El otro día un amigo chiflado por los nuevos avances tecnológicos me instó a que lo acompañara a ver una exposición sobre los últimos cacharros de plástico y chips. Le dije que no, pero su perseverancia acabó con mi paciencia y al final cedí.Fuimos caminando. Él llevaba un paso ligero. Me sacaba por lo menos tres o cuatro metros de distancia. Mi amigo, víctima de la tecnología, siempre tiene prisa. La prisa, la rapidez, el ganar tiempo son problemas para mí absolutamente superados e inexistentes. ¿Prisa de que? ¿Ganar tiempo para qué? Llegamos a la catedral de la ciencia entregada al fetiche del progreso. Nada más entrar, vi a un montón de pícaros que pedían datos a los incautos. La catedral estaba a tope por gentes distraídas hasta el infinito y misteriosamente desinformadas. Sí, tenemos hoy muchos datos, pero es imposible sacar ninguna conclusión. Suelen llamar a esta era la era de la información, pero estamos lejos del conocimiento. Hoy la información es frágil, voluble y manipulable. Lo único seguro es que el peso de la ley cae sobre los débiles mientras siguen las negligencias de los fuertes. Lo que llamamos progreso no es otra cosa que decadencia. La mentira es el precio del progreso.
Mi amigo ya estaba probando uno de esos juegos en donde se da saltitos ante una pantalla. La tecnología no es nada, sino una nueva y complicada sucesión de espejos para la eterna épica/mímica del hombre. Seguí a mi aire a través de los numerosos logotipos de empresa. A las empresas comerciales les interesa desvirtuar nuestra jerarquía de necesidades, con el fin de promover una decisión materialista de los bienes, minimizando la importancia de lo invendible. Y la manera de seducirnos pasa por la astuta asociación de los artículos superfluos con esas otras necesidades olvidadas. En el universo mercantil de la oferta y la demanda nada hay más descartable que el ser humano.
Vi a un gordo sentado en un sofá probando un nuevo mando a distancia ante una pantalla más plana que su cabeza. Parecía tener lombrices, porque su culo se movía buscando la perfecta comodidad. La comodidad es el antecedente del aburrimiento. Aquí tenemos al hombre fuera del mundo y alejado de sí mismo. No hay iniciación más que a la nada y al ridículo de estar vivo. Las cosas. Estamos presos en las cosas.
Ya me estaba deprimiendo. Pasé de largo la sección de los libros digitales y fui a parar a la sección de telefonía móvil. Allí había mucha afluencia. Viejos, jóvenes y niños; todos parecían estar maravillados. La tecnología no nos ha liberado de nuestras obligaciones: las ha hecho ubicua. El móvil no te ahorra trabajo, sino que te hace trabajar en todas partes. La muerte es tan rápida como una llamada. La inmediatez de la comunicación recuerda en todo momento a la muerte. Lo que debe tranquilizarnos se convierte primero en sobresalto. El delirio del triunfo de la telefonía móvil a hecho olvidar a la gente que lo importante es lo que se ha de comunicar. Cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tienen por decir, cuanto más se solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto. Seguramente que habéis visto en más de una ocasión a esa gente hablando sola en medio de una ciudad o en el interior de un coche. Antes ver a alguien hablar solo era un síntoma de demencia; ahora, define la categoría social.
Dejé atrás esa sección y me introduje en la sala de ordenadores. Una multitud estaba conectada a Internet. Como ya he dicho, estamos en plena era de la información y del conocimiento y necesitamos saber lo que ocurre. Se han detectado extendidas dificultades en la comprensión, lo que restringe el contacto con la realidad. El mundo de las nuevas tecnologías está fomentando el espejismo de pensar que estar conectado a las grandes fuentes de información accesibles resuelve todos los problemas. No es verdad: esos bancos de información sólo son útiles a los que saben leer la información. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro. En esa inmensidad ilimitada es muy fácil perder la orientación. Para "navegar" en el mar del conocimiento hace falta una brújula. Allí estaban todos conectados de cuyas cabezas pendía un cartel que decía: LOS ORDENADORES MÁS INTELIGENTES. El ordenador nació para resolver problemas que antes no existían. El ordenador, según para que cosas, es inútil, porque solamente puede darte respuestas y también te permite cometer hoy más errores en mucho menos tiempo que en cualquier otra época. El auténtico problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen las personas. Creo que es mejor utilizar nuestra cabeza un par de minutos que un par de días un ordenador.
