos a estar de acuerdo.
Soy lo que la gente denomina, un “culo de mal asiento”, en mis años de mi vida he vivido en más lugares de los que muchos visitarán en toda su vida, y es precisamente gracias a que, entre mis ambiciones nunca ha estado tener una casa en propiedad, y mudanza tras mudanza he aprendido a moverme por la vida con lo necesario, sin esa obsesión por acumular cosas, “trastos” que no nos sirven pero que siempre acabamos guardando.
Supongo que para muchos mi forma de vida es triste, porque a mí edad no tengo una casa en propiedad, tengo algo mucho mejor, la libertad de vivir donde me da la gana cuando me da la gana, bueno, a esto también contribuye tener una profesión en la que es fácil encontrar trabajo en cualquier parte, todo hay que decirlo, que mal que nos pese, el dinero, es necesario para sobrevivir, que no para vivir.
Besos, muchos.
Todavia me pregunto cual es la diferencia de vivir en un departamento,o en una casa.Mejor dicho donde es mejor vivir.Yo vivo en una casa con jardin,y es muy comoda.
Para mi lo unico diferente es que no tengo encargado,no pago expensas,no tengo que ir a las reuniones de consorcio.Tengo terraza propia,no la comparto.
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