
"No es bueno abandonar, siempre existe una luz minúscula en el infierno más oscuro." Charles Bukowski
Charles Bukowski (Hank para los amigos), fue el último maldito de América, cuando ya no quedan malditos en Europa y la literatura se ha burocratizado. Ocurre que en vida de este singular y ominoso escritor se explotó mucho lo peor de él. La imagen de Hank con resaca y la botella de cerveza, las putas y los caballos, era en algunos sentidos más importante que su obra.
De la prosa de Hank se levanta un hedor de originalidad, desesperación, alegría negra, vino malo y sexo frío; tránsfuga de la patria, de la vida, de la muerte. Es un genio de la vulgaridad, un artista de la ordinariez, y eso le salva de cualquier horterismo entre fino de escritor universitario. Hank huele a América, a alcantarilla de Los Ángeles, a marginal que se masturba en las traseras de los rascacielos, a puta de los cincuenta y a hombre que ha vivido en la calle. Toda la basura que acumuló artísticamente en su obra, arde ahora frente a su nombre, como un homenaje a su sinceridad, su anarquía, su generosidad y su amor por los viejos tesoros de la pobreza americana. La de cosas que Hank puede ver en un alambre de la ropa. Se crió en la miseria, se pasó media vida observando la pobreza que tenía en torno, aquella pobreza de la que quería salir a cuchilladas, y por eso, luego, a la hora de escribirlo todo, ve en lo pequeño, en lo miserable, en los perros sin dueño ni carne ni amor, la verdad última, escasa y viandante de la vida. "Cuando alguien ha sido pobre toda su vida nunca puede olvidarlo."
Hank dio voz a los desheredados, los marginados, los incapacitados, los dementes, los obreros, los borrachos y los rebeldes. Se propuso escribir siempre con claridad para que la gente supiera exactamente lo que decía. No consultaba diccionarios. Eludió los vocablos largos y empleó las palabras más sencillas y claras.
La acusación más grave que Hank hace a la sociedad, y que encontramos a lo largo de toda su obra, es que la gente, atemorizada por las condiciones sociales y económicas, acaba aceptando la humillación y el fracaso. Aceptan puestos de trabajo que les roban individualidad y gradualmente van aceptando, e incluso admitiendo, la sumisión a otras personas con puestos de mayor poder. Así pierden la capacidad de pensar por sí mismos. "Los días en las fábricas, los días de descargar camiones, los días de sacar cajas de pescado congelado, los días de cargar terneras muertas sobre mis hombros estaban pagando su deuda."
También nos encontramos con el típico dropo de Hank: un escritor que escribe sobre la historia que está escribiendo, borrando los límites entre el arte y la vida. Hank había sido "posmoderno" y "metaficcional" desde el primer momento: sus escritos escriben sobre la escritura y el ser escritor con tanta frecuencia como sobre cualquier otra cosa. "No hay suficientes lectores que entiendan, disfruten, digieran escritura avanzada."
En la literatura de Hank hay una personalísima denuncia social mezclada con un fuerte individualismo anarquizante. Hank nunca bajó la guardia contra el establishment.
Era una persona genial, sensible, torturada y vulnerable, atrapada en una pequeña habitación. "Soy un individuo muy romántico, soy muy sentimental. Soy sensiblero. Si supiera dónde estaba."
El infierno es un lugar solitario, amigo.
Lectura recomendada: Dos píldoras de Charles Bukowski: El borracho y Factótum, en el blog 39 escalones.
De la prosa de Hank se levanta un hedor de originalidad, desesperación, alegría negra, vino malo y sexo frío; tránsfuga de la patria, de la vida, de la muerte. Es un genio de la vulgaridad, un artista de la ordinariez, y eso le salva de cualquier horterismo entre fino de escritor universitario. Hank huele a América, a alcantarilla de Los Ángeles, a marginal que se masturba en las traseras de los rascacielos, a puta de los cincuenta y a hombre que ha vivido en la calle. Toda la basura que acumuló artísticamente en su obra, arde ahora frente a su nombre, como un homenaje a su sinceridad, su anarquía, su generosidad y su amor por los viejos tesoros de la pobreza americana. La de cosas que Hank puede ver en un alambre de la ropa. Se crió en la miseria, se pasó media vida observando la pobreza que tenía en torno, aquella pobreza de la que quería salir a cuchilladas, y por eso, luego, a la hora de escribirlo todo, ve en lo pequeño, en lo miserable, en los perros sin dueño ni carne ni amor, la verdad última, escasa y viandante de la vida. "Cuando alguien ha sido pobre toda su vida nunca puede olvidarlo."
Hank dio voz a los desheredados, los marginados, los incapacitados, los dementes, los obreros, los borrachos y los rebeldes. Se propuso escribir siempre con claridad para que la gente supiera exactamente lo que decía. No consultaba diccionarios. Eludió los vocablos largos y empleó las palabras más sencillas y claras.
