
Para Elvira Coderch. Se lo prometí hace tiempo.
El año 1968 se caracterizaría por el malestar en todo el mundo, sobre todo entre los estudiantes y la juventud en general. En Estados Unidos, ese malestar cristalizó en lo oposición a la guerra del Vietnam, pero en 1967 el tema no había adquirido todavía tanta importancia, y lo único que se advertía era una cierta insatisfacción en el status quo. El suave y educado anarquismo de El graduado (1967), de Mike Nichols, conectó a la perfección con los sentimientos más extendidos en aquellos tiempos. La película combinaba el sentido del humor con una aguda sátira de las costumbres sociales y sexuales, complementando todo ello por la pegadiza música de Simon y Garfunkel.
Benjamin (Dustin Hoffman), el antihéroe de la película, acaba de terminar sus estudios y no tiene del todo claro si desea graduarse o no. Inocente y confiado, es considerado por los mayores como un medio de satisfacer sus propias ambiciones, mientras que él intenta encontrar una forma honesta y sincera de vivir la vida. Sólo Elaine Robinson (Katharine Ross), la hija del socio de su padre, y aparentemente la única persona joven del medio en que se desenvuelve, es la única capaz de comunicar con él. Benjamin tiene dificultades para integrarse en el mundo de sus padres, del que se siente separado por barreras invisibles, como sugiere la letra de la canción de Paul Simon con que comienza la película, The Sound of silence.
La alienación de Benjamin del mundo y la cultura que le rodean se ve simbolizada a todo lo largo del filme por repetidos planos rodados a través de cristales, que le impiden participar directamente en las experiencias de los demás. En la fiesta, los invitados son vistos distorsionados por las gafas del nuevo traje de "hombre rana" de Benjamin. El primer acermamiento de la señora Robinson (Anne Bancroft) a él es mostrado a través de una pecera, insinuando que en la relación que van a iniciar, él es la presa y ella la depredadora. El punto de vista individualista y anticonformista de Benjamin se ve puesto de relieve gracias a planos subjetivos rodados a través de sus gafas de sol. Cuando finalmente se fuga con Elaine, el público los ve a los dos a través de la ventanilla del autobús, que crea así una barrera final que impide oír sus últimas palabras.
Aunque El graduado lanzó a la fama al treintañero Dustin Hoffman como un nuevo héroe de la cultura juvenil, no lo hizo en la línea anticonformista y rebelde de un James Dean o un Marlon Brando. Benjamin no era un chico de la calle ni un salvaje, sino un joven educado, que había terminado brillantemente sus estudios.
Pero Benjamin es sobre todo un personaje dulce y agradable que lo único que pretende es vivir de acuerdo con sus ideas y no con las de los demás. Intenta seguir siendo auténtico y sincero en una sociedad esencialmente hipócrita. Su timidez e inseguridad tocan así numerosas cuerdas sensibles de los espectadores, pues nacen de problemas y tensiones a las que todos los jóvenes se han visto sometidos en un momento u otro de sus vidas.
Su ingenuidad alcanza las máximas cotas en su relación con la señora Robinson, la madre de Elaine, brillantemente interpretada por la Bancroft como una bruja semi-alcoholizada, pero al mismo tiempo seductora y enormemente sexy. Benjamin da por sentado que el sexo y la intimidad emocional deben ir siempre unidos. Por tanto, no puede comprender cómo la señora Robinson se niega a hablar con él de sus gustos y aficiones después de haber hecho el amor. Pero Benjamin se mantiene incorruptible y sigue llamándola "señora Robinson", reconociendo así implícitamente la distancia existente entre ambos en años, experiencia y visión de la vida.
Cuando vi por primera vez esta magnífica película tenía quince años y trabajaba en la construcción. No pude graduarme en nada pero comprendí a Benjamin, le sigo comprendiendo. Mi grito era un silencio ante tantas barreras invisibles en los primeros cimientos de la joven especulación de los ochenta en un país que empezaba una movida capitaneada por el rey del pollo frito.
12 comentarios:
¡Un millón de gracias, querido Francisco! Esta película y su música siempre me gustaron, y ahora aún más, gracias a tu magnífica entrada. Haces un retrato perfecto de Benjamin y del mundo que le rodea. Yo también le comprendo. Y muy bueno tu comentario acerca de la simbología de los planos que se ven a través de cristales.
Benjamin "intenta seguir siendo auténtico y sincero en una sociedad esencialmente hipócrita." Y lo consigue.
Besos y un fuerte abrazo, amigo!!
Supongo que era difícil ser auténtico en esa sociedad tan hipócrita, como bien dices. Es una buena película que encierra todo ese sentimiento anti-bélico de finales de los sesenta, me gustó. Por cierto, nunca el silencio había sonado tan bien como con Simon&Garfunkel. No tiene nada que ver pero siempre recuerdo esta canción cuando escucho "Youngstown" de Bruce Springsteen... una crítica de esa sociedad. Como siempre, un gran texto.
Este es el penúltimo día de este año, por acá muy caluroso como este abrazo que quiero que recibas de este chileno que, entre sus 12 a 14 horas diarias de trabajo, se sienta frente al ordenador para leer y releer tus entradas y la de otros amigos que me parece conocerlos mucho.
Que tengas el mejor año de tu vida.
Sería interesante haber seguido la pista a Benjamin veinte años después para ver si seguía siendo un hombre que buscaba la autenticidad y la sinceridad de acuerdo a sus ideales. La historia ha mostrado que estas hermosas ideas de los jóvenes del 68 terminaron en la más completa integración en el sistema. Viajé a Estados Unidos en 1981 y tuve ocasión de visitar algunas comunas hippies que sobrevivían en la América de Reagan pero aquellos escasos supervivientes exhibían ya un gesto cansado y la mayoría ya se habían integrado en el American way of life, mas teniendo en cuenta que los rebeldes del 68 eran la inmensa mayoría pertenecientes a clases medias y altas. No obstante El graduado da cuenta de aquel estado de ánimo en un momento candente en que se pensaba que los jóvenes podían cambiar el mundo hipócrita de sus padres. No fue desde luego así.
Yo tenía 13.Y aunque no he vuelto a verla recuerdo que me impactó. Quizas en buena medida por la escena de la seducción. Eran otros tiempos y otras edades.
Admiro profundamente tus analisis. Me hacen ver lo que ví con otros ojos.
Un abrazo y feliz 2.010 para tí y los que quieres.
¡Hay que ver lo bien que la has explicado y lo bien que has descrito al joven Benjamín!
Cuando ví por primera vez esta película me enamoré de él, de ese chico sencillo y sobretodo sincero.
Ha sido un regalo para mí y te lo agradezco.
Un saludo y ¡Feliz Año 2010!
Las cosas y en concreto esta película, se ven muy diferentes con la edad, al menos en mi caso. Verlo desde la edad de la joven hija de la Señora Robinson a verlo a una edad cercana a la de la propia señora Robinson cambia bastante, se entienden cosas, sobre todo en el caso de las mujeres, que antes nunca hubieramos comprendido. No sé si eso es malo o es bueno, pero és.
Un abrazo, que placer leerte...
¡Qué pareja, Anne y Dustin! Mítica, ya. La Señora Robinson es esa mujer madura (la madre de algún amigo, por ejemplo: ahora sería alguien de nuestra edad: somos los viejos de cuando nosotros eramos jovenes), seductora, elegante, que en la adolescencia mirábamos de reojo más de la cuenta.
Otra de Mike Nichols que me viene ahora a la mente es "Silkwood": Meryl Streep nuclear.
Saludos.
Mi primer visionado de esta película, me produjo una gran turbación. Admitir esto, me encuadra en el grupo de espectadores que no pasaron de una análisis y de una lectura superficial, pero es lo que hay.
Con el tiempo y con algún que otro rencuentro, he sido capaz de entender como el director utiliza el personaje de la Sra. Robinson para retratar el patetismo y aquella decadencia de mediado de siglo, de toda una sociedad. Mientras Benjamin representa lo virginal, el personaje de la Bancroft encarna la tentación del diablo en el desierto. Una lucha desigual, en todo caso.
Todo un acierto haber escogido a Hoffman y no a Redford para el papel. No sólo porque así la película funcionó sino porque durante un tiempo hizo que los protagonistas del cine americano fueran gente normal, imperfecta, corriente, y que se necesitaran excelentes actores para darles vida. Pero, como todo, fue flor de un día. Hoy volvemos a los protagonistas de silicona y photoshop, qué asco.
Excelente texto, como de costumbre.
Abrazos.
Una película fresca para aquellos días de renovadas ilusiones. Lo mejor de la peli puede ser el casting. Muy acertado con Hoffmann, ese "pequeño, gran hombre" que intenta vivir su vida y no la que se supone que debe vivir; y la Bancroft, estupenda.
Muy buen texto. Aprovecho para desearte feliz año.
Los silencios interiores para refugiar la sensibilidad de la vulgaridad del mundo.
Felicidades por tu calidad. Eres un gran poeta!
Besos!
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