"La humanidad se toma demasiado en serio a sí misma; es el pecado original del mundo. Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reirse, la historia habría sido diferente."
Oscar Wilde
Oscar Wilde
También, si pudiéramos desterrar la palabra "serio" de nuestro vocabulario, muchas cosas se arreglarían, porque lo único verdaderamente serio es que nada puede ser absolutamente serio, que todo monopolio de la seriedad es perverso.
En la escuela se tendría y sobre todo que jugar a reir, de uno mismo y también de los demás, no menos cómicos y zarrapastrosos; reirse juntos, cada vez que se presenta la ocasión, es un patrimonio inestimable, que ayuda a soportar una vida con tanta frecuencia invisible e intolerable, agobiada no sólo por el sufrimiento y la injusticia, a la postre siempre victoriosa, sino así mismo por la obtusa seriedad, que contribuye también al déficit de lo creado.
Afirmo que el exceso de seriedad está acondicionado por el exceso de frivolidad. Ay, el mundo se ha convertido mortalmente y estúpidamente serio. De nuevo el tío Wilder: "La seriedad es el último refugio de los superficiales."
Hay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable. La seriedad, en la mayoría de los casos, es un truco que se aprende para adquirir reputación a los ojos del mundo. Y, no obstante, todas estas personas que están siempre serias demuestran que no han entendido nada. "Poca sabiduría me darás si a cambio no me otorgas una carcajada." Nietzche.
La vida es algo demasiado importante como para hablar de ella en serio. La coherencia es el último refugio de los carente de imaginación. Tomarse la vida en serio, es seriamente irrisorio. Tomarse en serio, signo muy serio de tontería.
Imagen: Marcel Marceau.
En la escuela se tendría y sobre todo que jugar a reir, de uno mismo y también de los demás, no menos cómicos y zarrapastrosos; reirse juntos, cada vez que se presenta la ocasión, es un patrimonio inestimable, que ayuda a soportar una vida con tanta frecuencia invisible e intolerable, agobiada no sólo por el sufrimiento y la injusticia, a la postre siempre victoriosa, sino así mismo por la obtusa seriedad, que contribuye también al déficit de lo creado.
Afirmo que el exceso de seriedad está acondicionado por el exceso de frivolidad. Ay, el mundo se ha convertido mortalmente y estúpidamente serio. De nuevo el tío Wilder: "La seriedad es el último refugio de los superficiales."
Hay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable. La seriedad, en la mayoría de los casos, es un truco que se aprende para adquirir reputación a los ojos del mundo. Y, no obstante, todas estas personas que están siempre serias demuestran que no han entendido nada. "Poca sabiduría me darás si a cambio no me otorgas una carcajada." Nietzche.
La vida es algo demasiado importante como para hablar de ella en serio. La coherencia es el último refugio de los carente de imaginación. Tomarse la vida en serio, es seriamente irrisorio. Tomarse en serio, signo muy serio de tontería.
Imagen: Marcel Marceau.
































































14 comentarios:
Muy cierto. Ahora mismo me viene a la cabeza la imágen de Tony Bennett cantando la composición de Chaplin "Smile". La letra viene como anillo al dedo a lo que acabas de escribir. Además, si nos fijamos bien, Tony Bennett siempre canta sonriendo. Es maravilloso observarlo.
Siempre ma ha gustado la palabra perverso, porque es la moneda bien dada a los que encasillan, los que establecen lo malo de lo bueno. Llamarles perversos es violentar el lenguaje, ser subversivo a través del mismo medio en que nos catalogan y nos cuelgan en el matadero: las palabras.
un abrazo,
Creo que es Philippe Sollers quien dice que no hay que tomar en serio a alguien que no sabe reírse... y yo lo sigo al pie de la letra.
Un beso,
Mouette
Lo contrario de tomarse la vida en serio es vivirla con alegría. Claro es que no siempre se puede estar alegre (sería inconsciente) pero hay que hacer lo posible y desterrar la tristeza y sobre todo desterrar a los tristes.
Ya lo dice Leopoldo Marechal en su Didáctica de la Alegría:
La Tristeza es el juego más tramposo del diablo:
tiene las presunciones de una Musa frutal,
y sólo es un pañuelo con que se suena el alma
su nariz en resfrío.
Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa,
échala de tu casa, pero sin altivez.
Le dirás que se lleve su catre y su baúl,
que se ponga su gorro de astracán o de lluvia
y que se vaya, en fin, a pisar hojas muertas
o a tocar los llorosos violones del hastío.
Una vez expulsada la Tristeza,
cuídate de los Tristes:
ellos no ven la luz, como sea
por el solo agujero de sus flautas.
Yo propongo a los númenes que inventan
la salud y el decoro de la ciudad humana
la construcción de un Barrio de los Tristes
en el suburbio menos frecuentado.