La acusación más grave que Hank hace a la sociedad, y que encontramos a lo largo de toda su obra, es que la gente, atemorizada por las condiciones sociales y económicas, acaba aceptando la humillación y el fracaso. Aceptan puestos de trabajo que les roban individualidad y gradualmente van aceptando, e incluso admitiendo, la sumisión a otras personas con puestos de mayor poder. Así pierden la capacidad de pensar por sí mismos. "Los días en las fábricas, los días de descargar camiones, los días de sacar cajas de pescado congelado, los días de cargar terneras muertas sobre mis hombros estaban pagando su deuda."
También nos encontramos con el típico dropo de Hank: un escritor que escribe sobre la historia que está escribiendo, borrando los límites entre el arte y la vida. Hank había sido "posmoderno" y "metaficcional" desde el primer momento: sus escritos escriben sobre la escritura y el ser escritor con tanta frecuencia como sobre cualquier otra cosa. "No hay suficientes lectores que entiendan, disfruten, digieran escritura avanzada."
En la literatura de Hank hay una personalísima denuncia social mezclada con un fuerte individualismo anarquizante. Hank nunca bajó la guardia contra el establishment.
Era una persona genial, sensible, torturada y vulnerable, atrapada en una pequeña habitación. "Soy un individuo muy romántico, soy muy sentimental. Soy sensiblero. Si supiera dónde estaba."
El infierno es un lugar solitario, amigo.
Lectura recomendada: Dos píldoras de Charles Bukowski: El borracho y Factótum, en el blog 39 escalones.
9 comentarios:
Debo de ser uno de los frutos de ese aproximamiento pervertido que dices que la sociedad ha hecho de Bukowski, pues soy de los que no le han encontrado la miga.
Lo he leído poco, es cierto. Recuerdo "Mujeres", como referencia de lo poco que puedo decir de él.
Si bien entiendo que leerle puede llegar a ser incluso obligado, pues esa rebeldía (más diría yo mezquindad) que destila, hace de su lectura algo chocante e incluso quizá atractivo, a mí en particular no me ha aportado nada más que no sea la impresión de que estoy ante un "estilo", y no tanto frente a un "fondo".
Me pasa con tu entrada, lo que con las buenas homilías; que tras leerla, casi me arrepiento de haber sido un lector bukowskiano tan zafio y poco interesado.
Pido mil perdones.
El escritor hablaba al lector con la franqueza del parroquiano que te cuenta su vida acodado en una barra de mármol mientras trasiega un líquido más efectivo que el suero de la verdad de la CIA. Gran Bukowski. Como me decías hace poco en un comentario: la simple película de un borracho sentado todo el día en una barra de bar.
Saludos.
Gracias por el enlace, Francisco.
Fenomenal texto: el autor de la pesadilla americana en contraposición al sueño del establishment que comentas. Una pesadilla muy real frente a un sueño prefabricado como la Nueva Tierra Prometida, invento de unos pocos que nos la ponen ante los ojos como la zanahoria ante el caballo que no quiere andar.
Gran texto.
Abrazos, amigo.
Estoy leyendo "Mujeres " tu comentario me ayudara
Suelo leer pocos por no decir ningun libro en el que se hable de marginados, incapacitados o dementes, sobre todo por un acto de autodefensa. Creo que ya te he comentado que por mi trabajo anterior conocí a muchos habitantes del infierno y que sin querer parte de ese "trabajo" te lo llevabas a casa, y es por eso mismo que evitabas en lo posible profundizar aún más en sus vidas, no hay mente lúcida y con sentimientos que lo resista.
Un abrazo
Tengo una deuda pendiente con este escritor. Espero comenzar a saldarla en breve; el pastel es de lo más apetecible... Gran descripción la que nos brindaste.
Un abrazo.
Hola Francisco: me quedo muy especialmente con la cita que has puesto al principio. Tu entrada maravillosamente escrita, como es habitual. A mí, por motivos diferentes que a Alma, me pasa algo parecido a lo que ella explica.
Te mando un fuerte abrazo, querido amigo
Nunca fue un recuperado por la sociedad y lo admiro por eso... El programa Apostrophes de 1978 es gráfico y genial, su editor francés insistió para que Bukoswski asistiera,un Pivot "franchouillard" rodeado de snobs intelectuales escandalizados y patéticos, que pierden los papeles... el único que mantiene el tipo (su tipo) es él... él se bebió las botellas de vino blanco francés y y los demás "vomitaron" de la forma más convencional.
Sabes? Adoro la pértiga que me lanza hacia ti... Mouette
No he leído nada de Bukowski. No conocía nada de Hank. Me gustó descubrirlo a través de tus palabras.
Leyéndote me quedó la impresión de que sus novelas deben de ser de esas cuya intensidad es proporcional a la sencillez de sus palabras.
Gracias por traerlo hoy aquí y presentárnoslo a los que, como yo, no lo conocíamos.
Este lugar sigue siendo para mí una fuente de descubrimientos, siempre a tener en cuenta.
Un beso
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