Ya estaba harto y fui en busca de mi amigo. Todavía seguía allí dando saltos. Dejó el juego. Estaba sudando.
-¿Qué, vas a comprar algo? ¿A que es guay?
-Sí, todo muy chachi. Pero tengo ganas de llegar a mi casa y encontrarme con Epicuro.
-¿Epicuro? ¿Quién es? No me lo has presentao, tío.
Puede que acabemos haciéndonos con un todo terreno, para Epicuro, lo que andábamos persiguiendo era la libertad. Quizá lo que compremos sea un aperitivo pero, para Epicuro, era la amistad lo que buscábamos. Tal vez adquiramos un sofisticado equipamiento para el baño, aunque para Epicuro, es en la reflexión donde encontraríamos la calma.
Todo es tan complicado como para que la gente pueda comprenderlo.
Imagen: René Magrite. La Victoire.
15 comentarios:
No nos liberan, sino que nos esclavizan. No nos ahorran trabajo, sino que nos hacen trabajar a todas horas y en todas partes. No nos hacen más cómoda la vida, sino que nos crean obligaciones ficticias donde antes sólo teníamos tiempo libre.
El mes pasado me cambié el móvil. Éste tiene hasta internet y me avisa, por ejemplo, cuando me llega un comentario al blog. Ya estoy hasta los cojones de él. Pero es precioso, Francisco, es precioso.
A veces vamos muy deprisa para huir de nosotros mismos. Huimos haciendo cosas, que si leer, internet, cine, amigos...que miedo estar a solas con uno mismo ! que miedo mirarnos para adentro y preguntarnos...Y es que esta vida es una selva, un espejismo muchas veces...
"-¿Qué, vas a comprar algo? ¿A que es guay?
-Sí, todo muy chachi. Pero tengo ganas de llegar a mi casa y encontrarme con Epicuro.
-¿Epicuro? ¿Quién es? No me lo has presentao, tío."
Jajajaja! Muy triste pero lo has hecho cómico, querido Francisco. Eres genial.
Internet me ha regalado conocer a alguien como tú. Un lujo. Si hacía falta una brújula, la mía ha funcionado bien.
Desde luego es mucho mejor utilizar nuestra cabeza un par de minutos que un par de días un ordenador. Totalmente de acuerdo.
Un fuerte abrazo, amigo.
Está naciendo una cultura paralela imbuída a nuestros hijos que habrá de coexistir con el dentro de no tanto canon cultural vigente. No sé qué pasará, pero a Epicuro lo leerán lo mismo que hoy, o sea casi nadie, por muy bonitas que sean las pantallas en que aparezcan sus escritos.
Un abrazo.
Aquí me has pillado y mira que lo siento. Me encanta la tecnología, su diseño, pero sobre todo su concepción y concepto, eso es lo que tiene ser de ciencias puras y matemático, querer comprobar de primera mano como funciona lo aparentemente nuevo y porque. Otra cosa es el uso y abuso y no uso de las cosas. Toda esta tecnología se vende, al menos por ahora, como benefactora para tu sociabilidad y sinceramente cuando destripo un programa o lo invento prefiero hacerlo sola. Que se le va a hacer Francisco, nadie es perfecto, humanamente perfecto quiero decir.
Un abrazo que mira por donde va a ser tecnológico pero que sin duda se da con el corazón
Yo no tengo móvil, ni ganas de tenerlo. No siento la necesidad de estar siempre en busca y captura. Quien me busque, ya me encontrará. Ya sé que es útil en ocasiones, pero veo hacer tantas estupideces con el maldito cacharro que me niego a formar parte de ese circo. La tecnología en general me parece bien si está al servico de las personas y no al revés, lo malo es que hemos perdido el norte y el resto de los puntos cardinales porque importa más el cómo que el qué. Tengo que pelearme con los colegas fanáticos de las pizarras digitales y otras maravillas, me resisto a tener a mis alumnos colgados de una pantalla en vez de leer un libro. Será el futuro, según algunos, pero no lo veo claro.
Un saludo.
Agg, un palacio del horror lo que describes, no me pillarían en un lugar así ni borracho. Una vez más la santificación de los números, el interesado e inducido error de que "a más, mejor", cuando la verdad es que "a (en apariencia) más, (en realidad) menos".
Ya siento que aplazaras a Epicuro por eso...
Abrazos.
