jueves 1 de octubre de 2009

MULTITUD

"Sabes lo que son las masas. ¿A quién inculpas?"
Elias Canetti, Apuntes



En cuanto sale uno a la calle y ve a la gente, horror es la primera palabra que acude a la mente. Todas esos transeúntes hacen pensar en gorilas pusilámines y fatigados hartos de imitar al hombre. No tienen frescura. Ni el más pequeño de los milagros. Se arrastran hacia adelante y me pasan por encima. Si tan sólo, por un día, viera a una persona hacer o decir algo que se saliera de lo habitual, me ayudaría a sobrellevar las cosas. Pero están rancios, llenos de mugre. No hay la más mínima elevación. Se coagulan dentro de sí mismos, se engañan, para ir tirando, fingiendo estar vivos.
Siempre se ha sabido que las masas pueden ser peligrosas. En plena revolución, hasta los ciudadanos más cumplidos saquearán y robarán. Las gentes más apacibles gritarán pidiendo sangre y venganza al verse rodeadas de hordas que piden lo mismo. Los sentimientos son altamente contagiosos. Un grupo de personas riéndose hace que todo parezca más gracioso. Un grupo de personas furiosas produce un efecto paralelo. Por lo tanto, es frecuente que un indivíduo se comporte de forma alocada, o contraria a sus costumbres habituales, si forma parte de una gran masa de personas. La psicología de masas impone la conformidad. La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás. E.M.Cioran se preguntaba en Desgarradura: "¿Es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?". La masa lleva una vida de silenciosa desesperación.

Desde hace muchos años me persigue una pesadilla. Es un sueño corto pero intenso. Huyo a través de las calles de una ciudad desconocida y desolada. Alguien misterioso me persigue y quiere matarme. Al fin me introduzco en un local nocturno repleto de gente y me siento seguro llamando la atención entre la multitud. Cuando despierto, siempre me pregunto, si la huída engendra al perseguido o es el perseguido quien crea siempre la persecución.

De niño leí un relato de Edgar Allan Poe titulado El hombre de la multitud, en donde describe a un personaje que, día y noche, vaga mezclándose con la multitud, como si temiera quedarse solo. Es bien sabido que la imaginación de Poe no andaba nunca alejada del terror y la decadencia y, se palpa una tensa avidez por sondear los ilimitados pozos de la noche. Poe era mucho más que un narrador de historias detectivescas y fantásticas. En su sombra nació lo que decimos modernidad.

No quisiera echarle la culpa de mis pesadillas al gran escritor, porque creo que Hitchcock tiene algo que ver. El mago del suspense alimentó con creces mi manía persecutoria buscando refugio en la multitud que tanto desprecio. En 39 escalones (1935), el protagonista, Hanny, perseguido enconadamente por agentes extranjeros, se introduce en una reunión política. Dándose cuenta de que su única esperanza de escapar consite en ponerse de pie y hablar, pronuncia un discurso absurdo (como en mis pesadillas) e improvisado, haciéndose así tan de destacar que sus perseguidores se ven incapacitados de hacer nada contra él. A Hitchcock le gustó tanto la idea, que la utilizó posteriormente en dos películas norteamericanas con similares escenas de persecución, Sabotaje (1942) y Con la muerte en los talones (1959).

Sin embargo, las multitudes y los lugares públicos no son siempre refugios contra el peligro, sino que también pueden ocultarlo. Hitchcock a veces invertía la idea, incluso en las mismas películas. La escena clímax de El hombre que sabía demasiado (1957) transcurren en el Royal Albert Hall durante la interpretación de una cantata: el sonido del disparo debe coincidir con el redoble de timbales al final de la obra. De nuevo, en 39 escalones, el señor Memory cae asesinado en escena delante de un público de music-hall: mientras que en una espléndida secuencia de Enviado especial (1940), un diplomático es asesinado durante un chaparrón, rodeado por una multitud de paraguas. Su asesino, que se hace pasar por reportero, le dispara con un arma de fuego escondida en su cámara.

El mundo no ha cambiado mucho desde los tiempos de Poe y Hitchcock. Hoy las expresiones de la manía persecutoria no se crean ni destruyen, sólo se transforma, y, seguimos buscando refugio en la multitud, como el personaje de Poe y los personajes de Hitch; enloquecemos en masa y esperamos recuperar la cordura, lentamente, en soledad. Pero nada parece estar claro.

11 comentarios:

Dana Andrews dijo...

Es un sueño o pesadilla muy inspirador el que relatas y da qué pensar. Una buena historia que sucede cada día en las ciudades...al menos en la mía. A menudo me siento en la mesa de una bar con un café y me pongo a escribir. La gente me observa de manera extraña como si yo fuera el raro, por hacer algo fuera de lo normal. Es decir, te puedes sentar en un bar a leer periódicos o a hablar con otra gente, pero si estás sólo y escribiendo te miran raro. Muy buenas las películas que nombras. La verdad, yo también me he sentido como Cary Grant perseguido por una avioneta en "Con la muerte en los talones" pero nunca encontré a mi Eva Marie Saint.

entrenomadas dijo...

"Hoy las expresiones de la manía persecutoria no se crean ni destruyen, sólo se transforma".
Te doy toda la razón. Y además creo que cada vez es más evidente. Yo no podría haberlo explicado ni en cien años así de bien.

Me quedo con un par de párrafos.

Kisses,

Marta

vicente dijo...

Así es, Francisco, pasamos por entre la gente sino como enemigos por lo menos como sospechosos de algo que ha ocurrido o puede ocurrir. Tal vez no tan dramáticamente como tú lo describes. Hablamos del "gran problema" de la delincuancia por esta parte del mundo y se ofrecen mil soluciones. Realmente la situación se aprecia a través del miedo a los gritos destemplados de los fanáticos del futbol,del rostro huraño en el metro, por ejemplo. Pero es nuestro corazón es el que no está tranquilo. Somos somos parte de esta sociedad que nos busca para modificarla. Abrazos.

mi nombre es alma dijo...

Se hizo tarde.
La lucidez protege
de la desolación.
Se hizo tarde
para emprender el viaje
hacia el conocimiento liberador.
Somos siervos
de los artificios inventados
por nosotros mismos.
Siervos de máquinas,
de imágenes sustitutivas
del mundo,
de raudales energéticos hurtados
al cosmos.
Nos infecta el afán de poder,
el ansia de dominar
sin merecimiento.
Sin embargo... a veces...
se oyen llamadas truncas,
ecos de grandes luces,
anuncios de desgarraduras celestes.
Adviene la nostalgia inexplicable
de lo perdido sin haberlo tenido,
de lo nunca vivido.
La multiplicidad ahoga.
Se pertenece a la multitud,
a lo relativo, a lo virtual,
a lo ilusorio.
Sin embargo...
se escucha, de pronto,
fluir en uno mismo el manantial secreto,
se respira un súbito perfume,
se aprende, mirando las olas,
la fuerza de alzarse, de romper
y volver a levantarse intacto.
¡Buscar la piedra ardiente,
seguir el árbol caminante,
cantar a las torres del viento
llenándose de los helechos colgantes!

Pero
¿no será muy tarde?

Juan Velarde

¿Será tarde Francisco?

Un abrazo

39escalones dijo...

Uf, Francisco, excelente (y muy angustioso) texto. Yo siempre recuerdo las palabras de Tocqueville en cuanto al peligro de la tiranía de las masas, especialmente cuando están equivocadas. Es una de las consecuencias de la santificación de los números: a más, mejor, a mayor cantidad, mayor verdad, son los axiomas más peligrosos del mundo de hoy.
Abrazos.

Kinezoe dijo...

A colación de las masas recordé una cita -de Abraham Lincoln, creo que era- tan cierta como la vida misma: "Puedes engañar a todo el mundo durante algún tiempo. Puedes engañar a algunos durante todo el tiempo. Pero no podrás engañar siempre a todos".

Dentro de su mediocridad vemos pues que las masas también han logrado desarrollar técnicas de supervivencia. De hecho, a menos que llegue una hecatombe o el planeta Tierra acabe por rebelarse completamente contra el hombre (de momento ya puso en marcha sus primeros mecanismos de defensa ante nuestro insensato comportamiento patógeno: la "fiebre" o calentamiento global), serán las masas, la multitud, la que siempre estará ahí. El hombre como individuo es mortal, la raza humana como especie podría alcanzar la inmortalidad...

Lógicamente me llevé tu discurso a otro terreno, pero me apetecía hacer esta otra reflexión.

Un abrazo, Francisco.

Elvira dijo...

A mí también me agotan y agobian las multitudes, pero muy duro te veo con eso de llamarlos gorilas pusilánimes, rancios y llenos de mugre... Como yo tampoco hago nada original por la calle, no me gustaría que me vieras así, querido Francisco.

Muy de acuerdo en la capacidad de contagio masivo de emociones, es un peligro.

Cuando estaba leyendo lo que contabas de 39 escalones (esta peli no la recuerdo), me he acordado inmediatamente de la escena de la subasta en Con la Muerte en los talones, genial!!

Pues menuda pesadilla angustiosa. Yo tenía una recurrente a lo largo de muchos años hasta que me di cuenta que lo soñaba siempre que estaba viviendo situaciones muy similares. Entonces dejé de actuar de determinada manera, y zas! las pesadillas desaparecieron. O sea que me hicieron un favor avisándome de alguna manera.

Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

La manía persecutoria seguirá presente hasta el fin de los días. Como apostillas al final, "nada parece estar claro".

Saludos cordiales

xabipop dijo...

Curiosamente hoy tu texto me trae a la memoria "Furia" de Fritz Lang, nuevamente con un Spencer Tracy perseguido en esta ocasión por una masa hambrienta.

Vivian dijo...

Tus palabras me hicieron reflexionar sobre dos cuestiones, “El individuo es inteligente, la masa no”, y la segunda, la irreal sensación de impunidad e invulnerabilidad que la masa ofrece al individuo, tanto para cometer actos delictivos como para protegerse de ellos, de esta segunda reflexión has emitido ejemplos muy claros en el cine de Hitch, y en el relato de Poe, de la primera, me vino también a la mente la película que menciona Xabi, así como la obra de Ibsen que ya mencioné en un comentario anterior.
Personalmente, nunca me han gustado las aglomeraciones, en ningún sentido, ni por motivos festivos, ni reivindicativos, soy más de pequeñas reuniones, donde el ser de cada uno no se diluye en el sentimiento general.

Me encantó esta entrada, de esas que hacen pensar, invita a reflexionar. Una entrada que podría llevarnos a horas y horas de charla, sin apresuramientos, sin aglomeraciones…

Un beso

Raúl dijo...

Las masas pueden funcionar, bien como regazo materno para nuestros miedos, bien como sala mortuoria de nuestras esperanzas.
A mi me acojonan, y sin embargo, entiendo que uno pueda refugiarse en ellas para sentirse eslabón.
Tengo una teoría que dice que, quizá los grandes dictadores se hicieron líderes de las masas,precisamente por el miedo a ser engullidos por ellas. La cobardía, siempre como impulso final de nuestros más execrables pecados.
Una excelente entrada, Francisco,