Allá se juntarían, y por fuerza de ley,
todos los hombres de color invierno:
los mártires del hígado y la pena,
los convictos de angustia, los no circuncidados
en el ritual del júbilo,
todos los confesores de zozobras,
Si, por desdicha, un Triste visitara tu hogar,
espera dignamente a que se marche;
y luego, con urgencia, lavarás el asiento
donde ubicó sus nalgas tormentosas,
y romperás el vaso en que ha bebido,
y quemarás en tu salón de seda
nueve granos de incienso con tres de cinamomo.
Buscarás en seguida la casa de un Alegre;
pues en verdad te digo
que vale más la rota pantufla de un Alegre
que la sandalia nueva de los Tristes.
odos los virgos de la hilaridad.
Porque nada está reñido con la alegría y el buen humor y con reirse de uno mismo y reirse con los demás, al contrario, todo nos iría mejor. Pero hemos frivolizado la alegría o peor la hemos demonizado como si ser alegres no nos permitiera ser inteligentes.
Un abrazo
No puedo estar más de acuerdo contigo, Francisco, el problema de la sociedad actual, que llevamos arrastrando desde que el hombre es hombre, es que nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos, tal vez, si nos riéramos un poco más de nosotros, muchos de nuestros problemas se esfumarían, porque descubriríamos que, en realidad, no eran para tanto.
Cierto que a veces la vida exige cierta dosis de seriedad, pero las ocasiones en que esto sucede suelen ser las mínimas.
Justo hace poco me comentaba Kine que el único animal del que conocemos que ríe, a la manera no sólo de gesto sino de sentimiento, es el hombre, y que poco aprovechamos ese privilegio.
Un beso con una sonrisa, incluso una risa…
¿Como se puede tomar en serio algo tan breve, tan fugaz, tan incomprensible como lo es la vida?
Si me lo tomo en serio, la propia seriedad terminará por hacerme perder lo poco que de motivador hay en la propia existencia humana. Seriedad, la justa.
Saludos
Yo soy serio pero, me sonrío tanto por dentro.
Un saludo
"Hay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable. La seriedad, en la mayoría de los casos, es un truco que se aprende para adquirir reputación a los ojos del mundo."
Muy bueno, querido Francisco, y muy cierto. Yo diría que ese tipo de seriedad es una tontería solemne. Y me encanta lo de que "todo monopolio de la seriedad es perverso". O de la verdad.
También se llama "una persona seria" a alguien que te inspira confianza por su honestidad y buen hacer. Ésa es la única que me gusta.
Un fuerte abrazo
Cuando la seriedad se convierte en rigor, en actitud frente a la vida, suele ser excluyente y, por lo tanto, dañina.
La alegría, y por ende su manifestación más gráfica -la sonrisa- dan un poco de miedo. Se suele confundir con frivolidad, y ya se sabe que según muchos, para determinadas funciones vitales, ésta última es la antesala de la desgana y la falta de compromiso.
No puedo evitar recordar a Umberto Eco. En su celebérrima "El nombre de la rosa", ya nos explicaba en boca del personaje -por cierto, curiosamente español- Jorge de Burgos el peligro que existe si consideramos a la risa y al humor como verdaderos transmisores de la verdad. El segundo libro de la Poética de Aristóteles, dedicado a la comedia, se convertiría así en un objeto diábolico. El propio autor no lo explicó perfectamente en sus "Apostillas al nombre de la rosa" de 1985.
Dicho lo cual, cuidado con lo que decimos de la seriedad, amigo.
Sonrío.
Me ENCANTÓ esta entrada y me quedo con el enlace para compartirlo por mi Facebook. :)
Maravillosa, es justo lo que yo pienso. Por eso, pese a que a veces puedo ser muy trágica, siempre que puedo me río de mí misma, me convierto en una payasa, hago cosas que otros consideran cursi, ridícula o tivisal para divertirme y hacer reír a otros porque la vida es corta y hay que vivirla intensamente.
Por cierto, me encantó la imagen de Marcel.
Abrazos grandes y cálidos.
Pues sí,como diría Vilas,que siga la fiesta...jajaja!
"Comienza tu día con una sonrisa,
verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo"
Esta frase es de Quino, el creador de la famosa Mafalda y para mí es un icono. ¡Qué bien nos iría si todos dejaramos a un lado la seriedad y nos riéramos abiertamente!
Un saludo.
Tiendo a desconfiar tanto de los muy muy serios como de los muy muy risueños. La virtud está en el término medio, y en saber qué semblante es el apropiado para cada situación.
No me gusta cuando se usa la palabra «serio» como sinónimo de «formal», tan de moda últimamente... -¿Es usted una persona seria? Si se refiere a serio en el sentido de formal, lo soy, tanto o más que John Wayne, ahora bien, no va conmigo eso de la sonrisa invertida como un complemento más del traje de chaqueta. A mí todavía me queda algo de sentido del humor como mecanismo de defensa en este mundo de locos...
Un abrazo, y mi enhorabuena por la entrada, dicho esto último con el semblante más alegre del mundo ;-).
Chapeau, Francisco. Aparte el hecho de que las mayores verdades se dicen, generalmente, a través del humor. Por eso los políticos apenas ríen...
Gran texto. Abrazos.
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