Ah, mi querido lugarteniente Allof, la vida es un juego de espejos; y las nuevas tecnologias una espumeante y cómoda ilusión para caminar hacia no se sabe dónde; quizá hacia el légamo pantanoso, ondulante, de la muerte. Son juguetes fúlgidos como espejos cóncavos deformadores, especulantes no para una vida más feliz y justa, sino para una mejor y sofisticada aburrición. Sin un sentido profundo de las cosas, de la vida, jamás seremos libres.
Llueve en la ciudad verdegris, querido Francisco.
Un abrazo.
J,
Ahora yo me acuerdo de HAL 9000... ¿Llegará algún día la supremacía de las máquinas o ya ha llegado y por eso existe gente esclavizada?. Muy buena reflexión la tuya,, Francisco. A ver cuando tomamos unos whiskis con Epicuro...
Tu texto escuece, de algún modo es como esas películas que hacen que te retuerzas en el sofá.
Por otro lado, todo un placer.
«Espejismos», todo un acierto el título de la entrada porque no son más que eso: espejismos. Las grandes empresas del sector no andan más que intentando crearnos nuevas necesidades, con sus cachivaches electrónicos, y lo más deprimente es que están teniendo bastante éxito. La tecnología (o mejor dicho, el mal uso o abuso de ella) esclaviza y despersonaliza. Quizá estemos dando un nuevo salto en la escala evolutiva pasando del Homo Sapiens al Homo Machina... De lo que no estoy muy seguro es si el salto fue hacia delante o hacia atrás...
Gran artículo éste de «Espejismos». Completamente de acuerdo con todo lo que dices.
Un abrazo, amigo.
Fantástica entrada Francisco, se echan de menos críticas inteligentes y cuando encuentras una, lo celebras.Gracias por tu amable comentario, lo cierto es que por esta bitácora me he parado más de una vez aunque no haya comentado, hay ciertas bitácoras que no me pasan desapercibidas.
Un saludo!
“Las cosas. Estamos presos en las cosas” Muy de acuerdo contigo, para mí lo preocupante del móvil es que a quien realmente hemos hecho “móvil” o “portátil” es al otro… al que está al otro lado de la línea… esta inmediatez de las llamadas creo que cambia para siempre nuestras relaciones… antes, mientras buscábamos una cabina, en medio de una calle o de una carretera, teníamos tiempo de reflexionar, de analizar qué íbamos a decir y por qué… ahora sólo hay que estirar un dedo sin más y por supuesto sin pensar… Nos comunicamos, sí, pero ya casi no comunicamos nada…
La ley del mínimo esfuerzo… en cuanto a tu gordo “luciérnaga” frente a la pantalla plana de luz… al final te preguntas quién mira a quién? Nosotros a la televisión o la televisión a nosotros….?
Y lo peor de todo es que nos hemos convertido en mitómanos porque gracias a la tecnología nos creemos que somos lo que no somos en absoluto….
Qué mal rollo!
Un beso,
Mouette
Ays, Francisco, no sabes lo identificada que me he sentido con esta entrada. Yo también soy de las que hay que arrastrar a estos sitios, donde todo el mundo parece fascinado y a mí sólo me provocan ataques de aburrimiento y pensamientos en bucle de “nos podríamos ir ya”.
Nunca me han gustado los videojuegos, no entiendo la gracia de darle a una tecla mientras la gente se va poniendo más de los nervios, y el ordenador, como Internet, es para mí una herramienta, un mal necesario, nunca un fin…
Respecto al teléfono móvil, conozco cada vez más personas enganchadas a ese aparato cuyas conversaciones al teléfono son sólo dinero ganado para las compañías telefónica, como en todo lo demás, también me parece una herramienta, para comunicarme cuando tengo algo que comunicar, nunca he sido de hablar por hablar…
Me encantó esta entrada, a medida que iba leyendo era como leer mis propias reflexiones sobre la tecnología, tanto esfuerzo de nuestros antepasados para abolir la esclavitud para acabar siendo esclavos de la tecnología…
Un beso
Me encanta este posteo tan inteligente, tan claro, me suena tan cercano. Reconozco que la tecnología nos permite cosas como ésta: que haya dado con tu espacio, que tenga la posibilidad de leer tus textos imperdibles. He leído otros. Pero está lleno de gente corriendo detrás de lo último cuyo interés se apaga tan pronto como aparece algo novedoso. Sin haber gozado de lo anterior.
Yo agradezco: tengo un viejo celular que no compré gracias a que nadie lo quería y le doy la utilidad que elijo.
Pensar, de eso se trata. Nada más y nada menos. Todo apunta a que dejemos de hacerlo, no?
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada